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Partitioning Methods Implementation

5.2 Implementation of Language Constructs for Resilient Partitioning

5.2.3 Partitioning Methods Implementation

Dios.

¿Quiénes son los incrédulos que Pablo menciona? ¿Son los judíos que rechazan aceptar a Cristo como el Hijo de Dios? ¿O son los corintios que han oído el evangelio y no lo han queri- do aceptar? Dado que la gramática griega es poco oportuna en este versículo, creemos acertar cuando entendemos que [p 161] el vocablo incrédulos lo entendemos como sinónimo de «los que se pierden» (v. 3).13 Por tanto, este término es aplicable a cuantos rehusan reconocer a

10 Collange, Énigmes, p. 131; Alfred Plummer, A Critical and Exegetical Commentary on the Second Epistle

of St. Paul to the Corinthians, International Critical Commentary (1915; Edimburgo: Clark, 1975), p. 113.

11 Juan Calvino, The Second Epistle of Paul the Apostle to the Corinthians and the Epistles to Timothy, Titus

and Philemon, serie Comentarios de Calvino, trad. T. A. Small (Grand Rapids: Eerdmans, 1964), p. 53.

12 Hans-Christoph Hahn, NIDNTT, 1:464; Armin Kretzer, EDNT, 1:135–136.

13 Bauer traduce: «En su caso [los que perecen], el dios de este mundo ha cegado sus mentes incrédulas»

Jesucristo como el Hijo de Dios. Este vocablo aparece otra vez en 6:14, donde Pablo avisa a los creyentes que no se unan en yugo con los infieles. La fe es lo contrario a la incredulidad, por lo que ambas cosas jamás podrán coexistir armoniosamente.

Pablo llama a Satanás el dios de esta era, para no ponerlo al nivel de Dios; pero para mos- trarlo como el gobernador y regidor de este mundo.14 En los primeros siglos de la era cristia-

na, el gnosticismo proclamaba la doctrina que decía que Dios no era el creador del mundo y el que lo controla actualmente sino, más bien, un dios maligno. En oposición a esta enseñan- za, muchos teólogos despojaron a Satanás del título de dios para dárselo en exclusiva a Dios. Por eso, proponían la traducción: «A aquellos incrédulos de este siglo cuyas mentes Dios ha cegado».15 Pero el orden de las palabras en el griego original no permite esta versión. Dios no

desea la muerte de nadie, sino que desea que todos se arrepientan y vivan (Ez. 18:23, 32; 2 P. 3:9). Satanás es el adversario de Dios y su pueblo. En este mundo, ejerce la autoridad que le ha sido dada (Lc. 4:6).

Jesús llama a Satanás el príncipe de este mundo; pero Pablo lo llama «dios». En hebreo, el término plural elohim se traduce al singular, tanto «Dios» como «dios». Cuando los autores de la Escritura se refieren a un dios, lo hacen con ese vocablo, pero añadiéndole un genitivo calificativo; por ejemplo: «comenzaron a clamar cada uno a su dios» (Jon. 1:5; véase también Éx. 20:23; 2 R. 19:37). Cuando traducimos literalmente el texto hebreo del Salmo 8:5,

leemos: «Lo has hecho poco menor que Dios» (NASB). Pero la Septuaginta ofrece la versión: «un poco menor que los ángeles». Pablo, probablemente tiene en mente la expresión hebrea elohim, que traduce por dios y que aplica al ángel caído, Satanás.

Para engañar a la gente, Satanás es capaz de transformarse en ángel de luz (11:14). Con falsos milagros, señales y maravillas, emplea sus esquemas malignos para engañar a los que se pierden (2 Ts. 2:9). Está al acecho, cual león rugiente, buscando una presa a la que pueda devorar (1 P. 5:8). Y como el espíritu (dios) de esta era, tiene poder para cegar las mentes de los incrédulos. El contraste es sorprendente: los predicadores intentan disipar las tinieblas de este mundo [p 162] con la luz del evangelio de Cristo; Satanás azota con la ceguera a los in- crédulos, de modo que no puedan ver la luz del evangelio. Un velo cubre sus mentes, de for- ma muy parecida al caso de los israelitas, que no querían ver el rostro de Moisés reflejando la gloria de Dios, y como los judíos, que son incapaces de entender el mensaje de las Escrituras (3:13–15). Por el contrario, los cristianos emiten la luz del evangelio de Cristo y reflejan su gloria.16 Satanás no tiene poder sobre el creyente que permanece firme en la fe, pese a lo cual

también intenta engañarlo—si fuera posible (Mt. 24:24; Mr. 13:22). Los creyentes no sólo ven la gloria de Cristo, por la iluminación del evangelio, sino que reflejan la gloria de él en sus vidas diarias.

