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El análisis de las políticas culturales y las consecuencias en términos de fuerzas políticas que confrontan con los poderes de los estados y las corporaciones trasnacionales en un espacio desterritorializado y global, la tensión que las articulaciones diversidad/igualdad, universalismo/particularismo plantean a los distintos países aun aquellos cuya sistemas democráticos son de larga tradición, superan las posibilidades y la temática de este trabajo. Para un recorrido sobre género y multiculturalismo puede verse Femenías (2007).
Los países de Latinoamérica sancionaron leyes admitiendo los derechos políticos de las mujeres a partir de los años 40 y 50 del siglo pasado tal como hemos consignado precedentemente.
En nuestro país, en 1947 se sancionó la ley nacional n° 13010 de sufragio femenino y en 1951 se celebraron las primeras elecciones provinciales en La Pampa para elegir convencionales constituyentes en la novel provincia creada por ley nacional n° 14037.
En un principio, en el ámbito provincial y sin ley de cupo hubo una presencia importante de mujeres convencionales y diputadas conforme lo puntualiza Allegrone (2002) pero pasado un cierto tiempo e interrumpido sucesivamente el sistema democrático, la ampliación de los derechos electorales en su faz pasiva no se correspondió con una mayor presencia femenina en los órganos electivos, es decir con la faz activa de los mismos.
Múltiples factores fueron y aún siguen siendo, los que dificultan la participación política y la inclusión de mujeres en el ámbito público.
Para analizar la participación política femienina es necesario tener en cuenta una serie de obstáculos de carácter estructural, socioeconómico y cultural que remiten a la socialización de las mujeres. También existen condicionamientos políticos que tienen que ver con el grado de desarrollo de la democracia en una formación histórica determinada. Asimismo debe tenerse en cuenta la forma en que ellas mismas perciben la actividad política y sus problemas.
Una diputada entrevistada comentó:
[hay un] … vacío de contenidos, está en los partidos, y está obviamente en los partidos políticos están los dirigentes y los dirigentes empiezan a perder contenido también … vienen determinados días puntuales… y vos te preguntas cómo se siente el dirigente con esos días…. viene el día …como el día de la mujer…[en vez de poner flores] … no hablan de lo que implica la representación política de la mujer, participación de ella … la mirada …en cuanto a complementariedad de política pública….porque para mi es eso… la mujer en el ámbito de la participación tiene una mirada complementaria de la del hombre…no la suple es complementaria.
En ese sentido, cuando las mujeres desean ingresar a la vida política se encuentran con sus propias apreciaciones que suelen limitarlas y además que el entorno o el contexto político, público, cultural y social no contribuye a su participación. A ello se suma el rol tradicional adjudicado a las mujeres, la división sexual del trabajo al interior de las familias, ejemplificado en la doble jornada cuando también trabajan fuera del hogar60.
Además existe una escasa disposición de los varones a designar mujeres en ámbitos de decisión (Lois y Diz, 2006) circunstancia que redunda en la conocida práctica de que quien
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A estos obstáculos hay que agregar la escasa provisión de servicios de cuidado provistos por los estados y la reticencia en conceptualizar como trabajo las tareas de cuidado que hacen las mujeres en el hogar, lo que redunda en la falta de democratización del ámbito privado y dificulta la participación en la esfera pública.
pierde pone la mujer, señalado por Archenti y Tula (2008). Las mujeres se transforman en objeto de la negociación política. Así parece argumentarlo un dirigente provincial cuando dijo: … “en 2011 resignamos el nombre de Norma Durango cuando debería haber sido candidata gobernadora, pero por el bien del peronismo consideramos que debía encabezar el entonces gobernador Jorge”61.
Existen barreras invisibles configuradas a partir de actitudes y prácticas que son resultado de las expectativas, normas y valores tradicionales que impiden la capacitación de las mujeres para la toma de decisiones, para la participación en la sociedad y que podrían revertirse a través de procesos y estrategias de empoderamiento62.
Fernandez Poncela (1995) distingue los obstáculos, las limitaciones y las dificultades de las mujeres para el ejercicio de la ciudadanía política.
Entre los primeros se encuentran los factores socioeconómicos y materiales en un contexto de escasez de recursos y una sobrecarga de trabajo. En el caso de las mujeres, además del desempeño en la esfera pública, se suman las actividades propias de las cargas familiares, porque el espacio doméstico aún no está democratizado y resulta sumamente dificultoso compatibilizar el ejercicio profesional (de la política u otra actividad laboral) con los roles que se esperan desplieguen las mujeres en el espacio privado.
