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Marx en La contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel planteó una capital tesis sobre la importancia de la función predictiva de las más importantes filosofías. En ésta obra apuntó que «incluso desde el punto de vista histórico tiene la emancipación teórica un interés específicamente práctico».138 Argumentando a renglón continuado que «así como la revolución de entonces [aludiendo a la Reformas en Alemania, tanto la de Lutero como la de Tomás Münzer] empezó en el cerebro del

monje, así la revolución de ahora comienza en el cerebro del filósofo [en franca

135

. Ídem.

136. Luz y Caballero, José de la. Elencos y discursos académicos, Vol. II, en: José de la Luz y Caballero. Obras, ed.

cit., p. 73.

137. Ibídem, p. 65.

138. Marx, Carlos. Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, traducción de Antonio Sánchez de

referencia a Hegel]».139 Y esto es lo que aconteció en Cuba con los ilustrados Félix Varela y su discípulo José de la Luz y Caballero, el uno desde el exilio y el otro dentro de la colonia, por tanto, también los principales ilustrados cubanos fueron propugnadores de una filosofía del cambio social progresista como los fueron otros ilustrados de Europa y Estados Unidos que contribuyeron a preparar ideológicamente la Revolución Cubana de 1868.

Precisamente, el carácter predictivo de la filosofía de Luz, argumentando la necesidad de la revolución transformadora del orden social de la colonia, y en pro de la emancipación de España se advierte de manera explícita al señalar:

«El ojo, aunque no haya visto todavía, nadie le negará la facultad de ver, etcétera».140

«La humanidad si no aspira no respira. Ved ahí la necesidad del ideal».141

«Es menester, impacientarse y no impacientarse: lo primero para madurar la pera; lo segundo, porque ha de madurar; y por lo mismo esperar y ayudar cada abeja según sus fuerzas (que a ello nos obliga el deber, que es Dios) a la madurez y la confección del panal».142

«Los genios son las lámparas de la humanidad en más de un sentido: para alumbrar necesitan gastarse».143

«No anticipemos la obra del tiempo. Ella es más lenta, a la verdad, pero en recompensa más segura que la del deseo. El estado de las respectivas sociedades, no menos que los recursos con que se cuenta, son las señales

139. Ídem.

140. Luz y Caballero, José de la: Aforismos, en: José de la Luz y Caballero. Obras, Vol. I, ed. cit., p. 122. 141. Ibídem, p. 147.

142. Ibídem, p. 244. 143

ciertas que nos han de indicar hasta qué grado puede hacerse la aplicación sin detrimento de la idea maestra o principal».144

De modo profético refirió: «Veo el porvenir más claro que la luz del sol. Magnus ab integro saeclorum nascitur ordo. Ya alumbra, y calienta -aunque sea mis cenizas».145 Y, efectivamente, su muerte acontecida en 1862, fue al decir del erudito español Marcelino Menéndez y Pelayo, una algarada que anunciaba ya la contienda de 1868. No en balde había subrayado que «la tiranía es una atmósfera que no deja respirar al corazón. Bajo su influencia el corazón tiene que atajar y matar sus impulsos»,146 y para no dejar que la tiranía del gobierno colonial matase los impulsos revolucionarios se propuso formar la generación de jóvenes emancipadores con la tiranía de España en la Isla. Aclaró que «así como la naturaleza necesitó de tiempo y cataclismos para desarrollarse y perfeccionarse, así la humanidad (¡duro es apuntarlo!) ha de pasar por los mismos trámites para su elaboración y mejoramiento»,147 y el cataclismo anunciado era la revolución anticolonial en Cuba.

En referencia al siglo XIX, centuria de emancipación de las colonias Hispanoamericanas continentales, destacó en metáfora médico-política: «El siglo grita: ―¡que me duele!‖ Pues curarlo, o aliviarlo, no agravarlo, señores médicos —that´s the question».148 Y en referencia directa a aquellos ilustrados cubanos que se contentaban con la reforma sin curar el mal de raíz, como Francisco de Arango y Parreño, represente de la sacarocracia criolla, expreso que «tan luego como los hombres se persuaden de haber llegado al non plus ultra, permanecen sin término en el statu quo.

