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Si bien la posición de Bassols coincidía en términos generales con la de la Secre- taría de Relaciones Exteriores, el delegado mexicano en Ginebra fue sustituido en enero de 1937 por Isidro Fabela en el marco de un proceso de sustitución de los diplomáticos más ligados al callismo. El mexiquense Fabela inició su carrera política como diputado del grupo renovador del maderismo. El asesinato de Madero le llevó a ponerse a las órdenes de Venustiano Carranza. El dirigente revolucionario confió al joven abogado, egresado de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, la tarea de construir el incipiente aparato diplomático carrancis- ta, nombrándole oficial mayor de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Entre 1913 y 1920, Fabela desempeñaría diversas comisiones en México, Inglaterra, Francia, Italia, España, Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Alemania. Retirado de la diplomacia tras el asesinato de Carranza, no regresaría a la vida diplomá- tica hasta 1932, como comisionado de la Comisión Mixta de Reclamaciones México-Italia, esta vez por invitación de Pascual Ortiz Rubio.12

Su escasa vinculación con el callismo, a diferencia de la mayor parte de los integrantes del aparato diplomático mexicano, pesó quizá en su elección por parte de Cárdenas. En todo caso, los informes sobre su trabajo en la Comisión debieron ser satisfactorios porque en enero de 1937, y pese a que no le conocía personalmente, Cárdenas le ofreció a través de Manuel Ávila Camacho el cargo de delegado permanente de México en Ginebra.

12 Sobre la trayectoria vital y profesional de Fabela, véase SERRANO MIGALLÓN, Fernando: Isidro Fabela

La primera entrevista entre ambos dejó una honda impresión en Fabela, según él mismo relata en el prólogo autobiográfico a la publicación de su co- rrespondencia con el presidente. La confianza entre ambos llegó hasta el punto de que, tras aceptar su nombramiento como representante de México ante la Sociedad de Naciones, Fabela solicitó y obtuvo de Cárdenas poder informar y recibir instrucciones directamente del presidente, al margen de los canales reglamentarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores.13

Esta situación excepcional respondía en parte al grado de implicación per- sonal de Cárdenas en la cuestión española. De hecho, el presidente mexicano comunicó personalmente a Fabela en el curso de la entrevista celebrada poco antes de su partida hacia Europa, cual debía ser la política que el delegado de México debía seguir en la Sociedad de Naciones y, en particular, en relación con el conflicto español. Según recordaría el propio Fabela años más tarde, las instrucciones de Cárdenas se resumían en varios puntos:

I.- México es y deberá seguir siendo un Estado fiel a la Sociedad de Naciones.

II.- México cumplirá estricta y puntualmente el Pacto de la Liga. III.- México ha reconocido y reconoce como inalienable el principio de no intervención.

IV.- Como consecuencia de lo anterior, México se constituirá, en todo momento que sea necesario, en defensor de cualquier país que sufra una agresión exterior de cualquier potencia.

V.- Específicamente en el conflicto español, el gobierno mexicano reconoce que España, Estado miembro de la Sociedad de las Naciones, agredido por las potencias totalitarias, Alemania e Italia, tiene derecho a la protección moral, política y diplomática, y a la ayuda material de los demás Estados miembros, de acuerdo con las disposiciones expresas y terminantes del Pacto.

VI.- El gobierno mexicano no reconoce ni puede reconocer otro re- presentante legal del Estado español que el gobierno republicano que preside don Manuel Azaña.

VII.- En términos generales, México ha sido y debe seguir siendo un país de principios, cuya fuerza consiste en su derecho y en el respeto a los derechos ajenos. Consecuentemente, la representación de México en Ginebra deberá ser intransigente en el cumplimiento de los pactos suscritos, en el respeto a la moral y al Derecho Internacional y especí- ficamente en el puntual cumplimiento del Pacto de la Sociedad de las Naciones.14

Fabela llegó a Ginebra en febrero de 1937. Pocos días después de tomar posesión de su cargo, el delegado mexicano ante la Liga recibió una carta personal de Cárdenas, en la que el presidente mexicano ampliaba y matizaba sus instrucciones verbales en relación con la política de México en Ginebra y, en especial, en torno a la cuestión española.

Cárdenas iniciaba su misiva indicando que, dada la ausencia de México del Consejo de la Liga, era posible que el delegado mexicano no necesitara realizar una exposición detallada de la posición de México hacia el caso español. No obstante, el presidente mexicano señalaba a su representante que, si la oportunidad llegara a presentarse, sería necesario explicar con precisión las razones que sustentaban la posición mexicana.

