Chapter 4 FAST AND SLOW PYROLYSIS OF BIOMASS
4.2 Fast and slow pyrolysis of biomass at 850 °C
Es evidente el incremento de la población, cuyo fenómeno se pre- senta en casi todas las latitudes geográficas y sólo en forma excepcio- nal algunos países detienen el aumento de su densidad demográfica. Lo an terior obliga a un incremento de la administración pública. En
efecto, el crecimiento de la población exige el de la actividad adminis- trativa del Estado, mediante la creación de servicios públicos y tareas específicas de administración que requiere una sociedad que aumenta en el número de sus miembros. Por lo tanto, el órgano ejecutivo con sus tradicionales órganos subordinados se ven en la necesidad de au-
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men tar para llevar a cabo en forma adecuada y eficiente la administra- ción pública centralizada.
En algunas etapas de la historia se ha considerado que la adminis- tración pública tradicional, realizada por los órganos centralizados, no cumple plenamente con los requerimientos sociales, por lo cual se han vuelto las miradas y las inquietudes a otras formas de administración, que le complementan, como la administración pública paraestatal.
Este criterio de la administración pública paraestatal consiguió en México su marco constitucional a través de la reforma del artículo 90 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, habiéndose publicadoelDecreto correspondiente que la contiene y que es el texto actualmente en vigor, el día 21 de abril de 1981 en el Diario Oficial de la Federación.
La administración pública federal paraestatal como ya se mencio- nó está contenida en el artículo 3º de la Ley Orgánica de la Adminis- tración Pública Federal que estipula: "El Poder Ejecutivo de la Unión se en los términos de las disposiciones legales correspondientes, de las siguientes entidades de la administración pública paraestatal".
"1.Organismos descentralizados.
11. Empresas de participación estatal, instituciones nacionales de crédito, organizaciones auxiliares nacionales de crédito, e instituciones naciona- les de seguros de fianzas, y
111. Fideicomisos".
Debe tomarse en consideración que las formas de la administra- ción pública federal paraestatal citadas en la fracción II del artículo 3º transcrito han desaparecido, pues dichas actividades caen ahora en la esfera de la adm inistración privada, en virtud de las reformas constitu- cionales que se han formulado, tales como el párrafo V del artículo 28 constitucional y que se refería al servicio público de banca, y que me- diante la supresión de dicho párrafo llevada a cabo como ya se expuso por decreto publicado el 27 de junio de 1990, y por otras leyes del mismo rango y sus reglamentarias.
Los organismos descentralizados en cambio, cuya existencia tipifi- ca la doctrina general siguen vigentes, aunque es preciso mencionar que en el caso de México muchos de estos organismos fueron vendi- dos, pasando a la iniciativa privada, o bien desapareciendo por haber cumplido con su destino, o por haber fracasado.
Lo evidente es que en México el incremento y complejidad de las formas de la administración pública federal paraestatal se presentó en forma avasalladora, de tal manera que los titulares de los ejecutivos que las aplicó, con el entusiasmo los asesores que las motivaron, llegaron a pensar y a expresar que era la panacea y la solución de mu- chos problemas, enfatizando con orgullo que la complejidad y creci- miento formas de la administración pública representaban la
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reforma administrativa, que por otra parte significó en su momento, el
de mayor aumen to del gasto público de la administración pública fe- deral de casi un 50%, en el que los órganos tradicionales de la admi- nistración pública centralizada, incluyendo la desconcentrada como parte de la misma, gastaban aproximadamente cincuenta centavos del presupuesto, el gasto público de la administración pública federal pa- raestatal era de cerca del otro 50%. Es cierto, que la administración pública federal paraestatal creó en su momento una cantidad impor- tante de empleos, de los cuales todavía existen en las paraestatales que conserva la administración pública federal.
En la concepción del Estado liberal, especialmente en el liberalis- mo clásico, la presencia del Estado personificaba el Estado gendarme, es
decir, al Estado policía, cuya actividad estaba enmarcada en el principio
de los fisiócratas "dejar hacer, dejar pasar", respondiendo con ello a la idea de que el Estado, en el capitalismo, se limitaba a observar el desa- rrollo del proceso económico, pues toda la actividad inheren te a éste correspondía a los particulares, en tanto que el Estado se limitaba a llevar a cabo sus atribuciones relacionadas con el fomento, limitación y vigilancia de las actividades de los particulares. El Estado planifica- dor representa un aspecto diferente del Estado policía, pues tiene el encargo de planificar la economía nacional y a él corresponde planear, conducir, coordinar y llevar a cabo la actividad económica nacional y la regulación y fomento de las actividades que demanda el interés ge- neral, teniendo como fundamento un sistema de planeación demo- crática, etc. El Estado planificador se presenta como ya ha quedado afir- mado en el Estado intervencionista o de economía mixta, como lo es el mexicano y en el Estado totalitario, en cuya estructura y comporta- miento tuvo su origen.
