otros poderosos (Morköl, 1997). Además, se ha constatado que cuando se combinan bajos in- gresos y baja educación, se refuerzan las creen- cias de que la modificación de las circunstancias adversas está fuera de alcance y de que las pro- pias capacidades no son suficientes para ha- cerlo. En cambio, aquellos con mejores ingresos y más educación perciben, y acceden, a mejores oportunidades y, posiblemente, sean más efi- caces para enfrentar las adversidades (Gurin & Brim, 1984).
Un dato de interés son las diferencias ha- lladas en cuanto a la evolución de las creencias de control externo según la edad del jefe de hogar. Los resultados indican (figura AE2.5.2.) que los jefes de hogar mayores de 35 años expe- rimentaron una variación significativa en el pe- ríodo 2004-2008. En 2004, el 44% de las per- sonas de 35 a 59 años y el 50% de los de 60 o más indicaron creencias de control externo, pero en los años sucesivos los valores fueron descendiendo hasta llegar al 30% en 2008. Es probable que el contexto poscrisis del año 2004, caracterizado por el desempleo, la incerti- dumbre económica y un clima social negativo, haya coadyuvado al aumento de las creencias de control externo en los jefes de hogar en esa oportunidad para ir luego disminuyendo hasta llegar a los valores actuales.
DIFICULTAD PARA PROPONERSE PROYECTOS A LARGO PLAZO
La noción de proyectos personales es una ca- tegoría abarcativa para comprender cómo las personas integran diferentes fuentes de in- fluencia –biológicas, ambientales, sociales y cul- turales– para dar coherencia y balance a la
propia vida (Little, 1989). Muchos autores con- cuerdan con que el proceso y/o el logro final de las metas personales se relacionan directamente con el bienestar psicológico (Pervin, 1989; Little, 1989). En tal sentido, la consecución del bienestar requiere poder percibir, estructurar y dar un significado a los proyectos personales.
En las EDSA, desde 2004 hasta 2008 se han incluido dos ítems para evaluar, someramente, qué percepción tienen las personas para plante- arse proyectos personales. Estos ítems fueron No puedo pensar proyectos más allá del día a día –que indaga acerca de la percepción de poder pensar proyectos a futuro– y En este momento no
sé qué quiero hacer con mi vida–que evalúa el sen-
tido de las metas en la actualidad–. Los entre- vistados indicaron si, aplicadas a sí mismos, estas frases les resultaban verdaderas o falsas. El análisis psicométrico de las respuestas per- mitió inferir mayor consistencia de la primera, por lo que los resultados que se brindan a conti- nuación refieren a las personas que indicaron dificultades para proponerse proyectos a futuro.
Considerando los datos del total de la pobla- ción entrevistada se advierte que, en el período 2007-2008, hubo un descenso en la percepción de dificultades para proponerse proyectos a fu- turo (Figuras 5.4. y 5.5). El mismo sentido se observa al analizar la serie 2004-2008. En 2004 un 37% de las personas indicaron esta percep- ción que fue disminuyendo sostenidamente hasta 2008, en que se registró un 25%. Como puede notarse en la Figura 5.5 la variación en este período fue la más significativa y la de mayor magnitud.
Tal como sucedió para los resultados de ma- lestar psicológico y de creencias de control, el
análisis de las puntuaciones totales enmascara diferencias de cualidad considerando el conglo- merado, la clasificación socio-económica, la educación o el tipo de hogar en que residen los entrevistados.
El análisis por conglomerado (figura AE2.5.3) revela que en el último bienio, tanto los habi- tantes del Gran Buenos Aires como los de las ciu- dades del interior registraron un descenso de sus percepciones negativas en cuanto a los proyectos a futuro. Pero al considerar las variaciones 2004- 2008, se observa que mientras esta variación fue muy significativa para los primeros –de un 40% a un 24%–, para los residentes del interior se mantuvo en valores cercanos al 29%. En este sentido, la recuperación ha sido cualitativa- mente diferente en una y otra región.
En relación con la clasificación socio-econó- mica y teniendo en cuenta el período 2007- 2008, los datos revelan que el porcentaje de per- sonas del estrato muy bajo que indicó dificul- tades para proponerse proyectos disminuyó en forma significativa –del 45% al 34%– en tanto que, entre los individuos del estrato medio alto, el valor se mantuvo en un 17% aproximada- mente (figuras 5.6 y AE2.5.3). Ese mejora- miento es todavía mayor para las clases más bajas si se considera la serie 2004-2008 y las va- riaciones correspondientes al período. Pero al igual que para las creencias de control, las dife- rencias según los extremos de la posición social son muy importantes. En el año 2004, un 58% de las personas del estrato muy bajo reconoció la falta de proyectos a futuro contra sólo un 22% de las de clase media. En 2008, si bien se redujo esa brecha (34% para el estrato muy bajo, 17% para el medio alto), las diferencias si- guieron siendo muy significativas.
Al analizar los datos según nivel de educa- ción (figura AE2.5.3), se observa que los menos educados presentan un déficit mucho mayor en sus proyectos personales que quienes comple- taron estudios secundarios o superiores y que tanto unos como otros no registraron varia- ciones significativas en el lapso 2007-2008. Pero es de destacar que, a diferencia de lo obser- vado para malestar psicológico y creencias de control en relación con la educación, la percep- ción de no poder pensar proyectos a futuro se mantuvo sin muchas variaciones, excepto para el grupo que completó la escolaridad primaria. En 2004, un 58% de las personas con estudios elementales (menos de primario) y un 44% con estudios primarios indicó estas dificultades. En 2008, el valor disminuyó levemente a un 48% en los primeros y significativamente, a un 28%, en los segundos. En cambio, para las personas con un nivel educativo alto, los valores oscilaron entre un 23% en 2004 y un 14% en 2008, que indican un bajo nivel de déficit y una diferencia muy marcada respecto de los individuos con bajos niveles de instrucción. A la vez, los datos indican que las personas que residen en hogares no familiares presentan más percepción de difi- cultades para proponerse metas a largo plazo que quienes viven en hogares familiares, sobre todo desde 2006 a esta parte.
Estos resultados son consistentes con la idea según la cual la educación y el entorno próximo son factores de importancia para el desarrollo y el bienestar de las personas. Los datos parecen indicar que tener un bajo nivel educativo y re- sidir en un entorno no familiar, más que la po- sición social, se asocia con dificultades para pensar proyectos a futuro.
100■BARÓMETRO DE LA DEUDA SOCIAL ARGENTINA