4.1 Descriptive Statistics
4.1.2 Exogenous Variables
Con el nombre de “Camino Viejo de Almodóvar” nos referimos a un sector muy concreto de la Necrópolis Occidental, coincidente con las actuales C/ Antonio Maura y Avda. de Manolete y situado en los márgenes de la via Corduba - His-
palis. Los primeros trabajos llevados a cabo en la zona corrieron a cargo del
155 recintos y acotados funerarios
en la Puerta de Sevilla. Posteriormente, volvería a intervenir en la zona San- tos Gener (1955, 8 - 25), confirmando la existencia de una “extensa necrópolis
utilizada desde momentos tardorrepublicanos hasta época visigoda, pero de la que apenas se puede intuir una distribución topográfica de los enterramientos ni sus posibles relaciones con los ajuares y restos estructurales” (vaquerizo,
2001a, 179). De estos últimos destacan varias estructuras construidas en opus
quadratum, con plantas de tendencia angular, interpretadas como posibles re-
cintos a cielo abierto (vaquerizo, 2001b, 152), relacionados con ajuares de la
primera mitad del siglo I d.C. y algunos restos de decoración escultórica. Las notas manuscritas referidas a las campañas de excavación de Romero de To- rres, conservadas entre la Documentación de Función del erudito cordobés 129 – actualmente depositada en el Archivo Histórico Provincial de Córdoba –, han
permitido reconstruir en un reciente trabajo de investigación (ruiz osuna, 2005, 79 -104) la fisonomía de los restos arqueológicos allí localizados. Las excavacio- nes ocuparon un total de 18 hectáreas, es decir, prácticamente la totalidad de la antigua “Haza de la Salud”130, y fueron realizadas durante cinco campañas en las que, además de un gran número de enterramientos y restos de posibles ajua- res funerarios, se descubrieron, aunque en bastante mal estado de conservación debido al proceso de expolio (santos gener, 1955, 11), multitud de vestigios de naturaleza arquitectónica identificados por su propio excavador como “depar-
tamentos” o “estancias funerarias”, que venían a confirmar el carácter monu-
mental de esta necrópolis.
A partir de la información disponible, y con todas las cautelas posibles, por cuanto no pasa de ser una hipótesis de trabajo, hemos distinguido al menos 12 recintos (fig. 54), de los que por desgracia sólo podemos ofrecer unas descripcio- nes y dimensiones aproximadas (ruiz osuna, 2007, 71 ss.):
recinto a: se trata del recinto identificado por D. Vaquerizo (2001b, 137 ss.) como delimitador del gran conjunto monumental protagonizado por la cámara funeraria descubierta en este mismo lugar en 1931 (romero de torres, 1941, 323 - 329). Su límite septentrional coincidiría con un muro documentado por Ro-
mero de Torres al Sur de la “Huerta de la Grande”, lo que proporciona unas me- didas in agro de al menos 10 m 131, esto es, unos 35 p.r. Además de la cámara fu- neraria, enterramiento principal del conjunto, este recinto habría acogido otras tumbas de carácter más sencillo colocadas bajo las losas de pavimentación, tal como demuestran algunas fotografías del momento de su descubrimiento, don-
129. Varias cuartillas manuscritas a lápiz, en las que él mismo nos describe de forma bastante exhaustiva los hallaz- gos acaecidos durante sus trabajos arqueológicos.
130. La antigua “Haza de la Salud” (actual barrio de Ciudad Jardín), quedaba limitada al Norte por el “Camino Viejo de Almodóvar” (hoy, C/ Antonio Maura); al Este por el “Callejón de la Hoya” (lugar donde se ubica el Grupo Escolar Enríquez Barrios); al Oeste por el “Callejón de Chinales” (actual Avenida de Gran Vía Parque); y al Sur por la fábrica de luz eléctrica y el camino que conducía al “Cortijo de Majaneque”, también conocido como “Camino Nuevo de Almodóvar”, y que hoy podemos identificar con la Avenida del Aeropuerto.
131. Este resultado es fruto de la suma de los 6 m de ancho con los que contaba el “Camino Viejo de Almodóvar” más los 4 m que mide el monumento en sí. Para los cálculos se ha tomado como base un plano de Córdoba elaborado en 1928 por el Instituto Geográfico y Catastral (Escala 1/2.000).