En la actualidad no es posible ni conveniente hablar de un Estado policía que excluya a la planificación, pues ésta se presenta no sola- mente en los Estados intervencionistas y totalitarios, sino también en los de corte liberal que la aplican con éxito y sin ninguna cortapisa, sabedores que la planeación o planificación es una condicjón indis- pensable, inherente a una marcha adecuada de la administración y no sólo de la administración pública, sino también de la administración privada que la aplica exitosamente, lo que significa que la antinomia que antes existía entre el Estado policía y el Estado planificador, en la realidad política y administrativa de nuestro tiempo se presenta sola- mente en algunas esferas de su actividad.
Es indudable que el mundo de nuestro tiempo pretende alejarse en muchos aspectos de los extremos que han resultado nocivos para la sociedad, por lo cual el Estado liberal, denominación sociológica polí- tica del Estado capitalista ya no se presenta con el rigor del liberalismo clásico, y el derrumbe de las economías comunistas demuestra clara- mente que su proyectoeconómico nofuncionó.adecuadamente y que
TEORÍA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA 113 realizaron el ultraje de la libertad de sus gobernados sin proporcio- narles pan y seguridad social, es decir, sin resolver los problemas de la desigualdad económica de los seres humanos y por ende la explota- ción del hombre por el hombre. Es cierto que el fracaso de los Estados comunistas ha motivado la reafirmación de la economía de mercado, símbolo de los Estados liberales. Es cierto que el Estado liberal de fi- nes del siglo XX con proyecciones hacia el XXI tiene bastantes más tareas que su antecedente clásico no realizaba, pero es cierto que aun dentro del cambio que ha operado no deja de ofrecer los perfiles na- tos de su concepción filosófica, que en nombre de la libertad propicia una enorme desigualdad entre los hombres, pero en virtud de que el
tema del neoliberalismo o liberalismo social como se intentó denomi- narlo en México, ha sido abordado y será tratado con la amplitud que el caso merece en otros capítulos de este libro, considero que lo ex- puesto en este apartado es suficiente para su comprensión.
3.5. CONTINUIDAD y DE EN
y COORDINACIÓN DE POLÍTICAS PÚBLICAS.
ECONÓMICA, ECONOMÍA
Ya quedó precisado que desde el nacimiento de la ciencia de la ad- ministración pública con Carlos Juan Bautista BONNIN y Lorenzo VaN STEIN existía una relación muy importante entre la política y la admi- nistración pública, toca ahora precisar la necesidad de señalar que para una buena marcha de la administración pública es requisito in- dispensable, entre otras cosas, que exista continuidad en las políticas que inspiran a la misma, a efecto de que los cambios de los titulares de los órganos de la administración pública no las suspendan, puesto que éstas son y deben ser un esfuerzo continuado de la administración pública, para que por medio de las políticas que le inspiran se logre el bienestar de la comunidad, a efecto de que sean aprovechados todos los recursos humanos, financieros, materiales y de otra índole, para que las obras, que son expresión de las políticas que ejecuta la admi- nistración pública, se lleven a cabo hasta culminarlas, pues es evidente que muchas de estas políticas simbolizadas en obras presentan un as- pecto en el momento en que se inician y otro en el que 'terminan cuan- do ha quedado satisfecha la aspiración social que inspiró la realiza- ción de la obra. De otra manera la falta de continuidad y terminación de las políticas de la administración pública representan un serio y grave desperdicio de recursos que el Estado, a través de la administra- ción pública está obligado a evitar para aprovechar de la mejor mane- ra los recursos con que dispone para la realización de esas políticas.
En el campo de la administración pública se ha discutido mucho sobre la conveniencia de manejar la política con sentido económico o la economía con sentido político. Considero que tanto la economía
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como la política son dos ramas de las ciencias sociales con diferente objeto, método y fin, por lo cual su naturaleza debe ser comprendida dentro de los límites de la misma; sin embargo, es evidente que en algu- nas etapas de la historia, ambas han sido estudiadas en la interrelación señalada especialmente cuando a la política se le ha pretendido dar proyecciones económicas o cuando se ha intentado manejar la econo- mía con sentido político que puede ser una interpretación inadecua- da, puesto que manejar la economía con sentido político puede llevar al riesgo de realizar actividades económicas que la menoscaben y no se logren los objetivos políticos, o bien, que éstos se consigan a muy alto costo económico y en algunas ocasiones con un elevado costo so- cial. Se puede considerar como ejemplo de llevar a cabo una econo- mía con sentido político la realizada por el ejecutivo federal de Méxi- co, durante el sexenio 88-94, que se empeñó en resolver el problema de la inflación en México, propiciando la llegada de capital del exte- rior y evitando su salida a través de sostener un deslizamiento del peso Eren te .al dólar menor al real pretendiendo conseguir una paridad apa- ren te que a la larga fue perjudicial a la economía nacional mexicana y obviamente a la política de nuestro país. Finalmente tal comporta- miento resultó para México un grave problema económico y un pro- blema político de enormes consecuencias.