144. Ibídem p. 246. 145. Ibídem, p. 248. 146. Ibídem, p. 241. 147. Ibídem, p. 249. 148 . Ibídem, p. 247.

Entonces cesa el estímulo de la acción, enérvese la actividad».149 Ante la conciliación oprobiosa, como la pactada por el sector reformista cubano de su época i ncisivo e ingenioso puntualizó: «la conciliación, medio entre trapiches»,150 es decir de aquel sector de hacendados ricos acomodados, y por contrapartida a éstos expuso su concepción al subrayar que «más debe la filosofía a los intolerantes que a los conciliadores».151 Y alegóricamente también manifestó: «Cesaría la lucha, y por consiguiente la vida del justo. Ni aun el veterano más aguerrido debe reposar sobre sus laureles».152

Y de modo indicativo, respecto a la lucha social y revolucionaria, que es también un tipo de práctica, en referencia a Mazzini -el fundador de la nación italiana- manifestó en identificación de pensamiento y obra: «Es el Lutero de la nueva época; porque es cabeza, corazón y brazo». Nada más exacto, más profundo, ni más viril, que este pensamiento suyo: «Lucha ha sido, y será menester. ¡Salve a la lucha, el único medio de conseguir los grandes fines!».153 Tesis enunciada por Luz, la de los fines, como consecución práctica del conocimiento. Su mira era también fundar una nación cubana moderna y libre como lo reconoció Martí al llamarlo padre fundador.

Su concepción de la lucha se inscribe como imperativo necesario a través del cual se lograría la independencia del colonialismo español, una guerra justa de acuerdo a la concepción de San Agustín, la cual garantizaría la paz. Así, usando términos del latín planteó: «abrasar para abrazar. Si vis pacem, [Si quieres la paz...] etcétera. Hay quien podría decir: Faciunt bellumquia volunt pacem [Hacen la guerra porque quieren la paz]; o: Si vis pacem, fac BELLUM [Si quieres la paz, haz la guerra]. Para PACEM, sivis,

149. Ibídem, pp. 150-151 150. Ibídem, p. 159. 151. Ibídem, p. 93. 152. Ibídem, p. 153. 153

[Prepara la paz, si quieres], etcétera».154 Por tanto, su objetivo era lograr la paz tras la lucha, una paz duradera que permitiera el progreso de Cuba como nación.

El ideario político de Luz está profundamente ligado a la prédica revolucionaria como esencia de la enseñanza. Hay que destacar que Luz se refería a los temas políticos con vehemencia y pasión, solo basta recordar su famosa sentencia: «Antes quisiera yo ver desplomarse, no digo ya las instituciones de los hombres, los astros mismos del firmamento, que ver caer del pecho humano el sentimiento de la justicia, ese sol del mundo moral».155 Sentimiento de justicia que en la Cuba colonial se encontraba en mantilla. Por lo que no estaba en desacuerdo en que se apelase a la revolución y a la guerra para derrocar al régimen colonial que imponía injusticia en la Isla. Luz tenía claro en su concepción política que había que luchar por la justicia social. Había que realizar reformas para no eternizar el coloniaje español que empañaba el deseo de emancipación de los cubanos.

Los primeros síntomas de conciencia nacional en Cuba se venían manifestando desde las primeras décadas del siglo decimonónico. Luz escribió en la Revista Habanera «La actual sociedad, a guisa de fuego subterráneo, abriga en sus entrañas fuerzas latentes».156 En analogía con fuerzas latentes se entiende el espíritu independentista que profesó.

Adelantándose a lo que sería el alzamiento del 10 de octubre y la figura de Céspedes en dicho alzamiento señaló: «Cuando todo va bien, todo sobra: cuando mal todo falta. En bonanza, no hay para qué pilotos; en tormenta se ha menester un

154. Luz y Caballero, José de la. Aforismos, en: José de la Luz y Caballero. Obras, Vol. I, ed. cit., p. 147. 155. Ibídem, p.153.

