4.9 Data Processing and Analysis
4.9.1 Exploration and Visualisation of Space-Time Patterns of Malaria Infection
Las terapias habituales de rehabilitación de afasias suelen seguir las siguientes pautas en el tratamiento de las estereotipias: • concienciación del paciente respecto a la ineficacia de su discurso, • inhibición de la estereotipia,
• terapia gestual,
• concienciación de los órganos bucofonadores, y • vocalización controlada.
2.1. Las etapas y procedimientos de recuperación
En efecto, los logopedas terapeutas comienzan el tratamiento de la estereotipia por una fase de concienciación del paciente respecto a la ineficacia de su discurso, y la primera meta que se proponen alcanzar tras esta concienciación es la inhibición de la estereotipia28.
27 A pesar de la extrema lentitud de la producción, no cabe hablar, ni en este caso ni
en los antes comentados, de apraxia bucofonatoria (o síndrome de desintegración
fonética); en ella cada emisión de un fonema requiere un esfuerzo específico, ya que
hay un “desconocimiento” o inconsciencia de la posición de los órganos de fonación.
28 Para tratar de reducir la anosognosia algunos autores plantearon la posibilidad de
Con la presentación al paciente de tareas en las que no hay que utilizar el lenguaje (p.e., clasificar objetos, repartir cartas, etc.), se han obtenido los mejores resultados.
Es esperable que, en algún momento, el lenguaje surja de manera espontánea y, con él, la estereotipia. En ese mismo instante se le hace notar ostentosamente al paciente su aparición, y se le impide emitir sonido alguno, es decir, se le niega la posibilidad de hablar; se le insiste que, para realizar cualquier comunicación (petición de información, expresión de deseos, …), debe utilizar la gestualidad, la expresión facial, etc., pero en ningún caso el lenguaje oral29.
Una vez instaurada la consciencia de la estereotipia y el sujeto intenta inhibirla30 (lo consiga o no), ya es posible empezar a trabajar
la percepción del aparato fonador. La práctica de la posición articulatoria de los órganos bucofonadores para la producción de los sonidos debe hacerse al principio sin vocalización.
El paso siguiente se dará cuando se haya conseguido la inhibición de la estereotipia, introduciéndose entonces la vocalización controlada. Un buen síntoma de progreso sería, p.e., que el paciente saludara al entrar en la consulta. Podría suceder que la estereotipia reapareciera, pero será también buena señal que el propio paciente se dé cuenta de la producción involuntaria y que la reprima por sí solo.
Lo más frecuente es que una estereotipia no sea permanente
este método se reveló inmediatamente como ineficaz, ya que provocaba en el paciente reacciones emocionales de rechazo.
29 En los casos de apraxia o incapacidad motora, el terapeuta debe disponer de
recursos gestuales suficientes para motivar al sujeto a producir una respuesta conductual: los gestos que parecen más motivadores son los de carácter autoritario, p.e., señalar una ficha y exigir que la coja, que la entregue, … mostrando el terapeuta su deseo con la expresión facial. No obstante, cuando hay una apraxia importante resulta verdaderamente problemático.
30 Uno de los obstáculos a que se enfrenta el terapeuta es la fijación de la estereotipia,
puesto que, si se produce, la inhibición resulta muy complicada. Por ello se aconseja no demorarse demasiado en la terapia gestual de la primera fase rehabilitadora relativa al control voluntario de las producciones incontroladas, ni tampoco abusar de ciertos ejercicios de repetición. En algunas ocasiones se ha conseguido dividir la producción estereotipada y de esta manera se ha podido llegar a trabajar sobre ella. Por otra parte, como coinciden en señalar la mayoría de los autores que trabajan en el campo de la rehabilitación del lenguaje, también es desaconsejable prolongar la etapa de gestos durante un tiempo excesivo, porque se corre el riesgo de que el paciente se acomode a esta solución comunicativa y se resista a introducir el lenguaje oral.
ni demasiado duradera, y que una vez se establezca la vocalización controlada evolucione, previsiblemente hacia un agramatismo. Como tal evolución es esperable (y, en principio, deseable), la introducción progresiva del lenguaje oral se realiza teniendo en cuenta esta posibilidad, y se trabaja no sólo con ejercicios de déficit articulatorio, sino también de agramatismo31.