Pablo coloca tres genitivos después del sustantivo iluminación, a saber, «del evangelio», «de la gloria», «de Cristo». Cada genitivo explica y enfatiza el nombre que lo precede. De esa mane-

los). Véase Jean Héring, The Second Epistle of Saint Paul to the Corinthians, trad. A. W. Heathcote y P. J. Allcock (Londres: Epworth, 1967), p. 30.

14 Jn. 12:31; 14:30; 16:11; Ef. 2:2; 1 Jn. 4:4; 5:19. Rudolf Bultmann afirma que Pablo usa el lenguaje de

los gnósticos; pero que no llega a probar que el gnosticismo estaba muy extendido en Corinto, y que Pablo usaba la terminología gnóstica. Véase Theology of the New Testament, 2 vols., trad. K. Grobel (Londres: SCM, 1952–55), vol. I, pp. 170–172.

15 Consultar el estudio realizado por Norbert Brox, «“Non huius aevi deus” (Zu Tertullian, adv. Marc. V 11,

10) », ZNTW 59 (1968): 259–261.

16 Derk W. Oostendorp, Another Jesus: A Gospel of Jewish-Christian Superiority in II Corinthians (Kampen:

ra tenemos la siguiente secuencia: la iluminación que el evangelio emite proviene de la gloria de Cristo.17

La conclusión de este versículo es una declaración de hecho: «Cristo … es la imagen de Dios» (1 Co. 11:7, Col. 1:15; cf. Ro. 8:29; 2 Co. 3:18; Fil. 2:6; Heb. 1:3). El concepto imagen de Dios dirige nuestra atención al momento en que Dios creó al hombre a su imagen y semejan- za (Gn. 1:26–27). En este hecho, nos encontramos ante una relación paternofilial, que implica el parecido del uno con el otro. Mientras Adán porta la imagen de Dios sólo por analogía, Cristo es «la representación exacta de su ser» (Heb. 1:3). Asimismo, el Hijo de Dios refleja es- plendorosamente la gloria de Dios y, por eso, en su esencia, esparce la gloria del Padre.18 Por

medio de Jesucristo, la gloria del Padre se hace visible a todo ser de este mundo. (Jn. 1:14b; 14:9). Y esto es, exactamente, lo que Pablo demuestra en el siguiente contexto: «Dios ha bri- llado en nuestros corazones, para iluminarnos con el conocimiento de su gloria en la faz de Jesucristo» (v. 6).

¿Fue Pablo el autor de la frase la imagen de Dios? Muchos teólogos argumentan que esta línea formaba parte de una fórmula confesional, o de un himno que se cantaba cuando Pablo escribió su epístola.19 Esto da lugar a que nos preguntemos si Pablo podía haber sido el autor

de esta fórmula o himno.20 Queda por ver si la prueba es suficiente como para demostrar que

Pablo no es el autor. La investigación sobre este asunto excede el alcance de mi comentario. 5. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor; y a nosotros, como siervos vuestros por causa de Jesús.

a. Formato. Una vez mencionado el evangelio (v. 4), Pablo se ve obligado a explicar el contenido de su predicación. Con la palabra porque nos suministra [p 163] una elucidación del tema. En griego, la primera palabra, que siempre recibe el énfasis, es la partícula no, que niega el verbo predicamos. Nótese que la negativa está compensada por la adversativa sino, que introduce dos ideas: Jesucristo como Señor y nosotros como siervos. Cierto número de manuscritos griegos invierten el orden de las palabras Jesús y Cristo, como se evidencia en muchas versiones (p. ej., LBLA, BJ, BP).

Otra sugerencia es colocar el versículo 5 entre paréntesis y considerarlo como una interrupción en la exposición de Pablo; esto es, que el versículo 6 es el que va

inmediatamente detrás del 4 (véase Moffat). Pero esto difícilmente puede ser así si

consideramos que los versículos 5 y 6 son la conclusión de la sección (3:1–4:6), en la que Pablo se defiende y, con él, a su ministerio. Asimismo, el nítido mensaje del versículo 5 se explica en el versículo siguiente. b. Mensaje. ¿Cuál es el contenido de la predicación de Pablo? El apóstol ha declarado, en repetidas ocasiones, que él predicaba el mensaje del evangelio de Cristo crucificado (1 Co. 1:17, 23; 2:2; 12:2; 15:3–5). Él despreciaba el espíritu partidista que reinaba entre los corintios, porque no buscaba honor alguno para sí mismo (1 Co. 1:13; 3:4, 22–23). En

consecuencia, una vez más, con mucho énfasis, vuelve a decir que no se predica a sí mismo, ni que Pedro tampoco lo hacía, ni Apolos, ni cualquier otro apóstol o colaborador. De la misma manera en que Juan el Bautista señalaba a Jesús y decía: «Él debe crecer, yo

disminuir» (Jn. 3:30, BP), así Pablo declaraba categóricamente: «Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor». Implica, sin embargo, que sus adversarios hacen lo contrario con su tiránica conducta (10:12; 11:13–15, 20).