156
capitulo 5.2
de puede apreciarse una urna funeraria en piedra junto al monumento (vaque- rizo, 2001b, 139), la aparición de “dos urnas cinerarias con fajas rojas pintadas,
sin asas, y sus respectivas tapas” (romero de torres, 1941, 325), situadas junto
al muro septentrional antes mencionado, y 12 cremaciones en cistas de piedra dispuestas de forma contigua al lienzo oriental del supuesto recinto.
fig. 54 Planos de dispersión de los enterramientos y recintos localizados en
157 recintos y acotados funerarios
recinto b: se sitúa a unos 10 m al Oeste de la cámara funeraria que centraba el anterior. Lo conformaban dos grandes muros de sillares – el oriental presentaba además almohadillado en su lienzo exterior – de 3 m de largo por 0,65 m de ancho y 1,90 m de altura, que guardaban entre ellos una distancia aproximada de 2,85 m. Al interior del recinto se hallaron tres enterramientos de cremación, uno en “ollita cineraria” y los otros dos en cistas de piedra caliza.
recinto c: esta estructura fue localizada en los terrenos del conocido a prin- cipios del siglo xx como “Cortijo de Chinales”, ubicado en la confluencia del Arroyo del Moro y el “Camino Viejo de Almodóvar”, en torno a la actual Aveni- da de Manolete, esquina con Gran Vía Parque. Paralelo a la antigua vía romana, en sentido e-o, se documentó en este lugar un muro de sillares de gran extensión (20 x 0,60 x 0,60 m) al interior del cual se descubrió un enterramiento de cre- mación conformado por una cista de piedra y una estructura circular formada de “piedras y hormigón” con un diámetro de 2,65 m identificada con un posible
ustrinum 132.
recintos d-e-f: se ubican en la margen izquierda del “Camino Viejo de Almo- dóvar” y cercanos a la esquina Noreste del “Haza de la Salud”, distantes unos 100 m del Recinto A. Se trata de un conjunto bastante homogéneo compuesto de cuatro muros conformados por grandes sillares situados de forma perpendi- cular al camino, que guardaban unas distancias constantes de 2,5 a 3 m, cerca- nas a los 10 p.r. El hallazgo de muros paralelos y contiguos podría ilustrarnos acerca de tres recintos colindantes que compartirían los muros medianeros 133, o bien de dos acotados independientes separados por un espacio de terreno libre. Las excavaciones llevadas a cabo en el interior de estos recintos no proporcio- naron apenas restos, tan sólo junto al muro más occidental se localizaron dos enterramientos de inhumación en ánfora y restos de un posible ajuar.
Recinto G: se trata de uno de los pocos recintos documentados en la margen derecha del “Camino Viejo de Almodóvar”, es decir, al Sur de la “Huerta Gran- de”. Concretamente, fue localizado en las cercanías de la puerta de entrada a estos terrenos, situada en la esquina Sureste de la misma, y próximo a los restos identificados por el erudito como “dos posibles ustrina (...) y un gran cenicero”.
132. En este caso la tipología de la estructura y su probable funcionalidad crematoria ofrecen un paralelo indiscu- tible con el ustrinum dispuesto al interior del recinto funerario excavado en Avda. de la Victoria (murillo, carrillo, ruiz, 1999, 69 -83; murillo et alii, 2002, 253 - 254), fechado entre época augustea y el primer cuarto del siglo I d.C. (murillo, carrillo, 1999, 370). De planta circular, medía algo menos que el documentado en el “Camino Viejo de Al- modóvar”, concretamente 2,5 m, y estaba dividido por un muro que delimitaba la estructura en dos partes, reservando un espacio para la actividad crematoria y el otro para acoger los enterramientos. Espacios delimitados por muros bajos en cuyo interior se disponen busta o ustrina, así como las urnas o cistas con los restos de la incineración, se conocen en todo el Imperio, caso del de los Concordii, en Boretto (hesberg, 1994, fig. 16). Otros paralelos más modestos se encuentran en las ciudades dálmatas de Argyruntum, Dolcea y Salona (cambi, 1987) o en Baelo Claudia (Hispania) (paris et alii, 1926; remesal, 1979).
133. Recintos contiguos se han documentado en otros sectores de las necrópolis cordobesas, caso de la “La Constan- cia” (vaquerizo, 2001b, 183 ss.) o Avda. de las Ollerías (lópez jiménez, 2006; sánchez vaquerizo, e.p.), así como en el resto del Imperio, tal como se observa en la via Annia, en Aquileia (bertachi, 1997, 162).