Finalmente, para concluir la diferenciación de estos fenóme- nos, conviene señalar que la rehabilitación del automatismo es dife- rente a la de la estereotipia, pues se dirige a conseguir el desbloqueo del vocabulario y la recuperación de las expresiones habituales del pa- ciente. Para ello se emplean técnicas de repetición de series de pala- bras (agrupadas fonética y/o conceptualmente), canciones conocidas, frases hechas, léxico propio del mundo experiencial anterior del suje- to, etc., teniendo siempre en cuenta la situación pre-mórbida del pa- ciente. Aquí se trata, en definitiva, de ayudar al sujeto a despegar con el lenguaje, sin importar que la articulación no sea correcta en esta etapa de desbloqueo, pues lo que interesa es que el lenguaje vaya sa- liendo de nuevo.
En la estereotipia las cosas son distintas, puesto que sucede a menudo que la producción se reduce a ese único sonido, sílaba o palabra. Lo que hay que conseguir aquí es, a partir de la no- vocalización, re-dirigir tanto la operación de constitución de unidades (fónicas, léxicas o gramaticales), como la operación de re-definición de los niveles más complejos en los que se integran esas unidades.
2.2. La flexibilidad de los programas rehabilitadores
El origen de la estereotipia suele ser una situación de anulación o pérdida total del lenguaje, pero no siempre que se produce un mutismo o bloqueo de este tipo deriva hacia una estereotipia. A veces evoluciona hacia el automatismo (incapacidad para organizar el lenguaje en frases) o directamente hacia el agramatismo. Por este motivo, los programas de rehabilitación suelen ser lo suficientemente flexibles como para poder adecuarse al ritmo de recuperación del
31 A veces, sin embargo, la deseada evolución hacia esa otra disfunción lingüística no
se produce, y ello puede ser síntoma de que existe una afasia global de pronóstico grave. En todo caso, cuando no aparece la evolución, conviene proporcionar otras alternativas de comunicación.
paciente. Además, el sujeto no recorre obligatoriamente en su recuperación el camino que lleva desde el componente fónico al morfológico, posteriormente al léxico, a continuación al sintáctico, después al semántico y, finalmente, al pragmático.
La observación del comportamiento verbal de los pacientes muestra, en efecto, que no se trata siempre de un proceso de carácter secuencial: el sujeto puede recobrar inesperadamente elementos lingüísticos (determinados fonemas, p.e.) que no se estaba tratando de recuperar.
Lo destacable es que también el propio funcionamiento del lenguaje (no patológico) muestra este mismo tipo de procesos no seriales: desde un punto de vista sistémico, Hernández Sacristán (2001 y 2002) plantea que, una vez se pone en marcha el lenguaje y un conjunto de datos lingüísticos alcanza determinado grado de representatividad del conjunto de rasgos totales de un componente, antes de llegar a la saturación de sus posibilidades, se activa un nuevo nivel de distinta naturaleza, más compleja, donde se tiende a alcanzar de nuevo un grado de representatividad suficiente para configurar un nuevo nivel con nuevos elementos más complejos … y así sucesivamente, de manera que están simultáneamente activados varios niveles lingüísticos, sin que sea necesario para los distintos elementos de los diferentes niveles alcanzar un grado máximo y exhaustivo de representatividad de su propio nivel.
Si esto es así, se comprende que la recuperación de los componentes del lenguaje no se produzca obligatoriamente de manera secuencial y linealmente ordenada, sino que, por ejemplo, la recuperación de una palabra pueda llevar a la restauración de un fonema, o a la inversa, al intentar recobrar un fonema, el paciente pueda recuperar una palabra. La reaparición espontánea de elementos perdidos en el discurso del paciente se explicaría por este mismo principio observable en el funcionamiento del lenguaje.
Desde esta perspectiva, la estereotipia no sólo puede ser vista como un resto de lenguaje que agrupa las posibilidades residuales del sistema lingüístico del paciente, sino que además hay que considerarla una muestra del enquistamiento que se ha producido en el sistema. En efecto, la estereotipia suele caracterizarse por:
• presentar una estructura fija,
• su inadecuación a las circunstancias del intercambio.
