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VARIATION AWARE GATE SIZING

3.4 Experimental Results

Con Los siete locos y Los lanzallamas emerge para la literatura latinoamericana una nueva topografía urbana, la cual se halla determinada por los universos de la tecnología y la industria. En ambas novelas la ciudad de Buenos Aires se yergue como espacio totalizador y aglutinador de todos los planos espaciales recreados; desde estos se proyecta la vida de una sociedad cuyos valores han entrado en crisis. La inminencia de conmociones económicas y sociales, y la proliferación de lo que podrían llamarse enfermedades sociales, son algunas de las figuraciones que signan la imagen de la ciudad en los textos:

—Más terrible es la realidad… El pueblo vive sumergido en la más absoluta ignorancia. Se asusta de los millones de hombres destrozados por la última guerra, y a nadie se le ocurre hacer el cálculo de los millones de obreros, de mujeres y de niños que año tras año son destruidos por las fundiciones, los talleres, las minas, las profesiones antihigiénicas, las explotaciones de productos, las enfermedades sociales como el cáncer, la sífilis, la tuberculosis.90

72 Robert Arlt recrea en sus obras un universo de desamparados y de solitarios, que son el resultado de oleadas de inmigrantes y mezclas raciales. Sus personajes, símbolos del vivir moderno, se repliegan hacia su interioridad, se refugian en meditaciones y se pierden en tortuosas vías de búsqueda de identidad y de realización personal. Un destino delineado por la fatalidad, y más que por la fatalidad, por una irremediable angustia, que conduce a la nulidad del hombre, es otra de las consecuencias de la vida en la ciudad:

I.

Estas convicciones lo aletargaban en sombrías meditaciones. Sentíase atornillado a un bloque formidable del que no se evadiría jamás.

Porque esta angustia llegó a ser tan persistente, que de pronto descubrió que su alma estaba triste por el destino que en la ciudad aguardaba a su cuerpo que pesaba setenta kilos y que él solo veía cuando lo encaminaba frente a un espejo.91

II.

Además, camina extrañado, como a través de una ciudad desconocida. Algunos techos, pintados de alquitrán, parecen tapaderas de ataúdes inmensos. En otros parajes, centelleantes lámparas eléctricas iluminan rectangulares ventanillas pintadas de ocre, de verde y de lila. En un paso a nivel rebrilla el cúbico farolito rojo que perfora con taladro bermejo la noche que va hacia los campos.92

III. Esta atmósfera de sueño y de inquietud que lo hacía circular a través de los días

como un sonámbulo, la denominaba Erdosain, «la zona de la angustia».

Erdosain se imaginaba que dicha zona existía sobre el nivel de las ciudades, a dos metros de altura, y se le representaba gráficamente bajo la forma de esas regiones de salinas o desiertos que en los mapas están revelados por óvalos de puntos, tan espesos como las ovas de un arenque.

91 Roberto Arlt: Los siete locos, p. 113. 92 Roberto Arlt: Los lanzallamas, p. 441.

73 Esta zona de angustia era la consecuencia del sufrimiento de los hombres. Y como una nube de gas venenoso se trasladaba pesadamente de un punto a otro, penetrando murallas y atravesando los edificios, sin perder su forma plana y horizontal; angustia de dos dimensiones que guillotinando las gargantas dejaba en éstas un regusto de sollozo.93

Si bien es cierto que existe una dependencia del macro-escenario que representa la ciudad de Buenos Aires respecto a aquellas unidades menores que lo conforman (calles, bares, casas, edificios), se encuentran en la obra segmentos textuales en los que se advierte la imagen de la ciudad no desde las particulares visiones que los micro-escenarios proyectan, sino desde puntos de vista enfocados a caracterizar la ciudad como totalidad, a través de imágenes que trascienden lo latinoamericano para alcanzar una dimensión abiertamente universal:

I. La tierra está llena de hombres. De ciudades. De hombres. De casas para hombres.

De cosas para hombres. Donde se vaya se encontrarán hombres y mujeres. Hombres que caminan seguidos por mujeres que también caminan. Es indiferente que el paisaje sea de piedra roja y bananeros verdes, o de hielo azul y confines blancos. O que el agua corra haciendo glu-glú por entre cantos de platas y guijas de mica. En todas partes se ha infiltrado el hombre y su ciudad. Piensa que hay murallas infinitas. Edificios que tienen ascensores rápidos y ascensores mixtos: tanta es la altura a recorrer. Piensa que hay trenes triplemente subterráneos, un

74 subte, otro, otro y turbinas que aspiran vertiginosamente el aire cargado de ozono y polvo electrolítico. El hombre… ¡Oh!… ¡oh!…94

II. Cuanto más, en el núcleo de aquella oscuridad que pesa sobre su frente distingue

un agujerito abierto hacia los mástiles de un puerto distantísimo. Es única vereda de sol de una ciudad negra y distante, con graneros cilíndricos de cemento armado, vitrinas de cristales gruesos, y, aunque quiere detenerse, no puede. Se desmorona vertiginosamente hacia una supercivilización espantosa: ciudades tremendas en cuyas terrazas cae el polvo de las estrellas, y en cuyos subsuelos triples redes de ferrocarriles subterráneos superpuestos arrastran una humanidad pálida hacia un infinito progreso de mecanismos inútiles.95

En contraste con estos universos aparecen en las novelas, también en segmentos independizados, construcciones de espacios idílicos concomitantes con los intentos de evasión de la realidad, donde «el ser, condicionado por el estar, imagina una plenitud existencial accesible en otra estancia, en una situación radicalmente otra, con diferencia de textura y no solo de posición.»96

La mayoría de estos espacios recrean ambientes rurales; se constituyen en espacios semiotizados que entran en franco antagonismo con los vertederos urbanos en los que transcurren las acciones narradas: «Erdosain tenía la impresión de cruzar en compañía de Máscara, desfiladeros gigantescos negros y glaciales, cerrados en el confín por triángulos violetas de más montañas. Los altiplanos desaparecían bajo el altísimo avance del bosque perpetuo de troncos rojizos y follaje de negro verde, y ellos, alucinados, seguían adelante

94 Roberto Arlt: Los lanzallamas , p. 467. 95 Ibídem, p. 313.

75 bajo el espacio profundo y liso como un desierto de hielo celeste.»97 La posibilidad de regeneración espiritual se encuentra latente en estos paisajes que se tornan refugios para los hombres oprimidos y agotados por la mecanización de la civilización.

Es importante el papel que juega el lugar donde se ubicaría la utópica Colonia que se fundaría mediante la Sociedad Secreta; los participantes se inclinan por geografías montañosas, incontaminadas, que mantienen su estatus de vida salvaje y a los cuales la ciudad no ha podido absorber: «En la cordillera estableceremos una colonia revolucionaria.»98 La construcción de estos espacios es significativa en el texto pues «lo que interesa no es llevar a cabo la futura acción revolucionaria, de la cual son sin lugar a dudas incapaces los personajes marginales que acompañan al Astrólogo, sino abrir en la ficción un espacio utópico, a medio camino entre el sueño (y el delirio de poder) y lo real.»99 Además de estos contextos, los personajes imaginan ciudades construidas gracias a la ―mentira metafísica‖, alejadas de los tumultos y del industrialismo. Dichos espacios sobresalen por el uso de colores luminosos y tonalidades suaves, opuestos a los tintes lúgubres de la urbe porteña:

La ciudad de nosotros, los Reyes, será de mármol blanco y estará a la orilla del mar. Tendrá un diámetro de siete leguas y cúpulas de cobre rosa, lagos y bosques. Allí vivirán los santos de oficio, los patriarcas bribones, los magos fraudulentos, las diosas apócrifas. Toda ciencia será magia. Los médicos irán por los caminos disfrazados de ángeles, y cuando los hombres se multipliquen demasiado, en castigo

97 Roberto Arlt: Los siete locos, p. 169. 98 Ibídem, p. 37.

99 Rose Corral: «Ficción y crónica en Los siete locos y Los lanzallamas», en: Roberto Arlt. Los siete locos.

76 de sus crímenes, luminosos dragones voladores derramarán por los aires vibriones de cólera asiático.100

La obra de Arlt al tiempo que viene a marcar la entrada de los grandes conflictos de la sociedad urbana a la narrativa latinoamericana, instaura un nuevo mito que cancela aquel que otrora había asentado Domingo Faustino Sarmiento y que remitía a la ciudad como signo de civilización y progreso. La desacralización de la ciudad como espacio obligado para el progreso humano, signa la escritura arltiana, y con ello la de muchos de sus continuadores que harán de este espacio, como otrora Arlt, la expresión genuina de la frustración del hombre moderno.