158
capitulo 5.2
Se estructuraba por medio de dos muros de sillares, dispuestos de forma per- pendicular al camino, que guardaban entre sí una distancia de 4 m. Este recinto debió estar ricamente decorado, como demuestra el hallazgo de “una loseta
(escutula) de mármol rosado en forma rómbica y otra más pequeña rectangu- lar de mármol blanco”; las cuales podrían haber formado parte de una lujosa
pavimentación en opus sectile al interior del recinto 134. Asociados al mismo encontramos un enterramiento de cremación depositado en “urna cineraria” y restos de un posible ajuar.
recinto h: a poca distancia en dirección Oeste con respecto a la estructura anterior se sitúa este supuesto recinto compuesto de dos muros perpendiculares a la carretera de los que sólo conocemos su grosor (0,50 cm). Su importancia reside en que aún conservaba entre los muros mencionados “el escalón de már-
mol negro ya partido en dos partes con las quicialeras en sus extremos”. Este ha-
llazgo nos confirma, de un lado, que este tipo de estructuras podían contar con puertas de entrada 135 y, de otro, que este recinto se abría a la vía romana per- petuada en el “Camino Viejo de Almodóvar”. Entre estos muros se recogieron multitud de ladrillos de pequeño tamaño (laterculi) que podrían haber formado parte de la pavimentación de la estancia 136. Los restos funerarios asociados a la estructura se limitan a un único enterramiento de cremación en “olla cineraria”, “un anillo de fíbula que remata en cabeza de pato” y “una orcita”.
recinto i: esta estructura se documentó en terrenos pertenecientes al “Haza de la Salud”, concretamente en su extremo no. Se trata de la cimentación de una enorme construcción compuesta por varios muros de grandes dimensiones – hasta 9 m de largo – y restos de “solerías de hormigón”, dispuestos de forma pa- ralela al “Camino Viejo de Almodóvar”. La estructura fue descrita por Romero de Torres como el “basamento de un edificio rectangular con restos de otras
cimentaciones a su alrededor más pequeñas que nosotros sospechamos fuese el Quemadero general o el Ustrinum, paraje público de esta necrópolis, destinado a la cremación”. Una conclusión que el erudito planteaba por la magnitud de esta
plataforma arquitectónica y el hallazgo de “grandes ceniceros” a su alrededor. Curiosamente, Santos Gener, en sus excavaciones en la misma zona, también
134. Restos de pavimentación marmórea, retirada tiempo después para colocar tumbas de inhumación, han sido documentados en recintos funerarios procedentes de la necrópolis de la Via Triumphalis (Roma) (steinby, 1987, 101).
135. Parece, en general, que los recintos cordobeses al igual que otros casos de Hispania estaban completamente cerrados, lo que no impedía su continuado uso como demuestran los recintos de la via Ostiense, donde la altura de los muros no constituyó problema para que pudieran realizarse sucesivas deposiciones (floriani squarciapino, 1958).
136. En Córdoba, la pésima conservación en la que nos han llegado las estructuras funerarias – prácticamente a nivel de cimentación – apenas ha permitido documentar la existencia de pavimentos. De las excavaciones practicadas por Enrique Romero de Torres en el “Camino Viejo de Almodóvar” procede una gran cantidad de laterculi, a los que hacen referencia los Libros de Registro del maeco, los cuales podrían haber conformado el suelo o, tal vez, el alzado de recintos a cielo abierto, al igual que los casos documentados en las necrópolis de Ostia, Isola Sacra (calza, 1940; floriani squarciapino, 1958), Bologna, Rimini, Rabean, Classe y Vorghenza (ortalli, 1997, 373). También, aunque en menor cantidad, se recogieron algunas losetas de mármoles de colores, que podemos interpretar como los restos de
opera sectilia de gran riqueza, contrastando con los simples pavimentos de caementicium detectados con mucha más
159 recintos y acotados funerarios
identificó una potente estructura de sillares rodeada de grandes “ceniceros” con el ustrinum público de la Córdoba romana (santos gener, 1955, 13 - 14, punto ch). Una estructura que, teniendo en cuenta los planos proporcionados por el propio arqueólogo, habría aparecido en el mismo lugar que la detectada por el anterior: en la esquina Noroeste del Haza de la Salud y próxima a la gran tumba subterránea. Recientes líneas de investigación (vaquerizo, 2001b, 181) ofrecen
otra alternativa a esta función crematoria de carácter público, identificando los restos con los de un posible recinto funerario a cielo abierto.