156. José de la Luz y Caballero, citado por: Vitier, Cintio. Ese sol del mundo moral. Para una historia de la eticidad

hombre».157 Denunció la «situación deplorable de una ignorancia sin remedio que garantizara el statu quo de una sociedad esclavista y esclavizada».158 Realidad que le llevó a asegurar que «Ni Napoleón revolucionaría la Isla de Cuba en circunstancias ordinarias ni aun extraordinarias; pero que le ataquen sus propiedades, y entonces la ovejita diventa leone».159 Tesis que muestra dos lecturas estrechamente entrelazadas, la una económica, que se analizará en el siguiente epígrafe, pero que demuestra que la concepción de la revolución en Luz era una forma de práctica que estaba llamada a resolver las contradicciones en el sistema de relaciones de propiedad. La otra, de orden político, permite apuntar que Luz vio en la revolución una necesidad de trasformación social, un imperativo histórico, para solucionar la independencia de Cuba ante España. Comprendió que la revolución implicaba un determinado condicionamiento, de acuerdo a las circunstancias, que también esclareció, pues llegado el momento era necesario un salto, por eso acotó: «La naturaleza, decían los avisados viejos, nada hace por saltos. Hay momentos, empero, en que es conveniente acelerar la madurez».160 Y sin duda el preparó un generación independentista que dio el salto en 1868 con Céspedes y Agramonte, entre los principales líderes. Asimismo Luz supo aquilatar la revolución con resultante de las necesidades e interés del pueblo, pues éste debía ser un importante actor en los acontecimientos, alertando que «el orden político puede tener funestas consecuencias, inspirando una conformidad que no está bien con el progreso de los pueblos»161. Y proclamó: «Callen personas cuando hablan pueblos».162

157

. Luz y Caballero, José de la. Aforismos, en: José de la Luz y Caballero. Obras, Vol. I, ed. cit., p. 250.

158. Ibídem, p. 5. 159. Ibídem, p. 250. 160. Ibídem, p. 244. 161. Ibídem, p. 131. 162 . Ibídem, p. 245.

La labor política de Luz en el colegio del Salvador influyó positivamente en quienes tiempo más tarde dejarían la cátedra docente y los estudios para sumarse al llamado por la libertad y la independencia de Cuba. Entre sus alumnos se encontraba Manuel Sanguilí, quien fuera su más ilustre discípulo, así como Luis Ayesterán y Honorato del Castillo. Todos con participación destacada en nuestra gesta de independencia.

José Martí refiriéndose a su incandescente obra de guía y preparación a la juventud expresó: «El, él padre; él, el silencioso fundador; él, el que a solas ardía y centellaba y se sofocó el corazón con mano heroica, para dar tiempo a que se le criase de él la juventud con quien habría de ganar la libertad que solo brillaría sobre sus huesos […] prefirió ponerse calladamente, sin que le sospechasen el mérito los ojos nimios, de cimiento de la patria».163

Esta obra de educador incansable de la juventud le bastó a Martí para hacer frente a las dudas y sospechas de que Luz no era de un pensamiento revolucionario, al dejar sentado que, «escondiéndose de los mismos en que ponía su corazón, consagró la vida entera a crear hombres rebeldes y cordiales que sacaron a tiempo la patria interrumpida de la nación que la ahoga y corrompe».164 Mostrándose Luz como un educador cuya tarea principal se enmarcaba en «formar hombres cuyos ideales se centraran en el mejoramiento de la patria».165 Por lo que fomentó como educador y político los valores como el patriotismo, independentismo, justicia, equi dad, libertad e

163. Martí Pérez, José. «José de la Luz» en: Patria, 17 de noviembre de 1894, en José Martí. Obras Completas, La

Habana, Editorial Ciencias Sociales, 1991, p.397.

164. Ídem. 165

igualdad. Lo que permitió que «en el Colegio del Salvador; los jóvenes en 1869 abandonaran aquellas aulas para lanzarse a la guerra».166

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