3.2 Cavity designs
3.4.3 Experimental verification
Defelice, Renata: “La narrativa narcisista de Jaime Gil de Biedma. SobreRetrato del artista en 1956”
Retrato del artista en 1956 es el relato de una espera. En primer lugar, es la espera de un viaje (o mejor, de dos viajes) a Filipinas; así se postula en el primer fragmento del texto:
Algo cansado, si pienso en las últimas semanas y en los pocos días que aún quedan hasta que me marche. Lo que nos viene de fuera, dictado, tiene el inconveniente de ahorrarnos decisiones; estamos a la espera, simplemente, y eso desmoraliza (…) Así la muerte, que siempre nos viene impuesta, desmoraliza tanto.1
En segundo lugar, existe una espera por publicar este libro. Escrito a lo largo del año que reza su título (la primera anotación es de principios de 1956 y la última del primer día de 1957), Retrato del artista en 1956 se publica hacia 1991, un año ‘después de la muerte de Jaime Gil de Biedma’. Este volumen está conformado por tres secciones: el diario del viaje a Filipinas, titulado “Las islas de Circe”; un “Informe sobre la Administración General en Filipinas” en el que se describe la situación “de las instalaciones y personal español de la Compañía General de Tabacos de Filipinas, que era el motivo de la estancia de Gil de Biedma en el archipiélago”;2 y, por último, un diario en el que da cuenta de su enfermedad cuando ya ha vuelto a España, titulado “De regreso en Ítaca”. Esta última sección había sido publicada hacia 1974, con significativas modificaciones y supresiones,3 bajo el título de Diario del artista seriamente enfermo. Puede observarse, pues, un proyecto de escritura que abarca gran parte de la vida del autor y que sólo ve su concreción con la muerte de Gil de Biedma, ya que éste ordenó su publicación póstuma.
El Retrato en su conjunto puede ser leído como una unidad textual significativa. Como afirma Alberto Giordano en un ensayo sobre los Diarios de John Cheever,
si, como se ha dicho tantas veces, los diarios de escritores se dejan leer como extraordinarias novelas realistas, si algunas pueden provocar una ilusión de vida todavía más intensa que la de las narraciones escritas por sus mismos autores, esto se debe, en parte, a esa escenificación de un personaje que, por la vía de la impostura más escandalosa o de la más esforzada sinceridad, siempre termina comunicándonos algo auténtico sobre el oficio de vivir.4
Del mismo modo, este volumen de Jaime Gil se deja leer como una gran novela de aprendizaje, en la que el artista atraviesa diversas prosas, las cuales dan cuenta de los diferentes roles de un sujeto que al comienzo muestra una propensión al desorden, una
1
GIL DEBIEDMA, JAIME. Retrato del artista en 1956. Barcelona: Editorial Lumen, 2010, p. 11.
2
CATELLI, NORA.“Diarios, experiencia colonial y fabricación de una prosa de la interioridad: Gil de Biedma en Filipinas”. EnEn la era de la intimidad. Rosario: Beatriz Viterbo Editora, 2006, p.93.
3
Verónica Alcalde coteja las modificaciones que se detectan entre elDiario… y el Retrato… y las implicancias
que estos cambios o supresiones tienen en tanto se mantiene en el primero una referencia ambigua a su sexualidad, en ALCALDE, VERÓNICA.“La configuración de la identidad: los diarios de Jaime Gil de Biedma”. En
GENOUD DEFOURCADE, M. & GRANATA DEEGÜES, G. Escrituras del yo y de la memoria. Mendoza: UNCu, 2009, pp.185-192.
4
GIORDANO, ALBERTO. “La enfermedad del diario. En torno a los Diarios de John Cheever”. En Una posibilidad de vida. Escrituras íntimas. Rosario: Beatriz Viterbo Editora, 2006, pp.127-128.
