4.2 Synthetic Dataset
5.1.1 Facial Expression Analysis
La infancia es el solo país/ como una lluvia primera de la que nunca, enteramente,/ nos secamos
Juan José Saer
Pequeños combatientes publicada en 2013 profundiza la mirada en una reconstrucción memoriosa de la infancia durante la dictadura argentina. Gira en torno a la experiencia infantil de dos hermanos cuyos padres, militantes montoneros, son secuestrados mientras los niños duermen. El traslado a la casa de sus tíos donde convivirán también con sus abuelas, inaugura en la vida de los pequeños un tiempo atravesado por la esperanza y la espera del retorno de los padres. Mientras este tiempo transcurre, la hermana mayor oficiará de líder en los entrenamientos para la resistencia del grupo secreto que forma junto con su hermano.
Un aspecto que resulta destacable de este texto en el conjunto de las novelas que abordan diversas perspectivas de los hijos, es la construcción del grado de conciencia de los niños con relación a los acontecimientos políticos: los peligros, la violencia, la necesidad de la organización y la resistencia. Estos hijos proyectan a través de sus juegos y aventuras infantiles un modo de funcionamiento familiar al modo de una célula política que pasará a la clandestinidad cuando se muden con los tíos y abuelas. En este sentido, los saberes que poseen estos hijos durante la infancia en dictadura en torno a la situación política nacional y específicamente familiar revelan una gramática filial donde los hijos de los revolucionarios no se encuentran al margen de la formación ideológica del grupo de pertenencia. De esta manera, los hijos de
padres combatientes devienen por legado en pequeños combatientes; lejos de mantenerse ajenos a las prácticas político-ideológicas de sus progenitores incor- poran los valores transmitidos por ellos y los reproducen en sus juegos. Así, el hermano de la narradora en el jardín de infantes crea el Ejército Infantil de Resistencia:
Eran un grupo pequeño pero fuerte. Mi hermano era el Comandante, por supuesto –siempre tuvimos pasta de líderes los dos, no por nada teníamos la mejor educación política de todos los niños de nuestra área– y habían pensado una estrategia defensiva para cuando fuéramos atacados por el Enemigo. Como digo, no todos los niños han sido tan bien educados como nosotros, y uno del grupo le contó a sus padres con orgullo su nuevo “juego”. (15)
El impacto de esta dinámica lúdico-política en el contexto dictatorial inquieta a los adultos del entorno de los hermanos y estos elaboran la conciencia de ser “tan diferentes” (51). Sobre cada signo que visibiliza la militancia de los niños se cierne la amenaza de psicólogas, trabajadoras sociales, orfanatos, el temor de los tíos y las abuelas. Amenazas y miedos por medio de las que el texto captura las reacciones afectivas del entorno dictatorial.
Una invariante en el relato de la protagonista –que como hermana mayor debe continuar el legado familiar– es el orgullo de pertenecer al bando revolucionario. En este sentido, el referente histórico que se recupera en algunos tramos de su relato, como memoria conectiva, es la gesta del gueto de Varsovia donde los niños fueron protagonistas del Levantamiento. La narradora expresa: “La imagen de esos niños cargados de armas, arriesgando su vida en mitad de la noche, me llenaba de orgullo y de envidia. Qué no hubiera dado yo por ser útil en el Proceso Revolucionario, en lugar de estar masticando paciencia, esperando que se aclarara qué era lo que tenía que hacer” (22). Es destacable la efectividad de este relato heroico en la construcción identitaria de la narradora y la identificación con las víctimas infantiles del nazismo, no en tanto que víctimas sino en su reivindicación como niños combatientes, como revolucionarios.
La novela elabora diversas experiencias de estos hijos de desaparecidos
en las tramas familiares en donde tienen lugar las disputas y reclamos a las decisiones de los padres de los protagonistas, así como en los diferentes ámbitos de sociabilidad por los que los niños circulan –la familia, el barrio, la escuela, el club. En la cotidianidad de los hermanos, el juego y los juguetes asumirán diversas funciones y darán cuenta del modo que ellos tienen de vivir-interpretar el mundo que los rodea en función de los valores heredados en el núcleo familiar.
