Tal como sugieren estos beneficios y cambios positivos, el MDMA tiene usos importantes en psicoterapia. Antes de pasar a examinar los resultados del estudio de Greer con respecto a
sus implicaciones terapéuticas y descripciones de casos especí ficos, consideremos por qué la experiencia con el MDMA es terapéuticamente útil. No se han publicado muchas cosas dedi cadas a examinar esta cuestión. Hasta la fecha, sólo un libro ha abordado los usos terapéuticos del Éxtasis, publicado en 1974 por el doctor Claudio Naranjo y titulado El viaje curativo.
Me siento m uy afortunado por haber tenido a Claudio N a ranjo como profesor en una clase a la que asistía sobre Psicolo gía humanista, cuando era estudiante en la Universidad de Ca lifornia, Santa Cruz, donde Naranjo fue profesor invitado en la primavera de 1978.
Naranjo es un psiquiatra chileno con un doctorado en mate máticas y un historial como pianista de concierto. El viaje cu
rativo trata sobre el uso de cuatro drogas por parte de su autor
en su práctica clínica: MDA, MMDA, harmalina e ibogaína. A las dos primeras las denomina «intensificadores de los senti mientos», y a las dos últimas «intensificadores de la fantasía». Aunque el libro se terminó en 1970, el trabajo al que se re fiere se llevó a cabo entre 1965 y 1966 en Santiago de Chile, que fue también la ciudad donde se escribió el capítulo sobre el MDA, y se concibió el libro sobre las cuatro drogas. En aquella época, Naranjo era psiquiatra investigador en el Centro de Es tudios de Antropología Médica, en la facultad de M edicina de la Universidad de Chile.
El MDA, el MMDA y el MDMA son miembros de la m is ma familia química. Quizá una de las facetas más fascinantes de lo que hemos aprendido en el estudio de estas sustancias es que aun cuando existe una fuerte semejanza familiar su su efecto principal, cada una de ellas difiere de la otra de una for ma que se distingue con claridad; así, un individuo que ha teni do varias experiencias puede distinguir cada una de ellas por separado. En el Apéndice de este libro, «Árbol familiar del MDMA», veremos que a esta variación se le ha denominado «relación estructura-actividad», descrita en un artículo de Ale- xander Shulgin publicado en Nature, en el que muestra cómo se pueden predecir las diferencias en los efectos mentales m e
diante la variación de la verdadera estructura química de la molécula. Cuando exploremos el futuro de estos compuestos, esa relación también tendrá implicaciones para comprender y controlar el sistema nervioso humano.
Naranjo escribió que la familia de «las fenilisopropolaminas [es decir], MDA y MMDA, se caracteriza principalmente por sus efectos sobre la intensificación de los sentimientos, la agu dización de la atención, el aumento en la fluidez de las asocia ciones y la comunicación».
A partir de aquí, Naranjo pasa a distinguir entre las dos dro gas emparentadas.
Según el psiquiatra chileno, el MDA es una «droga de análi sis». Con esto quiere decir que su efecto terapéutico es produ cido por la exploración de acontecimientos del pasado, similar al del psicoanálisis, que resalta el efecto de los acontecimientos de la primera infancia sobre el individuo. Naranjo dice del MDA que «la regresión ocurre de un modo tan frecuente y es pontáneo que se la puede considerar como un efecto típico de la sustancia, y como una fuente fundamental de su valor tera péutico».
En contraste, «el MMDA y el ahora eterno» es el título del capítulo dedicado al otro intensificador del sentimiento. De la ex periencia cumbre desencadenada a veces por esta sustancia, dice:
Es posible hablar tanto de individualidad como de disolución, pero éstas se mezclan en una nueva totalidad característica. La disolución se expresa aquí en una apertura para experimentar, en una voluntad por no abrigar preferencia alguna; la individuali dad por otro lado, está implicada en la ausencia de fenómenos de despersonalización y en le hecho de que el sujeto se siente preocupado por el mundo cotidiano de las personas, los objetos y las relaciones.
Típicamente, la experiencia cumbre del MMDA es aquella en la que el momento que se vive se convierte en algo muy gratifi cante en toda su realidad circunstancial; sin embargo, el senti miento dominante no es de euforia, sino de calma y serenidad.
La terapia de Naranjo con el MMDA parece utilizar dos principios. Primero, aprovecha el estado de ánimo de serenidad y ausencia de apego producido por la droga, para explorar los problemas de su paciente. Afirma: «Por muy diferentes que puedan ser el desapego espiritual y el saludable funcionamiento psicológico, creo que este último puede desarrollarse gradual mente en presencia del anterior, convirtiendo la implicación te rapéutica de tal experiencia cumbre en una indirecta. Una de las formas en que puede un estado de ánimo sereno puede te ner como consecuencia otros cambios es en el aumento de la posibilidad de comprensión interior, de un modo muy parecido a como un analgésico permite la exploración quirúrgica de una herida».
