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Stricter regulations on controlling and reporting within the ERDF

5. Renationalization Shift: Implementing Regional Policy from 1975 until 2013

5.1 Launching the European Regional Development Fund (1975)

5.1.1 Stricter regulations on controlling and reporting within the ERDF

españolas hacia la

inversión china puede

sintetizarse como

“cuanto más, mejor”

con la excepción

de las operaciones

de gran escala en

sectores estratégicos.

A pesar del fuerte consenso a favor de las inversiones chinas que existe entre el gobierno y los medios de comunicación, la opinión pública española tiene una opinión diferente. El Barómetro 37 del Real Instituto Elcano, realizado en noviembre de 2015, mostraba que los ciudadanos españoles percibían la inversión china con dudas. Aunque los españoles generalmente están a favor de la inversión extranjera directa, especialmente si proviene de Alemania, EEUU y Francia, su actitud es diferente con respecto a la inversión china y una cuarta parte pensaba que deberían reducirse. Esta es una cifra sorprendente dado que el país que generaba el segundo sentimiento más negativo, Japón, sólo despertaba esa reacción en el 9% de los entrevistados. Dos años después, la 39 Oleada del Barómetro del Real Instituto Elcano (Gráfico 8) muestra un panorama similar.

Gráfico 8. Países de los que se quiere recibir más y menos inversión (% de menciones en primer lugar)

18 24 14 16 4 8 2 7 4 22 8 5 6 13 Francia Alemania China EEUU Reino Unido Japón Italia

Más inversión Menos inversión

Fuente: Barómetro del Real Instituto Elcano, noviembre de 2017.

Estos números se entienden más fácilmente cuando se observa que en los Barómetros del Real Instituto Elcano realizados en noviembre-diciembre de 2013 y en noviembre de 2017, China era el país más mencionado por los españoles como el mayor inversor extranjero en su país, con un 34% y un 40% respetivamente, mientras que, como máximo, sólo el 17% pensaba que era Alemania, el 10% Francia y el 8% EEUU. Como vimos anteriormente, este dato no refleja en absoluto la realidad del volumen de inversiones chinas en España. Los españoles exageran el papel de China, que apenas es el 10º inversor extranjero en España, debido

probablemente a las reticencias que les genera, a la atención mediática que recibe y a su creciente contacto con negocios regentados por personas de origen chino. Aunque las inversiones chinas han llegado más tarde y en menor cuantía a España que a sus vecinos europeos, es previsible que aumenten sustancialmente en un futuro próximo, si tenemos en cuenta la evolución ascendente de la inversión china en España de los últimos años y las oportunidades que existen en múltiples sectores: agroalimentario, inmobiliario, turístico, industrial y logístico. A diferencia de la opinión pública, que es más reacia a que España reciba inversiones chinas que de los inversores internacionales tradicionales, tanto la administración pública como los medios de comunicación se han mostrado bastante favorables a incrementar las inversiones que llegan a España desde China, poniendo más énfasis en sus efectos positivos que en sus posibles inconvenientes. Sin embargo, esta posición podría llegar a matizarse si creciese el volumen de las inversiones chinas en España y se multiplicasen las operaciones en sectores, como el tecnológico, que pudiesen considerarse estratégicos y China siguiese manteniendo las restricciones a la inversión extranjera en áreas del sector servicios donde las empresas españolas son particularmente activas.

Cuadro X. ¿Deben limitarse las inversiones chinas en Europa?

Uno de los rasgos que definen a la UE es la gran apertura de su economía, que se considera uno de los pilares fundamentales sobre los que se asienta su alto nivel de desarrollo socioeconómico. En consecuencia, la UE siempre se ha mostrado muy receptiva a la inversión extranjera directa y sus Estados miembros cuentan con mecanismos que compiten entre sí para atraerla de manera activa. Esta visión positiva de la inversión extranjera como motor de crecimiento económico llega hasta el punto de que sólo 12 de los 28 Estados miembros de la UE han establecido mecanismos para supervisar y eventualmente vetar dichas inversiones por motivos de interés nacional.

Sin embargo, en febrero de 2017 los ministros de Economía de Alemania, Francia e Italia enviaron una carta conjunta a la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, solicitando el establecimiento de un mecanismo de supervisión de inversiones a nivel europeo. Dos meses después, el Partido Popular Europeo envió una misiva con la misma petición al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, quien recogió el guante y propuso la creación de este mecanismo en su discurso sobre el estado de la Unión en septiembre 2017.

El establecimiento de un mecanismo de supervisión de inversiones europeo se plantea fundamentalmente debido a la evolución de la inversión china en Europa, que ha crecido de forma exponencial en los últimos años, pasando de 1.600 millones de euros en 2010 a 35.000 millones en 2016 y 65.000 millones en 2017. Es más, la inversión china en el exterior tiene un gran potencial de crecimiento. Sin embargo, la polémica no viene motivada por esta dimensión cuantitativa. De hecho, los países europeos siguen compitiendo entre sí por

atraer más inversión del gigante asiático. La controversia surge de las implicaciones estratégicas, de seguridad y orden público, que pueden tener una parte de esa inversión. Estamos, por tanto, ante un debate que no debe singularizarse en ningún país ni entenderse como una medida proteccionista, especialmente en un contexto como el actual, cuando resulta particularmente necesario el papel de Europa como uno de los principales garantes de un orden económico internacional abierto e inclusivo. Un punto central de esta controversia es cómo debe posicionarse Europa ante las inversiones en sectores estratégicos de actores que no operan siguiendo las reglas del mercado. En este sentido, la inversión china ha