Estas peculiaridades del fenómeno permiten considerarlo un reflejo de la rigidez que afecta a los procesos de determinación de unidades y redefinición de niveles lingüísticos, cuyo funcionamiento normalizado capacita al hablante para utilizar el lenguaje de una manera flexible y adaptable a las distintas situaciones comunicativas. 3. APORTACIÓN DE LA LINGÜÍSTICA AL ESTUDIO DE LA ESTEREOTIPIA
Lo que llevamos dicho nos permite abordar la afasia como una patología lingüística en sentido estricto, ya que aquello que la caracteriza fundamentalmente son las deficiencias en el sistema lingüístico que presentan los pacientes afectados por esta patología. Además, hay que destacar que las afasias (a excepción de la llamada afasia global), como señala López García (1988: 105),
“no hacen sino extremar tendencias del habla normal. Una consecuencia indeseable de la abstracción y generalización implícitas en toda descripción gramatical es el olvido de que el habla real está llena de interrupciones, confusiones, silencios y paráfrasis. Pero si estas circunstancias se tienen en cuenta (…), se comprenderá que la diferencia entre el afásico y un hablante normal no es cualitativa, sino cuantitativa. (…) la conclusión más importante que, a nuestro entender, se debería extraer es que la afasia es simplemente lenguaje degradado, pero lenguaje al fin, y por tanto que de su estudio se pueden derivar implicaciones susceptibles de ser extrapoladas al sistema lingüístico normal sin dificultad (en otras palabras que cualquiera que sea su interés neurológico la afasia es –o, mejor dicho, debería ser– un fenómeno de interés lingüístico y del que deberían ocuparse habitualmente los lingüistas).” [las cursivas son nuestras]
Consideramos, en esta línea de reflexión, que las descripciones y parámetros descriptivos aportados por la ciencia del lenguaje son de enorme utilidad, al menos, para un mejor conocimiento de los desórdenes de la función lingüística normal. Como nos acaba de recordar López García, los rasgos lingüísticos del discurso de los afásicos no están ausentes del habla real habitual: también en ella son frecuentes, las interrupciones, las confusiones, los silencios, las paráfrasis, los errores, las repeticiones, las muletillas, … Podría pensarse en este sentido que la estereotipia sería una especie de
enquistamiento de lo que Coseriu (1964) llamara “discurso repetido”. Además entendemos que, del mismo modo que el lenguaje es capaz de convertirse en instrumento descriptor de sí mismo, funcionando como metalenguaje, también tiene capacidad para servir de instrumento rehabilitador de sus propias deficiencias, gracias a su
poder redefinidor. Este es, precisamente, el principio que guía el
desarrollo de una nueva disciplina: la lingüística clínica.
3.1. El “discurso repetido” en las afasias
Es sabido que Coseriu (1964: 113-114) consideraba preciso distinguir, dentro de la sincronía de las lenguas, entre la técnica del
discurso y el discurso repetido:
“La «técnica del discurso» abarca las unidades léxicas y gramaticales (…) y las reglas para su modificación y combinación en la oración, es decir, las «palabras» y los instrumentos y procedimientos léxicos y gramaticales. El «discurso repetido» abarca todo lo que tradicionalmente está fijado como «expresión», «giro», «modismo», «frase» o «locución» y cuyos elementos constitutivos no son reemplazables o re-combinables según las reglas actuales de la lengua. (…). Las unidades del «discurso repetido» son, como las citas explícitas, trozos de discurso ya hecho introducidos como tales en nuevos discursos. Ellas pueden ser, en parte, «adaptables» (…). Pero, por otra parte, en cuanto «citas», pueden contener elementos «incomprensibles» desde el punto de vista de la técnica actual (…) o estar construidas según reglas ya sin vigencia (…) y, en este sentido, son restos de estados de lengua superados, una supervivencia de la diacronía en la sincronía; y hasta pueden pertenecer, por su técnica léxico-gramatical, a otra «lengua».”
Coseriu no plantea la distinción entre estos dos conceptos en términos de separación dicotómica, sino más bien en términos incluyentes: los productos que el hablante obtiene de la aplicación de la “técnica del hablar” actual pueden incluir fragmentos de “lenguaje ya hablado”, que colaboran en el marco del discurso que construye a la expresión de sus intenciones comunicativas.
Interesa destacar, en relación con el tema que nos ocupa, los siguientes rasgos caracterizadores de la noción de “discurso repetido”: • Fijación: se trata de fragmentos de discurso ya hecho y tra-
dicionalmente fijado, que los hablantes aprovechan insertándolos en sus discursos propios.
• Idiomaticidad: los elementos de estas expresiones fijas no son sincrónicamente analizables (no son conmutables), ya que tales expresiones funcionan como un todo y el significado de la combinación no se puede deducir del de los componentes.
• Improductividad: los constituyentes de estas expresiones no son utilizables por separado para crear nuevas expresiones, ya que, aunque puedan tener cierto grado de adaptabilidad, no son recombinables.
