7.3 Implementation
7.4.2 During the Execution of The Game
4.4. LA ALQUIMIA GRIEGA 4.5. LA ALQUIMIA ÁRABE
4.6. LA ALQUIMIA EN EL OCCIDENTE CRISTIANO 4.7. REFLEXIONES FINALES
4.1. INTRODUCCIÓN
Aunque muchísimos científicos e historiadores han despreciado la alquimia, otros, incluso algunos muy ilustres, no han tenido esa actitud. Por ejemplo, paraLiebig la alquimia era la inmediata precursora de la química,
porque produjo un sinfín de observaciones y de experiencias que desencade- naron procedimientos y técnicas que, a su vez, facilitaron el perfecciona- miento de la química.
Casi siempre que se habla de la alquimia se piensa en la búsqueda de la piedra filosofal y del elixir de la vida, pero sus objetivos no se quedaban ahí. Realmente habría que situarlos a mucha mayor profundidad, en las eternas preguntas del hombre de dónde venimos, a dónde vamos y, en defi- nitiva, cuál es el origen y el sentido del universo. Por ello, la alquimia tiene un alto contenido de espiritualidad, característica común a las distintas formas alquímicas, aunque correspondan a culturas y épocas diferentes. Así, en la alquimia hay que distinguir dos tipos, según sus actividades, prácticas y rituales: la exotérica o material, que buscaría la perfección de nuestra materia y la esotérica o espiritual, que buscaría la perfección del espíritu. Y es importante el factor tiempo, porque todos los procesos requieren su tiempo, aunque la alquimia puede encontrar el medio para acelerarlos.
Hay teorías que suponen que la alquimia surgió en casi todas las culturas antiguas de forma independiente, si bien después hubiera entre ellas una intercomunicación, con lo que todas tenían bastantes rasgos análogos, aun- que no todos. Por ejemplo, la idea del elixir de la vida se encuentra en la alquimia china e india, pero no en la griega. Este hecho parece demostrar que la alquimia llegó a Europa procedente del mundo árabe, que recibe esa idea a su vez de extremo oriente.
También a causa de esa espiritualidad es por lo que para alcanzar sus objetivos primarios —transformar los metales en oro o llegar a la inmortali- dad— era necesario no sólo realizar unas prácticas en el laboratorio, sino
adquirir el conocimiento a través de la revelación o de la iluminación. Por todos estos motivos es por lo que la alquimia adquiere para algunos historia- dores una dimensión de arte cósmico.
Todas estas ideas enlazan con la hipótesis propuesta porMircea Eliade
acerca de los metales, como ya tratamos en el Tema 1. Los metales se forma- rían en la tierra como en un proceso de gestación: crecerían como un embrión o semilla en el interior de aquélla, que equivaldría a un vientre materno. Por esto también el trabajo de los metalúrgicos antiguos iba acom- pañado de ciertos ritos y ceremonias, parecidos en cierto modo a los de un parto. Las prácticas alquímicas enlazan así con el mundo de los mitos del ser humano. Y los metales juegan un papel fundamental en el desarrollo de la alquimia y, en definitiva, de la química.
No obstante, como rasgo común y fundamental hay que destacar las ope- raciones de la aurificción y de la aurifacción. La primera consistía en dar a ciertos metales la apariencia de oro, con lo cual en última instancia sería la falsificación del oro. Por su parte, la aurifacción sería la fabricación de oro, de un oro conseguido artificialmente y que sería indistinguible del oro natu- ral. Por este motivo, el arte de la joyería ha contribuido también enorme- mente al desarrollo de la alquimia, así como de toda la química práctica de los primeros tiempos (puede consultar el Tema 2).
Para los alquimistas, que recogieron la teoría aristotélica de los cuatro elementos, las distintas sustancias eran mezclas de esos elementos en pro- porciones variables. El eje central de los alquimistas, la transmutación, con- sistiría no en lo que actualmente se tiene por un cambio químico —es decir, un cambio en las proporciones de los elementos integrantes y nuevas dispo- siciones de los mismos—, sino en una transformación de las cualidades de los elementos. Un elemento se transformaría en otro elemento. Por eso, cual- quier metal podía convertirse en oro si se le despojaba de sus cualidades, con lo que su materia básica quedaba libre y en ella se podían introducir las cua- lidades de aquél.
4.2. ORÍGENES Y DESARROLLO DE LA ALQUIMIA
El origen de la alquimia puede atribuirse con gran seguridad a la quí- mica práctica, como legado, sobre todo, de la época helenística —o período alejandrino— que enlaza ya con la cultura romana. Los árabes la toman directamente, con gran probabilidad, de los textos de la biblioteca de Ale- jandría, hacia mediados del sigloVIId.C. y después la extienden a Europa a
través de España y de Italia. Es decir, su recorrido va de oriente a occiden- te: nace en el oriente musulmán y llega al occidente cristiano, donde se desarrolla poderosamente después, durante los siglosXIIyXIII. Sin embar-
go, también hubo una importante alquimia en extremo oriente, en India y sobre todo en China.
Podría decirse de la alquimia que, para el mundo árabe y para la Europa cristiana, es la química práctica de la Edad Media. Pero, ¿qué características particulares pueden atribuirse a la alquimia que la diferencian de la química práctica anterior? No es en absoluto que la alquimia buscase una justifica- ción o teorización a los fenómenos con los que trabajaba, lo cual también fal- taba en general en la química práctica. En la alquimia se aceptaban los prin- cipios que la regían sin cuestionarlos ni verificarlos seriamente. Pero una característica propia de la alquimia era su proximidad al secretismo, al saber llamado «hermético», reservado sólo para los iluminados (como se analizará después), falto de sentido crítico y, en consecuencia, completamente ajeno al método científico.
¿A qué se debía ese secretismo? Hay dos razones fundamentales. En pri- mer lugar, los fines últimos que perseguían los alquimistas era encontrar, por una parte, la piedra filosofal y, por otra, el elixir de la vida. Porque con la pie- dra filosofal era posible fabricar oro partiendo de otros metales, con lo cual se conseguía la riqueza, mientras que con el elixir de la vida —llamado tam- bién «panacea universal» y que no era otra cosa que la piedra filosofal en estado líquido— se podía prolongar la juventud y tener una vida más larga y saludable y, en definitiva, alcanzar la inmortalidad. Parece bastante evidente que el poseer la clave de esos inestimables valores fuera una importante cau- sa de ese secretismo.
En segundo lugar, hay que tener en cuenta también que durante esos siglos medievales, de una gran inestabilidad, la alquimia fuese considerada a veces como una especie de brujería y, por tanto, su práctica resultase peligro- sa. Tal vez sea ésta razón la principal responsable de su hermetismo y de que no se divulgasen apenas sus hallazgos.
Por otra parte, había una gran diferencia entre el mundo árabe y la Euro- pa cristiana en cuanto al sujeto depositario del saber. En la segunda el cono- cimiento se quedó relegado a la Iglesia no sólo como depositaria, sino tam- bién como transmisora del mismo, mientras que entre los árabes, al coincidir en la figura del califa la jefatura política y religiosa, se hizo posible un desa- rrollo mucho mayor de las artes y de las ciencias y, con esto, también de la alquimia.