“No podía hablar. Por eso me desahogo ahora; por el daño tan enor- me que me hizo ese silencio.” “Estoy encontrando ese grito. Pero pa- ra encontrarlo tuve que empezar a buscarlo y el camino ha sido muy doloroso. Buscando el grito me encontré con la culpa. O botaba la cul- pa o no encontraba el grito. Decidí botarla, por eso sé que ese grito lo voy a encontrar. Era la culpa la que no me dejaba ver el camino.”
“Con Neusa los contactos sexuales del padre comenzaron cuando ella tenía 8 ó 9 años, habiendo durado de dos a tres años. No hu- bo, no obstante, penetración vaginal, ella tenía apenas once años y el padre preparaba el camino, esperaba el momento adecuado. El padre era muy cuidadoso tanto en el plano emocional como en el nivel físico. Usaba cremas para no herirla y la preparaba psico- lógicamente para el siguiente paso. La convenció para que lo mas- turbara, siempre que ella estuviera menstruando y, por lo tanto, imposibilitada según él, de mantener relaciones sexuales.”
“Controlaba todos sus pasos, poniéndose furioso cuando ella tenía un enamoradizo. Jamás permitió que ella ni su hermana durmiesen en casa de amigas, alegando que estarían sujetas a abuso sexual. Según Gissela, él juzgaba que todos los hombres eran igual que él.”
“Cuando niña, experimenté una relación incestuosa progresiva, que me pareció de naturaleza benéfica, había amor y una saludable au- to-realización en aquello que yo concebía como un ambiente pro- tegido; me acuerdo de estos tiempos como, tal vez, el período más feliz de mi vida; cierto día, de repente, a partir de una conversa- ción en el patio de recreo de la escuela, lancé la hipótesis de que todo aquello pudiera ser ‘malo’. Los traumáticos incidentes que surgieron aquel día inauguraron un período de 30 años de disfun- ciones psicológicas y físicas.”
“Por muchos años viví con tantos miedos, con tal de no enfrentar el más grande de todos: el recordar que mi papá era el monstruo
nocturno del que nadie me iba a proteger. Le tenía miedo a la no- che, a la oscuridad, al debajo de la cama, al baño, a darle la es- palda a la puerta. Miedo a no ver todos los rincones del cuarto. Miedo a que un día se me saliera y le contara a alguien. Miedo a que si lo hacía me creyeran loca. Miedo a estar loca. Miedo a ver- me en el espejo y ver su cara reflejada en la mía.”
Quiero aclarar que la afirmación que circula acerca de que los abusado- res han sido niños abusados no se corresponde con lo que se encuentra en la clínica. Los adultos que han sido niños abusados desarrollan en general patologías absolutamente distantes de la agresión hacia los otros. Más bien, desde sus eternas sensaciones de vacío, desvalorización, cosificación y desamparo pueden tender a repetir situaciones de sumisión y abuso en todas sus formas aún de adultos.
Traduzcamos, por un momento, todos estos horrores en sufrimiento de los niños y las niñas y preguntémonos, a partir de allí, cómo se construye, con esta niñez, una sociedad feliz y esperanzada en el futuro.
Para terminar esta parte quiero leerles fragmentos de una carta de un paciente a un familiar.
Si bien cuento con la autorización de él para su difusión, he alterado los datos de forma que no pueda ser identificado.
“Queridos Jack y John, soy Adrián, su primo.
Es una alegría escribirles después de tantos años y a pesar de que casi no nos conocemos. Pero no es una alegría estúpida como mu- cha de la estupidez de mi familia sino que para mí finalmente y des- pués de muchos años de laburo las cosas se están enderezando. Supongo que ustedes ya sabrán y si no yo les cuento que me encon- tré con su vieja. Fue para mí una verdadera bendición y una ayuda enorme, y yo creo que a ella y a ustedes les va aservir para aclarar algunas cosas de la oscura historia de mis padres y de su viejo. Todo lo que escribo aquí ya lo hablé con ella.
Primero lo primero. Fue para mí una tristeza enorme enterarme de la muerte del tío y a la vez una alegría saber que había podido escapar de la mierda de nuestros abuelos paternos y de la mierda de mi padre. Pueden estar orgullosos de su padre y yo por mi parte quisiera aga- rrarme un cachito del cariño que él ofrecía.
Las cosas que voy a contar ahora son tristes y duras pero me pare- ce que sirven para entender y los van a ayudar a tranquilizarse, a afirmarse en sus convicciones y tal vez a crecer un poco…
Su vieja, mi tía, me llamó un miércoles a la noche y me dejó un mensaje en el contestador diciéndome que estaba en Buenos Aires. Para mí fue un sacudón que alguien de la otra parte de los xxx me llamara. Esa noche casi no dormí por la incertidumbre. Al otro día me comuniqué con ella y enseguida me di cuenta de sus buenas intenciones, de su cariño hacia mí y de sus dudas acerca de si llamar a mi papá o no. Y no era para menos, cualquiera que se acerque desprevenido a ese hijo de puta se arriesga a ser heri- do por una de las peores personas que yo tuve la desgracia de conocer y además la desdicha de que fuera mi padre.
