faz de Jesucristo.
a. «Porque Dios es el que dijo: “Que la luz resplandezca de las tinieblas”». La primera palabra, «porque», sirve de nexo con el versículo anterior (5). Pablo afirma que Dios dijo aquellas palabras: «Que la luz resplandezca de las tinieblas», pero en la Escritura no aparece ninguna cita exacta, excepto una referencia aproximada en cuanto al mandato creador de Dios: «¡Hágase la luz!» (Gn. 1:3). Dios disipa las tinieblas tanto en el acto de la creación como en el de la re-creación. Elimina las tinieblas en la dimensión física por medio de la creación del sol, y hace lo mismo con las tinieblas en la dimensión espiritual por medio de su Hijo no creado. Esta interpretación fue inicialmente propuesta en el siglo cuarto, por Crisóstomo, Padre de la iglesia, que vio en este pasaje un paralelismo entre la creación del mundo y la re- creación del pueblo de Dios. Él dice que formó la luz y creó las tinieblas (Is. 45:7), lo cual es evidente en la naturaleza y en la regeneración.
En el camino a Damasco, Pablo vio la luz celestial que destellaba a su alrededor, y que le causó una ceguera que le duró tres días (Hch. 9:3–9). Pero de aquellas tinieblas Dios hizo que brillara su luz en el corazón de Pablo, de modo que recibió la vista física y la espiritual. Escri-
be Seyoon Kim: «Junto con la experiencia luminosa real de Pablo, en el camino de Damasco, la idea tradicional de la conversión como paso de las tinieblas a la luz, puede que fuera lo que impulsara a Pablo a citar Génesis 1:3».21 Pablo reconocía el paralelismo entre la creación y la
re-creación, y entre la esfera material y la espiritual.
[p 165] Además, cuando Jesús lo llamó para que fuera apóstol, el Señor le dijo que se ocupara de que, tanto judíos como gentiles, se volvieran de las tinieblas a la luz (Hch. 26:17– 18).
b. «Dios ha brillado en nuestros corazones, para iluminarnos con el conocimiento de su gloria». Según el apóstol Juan testifica: «Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad» (1 Jn. 1:5). Por medio de Jesucristo, Dios permite que su luz brille en nuestros corazones, con el propósito de efectuar la regeneración. Pablo no dice que Dios infunda luz dentro de nuestros corazones, sino que nos ilumina en nuestro ser interior, de manera que nosotros (los
creyentes) podamos difundir la luz. Mientras que Satanás ciega la mente humana (v. 4), Dios ilumina el corazón, que es la fuente de la vida (Pr. 4:23). Satanás impide la iluminación; pero Dios es el que la ofrece.
En el versículo 4, la palabra iluminación ya ha aparecido anteriormente, con el mismo significado que tiene en este versículo: la difusión de la luz (véase 1 P. 2:9). Aquí Pablo aclara el concepto de la iluminación, afirmando que ésta viene a la persona por el conocimiento de la gloria de Dios (cf. Ef. 1:18). La enseñanza apostólica de la revelación de Dios en Cristo Jesús es la fuente de la luz. Recordemos las palabras del salmista: «Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero» (Sal. 119:105; véase v. 130 y Pr. 6:23). En un capítulo anterior, Pablo ha usado la expresión conocimiento, que es la proclamación del
evangelio de Cristo como un sabor de olor dulce y suave (2:14). Aquí el evangelio es la luz por la que los creyentes contemplan la gloria de Dios revelada en Jesucristo.
c. «En la faz de Jesucristo». Aunque algunos traductores prefieren la lectura en la
presencia de, la más adecuada es la versión literal. La frase compendia la discusión de Pablo sobre el resplandor de la gloria de Dios en el rostro de Moisés (3:7, 12), y la gloria del Señor que los creyentes ven y reflejan (3:18). Los israelitas le rogaron a Moisés que cubriera su cara, pues así no tendrían que contemplar su resplandor. Pero los creyentes, iluminados por el evangelio, ven la faz de Jesucristo y contemplan su gloria—«la gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»—(Jn. 1:14).
Palabras, frases y construcciones griegas en 4:1–6
Versículos 1–2
ἐγκακοῦμεν—«desanimamos». La diferencia de pronunciación entre este verbo y la lectura,
ἐκκακοῦμεν, es mínima y produjo una variante escritural. Aunque el significado de estos dos verbos es el mismo, preferimos la lectura primaria, ya que cuenta con el respaldo de los principales manuscritos griegos.
ἀπειπάμεθα—sólo aquí, en el Nuevo Testamento, esta forma media indirecta del verbo ἀπεῖπον sig- nifica que nosotros renunciamos a tales cosas por decisión propia.22 El aoristo es ingresivo.
[p 166] περιπατοῦντες—esta palabra significa «caminando», en el sentido de los pasos a seguir por la vida.