17 Cf. J. H. Moulton and Nigel A. Turner, A Grammar of the New Testament Greek (Edimburgo: Clark, 1963),

vol. 3, Syntax, p. 218.

18 Referirse a Herman Bavinck, Gereformeerde Dogmatiek, 4 vols. (Kampen: Kok, 1928), vol. 2, p. 241. 19 Véase, entre otros, Jacob Jervell, Imago Dei: Gn. 1,26f im Spätjudentum und in den paulinischen Briefen,

FRLANT 76 (Göttingen:Vandenhoeck und Ruprecht, 1960), pp. 198, 209, 214.

20 Kim, Origin of Paul’s Gospel, pp. 143–145.

Pablo presenta a Cristo como el Señor (Ro. 10:9; 1 Co. 12:3; Fil. 2:10–11), con lo que se deduce que tanto él como sus colaboradores son siervos de Cristo. Es evidente que el parale- lismo en este versículo es claro: Jesús es el Señor y los apóstoles son sus siervos. Pero Pablo va un poco más allá y dice que él y sus colaboradores son siervos de la iglesia de Corinto (1 Co. 3:5). Esto no quiere decir que exista una relación de trabajo (del tipo patrono-trabajador), entre los corintios y ellos. De ningún modo, ya que Pablo rehusa cualquier tipo de compensa- ción por sus servicios ministeriales (1 Co. 9:18). Pablo es un servidor de Cristo, que ha sido enviado para que ministre a las necesidades espirituales de aquella iglesia. Y, por tanto, sólo por amor a Cristo sirve a los hermanos de Corinto.

A veces, Pablo usa el nombre de Jesús sin calificativo alguno (Ro. 3:26; 1 Co. 12:3; 2 Co. 4:5, 11, 14; Fil. 2:11; 1 Ts. 1:10; 4:14). Cuando el nombre aparece solo, entonces habla del Jesús histórico. En este versículo, Pablo alude al ejemplo que Jesús ha dado como siervo (Jn. 13:15–17).

Consideraciones prácticas en 4:5

Frecuentemente, políticos, predicadores y gente del espectáculo demuestran la capacidad que tienen para hablar en público. Muchos políticos pronuncian sus discursos con gran habilidad oratoria en los salones de la política. Dotados predicadores, de igual manera, muestran su capacidad para hablar ante su congregación en los cultos dominicales. Y la gente del espectáculo son verdaderos maestros en el arte de agradar a la multitud.

[p 164] No todos los políticos son conocidos como hombres de estado, pues algunos legisladores exhiben una oratoria tan apasionante que llegan, nada menos, que a no decir más que palabras vacías. No todo el que habla bien es un predicador, pues muchos de ellos exhiben su elocuencia en el púlpito; pero no la Palabra de Dios. Se predican a sí mismos, en vez de al Señor Jesucristo. Como tales oradores, se han convertido en gente del espectáculo que le dice a quienes los oyen lo que «la comezón de sus oídos quiere oír» (2 Ti. 4:3). Pero estos oradores no están investidos de la autoridad de las Escrituras, porque nunca dicen con claridad: «Esto es lo que la Biblia dice».

Si los predicadores quieren hablar con autoridad, deben estar llenos del Espíritu de Dios y escuchar muy de cerca su Palabra. Deben estar plenamente conscientes del hecho de que son representantes del Señor. No sólo deben conocer la Palabra, sino que también deben exponerla con convicción y vivirla. Por último, para ser eficaz en el púlpito, deben enseñar a la gente el lenguaje de la Biblia, de manera que todos se familiaricen totalmente con su contenido (Jer. 31:34; Heb. 8:11). En los días de la Reforma, la gente obtenía respuesta a numerosos problemas con sólo hacer una pregunta: «¿Qué dicen las Escrituras?» (cf. Hch. 7:11).

6. Porque Dios es el que dijo: «Que la luz resplandezca de las tinieblas». Dios ha

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