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2.5 Conclusion and Future Work

2.5.2 Future Work

Hacía ya bastante tiempo que pensaba que había que plantearse otro debate profundo en la profesión que fuera más allá de nuevas o viejas corrientes teóricas, independiente de técnicas de abordaje; un debate que abarcara el corazón de la profesión.

Me imaginaba, imagino, un preguntarse que infiltre el corazón de la praxis. En grande hay un modelo, aquel setentino que deviene en la ruptura de APA y termina soltando las amarras del demonio del psicoanálisis para per- mitir su definitiva llegada a sectores más amplios de la profesión en parti- cular y de la población en general. Esa me la contaron, la leí, la estudié, llegué a la profesión 10 años después, me formé e intercambié con sus pro- tagonistas. Tiene que ver con este hoy.

El segundo modelo, más modesto, no menos importante, con tremen- das tareas aún en realización o pendientes, tiene lugar en los primeros años de los ‘80, con una Argentina devastada (¡vaya coincidencia!), una guerra perdida, otra más, que en un amanecer, nublado, pero amanecer al fin, empezaba a iluminar sus contornos: 30.000 desaparecidos, hambre, deso- cupación, un ejército derrotado, pero soberbio y autoritario (¡un ejército, bah!) que pretendía entregar una primavera democrática sólo por un ratito. Sostengo, y eso se ve muy claro hoy, retomando un concepto de Guillermo Martín, hoy desaparecido, en su intervención como panelista de las Jornadas sobre Derechos Humanos de la APDH en 1984 en el Teatro San Martín, que la culpa fue por ese entonces el motor de la masiva conciencia popular sobre las violaciones a los derechos humanos. Hoy podríamos decir que es también el combustible que alimenta al antimenemismo generalizado.

Pero volvamos al modelo al que iba a referirme: sostengo que a partir de 1982 aproximadamente se da un cuestionamiento masivo al carozo de la teoría y la práctica.

Entre las muchas secuelas que la dictadura militar nos deja, la siste- mática violación a los derechos humanos a la que habíamos sido expues- tos lleva necesariamente a la confrontación de los instrumentos con los que trabajamos. Difícilmente se podía enfrentar entonces la realidad nueva con nuestros viejos instrumentos.

Teníamos por dónde empezar; como en todo desafío, ya había adelantados: colegas, psicólogos, psiquiatras, y otros trabajadores de salud mental que durante el gobierno de facto habían trabajado con afectados directos y comen- zaban a teorizar sus experiencias con más fuerza. A nivel institucional se me ocurre, por ejemplo, el equipo terapéutico de Madres de Plaza de Mayo.

Fue un arduo trabajo que tuvo dos puntos de sistematización importan- tes, que actuaron como puntapié inicial de un movimiento que luego se fue desarrollando más natural y ampliamente: la ya nombrada Jornada de la APDH, y la Jornada de Psicología y Derechos Humanos que organizara la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires en 1984 y que culminara con la publicación de una RAP temática en 1985.

Cabe hacer una aclaración en este momento: no soy un historiador, sino un decidor de experiencias que me marcaron. Probablemente los puntos de ruptura que señalo no coincidan con lo que podría señalar una historia ofi- cial de la Psicología argentina.

Intento, modestamente, señalar que mi quehacer de hoy tiene este reco- rrido y que sin él, y sin una mirada gremial-profesional que me llevó a tener una determinada concepción de la profesión y sus momentos históricos, difí- cilmente hubiera llegado a sumarme al movimiento en el que hoy transito.

Dicho sea de paso, en diálogo con jóvenes psicólogos o estudiantes avanzados me encuentro con una cuestión bastante generalizada que creo deberíamos abocarnos a transformar: el desconocimiento acerca de la historia de la Psicología y sus hacedores en los últimos 30 años. Para evitar des- compensaciones narcisistas no haré nombres, pero me sorprendió la igno- rancia acerca de hechos y colegas que cambiaron con su paso la teoría y la práctica. Toda una tarea pendiente.

En el título del presente trabajo hablo de la lista Ética y Psicología como una iniciativa personal que desemboca en un movimiento colectivo. Obviamente estoy hablando de que cuando abrí este canal supuse que proba- blemente desembocara en un riacho, tal vez en un río; no estaba al tanto de que iba camino a un movimiento oceánico de revisión y cuestionamiento con epicentro en las Cátedras de Deontología y Ética y en las asociaciones profe- sionales. Hoy, “las listas”, como se las conoce de boca en boca, son un con- glomerado de espacios de discusión, producción e información que cubre cada una de las provincias argentinas, todos los países de Latinoamérica y los más remotos e impensables rincones del mundo, por ejemplo China.

Aquella madrugada del 5 de mayo de 2001, cuando en el libre deam- bular sabatino por la red caí en la página www.eListas.net, no sabía que estaba inaugurando algo muy importante para mí y para al menos un grupo interesante de profesionales. Sabía de las listas, sólo estaba suscripto a alguna de distribución pero ignoraba su funcionamiento de fondo. Un car- tel me guió: “Si la lista que Ud. busca no está aquí, créela Ud. mismo”. Busqué Ética y Psicología; no estaba; tímidamente fui completando los for- mularios, hasta que otro cartel me adula: ¡Felicitaciones! La lista Ética y Psicología ha sido creada. Ud. es el administrador, su clave es...”, etc, etc.

Cierro la página, ya casi con las luces del día amenazando llegar. Voy a chequear mi correo antes de apagar la PC. Un mail me informa: “Sr. admi- nistrador: la dirección [email protected] ha sido suscripta a la lista. Con esta suman 1 (uno), los integrantes”. Mandé convocatoria a toda mi lista de direcciones. Sonreí y apagué. Ocho horas después el últi- mo correo rezaba: con esta suman 39 los integrantes. Varios otros saluda- ban la iniciativa. La pequeña aventura se había puesto en marcha.

Han transcurrido 42 meses desde entonces; más de 5.000 personas, en su mayoría profesionales, han circulado por ella intercambiando cerca de 20.000 mensajes en los más encendidos debates, y en el fiche- ro se encuentran alojados casi 300 trabajos, muchos inéditos, muchos de los integrantes de la lista.

Lo que parecía una demanda personal no era otra cosa que un eslabón más de un movimiento colectivo que buscaba un cauce para transitar, segados los canales clásicos.

Algo del narcisismo se fortalece y se resiente en todo esto. Ya no podría disponer libremente de la lista. Hoy sus integrantes, socios por legitimidad, no lo permitirían.

Decía que la lista cumple con un doble requisito; es decir, por un lado es lista de distribución, lo que implica que los integrantes reciben toda la información que instituciones y particulares envían al moderador, y por otro lado foro de discusión por e-mail, donde hemos elegido la modalidad de que los mensajes de todos llegan a todos. De esta forma el debate se va ramificando de forma intensiva.

A veces, como una metáfora imperfecta, me gusta pensar la lista como un Club Social, de esos de barrio o de pueblo. Hay parroquianos que están todo el tiempo, otros que van de vez en cuando, los que están en la luna, los que- rellantes, los conciliadores y el barman moderador, que paulatinamente va conociendo el gusto de todos porque además de las tertulias, casi todos tienen una comunicación personal con él. También están los socios que sólo pagan la cuota y no aparecen nunca, y, ¿por qué no?, los socios de honor.

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