La principal preocupación de Cárdenas se centraba en argumentar ante la comunidad internacional que la ayuda de México al bando republicano no entraba en contradicción con el principio de no intervención. Para Cárdenas, el sentido de este principio había sido alterado por el afán de las democracias occidentales para tratar de neutralizar el conflicto español y evitar así una escalada de tensión con las potencias totalitarias.15

Las instrucciones de Cárdenas, que recogían y ampliaban algunos de los argumentos ya enunciados ante la Asamblea de la Liga por Bassols, se convertirían en la base doctrinal de la posición mexicana hacia la cuestión española a la que Fabela dotaría de una fundamentación jurídica más sólida.

No tardaría en presentarse la oportunidad para que el delegado mexicano ante la Sociedad de Naciones pudiera exponer la postura de México hacia la Guerra Civil Española. Consciente de que la exclusión de los países ameri- canos dejaba una puerta abierta para burlar el bloqueo impuesto a España, el Comité de No Intervención planteó en marzo de 1937 la extensión de dicho acuerdo a los Estados extra europeos.

14 Ibid., pp. 3-5.

15 Cárdenas a Fabela, 17 de febrero de 1937, reproducida en FABELA, Isidro y RODRÍGUEZ, Luis I.:

Diplomáticos de Cárdenas. Una trinchera mexicana en la Guerra Civil (1936-1940). Trama Editorial, Madrid, 2007, pp. 23-25.

El gobierno de Cárdenas decidió aprovechar la oportunidad para exponer los fundamentos de su posición hacia la cuestión española, en parte como respuesta a las crecientes críticas que ésta había recibido desde sectores de la prensa y el gobierno de los Estados Unidos y, especialmente, de Gran Bretaña.

Con este fin, la Secretaría de Relaciones Exteriores ordenó el 29 de mar- zo a Fabela que entregara una nota al secretario general de la Sociedad de Naciones, en la que se reiteraba la oposición de México hacia la política de no intervención y se enunciaban los argumentos jurídicos sobre los que se fundaba la posición mexicana.16

La nota fue entregada a la Sociedad de Naciones el 30 de marzo. Si bien la repercusión entre los medios fue bastante reducida, la nota permitió a México adquirir una cierta notoriedad internacional y presentarse abiertamente como el principal adalid de la causa republicana en la Sociedad de Naciones. La ti- bia recepción de la prensa internacional llevó sin embargo a Fabela a solicitar autorización a la Secretaría de Relaciones Exteriores para ampliar y matizar el contenido de la posición mexicana en declaraciones a la prensa europea. Fabela consideraba que era necesario reforzar la fundamentación jurídica de la posición de México hacia el conflicto español, planteando a Hay que la posición mexicana debía sustentarse sobre dos pilares jurídicos: el artículo 10 del Pacto de la Liga y el artículo 1 de la Convención de La Habana de 29 de marzo de 1928.17

Conseguida la aprobación, remitió el 19 de mayo a la Agencia Havas el nuevo texto. Las declaraciones aclaratorias del gobierno mexicano tuvieron más resonancia que las de la nota entregada a la Secretaria General de la Liga unas semanas antes. La mayor parte de la prensa europea reprodujo el texto íntegro de las mismas. La prensa izquierdista mostró una abierta simpatía con la posición de México.18

En este contexto, Fabela escribió la primera de sus tres cartas a Cárdenas, con objeto de responder a la carta que el presidente le había remitido el 17 de febrero de 1937 e informarle de las razones que le habían llevado a intentar reforzar los fundamentos jurídicos de las instrucciones recibidas directamente de Cárdenas. La extensa misiva de Fabela se centraba en valorar la posición mexicana en torno a la política de no intervención, el concepto de neutralidad y la ayuda a España.19

La carta analizaba y corregía los fundamentos jurídicos del concepto de neutralidad expresado por Cárdenas. Cortésmente, Fabela respondía al

16 Secretaría de Relaciones Exteriores a Fabela, 29 de marzo de 1937, en AHSREM, exp. III-770-1 (II).

17 Fabela a Secretaría de Relaciones Exteriores, 12 de abril de 1937, en AHSREM, exp. III-770-2 (II).

18 SÁNCHEZ ANDRÉS, Agustín y HERRERA LEÓN, Fabián, op. cit., pp. 277-280.

presidente que había tenido muy en cuenta sus señalamientos acerca de la distinción establecida por el Pacto entre Estados agresores y agredidos. Sin embargo, Fabela explicaba a Cárdenas que, en realidad, “los compromisos contraídos en el Pacto son de tal naturaleza que, técnicamente, han disminui- do su importancia a la noción de neutralidad”, ya que conforme al espíritu de dicho acuerdo multilateral al surgir un conflicto bélico entre algunos de sus miembros, “los demás no pueden, no deben, permanecer neutrales”. Puesto que la base de la posición mexicana es que España es víctima de una inter- vención exterior, el jurista mexiquense exponía que México debía reclamar la aplicación al caso español de los artículos 10, 11, 12, 13, 15 y 16 del Pacto constitutivo de la Sociedad de Naciones, los cuales establecían las medidas aplicables en aquellos supuestos de agresión externa a un estado miembro.