COMO SE IMAGINARÁN, YO ESTUVE ABSOLUTAMENTE DE ACUERDO CON USTEDES EN QUE NO LO LLAMARA.
Ahora les voy a contar un poco de mi historia, de la de mis herma- nos, la de xxx y la de xxx, y creo que también un poco de la de su viejo y sus abuelos.
Lo que vamos a hacer primero es arrancar de un tirón el pelotudo misterio y el hijo de puta secreto de ellos.
El secreto se llama ABUSO SEXUAL.
Yo fui abusado sexualmente por mi MADRE Y MI PADRE, sí, por los DOS. Tengo la seguridad de que mis dos hermanos también lo fueron.
Pero acá no termina la aberración. EL ABUSO SEXUAL ES SOLO UNA DE LAS FORMAS DE LA VIOLENCIA, EL SADISMO Y LA TOR- TURA QUE MIS PADRES EJERCIERON SOBRE NOSOTROS. Golpes, amenazas, castigos, abandono, son otras de las formas de maltrato a las que fuimos sometidos.
Voy a explicarles ahora un poco cómo funcionan esas relaciones perversas.
Hasta donde yo sé, por lo que he trabajado en mi terapia y por las cosas que he estudiado, se conjugan dos procesos.
De un lado los agresores para ejercer la violencia necesitan quebrar la resistencia de los niños, avasallar su personalidad, destruir su voluntad para poder someterlos a sus deseos criminales.
Esto se logra de tres maneras. Por un lado se ejerce la violencia directa a través de golpes y amenazas.
En segundo término los adultos se aprovechan de la dependencia de los niños, de la necesidad de afecto que los chiquitos tienen para sobrevivir. En tercer lugar hay un trabajo consciente de negación y mentiras que confunden y anulan a los niños y los hacen dudar de sus propios sentimientos hasta convencerlos de que lo que recuerdan no es la
realidad de lo que han vivido. De una manera tan profunda que pro- voca el OLVIDO (recuerden esto).
Por otro lado, de parte de los chicos hay un mecanismo de disocia- ción que se pone en juego para poder soportar esas situaciones de una violencia indescriptible.
Los chicos agredidos separan de su memoria y esconden en un lugar oscuro de su alma los recuerdos de lo que han vivido.
Finalmente la agresión sexual de los adultos que deberían cuidarlos provoca en los niños una emoción tan fuerte, que si se expresara en el momento no podrían soportarla y yo creo que morirían en ese pro- ceso. Como una tristeza y una conmoción tan grandes que acabaría por matarlos. De manera que la solución es encapsular en un lugar escondido de la memoria las situaciones de abuso.
Esto trae dos consecuencias. La primera es que produce un adulto absolutamente frío y desconectado de sus sentimientos (es el caso de mi hermano xxx) y la otra es que el adulto que fue un niño abu- sado, al guardar esa emoción dentro suyo vive eternamente aquella situación como presente y sobrevive en un mundo donde el miedo es lo que regula todas sus decisiones (es el caso de mi otro hermano). Recuerden que el adulto que fue un niño abusado ya NO RECUER- DA LO QUE HA VIVIDO, por las amenazas de sus padres y por la disociación de que antes hablé.
Bueno, disculpen todo este discurso pero me parece que es necesa- rio para entender lo que ha pasado conmigo y con mis hermanos. Bien, como dije antes, yo debería haber olvidado toda la violencia y el abuso que sufrí y entonces habría sido un adulto triste, frustrado, aburrido, asustado pero “normal”.
Pero el plan de mis padres salió mal. Yo RECORDÉ.
Yo recordé y no sólo eso, sino que tuve la fuerza para crecer y para buscar el cariño que me diera la polenta para destruir y mandar al carajo todo ese edificio de mentiras que ellos construyeron.
La historia de estos 10 últimos años es para mí la historia de la recu- peración de mis recuerdos, de un entrenamiento tremendo para lograr expresar la tristeza y la violencia que llevaba dentro, de abrirme final- mente para que el cariño empiece a entrar y mi vida empiece, después de 37 años, a ser una vida para disfrutar de la buena vida.
Les cuento rápidamente mi historia.
A los 26 años me fui de la casa de ellos. Inmediatamente se me secó el pelo y se me empezó a caer. Yo sentí dentro mío una señal de alar- ma y de violencia.
