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3. Theoretical Framework: Combining Multi-Level Governance and Principal-Agent

3.3 A combination of MLG and PA for the Dutch-German case study

3.3.1 Explaining shifts of authority

rivalidad estratégica

entre China y EEUU.

No es de extrañar, por

tanto, que la iniciativa

de política exterior

más ambiciosa de Xi

Jinping, conocida como

la Franja y la Ruta, se

articule en torno a esta

macrorregión.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta cuenta con una dimensión marítima y otra terrestre, y abarca cinco áreas de cooperación: coordinación política, infraestructuras, comercio, finanzas e intercambios educativos y culturales. Este carácter tan amplio le permite contar con objetivos clave tanto en materia de política interior como exterior. A nivel doméstico, la iniciativa está orientada a impulsar el proceso de desarrollo socioeconómico de China (especialmente la parte occidental del país), la transición de su modelo productivo y la estabilización de zonas conflictivas, promoviendo la internacionalización de sus empresas, facilitando sus exportaciones, reduciendo riesgos en la cadena logística y atrayendo inversiones hacia el interior del país.

En el ámbito internacional, Pekín aspira a aumentar su seguridad, su influencia y su estatus gracias a esta nueva ruta de la seda. De especial significación en materia de seguridad es el estrechamiento de los lazos con los países de Asia Central y del Sudeste Asiático, que resultan clave para China a la hora de afrontar desafíos como el separatismo, el terrorismo, el narcotráfico y diversas disputas territoriales. En cuanto a su influencia internacional, con esta iniciativa China aumenta sus lazos comerciales y financieros con otros países. Estos vínculos suelen ser asimétricos a favor de China, gracias al enorme tamaño de su economía, lo que se puede traducir en una mayor influencia política. Además, China quiere evitar ser percibida como una amenaza, pues es consciente de que le será mucho más sencillo convertirse en un líder regional si consigue revertir la preocupación con la que varios de sus vecinos contemplan su re-emergencia. Iniciativas como la nueva Ruta de la Seda o el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras aspiran a que otros actores de la comunidad internacional, especialmente algunos de sus vecinos y las potencias tradicionales, no interpreten el ascenso de China en términos de suma cero, sino como una oportunidad de la que todos pueden beneficiarse. China se presenta mediante esta iniciativa como un país dispuesto a liderar iniciativas de gran calado en la escena internacional sin caer en actitudes excluyentes. Un socio atractivo ante aquellos países que necesitan un facilitador, a nivel financiero y/o tecnológico, para aumentar sus infraestructuras en sectores clave para su desarrollo como transporte y energía.

La implementación de este proyecto puede tener un impacto ambivalente sobre los actores hegemónicos tradicionales que, aunque pueden encontrar oportunidades para beneficiarse de estas iniciativas, también pueden perder influencia relativa en aquellos países que estrechen más sus relaciones con Pekín. Resulta obvia la influencia que esto puede tener sobre los equilibrios de poder en Eurasia, no sólo en detrimento de EEUU, sino de las potencias prevalentes en diferentes regiones, como Rusia en Asia Central, la India en Asia del Sur o Alemania en la UE.

El impacto general que tenga esta iniciativa y sus consecuencias para Europa dependerán en gran parte de cómo se implemente.31 Cuánto más se multilateralice

su funcionamiento, más transparentes sean sus proyectos y más se ajusten a las normas y estándares internacionalmente aceptados, más positiva será su influencia. Si se asume esta forma de proceder, la Iniciativa de la Franja y la Ruta podría generar un círculo virtuoso en el que la propia implementación de los proyectos crease oportunidades económicas y de desarrollo tanto para los actores con capacidad para materializarlos, entre ellos España, como para los países en los que se llevan a cabo. Esto, a su vez, redundaría en un orden internacional más estable, gracias a los avances socioeconómicos que se producirían en los países menos desarrollados y a una mayor interdependencia entre diferentes actores internacionales (estatales y no estatales).

El establecimiento de nuevas rutas no sólo reduciría los costes y los plazos del transporte en Eurasia, con las consiguientes ventajas para empresas y consumidores, también los riesgos. Con la diversificación de las líneas de comunicación disminuirían las posibilidades de que un acontecimiento disruptivo pudiese alterar de forma significativa los flujos de intercambios dentro de esta macrorregión. Al mismo tiempo se reduciría el valor geoestratégico de algunas zonas, como el estrecho de Malaca, en la vía marítima, o de Rusia, en la vía terrestre, lo que es positivo para Europa.

Por el contrario, si China no es capaz de liderar un proceso de multilateralismo efectivo y la nueva ruta de la seda se implementa esencialmente como un conjunto de acuerdos bilaterales, opacos y sin respetar los principios básicos del buen gobierno, esto podría llevar al endeudamiento y la desestabilización de zonas tan sensibles como los Balcanes, Europa Oriental, Oriente Medio y Asia Central. Tampoco sería deseable que China utilizase esta iniciativa para imponer modificaciones unilaterales del statu quo en territorios en disputa o para vulnerar principios del Derecho Internacional como la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar o los Principios de Gobierno Corporativo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y el G20.

Para evitar este escenario es importante que España y sus socios europeos se sumen activamente a la conformación este proyecto con un espíritu crítico y constructivo, como han venido haciendo a través del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras y en el Primer Foro de Cooperación Internacional de la Franja y la Ruta.32 Además, se pueden buscar sinergias con las Estrategia del Indo-Pacífico

Libre y Abierto, cuyos tres pilares casan perfectamente con los valores que sustentan la política exterior de España y la UE: libertad de navegación e imperio de la ley; prosperidad económica a través de una mejora de la conectividad gracias a infraestructuras de calidad desarrolladas mediante estándares internacionalmente aceptados y compromiso con la paz y la estabilidad.33

32  Esteban y Otero-Iglesias (2015). 33  Esteban (2018).