Si bien esta es la regla, también las mujeres políticas construyen su subjetividad más allá de estos obstáculos. Una de las diputadas entrevistadas nos decía:
…me siento con esto como una privilegiada por esto digo que no se si es el caso de todas las mujeres que estamos en la política. Por esto de que uno ya construyó una pareja y una familia con esta concepción de la política… estaba como muy naturalizado el trabajo público en mi caso…y sí, siento muchas veces como una culpa así…digamos de estar poco con mis hijos este …pero bueno lo voy compensando con el hecho de hacerme a la idea de que estoy en una fábrica y tengo muchas horas de trabajo y trato de que la calidad sea buena si no estoy tanto tiempo… si hay momentos en que la cosa se complica porque uno lleva las angustias cuando nos enfrentamos... fundamentalmente cuando nos hemos enfrentado a situaciones difíciles … me acuerdo cuando nos querían sacar la obra social y la defendimos … esto en el gremio .. o cuando denunciamos el tema de los colectivos …o sea que uno recibe cosas ….o juicios que se le inician de los empresarios … cuando uno toca el poder … este tipo de cosas no te asustan …
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Ver manifestaciones de Espartaco Marín en La Arena de l 16 de enero de 2013 pág 12 y nota 22.
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El empoderamiento refiere a la capacidad individual o como grupo de las mujeres para resistir o enfrentar la imposición arbitraria de control sobre sus conductas o ante la violación de sus derechos, también como capacidad para cuestionar y desafiar la imposición de poder y para resolver situaciones en su favor. Implica el control de los recursos materiales y sociales. Para concepto, límites y críticas al concepto de empoderamiento puede consultarse Di Liscia (2011). Asimismo puede verse “Enfoque de género en la producción de las estadísticas sobre participación política y toma de decisiones en México. Una guía para el uso y una referencia para la producción” disponible en http://www.undp.org.mx/IMG/pdf/100114-2.pdf consulta del 06/02/2012, para quienes el empoderamiento está referido a aquellas actividades que van desde la autoaceptación, hasta la resistencia colectiva, pasando por las protestas y la movilización que buscan influir en la as relaciones de poder. Implica reconocer que existe opresión, marginación, discriminación y que las modificaciones a este estado de cosas requiere que las mujeres participen.
uno está tranquilo de todo lo que ha probado … pero bueno generan una preocupación una angustia .. que se traslada el ámbito familiar ..trato de sobrellevar a esa parte de compartirlo
…
Otra de las entrevistadas manifestó que prácticamente crió sola a su hijo, porque estaba separada y ello significó una tensión con sus actividades como militante. Comentó que debido a ponerle horas a la militancia, su hijo le reprochó muchas veces haberlo desatendido. Siente que no cumplió con los deberes de una buena madre.
Las limitaciones de las que habla Fernandez Poncela (ob.cit) se caracterizan por su componente ideológico, la naturalización o biologización de la subordinación femenina. La socialización de las mujeres en valores y actitudes que se compatibilizan fácilmente con los apropiados para manejarse en el ámbito público atenta contra su participación en el ámbito público regido por valores y actitudes masculinos.
Por último, lo que la autora llama dificultades, serían inconvenientes que se hallan en el plano del desarrollo síquico de la persona.
Para Valcarcel (1997) el principal problema de las mujeres es no reconocerse en las trayectorias de otras, lo que vendría a significar esa sensación de ser siempre las recién llegadas. Las mujeres no cuentan con modelos reales, quienes se han destacado han sido silenciadas, ridiculizadas u ocultas, sus logros han sido asemejados a lo masculino y en otros casos la experiencia de esas mujeres que fueron reinas o déspotas no puede tomarse de ejemplo para las actuales sociedades democráticas.
Por su parte, Tarrés (2004) reflexiona sobre la relación ambivalente que se establece entre obstáculos culturales restrictivos y la situación de las mujeres. Al respecto se pregunta si:
Es la cultura sexista que permea las instituciones la que explica el distanciamiento de las mujeres o es la condición subordinada de las mujeres en otras esferas de la vida social la que hoy impide que no aprovechen las oportunidades que ofrece un sistema político que se moderniza y, que, en última instancia las necesita porque son mayoría electoral (Tarres, 2004:62/63).
La idea remite en definitiva a los componentes estructurales del sistema y cultura políticos tanto como a las subjetividades de las mujeres quienes tienen que despegarse de la condición de idénticas del ámbito privado.
En similar sentido, Norris e Inglehart (2001) dan cuenta de los obstáculos culturales para la participación de las mujeres que tienen que ver con la creencia generalizada que los hombres son mejores líderes políticos, las actitudes denostativas hacia las mujeres políticas; además de los factores estructurales (desarrollo socioeconómico, grado de inserción de las mujeres en la economía) y los institucionales (legales, electorales).
En este sentido una de las entrevistadas planteaba que a pesar de que tiene trayectoria como militante en el Partido Justicialista y trabajo anterior a ser diputada, igualmente por ser mujer y ser la esposa de un conocido dirigente hay que fundamentar más, que hay que estar más preparada para sostener un proyecto.
…en el Bloque yo te decía que en realidad … me sentía respetada, lo que uno decía … pero bueno…. sé que tenés que fundamentar más, cuando sos mujer tenés que demostrar mas saberes, eso en la Cámara en general… como que has leído… como que … tenés que tener mayor fundamentación … el hombre por ser hombre dice algo … y aunque no lo fundamente, viste???...parece que la autoridad se les cae… y bueno estas son las cuestiones que tenemos que ir revirtiendo con educación, no? … con mucha educación… para que haya una igualdad de trato y de oportunidades…
Sin embargo otra de las diputadas decía que no se sentía discriminada por ser mujer, sino que el problema de sacarte de la cancha, era por ser de la oposición.
