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Chapter 3: Methodology and methods

3.6 Approach to data analysis

4.2.1 External construction of the role

«Sentí antes de pensar; es el común destino de los humanos. Yo lo expe­ rimenté más que ningún otro; no sé cómo aprendí a leer; solo recuerdo mis primeras lecturas y su efecto sobre mí. Mi madre me había dejado unas novelas. Mi padre y yo nos pusimos a leerlas después de la cena Al principio solo se trataba de ejercitarm e en la lectura con libros entre­ tenidos; pero pronto se volvió tan vivo el interés que leíamos alternati­ vamente sin tregua y pasábamos las noches en esa ocupación, solo al terminar el libro podíamos dejarlo. Con tan peligroso método, en poco tiem po adquirí no solo una extrema facilidad para leer y hacerme escu­ char, sino también una comprensión única, a mi edad, de las pasiones. No tenía aún idea de las cosas, cuando ya me eran conocidos todos los sentimientos. No había pensado nada y lo había sentido todo.*

Jean-Jacques Rousseau, Confesiones.

En esa invención de un lenguaje propio reside la verdadera y ori­ ginal exaltación rousseauniana del sentim iento. Como dice justo al comienzo de sus Confesiones: «Sentí antes de pensar; es el com ún destino de los hum anos. Yo lo experim enté más que ningún otro». Rousseau asegura no recordar cómo aprendió a leer, pero sí que de muy niño pasó noches enteras leyendo con su padre las novelas que había dejado su madre. «En poco tiem po adquirí no solo un a extre­ ma facilidad para leer y hacerm e escuchar, sino tam bién u na com ­ prensión única, a mi edad, de las pasiones. No ten ía aún idea de las cosas, cuando ya me eran conocidos todos los sentim ientos. 3Vo

había pensado nada y lo había sentido todo. Esas confusas em ocio­

nes que experim entaba una tras o tra no alteraron la razón que aún no tenía, pero conform aron una de tem ple distinto.» Reconociendo la dificultad im plícita en «decir lo que no ha sido dicho, ni hecho,

'Rousseau no

ni tan siquiera pensado, sino degustado y sentido», Rousseau cree tener a su disposición algo m ejor que cualquier docum ento para n a ­ rrar su vida. Cree disponer de «una guía fiel con la que poder con­ tar, y es la cadena de sentimientos que han marcado la sucesión de

mi existencia, y por ellos la de los acontecim ientos que han sido su

causa o efecto». Los hechos no son sino deducciones de lo que nos habrían hecho sentir y, a su vez, nuestras acciones podrían dedu­ cirse como simples corolarios de lo que sentim os en un m om ento dado. «No puedo equivocarm e sobre lo que he sentido, ni sobre lo que mis sentim ientos me han llevado a hacer», sentencia Rousseau al comienzo del libro VII de las Confesiones.

Rousseau decide no suscribir el «pienso, luego existo» popula­ rizado por René D escartes y opta por traducirlo a la formulación «siento, luego existo», siendo así que su sentir se halla estrecha­ m ente vinculado a la ensoñación, com o refleja el propio título de

Zas ensoñaciones del paseante solitario. «A veces he pensado con

b astan te profundidad -leem o s al com ienzo del séptim o p a se o - m as raram ente con placer, casi siem pre contra mi gusto y com o a la fuer­ za: la ensoñación me relaja y me divierte, la reflexión me fatiga y entristece; pensar fue siem pre para m í una ocupación penosa y sin encanto. De vez en cuando mis ensoñaciones culm inan en una m e­ ditación, pero m ucho m ás a m enudo mis m editaciones acaban en la ensoñación, y du ran te esos extravíos mi alma vaga y planea sobre el universo en alas de la im aginación con un éxtasis que supera cual­ quier otro goce.» Es curiosa la relación establecida entre sus m edita­ ciones y sus ensoñaciones. Parece que solo podía pensar dejándose llevar por una determ inada ensoñación y que sus reflexiones nunca podían desvincularse de lo im aginado por una u otra ensoñación, al margen del orden de su com parecencia. Pienso com o siento, nos viene a decir. Ahora bien, la prodigiosa elocuencia de Rousseau, aun

V el sentimiento a la voluntad general 51

cuando sea dictada por arrebatos de inspiración donde prevalece una vertiente sentim ental, no era en absoluto espontánea. Él mismo relata en sus Confesiones cuánto le costaba escribir cualquier cosa, como luego veremos. ¿Acaso estam os ante o tra paradoja m ás del m aestro indiscutible de las paradojas? Todo proviene del sentim ien­ to, incluyendo sus m editaciones y sus escritos, sin embargo, estos necesitan ser revisados una y otra vez en un proceso en que las em o­ ciones quedan tam izadas por la razón, a pesar de lo cual se consigue transm itir a los lectores la em oción primigenia.

Comoquiera que sea, lo cierto es que, según señala Cassirer en 'El

problema Jean-Jacques Rousseau, «a las fuerzas del entendim iento

reflexivo sobre las que descansa la cultura del siglo xvm, Rousseau contrapone la fuerza del sentim iento; frente al poder de la razón contem plativa y analítica, Rousseau será quien descubra la pasión y su elem ental im petuosidad originaria». De ahí el propio títu lo de la obra que Rousseau se propuso escribir y que no llegó a hacerlo nu n ­ ca: La moral sensitiva, o el m aterialismo del sabio. Este tratad o ético se habría basado en sus propias observaciones, que le habían hecho ver cóm o la mayoría de los hom bres, en el transcurso de su vida, parecen transform arse y trocarse en hom bres diferentes. Su in te n ­ ción era indagar las causas de tales variaciones y atenerse a las que dependen de nosotros, a fin de m odificar los deseos en sus orígenes. La idea directriz era estudiar todo cuanto condiciona nuestra pecu­ liar m aquinaria para «gobernar en su origen aquellos sentim ientos por los que nos dejam os dom inar», escribe en el libro IX de las Con­

fesiones. Lo único que llegó a escribir sobre este particular fueron

sus epístolas a Sofía D’H oudetot, que se conocen bajo el nom bre de

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