Muchas veces, pequeñas observaciones que el marido le hace a su esposa derivan en grandes conflictos. Al final de la pelea, la pareja se pregunta: "¿Cómo peleamos por algo tan intrascendente?". No toman conciencia de que si las observaciones son dichas en forma de agresión, provocan una respuesta más dura aún, con las consecuencias a las que nos referimos.
Veamos algunos ejemplos escritos en el libro "Una vida de felicidad" del Rab Shemuel Dob Cohen Shelita sobre cómo no hay que corregir y cuál es la manera adecuada de hacerlo:
1º) El marido le dice a su esposa: "En el último tiempo, nuestro pequeño Jaim se está comportando de una forma terrible. Te dije muchas veces cómo debes tratarlo. No cometas más locuras. ¿Qué podemos hacer? ¡Jaim es una copia de tu familia!". La respuesta de su esposa no se hace esperar: "¡Seguro! Tú eres el que todo lo sabe y yo la que siempre se equivoca! Yo me ocupo de los niños todo el día y tú lo único que sabes es llegar tarde a casa y dar consejos "sabios" sobre cómo actuar. ¿Te acuerdas lo que pasó ayer que te hice caso de cómo tratarlo?". El final de esta discusión es imaginable por todos y no hace falta escribirlo.
¡Qué distinto habría sido si el marido hubiera hablado de otra forma! Por ejemplo: "Debemos encontrar la forma de tratar a Jaim. Me gustaría que siguieras mi consejo, sé muy bien que te ocupas de los niños durante todo el día, pero algo debemos hacer para solucionar el problema". Sin duda, la respuesta de la mujer será distinta: "Yo tampoco sé bien cómo actuar. Quizás podamos intentar de acuerdo con tu consejo".
2º) Marido: "¿Por qué no ayudas a los vecinos? ¿No te das cuenta de que necesitan que alguien les dé una mano? ¿No tienes un poco de sentimiento? ¡Evidentemente no eres capaz de mover un dedo por el prójimo!". La mujer le responde: "¡Y tú! ¿Acaso eres un Sadik? ¡Cuando tienes un problema, nada te importa, ni siquiera tus propios hijos!".
Qué distinto habría sido si el hombre le hubiese dicho: "Sé que tienes mucho trabajo en casa, pero observa qué momento difícil pasan los vecinos. Si tú pudieras hacer algo por ellos... Quizás yo pueda ayudarte en las tareas del hogar". Con seguridad que su mujer le responderá: "No te preocupes, intentaré ayudarlos".
3º) Marido: "¡Hay que tratarte con guantes de seda! Sólo te dije una palabra y lloras como una bebita. ¡No se puede hablar ni corregirte nada!". La mujer le responde: "¿Qué? ¿Sólo una palabra? ¡Todo el día estás criticando! Cuando quiero decirte algo ni me dejas hablar!".
Qué distinto habría sido si el marido hubiera dicho: "Lo siento, no fue mi intención herirte ni ofenderte. ¿Tienes alguna idea de cómo debía haberte dicho para que no te ofendieras?".
4º) Un mediodía en el que el marido llega a su hogar después de una difícil mañana: "¡Estuve corriendo todo el día por ti, para darte todo servido y no eres capaz de tener el almuerzo preparado!". Esposa: "¿Por mí? Tú corres por ti y por los niños, no lo haces por mí. ¿Qué crees que hice durante todo el día? ¿Crees que miré la luna, no?".
Si el marido hubiese hablado de otra forma todo habría sido distinto: "¡Qué lástima! Pensé que la comida estaría preparada y de esa forma me habrías demostrado que valoras todo mi esfuerzo y que te preocupas por mí!". Con seguridad habría recibido una respuesta de este tipo: "Lo siento, se me complicó toda la mañana. En un segundo preparo todo y espero para mañana tenerte todo preparado a tiempo".
5º) El marido escucha llorar al bebé mientras su esposa habla por teléfono: "¡Claro! ¡Cuando hablas una hora por teléfono te olvidas que existe tu casa! ¿No escuchas que el bebé hace cinco minutos que llora?". La mujer responde: "¡Seguro! ¿Acaso sólo tengo que trabajar en casa? ¿No tengo derecho a hablar un poco con mi mamá? Además, ¿tú no eres el padre del bebé? ¡ podías levantarlo!".
Quizás lo adecuado habría sido decir: "Estoy terminando de preparar el trabajo para mañana, ¿me ocupo del bebé o ya terminas de hablar?". La mujer le responde: "¡Ay! ¡No me di cuenta! Soy un desastre, cuando me pongo a hablar por teléfono me olvido de la hora. ¡Mamá! Te dejo porque tengo que ocuparme del bebé! Chau..."
6º) Marido: "¡Esto es un desastre! ¡Todo desordenado! ¿Cuándo arreglarás la casa?". Esposa: "Hay cosas que tú dejaste tiradas. No mueves un dedo y tienes el coraje de decirme cómo hay que arreglar la casa. ¿Tú qué sabes? ¿Acaso alguna vez dijiste una palabra buena cuando todo estaba ordenado?".
Veamos ahora la forma en que se puede corregir: Marido: "Al ver cómo está la casa, me doy cuenta de que no has tenido un buen día. ¿No te sientes bien? ¿Quieres que te prepare algo para tomar?". Esposa: "No, no pasa nada. No pude terminar la tarea, pero en unos minutos arreglo todo".
7º) Marido: "Siempre te quejas y pides dinero. ¡Te doy, te doy y te vuelvo a dar! No hay dinero que te alcance. Me mato trabajando y tú derrochas el dinero no sé en qué. ¡No es el fin del mundo si no compras todo lo que se te ocurre!". Esposa: "No soporto tener un marido avaro. La plata que tienes en el banco no la tocas para nada. ¿Para qué la guardas? Para lo que tú quieres, derrochas el dinero, ¡pero para mí y para tus hijos dices que no tienes!".
Cambiemos la versión de los acontecimientos: Marido: "Estoy preocupado por la situación económica que debemos vivir. Pensemos juntos qué cosas se necesitan indefectiblemente y cuáles se pueden postergar hasta que mejore la situación". Esposa: "No te preocupes, me arreglo con lo que tengo, sólo gastaremos lo estrictamente indispensable".
8º) Marido: "¡Todo cerrado! ¿No te ahogas en esta casa? Abre un poco la ventana. ¿O acaso tienes frío como de costumbre?". Esposa: "¡Sí, tengo frío! ¿Y qué? ¿No tengo derecho? Si tienes calor, en la calle hay aire fresco. ¿Por qué no vas a dar una vuelta?".
Segunda versión: Marido: "No sé qué me pasa. Necesito un poco de aire puro. ¿No te molesta abrir la ventana?". Esposa: "Por favor, si tengo un poco de frío igual puedo ponerme el sweater".
Los ejemplos podrían continuar, pero la base de todos los casos es saber cómo hablar para evitar conflictos y conseguir lo que anhelamos: la felicidad del hogar.