…es importante que también vean que vos podes demostrar que se puede económicamente, que no es ninguna locura lo que estás planteando porque si no te se sacan de la cancha… cuando no tenés información de lo que significa en términos económicos, te sacan rápidamente de la cancha … muchas veces ….En general por ser de la oposición, en el bloque yo no he tenido ningún obstáculo en este sentido, al contrario siempre por la profesión he estado como vicepresidenta en la Comisión de Hacienda en la Cámara y me ha tocado siempre la responsabilidad de llevar la posición del bloque en el tema presupuestario, que yo siempre al tema presupuestario digamos siempre lo analizo desde lo técnico, pero lo analizo muy muy desde lo político, es decir para quién gobernamos …
Teniendo en cuenta que la incorporación de las mujeres al ámbito público ha sido tardío, tal acceso debería al menos conllevar mayores posibilidades de que -sin caer en esencialismos- se adopte o tenga en cuenta el punto de vista, las necesidades e intereses de las mujeres para tomar las decisiones, es decir debiera ser posible para el sistema político procesar los desafíos que conlleva la inclusión de lo que durante tanto tiempo se consideró lo otro subordinado.
Por otra parte no es menor la importancia de la tradición democrática o autoritaria del Estado y de sus instituciones mediadoras, fundamentalmente los partidos políticos, todo ello imbricado en la cultura política de un país.
Archenti y Tula (2008:14/15) apuntan:
La cultura política está vinculada a reglas de juego no necesariamente expresadas en normas, pero si relacionadas con valores, actitudes, creencias, estereotipos, costumbres, intereses, lealtades prácticas políticas y dinámicas electorales
El aspecto estructural de la cultura política63 de corte patriarcal en los países de la
región explica el desarrollo prácticas jerarquizadas donde lo femenino resulta excluído, de lo que se deriva la infrarrepresentación.
Estas ideas se traducen en situaciones concretas y avalan liderazgos autoritarios como los que hemos tenido en la provincia. Últimamente, un ejemplo de lo que venimos diciendo y que patentiza la cultura política han sido las declaraciones de un grupo de intendentes64
quienes quejándose de la fragmentación interna en el peronismo, han dicho que “se ha roto una tradición de muchos años”. La tradición a la que aluden estos dirigentes da cuenta del estilo caudillesco de intendentes y gobernadores quienes están acostumbrados a gobernar con estructuras verticalistas partidarias, a “bajar línea y a “levantar la mano”. Veremos más adelante que esto tiene su aplicación práctica en el hecho puntual de que las leyes que manda el Poder Ejecutivo a la Legislatura son rápidamente tratadas y aprobadas por ese órgano.
También Borner et al (2009) resalta la idea de falta de modelos, ya que el entramado político está lleno de códigos culturales masculinos en el cual los principales recursos de poder están en manos de varones; las mujeres advienen al poder sobre estructuras heredadas en las que se inscriben prácticas arraigadas poco proclives a incluirlas.
Otra dificultad que se presenta para la participación de las mujeres tiene que ver con la idea de que a las mujeres no les gusta el poder. Archenti (1994) dice que hay que desandar estos prejuicios porque no hay evidencia empírica que los avale, sin perjuicio que circulan en el imaginario y fortalecen la idea de naturalización de las funciones de las mujeres para las actividades propias del espacio privado.
La dimensión de género se expresa al menos en tres aspectos de la participación de las mujeres en la vida pública: primero, en la doble presencia que tiene que ver con el ámbito público y privado; segundo, corresponde a la presencia condicionada porque la participación de las mujeres se hace en inferioridad de condiciones y tercero, se da una presencia relativa en ámbitos donde sus madres o abuelas estuvieron ausentes sin que necesariamente implique igualdad de trato y oportunidades con los varones (Astellarra, 2005).
Mientras la presencia de las mujeres en el ámbito público siga siendo minoritaria, su incorporación en condiciones de “ampliación y no de modificación de ese espacio”
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Para Fernandez Poncela (1995:65) la cultura política es “un conjunto de actitudes, creencias, cogniciones y sentimientos que ordenan y dan significado a un proceso político y proporcionan los supuestos y normas fundamentales que gobiernan el comportamiento del sistema político. Abarcan desde los niveles políticos hasta las reglas de actuación; son; hasta cierto punto, manifestación de las dimensiones psicológicas y subjetivas de la política. Son maneras de expresión de individuos, de sus relaciones entre sí, con sus organizaciones o instituciones, que dan forma al sistema político”. Comprende asimismo las percepciones en el imaginario acerca del poder, de la autoridad, del sometimiento y la obediencia.
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(Balaguer, 2005:44) y no se produzcan cambios en la socialización de los varones y sus patrones culturales, la cultura política de corte masculino persistirá (Fernandez Poncela, 1995). De allí la implicancia que tiene las políticas públicas que democratizan el ámbito privado según sugieren Bustelo y Lombardo (2007).