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C

ONCLUSIONES

1. La configuración del espacio artístico en Los siete locos y Los lanzallamas se orienta hacia la generación de significaciones que niegan la pretendida neutralidad que ha sido asociada a la configuración del espacio artístico en textos narrativos; dicha configuración no cumple solamente la función de telón de fondo de las acciones narradas, sino que resulta determinante en la conformación del sentido total de los textos.

2. El sistema de significaciones que proyecta la construcción del espacio artístico en ambas novelas va más allá del encuadre de acciones, escenarios y personajes; el universo presentado se moviliza en función de la profundización de los distintos dramas personales y colectivos.

3. El espacio general de las novelas no se manifiesta como espacio unitario, sino que existe una heterogeneidad espacial caracterizada, a su vez, por el predominio del espacio construido como objeto de manipulación subjetiva libre.

4. La construcción de los espacios públicos se distingue por la representación de imágenes distorsionadas de la realidad, la constante proliferación de formas geométricas, el uso de contrastes y tintes sombríos y pesimistas del entramado urbano, y la recreación de ambientes tenebrosos y portadores de malos augurios. 5. La representación de los espacios habitacionales en el texto subvierte las

78 escenarios. Estos, lejos de ser espacios de refugio, se constituyen en zonas de la depauperación y la angustia humanas.

6. Los espacios interiores recreados resultan en su generalidad espacios de la marginación: las pensiones baratas, el prostíbulo, el café delincuencial, las periferias, las habitaciones de conjura, se encuentran marcados por un signo común: la crisis y la pérdida de los valores humanos.

7. La interacción establecida entre espacios públicos y espacios privados no deriva de una contraposición en cuanto a los modos de configuración espacial entre unos y otros. No son perceptibles rasgos que permitan establecer diferencias en lo que concierne a los modos de estructuración y las funciones semánticas de estos universos.

8. El levantamiento del espacio artístico como piedra angular para la caracterización de personajes, la idealización de los ambientes rurales como antítesis del hacinamiento urbano, las implicaciones de la oposición centro/periferia, los espacios habitacionales y de intimidad como accesos hacia una lectura del alma humana, se consolidad en el texto en un ordenamiento sistemático al que se asocia un sistema de valores determinante en la construcción de sentido del texto.

9. El arquetipo mítico de la ciudad como espacio de progreso humano y modernización es sustituido por un nuevo mito: el de la ciudad como símbolo de la frustración y angustia.

10. El simbolismo perceptible en la funcionalidad que signa la configuración del espacio artístico en Los siete locos y Los lanzallamas revela inquietudes que

79 trascienden los límites de lo argentino o lo latinoamericano para revelar conflictos de dimensione universales.

80

R

ECOMENDACIONES

La presente investigación deja abierta la posibilidad de emprender nuevas valoraciones críticas no solo a partir del estudio de la obra narrativa de Roberto Arlt, sino de otros textos narrativos que pudieran ser susceptibles a un análisis como el que se ha presentado.

Se recomienda un estudio de la configuración del espacio artístico en otras novelas del autor, lo cual podría derivar en un estudio mucho más integrador del fenómeno abordado. Asimismo se invita a abordar otros fenómenos en el texto, como el concerniente al estudio del tiempo artístico, estudio bastante poco sistematizado en lo que refiere a la narrativa de Roberto Arlt.

Se propone, además, el análisis comparativo de la obra de Roberto Arlt y de autores posteriores que trabajaron una línea semejante de configuración espacial, para de este modo establecer las conexiones y los signos de identidad literaria entre unos y otros.

81

B

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