Aparte del juego como entrenamiento en la resistencia, la hermana sabe por su padre que jugar incentiva la actividad neuronal; por ello, ante la ausencia de juegos didácticos y juguetes en la casa de sus tíos se desplaza junto con su hermano a la de los vecinos para aprovechar al máximo los de ellos. La idea de disciplina y la actitud metódica del entrenamiento ideológico en el seno familiar se traslada también al plano del juego:
Ya en la casa de los niños vecinos éramos un éxito. Jugábamos con método con todos los juguetes que hubiera disponibles, sin nunca hacer enojar a los dueños de casa (….). Cuando habíamos usado todos los juguetes, yo leía en voz alta los cuentos que encontraba y al final me daba maña para que pusieran los discos infantiles. (44- 45)
En otro tramo el juego aparece como creación vinculado al avance de la ciencia; la protagonista comenzará por descubrir perfumes como una puerta de entrada al mundo de la invención; nuevamente en este caso lo que la impulsa a realizar un descubrimiento es el modelo de los científicos destacados de la Unión Soviética: “En la Unión Soviética había muchísimos científicos y los yanquis se morían de envidia por eso. El Imperialismo Yanqui era nuestro principal enemigo” (55). De esta manera, el juego como experiencia creativa se encuentra permeado por la conciencia de pertenecer a un bando –el revolucionario– y, hallando su modelo en la Unión Soviética, está motivado por el asedio del Enemigo.
Otra modulación que puede distinguirse en torno de este eje es aquel en que juegos y juguetes aparecen como medios de aprendizaje y de socialización entre los niños, como instancias que borran toda diferencia entre ellos de manera opuesta a la concepción del juguete como fetiche o reliquia, es decir, como objeto
de colección. Esta oposición en la novela se canaliza a través del vínculo con los juguetes de la narradora y de una prima tucumana que acumula muñecas con las que no juega, sino que las convierte en objetos de contemplación. Esta diferencia que se construye a través de la concepción de los juguetes en el mundo infantil proyecta dos horizontes ideológicos en disputa: el de la burguesía y el de los revolucionarios. Cuando las primas deben decidir entre fiesta o regalo para sus respectivos cumpleaños, la narradora preferirá la fiesta para compartir alfajores de maicena, limonada y juegos con los vecinos de la cuadra; en cambio, la prima optará por regalos con los que luego no podrá jugar. El entrenamiento ideológico de la protagonista se inscribe también en el cuestionamiento que, desde el juguete entendido como fetiche, realiza a la idea de posesiones materiales y propiedad privada:
Yo le quise explicar [a la prima] que las posesiones materiales eran un peso innecesario y además no tenían sentido si no podían tenerlas todos, pero ella estaba muy atrás en su nivel de conciencia: “Si todos tuvieran una muñeca como la mía, mi muñeca no sería especial”. Traté de hacerle entender, pero no hubo caso. “No se trata de que todos tengan la misma muñeca que vos, sino de que todos puedan tenerla”, le dije. “Es lo mismo”, me contestó, y siguió mirando su muñeca con ojos de enamorada. (117)27
Dentro del mismo registro de solidaridad, desprendimiento y generosidad, los hermanos tendrán la intención de deshacerse de sus juguetes más preciados para rifarlos y, de ese modo, reunir dinero para enviar comestibles a los soldados durante la Guerra de Malvinas.