recinto j: en la parte más oriental de los terrenos pertenecientes al “Haza de la Salud”, y a unos 72 m de distancia con respecto al “Camino Viejo de Almo- dóvar”, se localizaron los restos de “una estancia funeraria” compuesta de una habitación rectangular rodeada de un “muro de hormigón y parte de mampues-
to”, presentando, además, una pavimentación formada por una “gruesa capa de hormigón de 25 cm de espesor y estuco”. El único enterramiento relacionado
con la estructura se corresponde con una inhumación infantil.
recinto k: en la esquina Suroeste del “Haza de la Salud”, junto al camino que va al “Cortijo de Majaneque” (hoy Avenida del Aeropuerto), se llevaron a cabo algunas exploraciones que pusieron al descubierto dos muros de sillares que conformaban una habitación de planta rectangular con “suelo de hormigón”. Presentaba unas dimensiones de 2,5 m de largo y se hallaba dispuesta de for- ma paralela al mencionado camino. Junto a esta estructura se documentó una “cornisa romana de piedra negra”, que tal vez podría haber formado parte de la
decoración arquitectónica original.
recinto l: contigua a la anterior apareció otra estructura de las mismas dimen- siones de la que sólo se conservaban dos muros, que formaban un ángulo recto. Con lo expuesto hasta el momento, se podría plantear la existencia de un inte- resante conjunto de recintos funerarios realizados en su mayoría en opus qua-
dratum – algunos de ellos con sillares almohadillados – y dispuestos de forma
paralela a una de las más importantes vías de comunicación de la Córdoba romana, pero de los que desconocemos su fisonomía original y su altura com- pleta, ya que la mayoría presentaban una única hilada (ruiz osuna, 2005, 98). En general, estaban pavimentados – algunos de forma lujosa (mármol) y otros empleando materiales más sencillos (ladrillos o simples suelos de mortero)137 – y ricamente decorados, como así podrían indicar los abundantes restos de estuco de colores 138 y los fragmentos de decoración arquitectónica (cornisas, quiciale- ras) recogidos en el entorno. Entre estos restos podríamos señalar un “trozo de
137. Al igual que otros recintos documentados en muchas necrópolis italianas (kockel, 1983; floriani saquarcia- pino, 1958; via Ostiense: Tumbas nº 13 ó 17; via Laurentiana: Tumbas 8, 10 ó 15) o de Hispania (aranegui, 1995, 197; silliéres, 1997, 195, fig. 107; bejarano, 2000; estévez, 2000).
138. Entre los restos de estuco recuperados en las campañas de excavación de Romero de Torres destacan “varios
fragmentos de estuco pintado, uno con hojas”, recogidos junto al monumento funerario descubierto en 1931, del que
160
capitulo 5.2
losa de piedra caliza con restos de bajorrelieve rudimentario en que hay figura humana y otras”, que el erudito incluye en el listado de materiales procedentes
de sus excavación y que pudo pertenecer a la decoración en relieve de algún mo- numento funerario de la zona (ruiz osuna, 2005, 98).
Aunque gran parte de los recintos documentados en Hispania se caracterizan por presentar un perímetro completamente cerrado, existen casos en los que su acceso se realizaba a través de una puerta, tal y como puede apreciarse en los recintos de los Voconii y de los Iulii en Mérida. Así parece ocurrir también en el Recinto H donde, entre los muros que lo conformaban, aún se hallaba in situ el escalón de mármol (con los huecos de las quicialeras en sus extremos) que daba paso a la estancia. En nuestro caso la existencia de un recinto con puerta de en- trada resulta de especial importancia por ser uno de los pocos casos documen- tados en Córdoba 139 y porque, además, nos certifica la apertura de la fachada a la vía principal, algo que suponemos para el resto pero que sólo en este caso podemos asegurar (ruiz osuna, 2005, 98).
