El presente estudio fue una exploración participativa, llevada a cabo entre septiembre de 2013 y marzo de 2014, que intentó dar cuenta del nivel de impacto de las acciones
comunicativas diseñadas e implementadas por la ACCC, desde una valoración a sus
prácticas y al sentido de la participación implícito en éstas. Asimismo, se pretendió reflexionar sobre aquellas dinámicas que van perfilando modos de relación entre los sujetos y la información, con lo cual se pudieran estimular nuevas concepciones y prácticas culturales, sobre todo más críticas, en torno al acceso al conocimiento, al papel de los medios masivos o a las posibilidades tecnológicas dentro de la sociedad actual. Dicha exploración se estructuró en las siguientes etapas:
Etapa 1: Contextualización y caracterización de la experiencia. Consistió en el diseño e implementación de los instrumentos que facilitaron el contacto con los integrantes del
Grupo de Comunicación de la ACCC y la caracterización de las acciones que actualmente
están determinando el quehacer comunicativo de la misma. Para ello se formularon actividades como la revisión documental sobre estatutos de constitución y funcionamiento de la organización, entrevistas individuales y colectivas con los integrantes del grupo de comunicación y la coordinación, además de un taller que evidenciaría y problematizaría los elementos más representativos de la propuesta comunicativa a partir de la confrontación de relatos vivenciales.
Etapa 2: Análisis participativo de la experiencia. En esta fase se precisaron los actores dentro del proceso. De igual modo, se aportaron los elementos conceptuales y didácticos para hacer un análisis crítico sobre la temática a estudiar. Los resultados de este ejercicio permitieron comprender algunas lógicas de operación que facilitan (o no) la integración y el empoderamiento comunitario. La actividad central que caracteriza esta etapa fue un Taller sobre “Comunicación Participativa”, el cual propició la construcción de un diagnóstico
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participativo en torno a los niveles de vinculación comunitaria en la acción social
comunicativa de la ACCC y las formas de interlocución sociocultural planteadas desde allí.
Etapa 3: Síntesis y conclusiones. Por medio de un encuentro–taller para la revisión, discusión y construcción participativa de criterios, se consiguió el objetivo de formular ajustes que fortalecieran el sentido integrador y participativo de la experiencia comunicativa. Esto significó la oportunidad de atender múltiples aspectos, por demás decisivos, al momento de lograr un nivel más elevado de identificación, apropiación y posicionamiento de la propuesta comunicativa en la comunidad y otras audiencias a las que se dirige.
Etapa 4: Evaluación y documentación del proceso investigativo. Para finalizar el ciclo de estudio, se hizo una evaluación participativa del proceso y se presentó un consolidado de acciones realizadas. Conforme a eso, se tuvieron elementos suficientes para comprobar si las estrategias desarrolladas por la ACCC para orientar su propuesta de “comunicación popular” han contribuido a la consecución de sus objetivos y a potenciar los procesos de transformación cultural dentro de la comunidad a través de la participación comunitaria. Las actividades propuestas fueron un encuentro – taller para la evaluación del proceso y la circulación de este informe de investigación entre el grupo participante.
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3. CONTEXTUALIZACIÓN DE LA EXPERIENCIA: UNA MIRADA A LA
TRAYECTORIA ORGANIZATIVA DE LA ASOCIACIÓN CASA CULTURAL “EL CHONTADURO”.
“La cultura se politiza en la medida que la producción de sentido, las imágenes, los símbolos, íconos, conocimientos, unidades informativas, modas y sensibilidades, tienden a imponerse según cuáles sean los actores hegemónicos en los medios que difunden todos estos elementos. La asimetría entre emisores y receptores en el intercambio simbólico se convierte en un problema político, de lucha por ocupar espacios de emisión/recepción, por constituirse en interlocutor visible y en voz audible. Mientras avanza, a escala global, un statu quo que racionaliza económicamente por el lado del capitalismo, y políticamente por el lado de las democracias formales, adquiere mayor conflictividad el ámbito de la cultura y la identidad”. Martin Hopenhayn (2000).
3.1 COMPLEJIDAD CULTURAL Y COMUNICACIÓN: EL PLANO INTERNACIONAL.
Durante las últimas tres décadas asistimos a un periodo ventajoso para fortificar el proceso de globalización en las distintas sociedades del mundo (Bondía, 2011). Para el caso de América Latina, la expansión del capitalismo trazó una perspectiva del Desarrollo basado
en la desterritorialización (Muñoz, 2005) que resultó inconveniente para muchos sectores,
en tanto la desregulación de las economías nacionales con fines competitivos, ocasionó anomalías en el ordenamiento jurídico, desde el menoscabo de libertades civiles y la transgresión a las formas ancestrales de vida en los pueblos. Por tal razón, la caída de los índices de desarrollo humano en la región, las excesivas concesiones para una operatividad agresiva de las empresas multinacionales y figuras estatales demasiado frágiles para encarar los desequilibrios producidos, ilustran las consecuencias más negativas de la adaptación a este modelo socioeconómico.
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Fue entonces cuando diversos sectores de la sociedad civil reaccionaron frente a los efectos lesivos de la globalización, constituyendo movimientos sociales de resistencia en franca oposición a las políticas del capitalismo y en defensa de la dignidad popular, pero que,
también, supieron aprovechar las virtudes de una sociedad en red para potenciar sus luchas
y fijar un horizonte político en la exigencia de condiciones para garantizar los ecosistemas sanos, la equidad social y el buen gobierno. David Bondia García (2011) lo señala así:
“Los movimientos sociales de resistencia hicieron frente y contradijeron, por una parte, a la percepción de la globalización como fenómeno ideológico que pretendía la normalización de las alternativas culturales con el objetivo común de la homogenización del mundo entero en torno al libre comercio y la expansión del capital y, por otra parte, a la idea de que con la globalización desaparecería la diversidad de identidades hacia una homogeneidad cultural” (p.31)
En este sentido, el espectro de la participación social se amplió, permitiendo a las comunidades cristalizar tipos de asociación que, en el marco de “lo cotidiano”, establecían relaciones y configuraban alternativas en torno a la transformación de situaciones comunes a sus integrantes, partiendo de la exploración de valores y recursos propios, además del fortalecimiento a sus capacidades organizativas. De tal modo, la emergencia de un vasto número de interlocutores colectivos capaces de manejar los medios dispuestos para el ejercicio de la democracia, significó asumir a las comunidades en un rol activo, desde donde podían definir una visión de bienestar y tomar las decisiones necesarias para su consecución.
La incidencia alcanzada por los movimientos sociales de resistencia civil estuvo relacionada con aspectos tan determinantes como el lugar otorgado a la comunicación y a las nuevas tecnologías al momento de concebir e implementar estrategias colectivas que lograran estimular la confrontación y el análisis crítico de realidades, a la vez que se sensibilizaba y movilizaba a las comunidades alrededor de sus problemáticas inmediatas. Hacer de la comunicación un “hecho participativo” instaba a legitimar el derecho de las comunidades a informar y a estar informadas, razón por la cual los movimientos sociales se
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ampararon bajo mandatos de orden mundial como son el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, las resoluciones 59 (I) y 45/76 A de la Asamblea General de las Naciones Unidas, y la resolución 25 C/104 de la Conferencia General de la UNESCO.