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sexualidad exacerbada y una escritura fragmentaria y pospuesta; pero que logra hacia el final “la nostalgia del orden, el deseo de simetría” al que aspiraba desde el comienzo5. Podría afirmarse, pues, que a partir de la escritura de sí mismo, Gil de Biedma aprende el orden y aprende el arte. Ahora bien, este hipotético aprendizaje tiene como consecuencia (o causa) que el artista caiga enfermo de tuberculosis. La enfermedad como producto de la escritura está presente en el mismo texto, donde se afirma:
Ahora, si pienso en mi vida durante los últimos diez meses, casi me siento tentado de creer que llevar un diario es una manera de provocar los acontecimientos. Sin el viaje a Filipinas no me hubiera propuesto escribirlo, es verdad; pero a veces me sorprendo sospechando que si no hubiese llevado un diario no hubiese caído tuberculoso al volver a España.6
El título de esta exposición se encuentra en explícita intertextualidad con el libro de Linda Hutcheon en el que teoriza sobre metaficción: Narcissistic Narrative: The Metafictional Paradox (1980). Lo que nos interesa de ese estudio es la referencia a la novela autorrepresentacional y a la relación que establece con el “concepto de desdoblamiento especular o autorreflejo”7; lo que se traduciría dentro de la obra de Jaime Gil de Biedma en la construcción de una identidad (auto)biográfica por medio de la escritura y, por lo tanto, de la escisión del sujeto -cuestiones que retomaremos luego-. Desde el primer momento se impone, como intentamos demostrar con la cita de Giordano, una problemática respecto del género literario. El género autobiográfico, según postula Nora Catelli, se presenta en la literatura española como una rara avis. Para la autora, “se trataría de una tradición en la que la dimensión de lo interior se encuentra siempre mal formada, deformada o no formada”.8 El diario del viaje a Filipinas (es decir, la primera sección), dista mucho de ser un diario: no consigna fechas de entrada, ni fue escrito diariamente; otra singularidad son las notas a pie de página ampliando la información sobre alguna persona que ha sido nombrada en las anotaciones, por ejemplo, lo cual da cuenta de una escritura pensada para darse a conocer, y esto va en contra del secreto que impone el diario íntimo. Del mismo modo, el diario de la enfermedad (o sea, la tercera sección) es una secuencia de reflexiones sobre la escritura y la poesía, a partir de alusiones esporádicas a la experiencia cotidiana del artista seriamente enfermo. Por último, en el conjunto, la inclusión del informe (es decir, lo que hemos denominado la segunda sección) se presenta como una nueva extrañeza, como una presencia fuera de lugar. Esta totalidad, entendida como una obra literaria en la que predominan las
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reflexiones acerca del orden impuesto y de las distintas figuraciones de la identidad que se despliegan en el texto, conduce al entramado esencial y distintivo de la prosa en la literatura castellana: es decir, que “el desarrollo individual de la interioridad (…) [se encuentra] en consonancia con lo histórico”;9 por lo tanto, el desarrollo de una prosa autobiográfica durante la época de posguerra y con la presencia de Franco en el poder, sólo es posible a partir de figuraciones anacrónicas y extintas (que son paradójicamente impublicables), las cuales dan cuenta de una “modernidad póstuma” en España.10
Este anacronismo, esta escritura del yo y los desdoblamientos a los que venimos haciendo referencia desde el comienzo de la exposición, responden a prácticas de tipo narcisista y están presentes en toda la obra de Gil de Biedma, quien respecto de su poesía plantea que trata de dos cosas: del tiempo y de sí mismo. Se presenta a sí mismo como “mitad Calibán, mitad Narciso”. El narcisismo biedmano está contenido ya en los títulos de Las personas del verbo y del que más nos interesa para este análisis: Retrato… El narcisismo, desde su concepción mítica inicial, comienza con una contemplación; el término ‘retrato’, “indica la visión y concreción plástica de una imagen (la del artista) hecha por otro artista”11; en este sentido, contemplación y escisión del sujeto se encuentran unidas desde el título. No obstante, como también plantea Catelli, el término empleado es “retrato” y no “autorretrato”, por lo que se podría inferir que existe una ausencia de re-conocimiento por parte del sujeto que es, a su vez, objeto la escritura. Todo lo expuesto se halla en la base del mito de Narciso, quien, en el momento en que comprende que el reflejo visto en el agua de la fuente es el suyo propio, muere al borde de ésta y desciende a la “mansión infernal, donde seguía contemplándose en la laguna de Estigia”.12 El narcisista se conforma consigo mismo, puede aislarse por la eternidad a contemplar una figura que es, paradójicamente, inalcanzable y propia. En la última sección de Retrato del artista en 1956, Gil de Biedma anota: “Encantadora y completa sensación de pasear conmigo: me hago muchísima compañía”.13 El narcisismo, para manifestarse, impone un desdoblamiento, una multiplicidad de imágenes que pueden, en principio, reducirse a dos: la original y la copia, la representación14. En la obra de Gil de Biedma, el trasunto del sujeto representado lo da el retrato (objeto característico del teatro del Siglo de Oro, por otra parte). Este retrato adquiere, a su vez, una significación de
9
CATELLI, NORA. En op. cit. p.95.
10
Estas afirmaciones son retomadas de la lectura de CATELLI, NORA. En op. cit.
11
CATELLI, NORA. En op. cit. pp.91-92.
12
OVIDIO. Metamorfosis. Madrid: Alianza Editorial, 2009, III, vv.504-505, p.135.
13
GIL DEBIEDMA, JAIME. En op. cit., p.210.