21 Kim, Origin of Paul’s Gospel, p. 8. Otros eruditos objetan el relacionar la conversión de Pablo con Gn.
1:3. Creen que Pablo aludía a la profecía de Isaías (9:2; 42:6, 16; 49:6, 9; 58:10; 60:1–2); véase, entre otros, Collange, Énigmes, p. 139. Las palabras que Pablo utilizó podrían tener su origen, incluso, en otros pasajes: Job 37:15; Sal. 18:28; 112:4. Pero persiste la evidencia de que, en el Antiguo Testamento no existe ningún pasaje que contenga una redacción exacta. Cf. Ralph P. Martin, II Corinthians, Word Biblical
Commentary 40 (Waco: Word, 1968), p. 80.
22 A. T. Robertson, A Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research (Nashville:
Versículos 3–4
κεκαλυμμένον—la construcción perifrástica (dos veces) con el verbo estar y el participio perfecto activo muestran la duración de un estado existente, en una frase condicional de un hecho simple.
ἐν τοῖς—la preposición con el pronombre en dativo expresa un dativo de desventaja, en el sentido de «a» o «para».23
τῶν ἀπίστων—dado que la frase en griego tiene algunos recovecos, es mejor interpretar esta expre- sión como sinónimo de «los que se pierden» (v. 3). El artículo determinado exige que el adjetivo se en- tienda como sustantivo: «los incrédulos».
εἰς τὸ μὴ αὐγάσαι—esta construcción expresa propósito: impedir que los incrédulos vean la luz del evangelio.24 El significado del infinitivo puede ser tanto «iluminar» como «ver», de modo similar a lo que
ocurre con el verbo κατοπτριζόμαι (3:18). Es preferible la traducción ver.
φωτισμόν—Pablo no usa la palabra φῶς (luz), sino más bien un sustantivo de acción que señala la iluminación.
Versículo 6
ὁ θεός—el verbo ser debe suplirse de modo que la frase participial ὁ εἰπών, y el pronombre relativo ὅς pueda tomarse en aposición las dos veces que ocurre: «Dios es el que dijo y el que … ».
λάμψει—«resplandecerá». Muchos traductores optan por el tiempo futuro debido a una mejor lectura de los manuscritos griegos. Otros adoptan la lectura subordinada de λάμψαι (que
resplandezca), la cual es análoga a «hágase la luz» (Gn. 1:3). El Texto Mayoritario y Merk (véase también la Vulgata), seguidos por numerosos traductores, han adoptado esta lectura.
ἔλαμψεν—se trata de un aoristo ingresivo. Al igual que el verbo precedente, es transitivo. El
complemento luz debe suplirse y colocarse en la frase preposicional πρὸς φωτισμὸν (para iluminación). De aquí que sea innecesario cambiar el pronombre relativo ὅς por ὅ (con φῶς como antecedente), para convertir el verbo en transitivo.25
ἐν προσώπῳ—esta frase puede entenderse figuradamente («en presencia de»), o literalmente («en la faz de»). Considerando el contexto de Moisés con rostro cubierto, parece que la sugerencia de un significado literal es la más legítima.26
Ἰησου Χριστοῦ—la evidencia sólida de los manuscrito apoya esta lectura; otros testimonios omiten la palabra Ἰησου; y el texto Occidental invierte el orden de ambos nombres. La lectura más breve, «Cristo», preferida por muchos traductores, no tiene el mismo apoyo textual que el que gozan los dos nombres.27
7 Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro, para que el poder extraordinario sea de Dios y no de
nosotros. 8 Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; desorientados, pero no [p 167]
totalmente desorientados; 9 perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no destruidos. 10
Dondequiera que vamos llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 11 Porque a nosotros, los que vivimos, siempre se nos entrega a la
muerte por causa de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 12 Así
que la muerte actúa en nosotros, pero la vida actúa en vosotros.
23 Friedrich Blass y Albert Debrunner, A Greek Grammar of the New Testament and Other Early Christian
Literature, trad. y rev. Robert Funk (Chicago: University of Chicago Press, 1961), #220.1.
24 C. F. D. Moule, An Idiom-Book of the New Testament Greek, 2ª ed. (Cambridge: Cambridge University
Press, 1960), p. 143 n 2.
Merk Edición de Agustinus Merk, Novum Testamentum Graece et Latine, 9a edición
25 Contra Héring (p. 31), que defiende la enmienda; pero la conjetura carece de pruebas en los manuscri-
tos.
26 Cf. Robert Hanna, A Grammatical Aid to the Greek New Testament (Grand Rapids: Baker, 1983), p. 320. 27 Véase Bruce M. Metzger, A Textual Commentary on the Greek New Testament, 2ª ed. (Stuttgart y Nueva
C. Las moradas terrenas y las celestiales 4:7–5:10
Esta porción de la epístola de Pablo introduce temas que difieren del contexto precedente y marcan un contraste entre el cuerpo y el alma; entre las aflicciones terrenales y la gloria celestial; y entre la mortalidad y la inmortalidad.
Pablo se dirige a la iglesia universal, incluyendo a los cristianos de Corinto. Escribe acerca de la naturaleza mortal de los seres humanos, que él coloca frente a la suficiencia de Dios. Destaca el poder vivificador de la resurrección del Señor Jesús, y señala que él nos
presentará a todos nosotros en la presencia de Dios. 1. Vasijas de barro
4:7–12
7. Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro, para que el poder extraordinario sea