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Feature Extraction

Chapter 4. Hidden Markov Model-Based Speech Enhancement

4.3 HMM decoding and Automatic Speech Recognition

4.3.1 Feature Extraction

de riesgo?

La mayoría de los padres consi- dera que es bastante poco o in- cluso nada lo que ellos pueden hacer para evitar que sus hijos realicen conductas de riesgo. Esta consideración no es del todo cierta. Existen determinadas con- ductas de riesgo que los padres podemos moderar y algunas inclu- so evitar.

El problema surge por la importante inclinación que tenemos los padres a considerar que si nuestros hijos no consiguen controlar el 100% sus conductas de riesgo, directamente no podemos controlarlos.

Cambiar esta forma de percibir el control sería un acertado punto de partida para conseguir algunos logros con los adolescentes, pues, ciertamente, es muy poco proba- ble que los padres podamos llegar a evitar o suprimir el 100% de las conductas que puedan generar un riesgo para nuestros hijos. Esto sería tan inalcanzable como que dejara de existir el peligro en el mundo.

Ciertamente la presión es grande y ejerce un poderoso inujo sobre cada uno de sus miembros difí- cil de suprimir, pero posible de paliar.

Partiendo, por tanto, de esta rea- lidad, centrémonos entonces en aquello que sí podemos hacer para, si no evitar, sí amortiguar los efectos negativos de las conduc- tas de riesgo.

1Educar en el valor de la respon- sabilidad. Mientras nuestros hijos son pequeños, somos los padres los que debemos protegerles para que no realicen comportamientos que les puedan hacer daño. A me- dida que los niños van creciendo deberíamos ir sustituyendo nues- tra protección por su responsabi- lidad. De este modo, los menores comprenderán que existen deter- minadas conductas que pueden tener consecuencias dañinas, y que la forma más eficaz de evitar dichas consecuencias es no rea- lizando los comportamientos que pueden provocarlas.

¿Cómo se fomenta la responsabi- lidad en los menores?

Cuando los menores llegan a cier- ta edad deben empezar a asumir determinadas responsabilidades para las que, en muchas ocasio- nes, no están preparados. Los padres, ante tal incompeten- cia, recurren casi siempre a la ha- bitual estrategia de “echarles la charla” o directamente aplicar cas- tigos desproporcionados, ambas muy poco efectivas.

Algunas pautas alternativas que ayudarán al adolescente a irse

Cómo convivir con adolescentes. involucrando en la adquisición

de responsabilidades son las siguientes:

a) Inclúyale en los problemas que surgen en la familia (los apropiados para su edad) ha- ciéndole partícipe de las posi- bles decisiones que se puedan tomar.

b) Plantéele distintas alternativas concretas para que el adoles- cente pueda elegir entre alguna de ellas.

c) Ayúdele a argumentar los pros y contras ante circunstancias que el adolescente no quiera asumir.

d) Evite caer en los extremos. A veces es más sensato educar al menor en la moderación que en la prohibición. Recuerde que “lo prohibido se desea más”. e) Intente que el adolescente salga ganando en algo. A veces es bueno buscar una alternati- va que acepte o el acceso a algún privilegio.

2 Adquirir la formación suficiente para poder educar al menor con una información correcta y ade- cuada a su nivel de comprensión, considerando tanto los aspectos negativos como los positivos, en caso de que los hubiera, y evitan- do caer en el dramatismo. Esto le dará mayor credibilidad ante sus hijos. De esta manera, el adoles- cente entenderá que cuando a sus padres les preocupa que se fume un “porro” no se están dejando lle- var por la ignorancia o el alarmis- mo, sino que es una preocupación legítima sustentada en sus cono- cimientos compartidos con él de

que el cannabis diculta la coordi- nación psicomotora, puede ge- nerar en ocasiones ataques de ansiedad, mezclado con alcohol puede aumentar el riesgo de lipo- timia, etc.

Por otra parte, el hecho de que el menor, tenga una información veraz sobre determinados aspec- tos como los efectos de las dro- gas, sexo sin protección, etc., le ayuda a tomar conciencia de lo que se “juega” y a lo que se expone si “cae en ello”.