Un segundo principio utilizado en la terapia con MMDA es la esperanza de que los nuevos modos de experiencia alcanza dos con el MMDA se mantengan en la vida del paciente duran te los días posteriores al final de la sesión. En este sentido, N a ranjo sugiere:
El estado mental alcanzado por medio del MMDA no es algo que simplemente dure durante un período de tiempo determina do y luego se pierda, sino algo que puede ser aprendido. Una vez que una persona ha utilizado su mente de este modo, tiene un acceso más fácil a la misma forma de funcionamiento. Y creo que una de las justificaciones para la edificación de una expe riencia cumbre artificial radica precisamente en este aprendizaje mediante el que, tras haber sido adoptada una vez, la actitud de seable puede ser «recordada», no sólo intelectual, sino también funcionalmente (del mismo modo que recordamos los movi mientos del escribir y del andar tras haberlos aprendido). Esto podría compararse con la mano guía que sostiene la del niño, para mostrarle cómo trazar una letra, o con los practicantes del sistema de M. Alexander, que muestran a una persona cómo per manecer erguida, o sentada, de modo que pueda percibir el «gus to» de lo correcto, o, como sucede en la concepción de los cha manes mexicanos que utilizan el peyotl, como la mano guía de
Dios. Una vez en posesión de tal discriminación o conocimiento, depende del individuo el recordarla y ponerla en práctica.
En cada uno de los dos capítulos de Naranjo, se analiza la presentación de historiales e informes de sesiones de pacientes para demostrar las relaciones entre la acción de la droga y el efecto terapéutico. En el uso del MDA, Naranjo emplea un mé todo psicoanalítico a la terapia, con su énfasis sobre el recuer do y la elaboración de los traumas de la niñez. Con el MMDA, en cambio, utiliza la más existencial terapia Gestalt, que desta ca el centro de la atención sobre el momento presente. En am bos capítulos se describen algunos avances notables en los es tados neuróticos.
¿Cómo se compara el MDMA con estos otros miembros de la familia? En primer lugar, Adán tiene una actuación más cor ta que los otros dos. El MDA dura de 8 a 12 horas, y el MMDA algo menos, mientras que el MDMA sólo dura de 3 a 4 horas. Lo mismo que el MMDA, el MDMA es una droga que conduce al que la consume al «aquí y ahora». Pero también puede actuar como el MDA, para hacer salir a la luz experien cias reprimidas de la infancia. El MDMA se parece al MDA en cuanto a su estimulación del habla. De hecho, es más estimu lante que el MDA y aumenta mucho más la fluidez verbal. Además, la experiencia cumbre que ocurre con el MDMA es a veces eufórica, lo que difiere de la «serenidad y calma» del MMDA.
Cuando Alexander Shulgin llevó a cabo su investigación de 1976 sobre los efectos del MDMA en los seres humanos, Clau dio Naranjo fue psicólogo investigador en el equipo de Shul gin. Lo siguiente quedó descrito en la revista New York:
«El efecto (del MDMA) fue muy diferente al del MDA», re cuerda el doctor Claudio Naranjo, que trabajó estrechamente con Shulgin. «El MDMA no era alucinógeno. También parecía me nos tóxico que el MDA. Administrado en pequeñas dosis, se ob servaban pocos efectos secundarios, si es que se producía algu
no; un ligero tensionamiento de la mandíbula, algo de náuseas, y todo eso desaparecía en la primera media hora. En cuanto al efecto psicológico, era completamente diferente al producido por cualquier otra droga. Era como un breve y fugaz momento de cordura.»
Otro aspecto único del MDM A es su dimensión emocional. A menudo se lo describe como «apertura del corazón». Como ya he mencionado antes, el MDMA es la más puramente empa- tógena de esta familia de sustancias.
El MDM A puede inducir una experiencia del «eterno aquí y ahora», como el MMDA, y también puede ayudar a descubrir experiencias reprimidas del pasado. Así pues, la terapia asistida con el MDM A puede combinar elementos de ambas técnicas.
Por ejemplo, una mujer que ha sido violada se encuentra bajo la compulsión constante del recuerdo del acto. Se le admi nistra MDM A y, de repente, se siente maravillosamente bien, liberada del estado negativo en que se había encontrado. Eso es algo que el terapeuta puede utilizar de dos formas. Primero, puede hablar con la mujer sobre las circunstancias que rodea ron la violación, mientras ella se encuentra en un marco mental libre de problemas. Eso le permitiría a ella superar los recuer dos dolorosos, sin necesidad de reprimirlos.
Además, durante su visión fugaz de un estado alternativo de conciencia, la m ujer ve una posibilidad de considerar cómo es la vida sin temores. Luego, en la vida posterior a la sesión, la mujer puede recordar esa experiencia de existencia libre de do lor, y emplearla para liberarse del trauma.