Los edificios suelen presentar unas medidas similares, que oscilan entre los 2,5 y 4 m de anchura, equivalentes a estancias de 12 a 17 p.r. de fachada (ruiz osuna, 2005, 83 ss.), unas medidas acordes con las loci mensurae presentes en la epigra- fía funeraria cordobesa 140, lo que permite reiterar la posible existencia de lotes de terrenos preestablecidos en las necrópolis de Colonia Patricia (vaquerizo, 2001a, 168 - 205). Entre estos acotados de medidas estándar se articularían otros
de grandes dimensiones; es el caso de los Recintos a y c, con muros de 15 y 20 m de largo, respectivamente, es decir, unos 50 y 67 p.r. El primero forma parte de un gran complejo funerario que incluía, entre otros enterramientos menores, la tumba hipogea; por su parte, el segundo contaba en sus terrenos con un posible
ustrinum de grandes dimensiones, lo que nos lleva a interpretarlos como espa-
cios de uso colectivo pertenecientes a una familia o un collegium (ruiz osuna, 2005, 99).
Este paisaje funerario se completaría con la presencia de otros enterramientos de carácter más sencillo ubicados en los espacios libres dejados entre recintos y
monumenta, al igual que ocurre en otras necrópolis del Imperio (calza, 1940;
floriani squarciapino, 1959) y de Hispania (remesal, 1979), dando origen un área funeraria de gran complejidad en torno a la via Corduba - Hispalis, que habría funcionado como una auténtica Grabstrasse ya desde el siglo I a.C (mu- rillo, carrillo, 1999, 368).
Por lo que se refiere a los enterramientos documentados, existe un claro predo- minio de las cremaciones frente a las inhumaciones. De estas últimas casi la mi- tad corresponden a individuos infantiles. El autor de las excavaciones no nos ha dejado apenas referencia sobre superposiciones de enterramientos y tampoco
139. Otros casos son el de C/ San Pablo, 17 (ruiz nieto, 1999 a; 1999 b), y el recientemente excavado en la Ronda del Marrubial (penco, 2004).
140. Dos de las inscripciones funerarias aparecidas en las cercanías del “Camino Viejo de Almódovar” (CIL, II²/7, 465 y 486) hacen referencia a recintos de 12 p.r. a través de la fórmula locus pedum.
161 recintos y acotados funerarios
parecen detectarse distribuciones de carácter espacial, solamente las tumbas de inhumación parecen concentrarse de forma más abundante en el sector Noreste del “Haza de la Salud”. Son, en general, enterramientos de carácter muy senci- llo que se ajustan a las tipologías habitualmente detectadas en las necrópolis ro- manas de Colonia Patricia durante época altoimperial (vaquerizo, 2002b, fig. 6, fig. 7a, fig. 7b, fig. 8). Únicamente las urnas de tradición indígena con tapadera, correspondientes a los enterramientos nº 1 y 2, podrían ofrecernos una cronolo- gía más ajustada, puesto que se corresponden con el subtipo Ia establecido por García Matamala (2002 - 2003, 254 - 256), cuya cronología nos remite al último cuarto del siglo I a.C. y primera mitad del siglo I d.C.
Las tipologías más simples corresponden a las cremaciones, depositadas di- rectamente en el suelo sin ningún tipo de estructura de protección ni urna ci- neraria. Suelen aparecer de forma aislada en el terreno sin mantener, a priori, relación alguna con ninguna de las estructuras arquitectónicas documentadas. No ocurre así con los enterramientos de cremación realizados en ollas o urnas, que prácticamente en todos los casos, aparecen en el interior de los que hemos definido como recintos funerarios, lo que podría ilustrarnos acerca de diferen- cias económicas entre los difuntos (ruiz osuna, 2005, 100). Las cistas de piedra caliza representan la tipología más numerosa de este sector de la Necrópolis Occidental. Lo interesante de este tipo es que en la mayoría de los casos se presentan formando conjuntos, manifestando así posibles relaciones, familiares o no, entre los difuntos. La misma interpretación podría aplicarse a la tumba colectiva construida en opus caementicium, que definía cinco departamentos unidos (ruiz osuna, 2005, 100, nº 57). Igualmente, resulta de gran interés la concentración de inhumaciones en ánfora localizada en las proximidades del lienzo occidental del Recinto F.
El mal estado de conservación de la necrópolis y la metodología de excava- ción empleada apenas permitieron recoger restos materiales asociados de forma directa con los enterramientos, lo que impide establecer una evolución crono- lógica de los mismos. Los hallazgos documentados aparecieron esparcidos por toda la zona y bastante revueltos, con lo que resulta imposible hablar de un