3 Enséñele las habilidades socia- lesque necesitará para poder mani- festar sus opiniones, haciendo es- pecial hincapié en estrategias de negociación (ver capítulo VII) y en aprender a decir NO sin sentirse culpable cuando se sienta presio- nado por el grupo a realizar algún comportamiento que realmente no quiere hacer.

Obviamente, tendrá muchas más probabilidades de dejarse llevar por el grupo, un adolescente al que no le han enseñado a negarse de forma asertiva a realizar un comportamiento que puede conlle- var un riesgo o que simplemente no desea hacer, cuando la mayoría lo hace. Entendiendo, además, que aquel que sabe decir no, de- nota una personalidad madura y equilibrada y un buen nivel de autoestima que puede generar sentimientos de admiración por su acto de valentía en algunos de sus compañeros.

Si además le ayudamos a reexio- nar que el motivo del rechazo, po- dría ser la falta de seguridad en uno mismo, sentimientos de rabia y envidia por poner en evidencia su incapacidad para hacer lo que

Las conductas de riesgo en la adolescencia. hace él, etc., le estaremos evitan-

do que caiga en generalizaciones erróneas del tipo; “no caigo bien a mis amigos”, “me rechazan porque creen que soy un cobarde”. Por último, se debería tener en cuenta que “entrenar” a los meno- res en habilidades sociales requie- re tiempo y mucha práctica. Proba- blemente nadie sería capaz de decir NO ante un grupo de ami- gos, si antes no lo ha hecho en repetidas ocasiones y ha asimilado las reacciones del otro y las suyas propias.

3 Ayudarle a valorarse a sí mismo fomentando su autoestima y su autoconcepto. (ver capítulo VI) Es lógico pensar que cuando un adolescente tiene un sentimiento de sí mismo de poca valía y de in- ferioridad con respecto al resto de sus iguales, ya sea por su aspec- to físico, su mayor o menor capa- cidad intelectual, o su conducta introvertida, hará todo lo posible por demostrar a sus amigos que él vale tanto como los demás. Y si para lograrlo tiene que beber o fu- mar más que ninguno, lo hará. Otro motivo para fomentarles des- de que son pequeños lo valiosos que son.

En denitiva, un adolescente al que se le ha inculcado el valor de la res- ponsabilidad, que ha sido informa- dode manera adecuada sobre los distintos riesgos a los que puede estar expuesto, al que se le ha dado la oportunidad de poder co- municarse con padres y hermanos de forma asertivay que además a sido valorado por ser como es, nos atreveríamos a decir que habrá disminuido significativa- mente la probabilidad de tener

problemas severos durante su adolescencia.

Testimonio

Virginia es una adolescente de 17 años que en su niñez sufrió malos tratos por parte de sus compa- ñeros de clase. Actualmente cree tener superado este penoso episo- dio, pero cada vez que intenta relatarlo, la luz de sus grandes ojos negros, se torna afilada, transmi- tiendo la agresividad propia de un animal herido.

Su triste historia comenzó cuando suelen comenzar las peores y las mejores cosas de nuestra vida: en la infancia, cuando Virginia llegó nueva a un colegio de barrio obre- ro, donde la rebeldía y la indisci- plina campaban a sus anchas. El delito de Virginia no podía ser más agraviante, pues ofendía no sólo a la capacidad intelectual de sus compañeros, sino también la del propio profesor, un hombre sin muchos recursos, motivado única- mente por el escaso sueldo que recibía a n de mes. Por eso, cuan- do vio una mañana que la mayoría de sus alumnos agredían sin es- crúpulos, con insultos e incluso con papeles, lápices y todo lo que tenían a mano, a la pobre Virginia, prefirió no hacer nada. Se quedó callado y sumergió su cabeza den- tro del libro de texto tal y como si quisiera comérselo.

Este hecho, sin duda, es lo que más le duele a Virginia. ¿Cómo es posi- ble que él no hiciera nada? Además, lamenta con impotencia, cuando los alumnos comprobaron que nadie les detenía, ya no tuvieron límite. “Me pegaban en clase, en el recreo,

Cómo convivir con adolescentes. de camino a mi casa… Era una

auténtica pesadilla”.

Virginia se fue despertando de este mal sueño -como ella misma define-a medida que se iba ha- ciendo mayor. La niña creció, y mucho. Esto hizo que las agre- siones pararan, pero el mal ya estaba hecho y el dolor enraizado.