14
Retomamos los conceptos centrales sobre el narcisismo del estudio de KRISTEVA, JULIA. Historias de amor. México: Siglo XXI, 1987, pp.89-120.
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tipo moral –en retórica esta figura recibe el nombre de etopeya– y otra de tipo físico – prosopografía–, por lo tanto, la imagen que se describe mediante estas figuras adquiere una complejización que repercute en la figuración interna que se hace eco del entendimiento y de la memoria, los cuales, plasmados en la escritura, confieren sentido a las partes y el individuo puede, finalmente, reconocerse en todas ellas, amarlas y odiarlas: “Yo soy bastantes personas y no aguanto a ninguna de ellas, las conozco a todas. Me odio a mí mismo porque tengo que envejecer, porque tengo que morir; me odio por muchas razones”.15
El procedimiento que va de la apariencia física a la moral es arduo y doloroso. El yo se crea un Otro en la escritura que es, así y todo, un otro de sí mismo, el cual se diferencia de los otros de ese otro; esto es muy patente en el diario de Filipinas ya que en esta primera sección el sujeto corre el riesgo de dejar de ‘verse’ (ése es el mayor postulado narcisista, el verse a uno mismo, y no el ‘serse’). De esto dan cuenta las imágenes de descenso a la mundanidad – “el deseo en la mugre y por la mugre” del que habla Nora Catelli–, la cita de Baudelaire que sirve de epígrafe y, sobre todo, el título de esta sección: “Las islas de Circe”, que remite a una topografía exótica, la cual puede convertir al individuo en otra cosa, puede animalizarlo, por caso. Catelli observa en los asaltos sexuales, en la exacerbación del sujeto que narra, una inversión de la pastoral en ‘pastorela’. Si esto es así, la variante narcisista del amor platónico queda anulada, ya que este amor se contenta con la contemplación;
En él [el amor platónico] se ama sólo por amar, en postración ante el amado, como se postra ante la imagen de la Virgen quien la adora; así el amante ama lo sagrado (…) En la novela pastoril se maneja un subterfugio de amor a lo divino: la imposibilidad de ser correspondido convierte al amante en un ser contemplativo; en el drama barroco se produce, gracias a Calderón, la tragedia de Narciso, trasladada a lo pastoril.16
Por el contrario, Gil de Biedma se apropia de aquel otro diferente de sí mismo, cruzando las fronteras de clase en busca del goce, poniendo de manifiesto, además, “la proyección de una ‘cuestión colonial’ que el informe desarrolla”17 en extensión.
En este sentido, la descripción física y moral que se patentiza en esta parte del retrato es la de la explotación de un viajero que llega, goza y se va. El anacronismo que plantea esta configuración es evidente y, leído en conjunto con el informe, el diario “dibuja un mapa en que lo propio y lo ajeno pueden ser pensados antes de la pérdida de las colonias”;18 por lo
15
MARÍAPANERO, LEOPOLDO& MESQUIDAS, BIEL, “Gil de Biedma o la palabra sentida, sufrida ygozada”.En ESCOHOTADOPÉREZ, J. (ed.). Jaime Gil de Biedma: Conversaciones. Barcelona: Aleph Editores, 2002, p. 75.
16
GLANTZ, MARGO. “De Narciso a Narciso o De Tirso a Sor Juana: El vergonzoso en palacio y Los empeños de una casa”. EnC , Y. (ed.) El escritor y la escena: Actas del I Congreso de la Asociación Internacional de
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tanto, Gil de Biedma pinta una imagen de sí mismo que se retrotrae al franquismo y postula un destino histórico que pudo haber sido diferente. El distanciamiento histórico del artista que no se hace con la política de su época es aquí evidente y formula una posibilidad de escritura prosaica -fragmentaria, así y todo- donde por fin la autobiografía castellana puede ligarse a la historia, lo cual es una nueva paradoja. El anacronismo moral y social es, en este caso, la única salida “a la sujeción colectiva en la que su generación creció”.19
Todo lo expuesto se observa con mayor detalle en la inclusión del informe, en el cual el anacronismo y la escisión narcisista son más evidentes. Nora Catelli observa en este informe tres figuraciones del yo: la de, en los tres casos, un artista que es a la vez un soldado, un conquistador y un administrador al servicio de un señor. Se pone de manifiesto una representación en la que el escritor se postula como figura pública, como un trabajador arduo y preciso, con una dominación eficaz de su prosa por la que puede mostrar todo esto que escribe sin autocensuras porque lo que escribe tiene que ver con la administración pública de una empresa, aunque, claro está, esa función pierda su verdadera finalidad al ser incorporada como bisagra entre los dos diarios y publicado en 1991.