Llama la atención que estos rasgos están en gran medida presentes en las estereotipias del lenguaje patológico, y pueden servir para una caracterización lingüística de estos fenómenos. En efecto, las estereotipias son expresiones fijas e inanalizables que se repiten insistentemente sin productividad alguna. La diferencia respecto al discurso repetido del lenguaje no patológico consistiría en que estas fórmulas no están en el discurso afásico al servicio de una finalidad comunicativa identificable por el receptor, y que llegan a constituirse incluso en la única producción verbal del paciente, pues éste no es capaz de hacer uso de ninguna técnica del hablar. Cabe, pues, entender las estereotipias como un enquistamiento del discurso repetido, como muestras de lenguaje “atascado” del que no se puede, ni se sabe, salir.
3.2. La capacidad rehabilitadora del lenguaje
La Lingüística Clínica es un nuevo ámbito de estudio en Lingüística Aplicada que viene desarrollándose en los últimos años32; sus centros de interés se inscriben en el campo de la caracterización y análisis de las patologías del lenguaje. Trata, en definitiva, de proporcionar una base teórica a la praxis clínica dedicada celosamente a la recuperación y rehabilitación de la actividad verbal en pacientes con déficits lingüísticos. Uno de los principios que guían el desarrollo de esta nueva subdisciplina es el convencimiento de que el lenguaje se puede rehabilitar con lenguaje.
La práctica clínica viene a confirmar, efectivamente, que es posible recuperar la funcionalidad de un componente del lenguaje estimulando la activación de otro componente con el que se presupone que mantiene una relación de interdependencia constitutiva. Esta noción implica ver un tipo de relación entre los elementos por la que muestran su capacidad para definirse constitutivamente sin que pueda hablarse de anterioridad en ninguno de ellos33.
Por otro lado, la equiparación antes esbozada (§ 3.1), basada en la existencia de expresiones fijas, inanalizables e improductivas tanto en el lenguaje patológico como en el lenguaje estándar (aun cuando representan los dos polos extremos en la línea de efectividad comunicativa), nos permite intentar un acercamiento cualitativamente diferente a los procesos degenerativos del sistema lingüístico.
La aproximación que proponemos parte de la consideración del lenguaje como un sistema en el que el procesamiento de la información (tanto en el input como en el output) sigue pautas que le confieren la funcionalidad intra- e inter-comunicativa a la que, entre otras cosas, está destinado el lenguaje; ello implica además un determinado grado de flexibilidad y adaptación al entorno a fin de conseguir el éxito de la interactuación.
Pensamos, en definitiva, que las aportaciones de la lingüística a la explicación de las patologías del lenguaje y, en concreto, al fenómeno de la estereotipia en las afasias pasan por asumir que: 1) La facultad lingüística nos proporciona una ayuda inestimable al
incrementar nuestra capacidad para clasificar el entorno, anclarnos en el mundo y ubicarnos entre la múltiple variación que nos rodea; con el lenguaje disponemos de un instrumento que nos facilita la categorización y la discriminación de lo singular dentro de lo homogéneo.
2) Simultáneamente esta misma facultad lingüística nos permite liberarnos de esas determinaciones de manera controlada, redefiniendo nuevas entidades que incorporan las matizaciones y condiciones derivadas de su estatus anterior, lo cual constituye el fundamento del control.
33 Una primera formulación de este tipo de relación está expuesta en Hernández
Sacristán (1992: 24-43). En Hernández Sacristán (2001 y 2002) se encuentra redefinida bajo el concepto más cibernético de “bucle”.
En el lenguaje se observa una relación de interdependencia constitutiva entre el efecto de determinación genética y el efecto
redefinidor de los elementos del lenguaje sobre los propios elementos
del lenguaje. Como explica Hernández Sacristán (2001 y 2002), el lenguaje, que emerge del contexto, depende genéticamente de él. Pero, a su vez, el lenguaje generado por el contexto actúa sobre éste, redefiniendo parcialmente sus características:
dependencia genética
contexto lenguaje
efecto redefinidor
Estas operaciones “de anclaje” y “liberación” (cf. Veyrat 2002) o, como propone Hernández Sacristán, de dependencia genética y de efecto redefinidor, se cumplen en el interior del sistema lingüístico (y posiblemente se encuentren también en otros sistemas biológicos), y no sólo fundamentan la actividad denominadora y referencial, sino que, simultáneamente, están en la base de la construcción categorial y lingüística del entorno.
En el lenguaje patológico de la afasia se da una situación paradójica: el efecto determinador es excesivamente rígido, mientras que el efecto redefinidor está sin gobierno, es excesivamente flexible y no consigue redefinir controladamente las unidades. Dicho de otro modo, lo que sucede en este lenguaje patológico es que un discurso rígido e improductivo es la única solución para el anclaje contextual del paciente afásico pero, al mismo tiempo, este discurso, reiterado una y otra vez, parece “servir para todo”.