A los 27 años yo estaba estudiando música, tocando en una banda de rock, trabajando en televisión y casi conviviendo con una chica. Lo que uno diría una vida feliz. Mentira. Dentro mío sólo había tris- teza, angustia, pánico y soledad.
En ese mismo año empecé a tener flash-backs, como pensamientos que pasaban a la velocidad de la luz por mi cabeza y dejaban una marca extraña, como si vinieran de otro planeta.
Pero eso no fue lo peor, lo peor fue que empecé a tener compulsio- nes físicas, obligaciones en el cuerpo, más allá de mi voluntad, DISOCIADAS DE MÍ.
Estas compulsiones eran, por ejemplo, ir en el colectivo y que se me parara un tipo delante y sentir como si alguien me girara la cabeza y me obligara a chuparle la pija, o ir caminando con un amigo y sentir que me agarraban en brazo y me lo ponían en los genitales de la otra persona. Por suerte nunca llegué a hacer nada y la tortura no pasó de estas ideas obsesivas que yo refre- naba en el momento justo.
Yo creí que me estaba volviendo puto. Tuve una serie de crisis, me separé y por suerte un amigo me mandó a ver a un terapeuta que resul- tó ser una excelente persona y además un tipo recapo en violencia fami- liar. Claro, cuando el tipo me vio entrar se dio cuenta enseguida de lo que pasaba. Me tranquilizó y tuvimos el siguiente diálogo:
—Mire, vengo acá porque me parece que soy puto. —Pero, ¿vos querés coger con tipos?
—No, no quiero. —Entonces no sos puto.
Este diálogo cambió mi vida, el terapeuta me puso en otra dirección y ahí empezó un viaje lento, oscuro, espeso y sufrido por las tinie- blas más negras que una persona puede imaginar.
Bueno, no les voy a contar todo lo que he vivido en estos años, La cosa es que luego de él trabajé con una mina y finalmente hace un año con otro en donde encontré todo el apoyo y el cariño que necesitaba para supera la situación.
Apenas empecé el trabajo terapéutico dejé de ver a mis padres, y apenas comencé a recordar situaciones del abuso se las conté a mis hermanos y ellos hicieron una alianza de muerte con sus padres. En diciembre del año pasado arranqué de mi alma y de mi vida a esas personas de mierda que son mis padres y a la bosta en que se han convertido mis hermanos.
Fui a la casa de ellos y les dije que yo sabía que habían abusado de mí, que no los iba a ver nunca más y que se iban a ahogar en su propia mierda.
Lo mismo hice con mis hermanos.
Con respecto a ellos dos, lo único que les importa es que esta situación no salga a la luz. Y yo puedo tolerar muchas cosas de muchas perso- nas, pero lo que no tolero es a los hijos de puta que para cuidarse ellos no tienen ningún escrúpulo, ninguna duda en desear que su propio her- mano se muera viviendo una vida de mierda y enloqueciendo.
Bien, ahora las cosas se dieron vuelta, yo resulte mejor y más fuer- te, he hecho un laburo bestial y ahora los que se van a joder son ellos, pero YA NO SON MI PROBLEMA. YO ME SAQUÉ LA MIERDA DE ADENTRO Y AHORA POQUITO A POCO Y CON MUCHÍSIMO ESFUERZO ME ESTOY LIMPIANDO LA MIERDA QUE ME QUEDÓ PEGADA. AL FIN PUEDO DISFRUTAR DE MIS AMIGOS, DE LAS MUJERES, DE TOMAR VINO, DE TOMAR SOL, DE LA CARRERA DE HISTORIA QUE ESTOY TERMINANDO, DE LA CARRERA DE FILOSOFÍA QUE ESTOY EMPEZANDO Y DE LA MÚSICA QUE HE EMPEZADO A RECUPERAR…
Mi padre tuvo cáncer de prostata, estuvo 6 meses sin poder ir a mear y sin decir nada. Cuando se lo detectaron le había tomado los pulmones y los huesos. La única manera de salvarlo (el hijo de puta sobrevivió) fue CASTRARLO. Le sacaron los testículos (la vida a veces hace justicia). Así vivió 10 años más, absolutamen- te enloquecido y humillado. Nadie lo quiere, es una persona que no recibe cariño de ningún lado. Mi madre lo odia y lo único que hace es manejarlo como un forro.
Al día de hoy no sé si aún vive o no, y no es mi problema, para mí ya está muerto, igual que ella.
Lo último que supe es que el cáncer había retornado y que estaba muy avanzado y se iba a morir pronto.
Yo sé que lo que escribí es durísimo, pero creo que la verdad trae consigo el cariño y el cariño cura a las personas, y eso es por lo que vale la pena encontrarnos.
Les mando un abrazo enorme
desde Buenos Aires, el 17 de octubre.” Entramos entonces ahora en la segunda parte de esta charla.