Recapitulemos, finalmente, los puntos más importantes de estas dos secciones a partir de los términos centrales: multiplicidad de imágenes del yo (en el caso del diario del viaje a Filipinas, íntimo y en el del informe sobre la administración general de la tabacalera, público); distanciamiento (de sí mismo y de su país y a la vez de ninguno); anacronismo; posesión y explotación colonial. Veamos qué imágenes se mantienen y cuáles son incorporadas en el diario de la enfermedad.
Si volvemos a los tópicos clásicos a los que apelaría Gil de Biedma (la inversión de la pastoral, la etopeya, la prosopografía, la alusión clásica en los títulos, etc), podríamos afirmar que la enfermedad actúa en la concepción total de la obra como un Deus ex machina. El artista vuelve de su primer viaje a Filipinas enfermo de tuberculosis y debe emprender un nuevo viaje (al que Verónica Alcalde llama “el viaje interno”), esta vez a La Nava de la Asunción, un pueblo en la provincia de Segovia donde sus padres poseían una casa. Allí se instala durante tres meses para reposar de su vida en Barcelona. Nuevo distanciamiento.
Se podría afirmar, parodiando y simplificando enormemente lo postulado por Susan Sontag en La enfermedad y sus metáforas, que Gil de Biedma se enferma de tuberculosis en la época del cáncer. Nuevo anacronismo. La tuberculosis es una enfermedad romántica – ¿Acaso no es romántica también esa vana aspiración a una totalidad hecha de fragmentos?
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¿No es romántica también esa “imposible propensión al mito”? –. La tuberculosis es una enfermedad del siglo XIX y principios del XX y, como tal, acarrea un conjunto de figuraciones de los artistas que la padecen. Gil de Biedma no escapa a varias de ellas. Por cuestiones de extensión retomaremos sólo dos: la estetización de la enfermedad y la ligazón de ésta con la voluntad del artista. Estas dos cuestiones responden a una concepción de la enfermedad como metáfora, que se había extendido desde el Romanticismo hasta bien entrado el siglo XX. En primer lugar, la estetización de la tuberculosis responde a una voluntad de tipo artística por espiritualizarse; el aislamiento que provoca la enfermedad hace posible que el individuo tenga tiempo para sensibilizarse y llegar a la conciencia de su yo real. “Los románticos–afirma Sontag- inventaron la invalidez como pretexto del ocio, y para hacer a un lado los deberes burgueses y poder vivir nada más que para su propio arte”.20 En la tercera sección del Retrato, Gil de Biedma afirma:
Ponerme al paso ha sido el gran regalo de la enfermedad. Y no sólo porque me ha descargado de trabajo. Aunque eso haya sido muy importante, no era sólo eso: al cabo del día, en mi vida habitual, casi siempre puedo guardar si quiero dos o tres horas de calma. Lo que ocurre es que no quería, porque en circunstancias normales no me siento capaz de lidiar conmigo mismo.21
Esta cita liga la concepción estética de la tuberculosis con una cuota de voluntad. Como afirmaba Karl Menninger “en parte, la enfermedad es lo que el mundo ha hecho de la víctima; pero en mayor medida es lo que la víctima ha hecho del mundo y de sí misma…”. Finalmente se explica esta función de Deus ex machina que tiene la enfermedad en la totalidad del relato; es la tuberculosis la que posibilita el orden, el descanso y el aislamiento, la soledad. Es la enfermedad la que prefigura un paso de la descripción física a la complejización del retrato interno; el abandono de la exacerbación sexual por una capacidad de autosuficiencia notable; a partir de su estancia en La Nava de la Asunción, Gil de Biedma empieza a reflexionar seriamente sobre la importancia de la infancia y de las experiencias ligadas al recuerdo y a la escritura, que serán luego fundamentales en su concepción de la poesía. Retomando las consideraciones acerca de la novela de aprendizaje que planteábamos al inicio, podríamos agregar que Jaime Gil de Biedma no sólo aprende el orden, el arte de la escritura, sino que, en última instancia, aprende a esperar, tomando en cuenta el consejo de Machado que sirve de epígrafe a Las personas del verbo: “Sabe esperar, aguarda que lamarea fluya / - así en la costa un barco– sin que el partir te inquiete”.Retrato del artista en 1956 es la escritura de una espera. La prolongada espera, a fin de cuentas, por mostrar la identidad de
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un sujeto íntimo, público y privado; hecho que sólo podrá tener lugar con su muerte. La vida de Gil de Biedma es la espera de un viaje que pasa jugando al arte; si, en última instancia, el poeta sabía que “los libros son longevos e ignoramos su propio destino”, pero sobre todo sabía que “todo el que aguarda sabe que la victoria es suya”. Gil de Biedma dejó un proyecto