Finamente, Fabela procedía a tranquilizar a Cárdenas respecto a la con- sideración externa de su política hacia España, señalando que “nadie se ha atrevido a censurar públicamente la actitud de México”. El delegado apro- vechaba la inquietud del presidente para exponerle las razones que le habían llevado a invocar la Convención sobre derechos y deberes de los Estados

en caso de luchas civiles suscrita en La Habana en 1928 por las repúblicas

americanas. Para Fabela, aunque España no había suscrito dicha convención, convenía al gobierno de México aludir a la misma a fin de probar ante la comunidad internacional como su política hacia el caso español respondía de manera plenamente coherente a los principios que regulaban la política exte- rior mexicana hacia casos similares. Fabela concluía garantizando a Cárdenas su disposición a la hora de defender “contra todo y contra todos” la posición mexicana hacia el caso español ante la Sociedad de Naciones.20

El deterioro de la situación europea en el verano de 1937 llevó a Fabela a escribir dos cartas más a Cárdenas, en solicitud de nuevas instrucciones ante la próxima reunión de la XVIII Sesión de la Asamblea Ordinaria de la Sociedad de Naciones. Según el delegado mexicano la evolución de la situa- ción española sólo dejaba a México dos alternativas: ratificar por medio de una declaración la política mexicana hacia el conflicto español y protestar retóricamente por la intervención germano-italiana en España o solicitar a la Asamblea de la Liga el reconocimiento de que España era víctima de una agresión exterior y, por consiguiente, la aplicación a las potencias totalitarias de los mecanismos sancionadores previstos en los artículos 10 y 11 de su pacto constitutivo.

El delegado permanente de México ante la Liga creía que México debía decantarse por el primero de los dos caminos, “es decir el de hacer simple-

mente declaraciones y ratificar nuestra conducta inicial en el caso español”. Fabela exponía a Cárdenas que había llegado a esa conclusión para conjurar el riesgo de una más que probable derrota diplomática en el caso de que México presentara una denuncia formal contra Alemania, Italia y Portugal en la Asamblea. El jurista mexiquense fundamentaba además la contención mexicana en la necesidad de no “ser más papistas que el Papa”, solicitando para España en la Liga lo que ella no había pedido para sí misma.

Expuesta con crudeza su opinión, Fabela finalizaba recomendando a Cárdenas que el gobierno mexicano se limitara a realizar una declaración, por medio de su delegación permanente en Ginebra, en la que se reafirmaran los fundamentos de la posición mexicana hacia la cuestión española y se expresa- ra el apego de México a la letra y el espíritu del Pacto, reiterándose al propio tiempo su oposición a colaborar con el Comité de No Intervención —al que no se citaba por su nombre— y a reconocer la beligerancia de los nacionalistas.21

Las reflexiones de Fabela llegaban en un momento oportuno. El 21 de agosto, el gobierno español solicitaba al Consejo de la Liga que la cuestión española fuera retomada por la XVIII Asamblea General de la Sociedad de Naciones, que debía iniciar sus sesiones el 13 de septiembre. El 30 de agosto, la Secretaría de Relaciones Exteriores envió un telegrama a Fabela notificándole la política a seguir en los casos de Etiopía y Palestina y comunicándole que, en lo que se refería a España, se aceptaban las sugerencias que el representante mexicano había realizado a Cárdenas en su carta del 27 de julio. Hay enco- mendaba al delegado permanente de México en Ginebra que no adoptase la iniciativa en el caso español y permaneciese a la expectativa de las gestiones del gobierno de Valencia, “consultándonos urgentemente toda [la] ayuda [que] pueda impartírsele ante [la] Liga”.22

La política mexicana hacia España fue reafirmada públicamente por el presidente Cárdenas en su mensaje anual al Congreso del 1 de septiembre. El presidente mexicano se refirió en su alocución a la nota enviada por México al secretario general de la Liga el 29 de marzo, “en la cual México definió su criterio respecto a la conveniencia de interpretar la neutralidad internacional en casos como el de España, conforme a los principios del Pacto Constitutivo de la Liga, estableciendo una distinción ente los gobiernos legítimos agre- didos, a los que debe proporcionárseles el apoyo a que tienen derecho, y los grupos agresores”.23

