VARIATION AWARE GATE SIZING
3.1 Problem Definition
En estimable interacción semiótica con estos escenarios sobresale la configuración de los ambientes alejados del centro citadino que se presentan como antítesis del centro de la ciudad. Los espacios en los que habitan las familias burguesas bonaerenses se caracterizan por su amplitud, por la presencia de sana vegetación y por las emanaciones que proyectan de serenidad y bienestar:
I. Anduvo por las solitarias ochavas de las calles Arenales y Talcahuano, por las
esquinas de Charcas y Rodríguez Peña, en los cruces de Montevideo y Avenida Quintana, apeteciendo el espectáculo de esas calles magníficas en arquitectura, y negadas para siempre a los desdichados. Sus pies, en las veredas blancas, hacían crujir las hojas caídas de los plátanos, y fijaba la mirada en los óvalos cristales de las grandes ventanas, azogados por la blancura de las cortinas interiores. Aquél era otro mundo dentro de la ciudad canalla que él conocía, otro mundo para el que ahora su corazón latía con palpitaciones lentas y pesadas.
Deteniéndose, observaba los garajes lujosos como patenas, y los verdes penachos de los cipreses en los jardines, defendidos por murallas de cornisas dentadas, o verjas gruesas capaces de detener el ímpetu de un león. La granza roja serpenteaba
66 entre los óvalos de los canteros verdes. Algún aya con toca gris paseaba por los caminos.81
II. Las calles son ahora sucesiones de jardines sombríos, con pinos funerarios que el
viento dobla, como en las soledades del Chubut. Criados con saco negro y cuello palomita levantan la guardia frente a las negras y marmóreas guaridas de sus amos. Ruedan automóviles silenciosamente. Los dos desconocidos caminan en silencio tras de Haffner, que a su vez persigue a la Ciega en su imaginación.82 A esto se suma la utilización de colores suaves y sonidos melódicos que irradian sensaciones de prosperidad. El empleo de los semas /oscuridad/ y /luminosidad/ es utilizado para marcar las simbólicas oposiciones de los distintos barrios, así como el comportamiento de sus habitantes. El condicionamiento de la conducta de los individuos está marcado por el lugar en el que viven, la felicidad radica en la comodidad, en la amplitud espacial que les ha sido negada a los que habitan el centro de la ciudad; estos no han podido escapar del hacinamiento que se les ha impuesto y observan con anhelo los barrios residenciales de la burguesía bonaerense:
Emilio mira pensativamente las casas, de las cuales casi todas tienen un jardín al frente. El lazarillo adivina en ella oasis de gente feliz. Tan feliz, que no persigue la prodigiosa vegetación de bichos canastos que tranquilamente se dejan caer de las casas hacia las veredas por su plateado hilo de seda.
81 Ibídem, p. 29.
67 Un piano suena a poca distancia con el eterno ―do, re, mi, fa‖ que unas manos sin experiencia arrancan del teclado. Sin embargo, los sonidos tardíos infiltran en la atmósfera azul de la mañana cierta dulzura meditativa.83
Esta oposición centro/periferia revela la angustia del hombre consumido por las grandes concentraciones humanas y tecnológicas en el corazón de la ciudad, concentraciones contrastantes con los espacios serenos y limpios de algunos márgenes. El lugar de residencia de la burguesía es la zona desvinculada del vértigo industrial de Buenos Aires. La existencia de los personajes de las dos novelas se ve marcada por esta antinomia; el centro es el ámbito repulsivo de humillación y frustraciones personales; el hábitat burgués se instituye en la zona de refugio incontaminado.
Otra manifestación de esta antítesis es perceptible en la representación de las veredas suburbanas, las cuales a pesar de su mínima referencia, destacan por constituirse en elementos representativos de la pasividad y la esperanza que se ha perdido en el centro de Buenos Aires. Configurados como objeto de manipulación subjetiva libre, en estos escenarios los personajes recuperan, al menos momentáneamente, el sosiego espiritual que les ha sido arrebatado:
Al día siguiente, Erdosain, caminando por las veredas de Témperley, observaba asombrado que hacía mucho tiempo que no gozaba de una emoción de sosiego semejante.
Caminaba despacio. Aquellos túneles vegetales le daban la sensación de un trabajo titánico y disforme. Miraba deleitado los senderos de grano rojo en los parques, que avanzaban sus láminas escarlatas hasta los prados, manteles verdes esmaltados de
68 flores violáceas, amarillas y rojas. Y si levantaba los ojos, se encontraba con aguanosos pozales en el cenit, que le producían un vértigo de caída, pues de pronto el cielo desaparecía en sus pupilas y le dejaba en los ojos una negrura de ceguera, aclarándose el pensamiento en un furtivo mariposeo de átomos de plata, que a su vez se evaporaban, transformándose en terribles azulencos ásperos y secos, ahora en lo alto, como cavernas de azul metileno. Y el placer que la mañana suscitaba en él, el goce nuevo, soldaba los trozos de su personalidad, rota por los anteriores sufrimientos del desastre, y sentía que su cuerpo estaba ágil para toda aventura.84