Otra variante de ludismo en el mundo infantil durante la dictadura articula el registro de lo siniestro donde, por ejemplo, saludar a un avión codifica los denominados “vuelos de la muerte”, destino final de muchos desaparecidos en Argentina: “Mi hermano estaba muy entusiasmado con el asunto del avión. Yo
27 Como advertimos también a propósito de Soy un bravo piloto…de Ernesto Semán, a través de las dinámicas de los juegos infantiles y
la concepción de pertenencia de los juguetes se educa a los niños con una visión crítica en torno a la noción de propiedad privada. Este aspecto puede ser contrastado en ambas ficciones pues mientras en la novela de Semán esta idea es puesta en cuestión a través del reclamo que el hijo realiza al padre trazando una diferenciación entre lo político-público y lo familiar-privado, en el texto de Robles se advierte el consentimiento y la incorporación de este mandato paterno.
esperaba que fuera por lo de estar encima de las nubes y no porque se acordara de cuando en la casa de los vecinos de al lado, las chicas nos hacían mirar para arriba y saludar a mis padres cada vez que pasaba un avión” (132).
Como advertimos, los gestos lúdicos, las concepciones de los juegos y los juguetes en la infancia de los hermanos protagonistas se encuentran determinados por el contexto histórico-político y por la visión de mundo con que fueron criados. Alejados de la idea del juego como evasión o del juguete como objeto fetiche, los principales momentos de la novela referidos a este eje proyectan modos de interpretación del entorno desde la perspectiva infantil de hijos de militantes.
En “La enseñanza de lo semejante” (1998), Walter Benjamin señala que la facultad mimética, una de las más altas funciones humanas, tiene en el juego su escuela:
En efecto, los juegos infantiles están repletos de actitudes miméticas sin que estas se reduzcan a las imitaciones que un hombre hace de otro. El niño juega a ser comerciante o maestro, pero también molino de viento o tren. La pregunta que se impone es: ¿de qué le sirve este adiestramiento del comportamiento mimético? (85)
Benjamin advierte que las actitudes miméticas no se reducen a una copia, a una identificación calco con lo imitado. ¿A qué apunta en esta novela el adiestramiento de los niños que implica el jugar a ser “pequeños combatientes”?, ¿se trata de una mímesis a menor escala de la militancia de los padres? En otras palabras, ¿qué política de la infancia en dictadura se desprende de los juegos miméticos de los niños con relación a los vínculos paterno-filiales teniendo en cuenta, como señala Benjamin, que las actitudes miméticas no se reducen a una
identificación stricto sensu con lo imitado? Si bien la idea de “juego” es puesta
en cuestión por la narradora con relación al entrenamiento que con su hermano llevan adelante, es posible considerar con Huizinga (1938) que no existe nada más serio que el juego. Así, cuando el hermano pone en peligro la causa revolucionaria, la hermana le explicará que no debe ser “inorgánico, que hasta que volvieran nuestros padres la Comandante era yo y que era muy
antirrevolucionario no acatar órdenes de nuestros líderes” (15-16), recordándole de esta manera las reglas que rigen el juego.
Por medio de la réplica de los mandatos paternos, a través de los juegos estos hijos de militantes secuestrados retienen el legado de los padres, resisten su olvido y luchan en un “mientras tanto” –momento de la espera del retorno– que se convertirá, como la narradora entiende casi al final del relato, en un “para siempre”. En el proceso de comprensión de los niños que va del “mientras tanto” al “para siempre” las modulaciones del juego operan como mediaciones clave para tramitar subjetivamente una pérdida que, como sabe la protagonista, es peor que Lo Peor, es decir, peor que la muerte: la desaparición.
El planteo de esta novela, explicitado al final, es la continuidad del orden de las generaciones, de los vínculos paterno-filiales. A diferencia de otros textos del corpus, desde la perspectiva de estos protagonistas no existe inter- pelación ni tensión en torno a las decisiones paternas sino una apuesta a continuar su legado; seguir la Revolución como respuesta para saldar la propia pérdida y como única opción posible: “hacer la Revolución nos iba a hacer bien. De todos modos, qué otra cosa podíamos hacer” (152). En tal sentido, desde la perspectiva de esta hija se proyecta una retórica reivindicativa de los padres como sujetos políticos, como combatientes y de los hijos como continuadores de la herencia recibida.