21 Fabela a Cárdenas, 18 y 27 de julio de 1937, en FABELA, Isidro y RODRÍGUEZ, Luis, op. cit., pp. 34-41.

22 Secretaría de Relaciones Exteriores a Fabela, 30 de agosto de 1937, en AHSREM, exp. III-4888-2.

Unos días antes de que tuviera lugar la apertura de las sesiones de la XVIIII Asamblea General de la Sociedad de Naciones, Cárdenas escribió personalmente a Fabela para matizar las instrucciones transmitidas el 30 de agosto por la Secretaría de Relaciones Exteriores. El presidente mexicano anunciaba a Fabela que había recibido informaciones de que el gobierno espa- ñol se disponía a presentar su caso ante la Asamblea de la Liga y le ordenaba que estuviera dispuesto para intervenir en apoyo de la solicitud española.24

Sin embargo, la inquietud de Cárdenas iba más allá de su indudable interés por ayudar a su aliado ibérico. Desde mediados de 1937 el gobierno mexicano había retomado su ofensiva para nacionalizar la actividad de las empresas petroleras extranjeras en el país. Esta situación potencialmente conflictiva hacía que Cárdenas estuviera especialmente interesado en que México apro- vechara la tribuna proporcionada por la Sociedad de Naciones para exponer de nueva cuenta ante el mundo los principios rectores de su política exterior. El presidente mexicano consideraba que la verdadera prioridad de la diplomacia mexicana en Ginebra venía dictada, más que por la cuestión española, por “la necesidad que México tiene de dejar sentado en forma pública un precedente contrario a toda intromisión indebida de los países fuertes en la existencia de las naciones débiles”. En este sentido, la defensa de la República española —como en menor medida la de Etiopía o la de China— constituía en realidad la base de la estrategia mexicana para encauzar sus propias relaciones con las grandes potencias anglosajonas en un contexto futuro de gran conflictividad.

No es extraño, por tanto, que Cárdenas desechara con delicadeza la suge- rencia de Fabela de permanecer a la expectativa si el gobierno de la República no tomaba la iniciativa e indicara sutilmente a su representante “la conve- niencia de que la delegación que preside tome la iniciativa en la Asamblea si España se abstiene de hacerlo”.25

Finalmente, Fabela no tuvo que tomar esa decisión. La delegación republica- na en Ginebra planteó desde un principio su caso ante el Consejo y la Asamblea de la Liga, en un último y desesperado intento para poner fin a la política de no intervención. El propio Negrín se desplazó a Ginebra, incorporándose a la de- legación republicana para participar directamente en los debates. En todo, caso el Consejo decidió no adoptar ninguna medida hasta que la cuestión española hubiera sido debatida por la Asamblea General de la Liga.

El debate en torno al caso español no tendría lugar hasta la XVIII Asam- blea General de la Sociedad de Naciones que había abierto sus sesiones el 14 de septiembre. El delegado mexicano pronunció su primer discurso el 20 de

24 CÁRDENAS, Lázaro: Epistolario de Lázaro Cárdenas. Siglo XXI, México, 1974, Vol. I, pp. 305-306.

ese mes. Fabela realizó una exhaustiva sistematización de la posición mexica- na hacia el caso español y, a partir de la misma, de los principios rectores de la política exterior del gobierno de Cárdenas en el que fue, probablemente, el mejor discurso de su carrera.26

La intervención de Fabela comenzaba denunciando en tonos extrema- damente sombríos la situación en Europa y en Extremo Oriente, donde dos miembros de la Liga —España y China— estaban envueltos en sendas guerras provocadas por la intervención de potencias extranjeras sin que la Sociedad de Naciones hubiera acudido en su ayuda. Tras referirse brevemente a China, Fabela pasaba a ocuparse del caso concreto de España. Don Isidro empezaba atacando “la política de sustraer a la jurisdicción de la Liga los problemas fun- damentales de la paz, tratando de ocultar la realidad por medio de ficciones”. La causa de este estado de cosas —declaraba el delegado mexicano— no era otra que la política de apaciguamiento seguida por las democracias europeas hacia la creciente agresividad de las potencias totalitarias.

En consonancia con la nota del 29 de marzo y con la intervención de Ne- grín ante el Consejo, la base de la argumentación de Fabela era sostener que el conflicto español constituía no tanto una guerra civil como una agresión exterior contra el gobierno legítimo republicano. Ello permitía a Fabela recla- mar la intervención de la Sociedad de Naciones en ayuda de las autoridades republicanas y la imposición de sanciones a Italia, Alemania y Portugal. Fabela señalaba como la política de contemporización franco-británica sólo había servido para incrementar el atrevimiento de los totalitarismos en un camino que conducía inexorablemente a la temida confrontación mundial, que se decía querer evitar. La situación anterior servía a Fabela para justificar la política seguida por México desde un principio hacia el caso español. El delegado mexicano expuso directamente ante la Asamblea de la Liga los fundamentos jurídicos de la posición mexicana, recogidos por la nota enviada

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