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La última crisis política del 2019 abrió el espacio social-político, antes dominado por la narración monopolizadora del partido de gobierno, a las contra narraciones que dejaron de lado los fundamentos de la democracia intercultural y cuestionaron (no siempre explícitamente) el Estado Plurinacional, reivindicando más bien la prevalencia de la democracia liberal, y de la Repú- blica como modelo del Estado. Si bien por el estilo muy perso- nalista y populista de ejercer el poder, y por el estrecho vínculo simbólico del expresidente con los sectores indígena originario campesinos, para buena parte de la sociedad boliviana el Estado Plurinacional está considerado un proyecto partidario y personal del primer mandatario, en su opinión los abusos del poder y la caída de Evo Morales conllevaron el desgaste y la deslegitima- ción de este modelo. Junto con el resurgimiento de la derecha conservadora en la escena y el replanteamiento discursivo, estos sucesos provocan la interrogación sobre el futuro de las auto- nomías indígenas como ejercicio de la libre determinación de las naciones y pueblos indígena originario campesinos (npioc), piedra angular de la plurinacionalidad y el elemento constitutivo del modelo estatal en vigencia.

* Sociólogo y antropólogo, PhD University of Liverpool. Investigador asociado del cides-umsa.

Ante este momento del posible reacomodo de fuerzas políticas y sus intereses, y por lo tanto de las narrativas sobre el Estado, la sociedad y la democracia, este capítulo propone reflexionar sobre las autonomías indígenas en Bolivia desde las ciencias sociales, y con las pretensiones más generales o universales que pueden ser de utilidad analítico-teórica en toda la región latinoamericana. La problemática de las autonomías indígenas como la encarnación formal-institucional de la libre determinación de las npioc en el seno del Estado, está aproximada desde la indivisible triada Estado-poder-sociedad. Ésta, a su vez, lleva a la cuestión de la contradicción o paradoja de la libre determinación en la condición del reconocimiento estatal, que limita su potencia emancipadora, aunque asegura el ejercicio formal de derechos territorial-políticos de los pueblos indígenas.

La caída de Evo Morales y la crisis del mas no significa nece-

sariamente el colapso de la narrativa plurinacional y por lo tanto de la agenda de las npioc y sus avances/andar hacia las autonomías, porque las razones de la crisis y de las movilizaciones sociales de 2019 eran diversas, sin una simbiosis del abanico de motivos. Algunos sectores movilizados no protestaron en contra de los principios del Estado Plurinacional sino más bien por la traición por el mas de sus principios, como la libre determinación de las

npioc, represión y persecución a las resistencias territoriales, imposición del extractivismo y del modelo de desarrollo por el estado central a las realidades comunitarias locales, devastación de la vida política orgánica por el “dedazo” antidemocrático y la cooptación de organizaciones indígenas matrices. Aunque el mas

supo mejor articular y canalizar las demandas de las npioc en el momento constitutivo del nuevo proyecto estatal (2005-2009), dadas sus dinámicas internas (prevalencias de influencia e intereses de los sectores campesinos e “interculturales” frente a los indígena originarios), además del problema central de “hacer revolución desde el Estado”, la agenda indígena terminó siendo distorsionada o degenerada, supeditada a los intereses de los grupos dominantes.

La cuestión central es “quién controla el proceso de cambio” y si realmente representa a los que dice que representa, o sea, es

la dificultad de la revolución desde arriba, desde el mismo Estado y su poder. En el proceso de cambio realizado desde arriba, usan- do el aparato estatal, el Estado puede ser tanto un instrumento como su mismo impedimento de la transformación profunda de las relaciones de poder, sirviendo tanto a la liberación de las es- tructuras de dominación como a su reproducción. Es un problema clave para entender el proceso de las autonomías indígenas y si se hayan vuelto fracaso o éxito. La lectura pesimista busca subrayar la falta de la realización plena de las premisas de la libre deter- minación en la forma de autonomías indígenas. Por otro lado, estas autonomías sí han cambiado sustancialmente las relaciones Estado-autogobiernos indígenas, aunque de manera condicionada y no sin costos para los últimos.

Por otro lado, la reflexión nos lleva a constatar que un cambio de calidad en cuanto a las relaciones Estado-npioc, en nuestro

caso a través de las autonomías indígenas, no es posible sin un respaldo del poder político o control del poder estatal, por parte de alguna fuerza política conductora. Esta constatación es aún más válida en un país como Bolivia –étnico-culturalmente muy diverso y con naciones y pueblos indígenas siendo gran porción de la sociedad, polarizada y dividida por intereses muy diferentes y opuestos– donde todas las transformaciones a largo plazo (por ejemplo, la Revolución Nacional) se realizaban bajo la conducta de una fuerza articuladora hegemónica. Por ejemplo, al notar que la crisis de 2019 ha reavivado el silenciado problema del racismo, prejuicios y resentimientos étnico-culturales, y que incluso ya antes la hibridación Estado-partido, Estado-Evo (y la instru- mentalización del sujeto indígena por el partido de gobierno) ha provocado reacciones resentidas contra la plurinacionalidad, se puede suponer que en la sociedad con la herencia colonial tan fuerte no sería posible introducir las autonomías indígenas sin primero llegar al poder estatal. Paradójicamente, aunque el poder estatal resulta limitante en cuanto a la potencia emancipadora de la libre determinación indígena, este poder igual es indispensable para garantizar esta libre determinación limitada y las autonomías indígenas formalmente reconocidas.

Esta reflexión lleva a la otra –por las limitaciones a los proyectos emancipatorios inherentes al poder estatal y sus es- tructuras, la búsqueda de la autonomía (a través del Estado en el caso boliviano) es una empresa interminable, un “imaginario práctico en permanente construcción” y el horizonte no tanto de la felicidad final sino de la esperanza constante. Un aparente fracaso en la búsqueda de la liberación definitiva no debe hacer a los movimientos sociales a renunciar de sus imaginarios utópicos, sino perseguir su renovación en los siguientes ciclos coyuntura- les. La caída del gobierno del mas y el fin de su monopolio de la

representación del “sujeto indígena”, aunque abren perspectivas inciertas sobre el proyecto plurinacional estatal, también reabren las posibilidades de replantear cuestiones como el alcance de las autonomías indígenas u otras propuestas para el problema de “qué hacer con el indio”.

Las autonomías indígenas como premisa descolonizadora

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