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Extract from interview transcript with Lily, lines 1-

Las primeras descripciones de la hemofilia están escritas en los papiros egipcios y en el libro antiguo sagrado de los judíos, conocido como el Talmud babilonio, que data del siglo V después de cristo (d.c) (9). En este libro viene recogida la no obligación de realizar una circuncisión al tercer hijo de una mujer de la que hubieran fallecido sus dos primeros hijos varones tras la realización de dicho procedimiento.

El médico hebreo Moisés Maimónides, en el siglo XII, descubrió que si los niños tenían hemofilia eran las madres las que la transmitían, por lo que aplicó una nueva ley, si una madre tenía hijos con este problema de sangrado y ella se volvía a casar, ninguno de sus nuevos descendientes varones deberían ser circuncidados. Este hecho fue un reconocimiento temprano de la naturaleza hereditaria de la enfermedad (10,11).

Los comienzos del siglo XIX se caracterizaron por un gran interés por esta enfermedad. Es aquí cuando se escriben las grandes revisiones monográficas sobre la hemofilia, especialmente referentes a su transmisión hereditaria y su sintomatología clínica.

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El americano John Conrad Otto, en 1803, describió por primera vez la enfermedad señalando que, eran las mujeres las responsables de transmitir la enfermedad a una proporción de sus hijos varones (12).

Esta alteración de la coagulación de la sangre recibió diferentes nombres a lo largo de la historia. Friedrich Hopff en 1828, denominó por primera vez a esta enfermedad con el término actual de Hemofilia. Este término proviene del griego y significa amor por la sangre; “Hemofilia”, del griego “hemo” (sangre) y “philia” (amor) (13,14).

A lo largo de los años, la hemofilia ha sido relacionada con la realeza, ya que la padecieron diversos miembros de la nobleza europea (12). Esto se debe a que el gen de la hemofilia fue transmitido de la Reina Victoria, a las familias regentes de España, Alemania y Rusia. De sus hijos, un varón llamado Leopoldo heredó la hemofilia, y dos hijas, Alicia y Beatriz, fueron portadoras de la enfermedad. La Reina Victoria no tenía antepasados con este trastorno, por lo que constituyó un ejemplo de que la hemofilia podía aparecer por una nueva mutación, sin antecedentes familiares.

La hija de Beatriz se casó con un miembro de la familia real española, y fue la responsable de transmitir el gen de la hemofilia al varón heredero del trono de España. Durante el siglo XIX y principios del siglo XX se definía a la hemofilia como una enfermedad congénita, hereditaria, transmitida por las mujeres y padecida por los varones, con tendencia acentuada a las hemorragias cutáneas y en mucosas, espontáneas o por leves e insignificantes lesiones traumáticas.La enfermedad se incluyó dentro del grupo de las hemodistrofias endócrinas, pensando en que su origen estaba en la fragilidad de los endotelios vasculares (14).

En 1840, resultó eficaz la transfusión de sangre total, como tratamiento de un episodio hemorrágico en un paciente con hemofilia A. En 1893, Wright descubrió que la sangre extraída de los pacientes con hemofilia tenía una deficiencia en la coagulación comparada con la sangre normal. Posteriormente, en 1911, Addis llegó a la conclusión de que en la sangre de los pacientes con hemofilia había un retraso en la formación de trombina y que la anomalía del proceso de coagulación se podía corregir si se agregaba un preparado conteniendo sangre de un paciente sano (14).

En el año 1937 Patek y Taylor purificaron una parte del plasma de personas sanas que corregía el defecto de coagulación de los pacientes hemofílicos. Nació entonces lo que ellos llamaron “globulina” que más tarde denominaron, “globulina antihemofílica humana”(15). El Dr. Pavlovsky en 1944 logró la diferenciación de los dos tipos de hemofilia A y B.

A partir de ese momento se incrementaron los estudios dirigidos a establecer la causa de la hemofilia, aunque no fue hasta 1962 cuando se dio el nombre de factor VIII a aquella globulina antihemofílica humana. Este hecho marcó un antes y un después en la historia médica y clínica de los pacientes que padecían este trastorno de la coagulación. A partir de este descubrimiento, comienza a clarificarse la causa de la hemofilia y desarrollarse un tratamiento efectivo para la misma.

1.3.2. DEFINICIÓN

La hemofilia es una de las principales diátesis hemorrágicas congénitas. La enfermedad se produce como consecuencia del déficit o defecto funcional congénito de la actividad coagulante del FVIII en la hemofilia A o clásica, y del FIX en la hemofilia B o enfermedad de Christmas (2,16,17).

El FVIII es una glucoproteína plasmática compleja de 2351 aminoácidos que se sintetiza principalmente en los hepatocitos, aunque el riñón, las células endoteliales sinusoidales y los tejidos linfáticos también pueden sintetizar pequeñas cantidades de factor VIII (18,19). El FVIII es uno de los factores de coagulación más grandes y menos estables, que circula en plasma formando un complejo no covalente con el FvW. El FvW protege al FVIII de la degradación proteolítica prematura y lo concentra en sitios de lesión vascular. La vida media del FVIII es de unas 8-12 horas (20).

El FIX es una serina proteasa de 415 aminoácidos sintetizada en el hígado y dependiente de la vitamina K. La concentración plasmática del FIX es aproximadamente 50 veces la del FVIII, y tiene una semivida mayor, de aproximadamente 24 horas (21).

Los factores VIII y IX de la coagulación son claves en el proceso hemostático a través de la generación adecuada de trombina. Después de la lesión vascular, la activación del complejo del FT y el FVII median la generación del FXa. Esta producción debe ser amplificada por el factor IX y el factor VIII para permitir que la coagulación progrese hasta su terminación.

En condiciones normales, el FVIII circula en el plasma de forma inactiva unido fuertemente a su transportador, el FvW. La activación del FVIII se produce fundamentalmente por la acción proteolítica de la trombina, otros activadores menos potentes son el FXa y el FIXa. Una vez que se genera el FVIIIa, éste se libera del FvW y se une tanto a los FL de la membrana de las plaquetas activadas, como al FIXa.

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El complejo FVIIIa/FIXa se une a su sustrato, el FX, integrando el complejo tenasa, que, a su vez, conduce a la activación del FX (22). Por ello, el déficit o ausencia de FVIII o FIX producirá un sangrado ya que la amplificación y consolidación de la generación de factor Xa será insuficiente para mantener la hemostasia (23).

Los pacientes con hemofilia A y B van a presentar episodios de sangrado debido al fracaso de la hemostasia secundaria o coagulación. La hemostasia primaria responsable de la formación del tapón plaquetario es normal en la hemofilia, sin embargo, la estabilización del mismo es defectuosa por la generación de cantidades inadecuadas de trombina.