Virginia pasea su relato casi como un estandarte: algo para olvidar, pero que ella no quiere; el dolor le hace estar prevenida: “a mí ya no me toca nadie un pelo”, “por supuesto que no”. Virginia, siem- pre con “v” de “víctima”, pero des- de hoy, “V” de “Victoria”.

Las conductas de riesgo en la adolescencia. hace él, etc., le estaremos evitan-

do que caiga en generalizaciones erróneas del tipo; “no caigo bien a mis amigos”, “me rechazan porque creen que soy un cobarde”. Por último, se debería tener en cuenta que “entrenar” a los meno- res en habilidades sociales requie- re tiempo y mucha práctica. Proba- blemente nadie sería capaz de decir NO ante un grupo de ami- gos, si antes no lo ha hecho en repetidas ocasiones y ha asimilado las reacciones del otro y las suyas propias.

3 Ayudarle a valorarse a sí mismo fomentando su autoestima y su autoconcepto. (ver capítulo VI) Es lógico pensar que cuando un adolescente tiene un sentimiento de sí mismo de poca valía y de in- ferioridad con respecto al resto de sus iguales, ya sea por su aspec- to físico, su mayor o menor capa- cidad intelectual, o su conducta introvertida, hará todo lo posible por demostrar a sus amigos que él vale tanto como los demás. Y si para lograrlo tiene que beber o fu- mar más que ninguno, lo hará. Otro motivo para fomentarles des- de que son pequeños lo valiosos que son.

En denitiva, un adolescente al que se le ha inculcado el valor de la res- ponsabilidad, que ha sido informa- dode manera adecuada sobre los distintos riesgos a los que puede estar expuesto, al que se le ha dado la oportunidad de poder co- municarse con padres y hermanos de forma asertivay que además a sido valorado por ser como es, nos atreveríamos a decir que habrá disminuido significativa- mente la probabilidad de tener

problemas severos durante su adolescencia.

Testimonio

Virginia es una adolescente de 17 años que en su niñez sufrió malos tratos por parte de sus compa- ñeros de clase. Actualmente cree tener superado este penoso episo- dio, pero cada vez que intenta relatarlo, la luz de sus grandes ojos negros, se torna afilada, transmi- tiendo la agresividad propia de un animal herido.

Su triste historia comenzó cuando suelen comenzar las peores y las mejores cosas de nuestra vida: en la infancia, cuando Virginia llegó nueva a un colegio de barrio obre- ro, donde la rebeldía y la indisci- plina campaban a sus anchas. El delito de Virginia no podía ser más agraviante, pues ofendía no sólo a la capacidad intelectual de sus compañeros, sino también la del propio profesor, un hombre sin muchos recursos, motivado única- mente por el escaso sueldo que recibía a n de mes. Por eso, cuan- do vio una mañana que la mayoría de sus alumnos agredían sin es- crúpulos, con insultos e incluso con papeles, lápices y todo lo que tenían a mano, a la pobre Virginia, prefirió no hacer nada. Se quedó callado y sumergió su cabeza den- tro del libro de texto tal y como si quisiera comérselo.

Este hecho, sin duda, es lo que más le duele a Virginia. ¿Cómo es posi- ble que él no hiciera nada? Además, lamenta con impotencia, cuando los alumnos comprobaron que nadie les detenía, ya no tuvieron límite. “Me pegaban en clase, en el recreo,

Cómo convivir con adolescentes. de camino a mi casa… Era una

auténtica pesadilla”.

Virginia se fue despertando de este mal sueño -como ella misma define-a medida que se iba ha- ciendo mayor. La niña creció, y mucho. Esto hizo que las agre- siones pararan, pero el mal ya estaba hecho y el dolor enraizado.

Virginia pasea su relato casi como un estandarte: algo para olvidar, pero que ella no quiere; el dolor le hace estar prevenida: “a mí ya no me toca nadie un pelo”, “por supuesto que no”. Virginia, siem- pre con “v” de “víctima”, pero des- de hoy, “V” de “Victoria”.

La necesidad de educar en los límites y las normas.

La necesidad de educar

en los límites y las normas.

“La mayoría de los

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