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Study 2: HC vs SCI Feature selection

Delito sexual y victima consistente.-

Se ha dicho con referencia a ciertos delitos sexuales, cuando uno no quiere dos no puede, que es una traducción gráfico, aunque callejera, del caso que sabiamente dirime Sancho Panza sobre la mujer que se decía violada. El gobernante de la ínsula de Barataria expresa: Hermana mía, si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender esta bolsa, le mostrades, aun la mitad menos, para defender vuestro cuerpo, las fuerzas de Hércules no os hiciera fuerza. Ceder negando por parte de la mujer es una forma de la fuerza grata de que hablaron los romanos.

El papel de la víctima resulta en muchas oportunidades considerable y digno de tenerse en cuenta por la provocación e incitación que supone. La actitud instintiva de coquetería y seducción suelen bastar en ciertos casos. La jovencita que sube a un taxímetro o hace auto-stop u comienza una conversación desprejuiciada con el

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conducto o vuelca una gama de actitudes de coquetería, ha servido, más de una vez, para que el volante salga de ruta y se dirija hacia el atajo. El riesgo de violación lo genero inconscientemente la propia víctima. Es el caso de la joven que recibe en ropas de cama transparentes a un joven operario que ha entrado a su apartamento a hacer la reparación de algún servicio.

Goppinger cita investigaciones tendiente a establecer si la víctima del delito sexual conocía o no a su agresor. Expresa que Stuka, sobre 34 jovencitas menores de 16 años, detectó que en la mayoría de los casos la victima ya era conocida por el autor con anterioridad, mientras que el autor desconocido para la víctima, resultaba más raro de lo que habitualmente se supone.

A su vez Mathes comprueba al valorar expedientes de delitos y secuelas cometidos contra 841 niños, menos de 14 años que en los dos tercios de la totalidad, el autor y su víctima se conocían y muchos eran parientes. En otra investigación efectuada en Tubinga por el propio Goppinger resulto que sobre 141 estudiantes femeninas, 83 de ellas había sido víctimas de un delito sexual; algunos incluso varias veces de modo que el número total de delitos ascendieron a 137.

En 63 casos la victima conocía al autor.

Estos trabajos sobre la percepción previa del victimario y la conducta sexual de la víctima pueden ser útiles para posteriores investigaciones experimentales que lleven a una apolítica de prevención victimal. Se sabe que muchos delitos de violación, estupro, incesto, abuso deshonesto, constituyen buena parte de la cifra negra de la criminalidad. Es difícil que una mujer haga denuncia de su violación, hecho que queda sellado en el seno de su hogar o de sus amistades.

Puede ocurrir el caso inverso. La mujer que se dice estuprada para chantajear a un hombre por dinero o porque quiere casar con él; este podrá finalmente hacer uso de esa opción que, al menos en nuestro derecho, se ofrece como excusa absolutoria.

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Como se trata de una relación sin testigos y entre dos personas, las denuncias no fructificaran por inexistencia de los elementos corroborativos. El procesado advierte como al poco tiempo el expediente se cierra o el caso termina en absolución, mientras la joven ha sido sometida a interrogatorios judiciales escabrosos, tactos vaginales y otros estudios por parte de los médicos forenses.

El tema que plantea vigorosamente la victimología se refiere a la víctima que ha sido consintiente e incluso, ha provocado al autor. La esfera intrínseca de la libertad sexual no ha sido violentada pero ha sido trasgredida la ley. Para fijar la responsabilidad de la víctima habrá que estudiar esa actitud consentidora que interesa legalmente cuando se trata de delitos que tienen como base esencial la ausencia del consentimiento. Habrá que verificar si ha sido prestado con voluntad y conciencia y si es válido.

Interesa a la victimología el prisma de la ley penal, el corrupto y el corrompido. Subrayar la culpa de la víctima y por ende, la irresponsabilidad penal del supuesto victimario. Pulsar si el consentimiento victimal destruye o debe destruir las figuras aplicables.

El rapto consensual.-

La situación del delito de rapto debería ser responsada con acuerdo al rol actual de la mujer en la sociedad y su proceso de parificación con la actividad y los derechos corrientemente asumida por el hombre. Se debe estudiar la interrelación de los roles femenino y masculino como también la mayor libertad en el plano sexual, ya que al rapto sigue la violación o su tentativa o el abuso deshonesto que, al menos, aparecen incluidos en nuestro sistema legal.

Des un punto de vista normativo no solo sería victima el sujeto pasivo del ilícito penal, sino, para el caso de rapto o sustracción de menores aunque fuera consensual, los padres, tutores y guardadores que lo tienen a su cargo. Curiosamente, se verifica que en muchas oportunidades estas presuntas víctimas son victimarios en grado de instigadores. Han insistido y delineado el modo del

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rapto para luego lograr que, por ejemplo, su hija contraiga matrimonio con el raptor, generalmente adinerado, que así blanquea sus culpas.

En esta relación intersubjetiva de la pareja penal la mujer que consiste su rapto no solo ejecuta un acto de voluntad sino que debe tomar medidas para efectuarlo. Esas medidas superan por su audacia toda previsión y aun la actividad desplegada por el propio victimario. Agrede a su familia y promueve todas las escaramuzas y subterfugios posible para no ser advertida, mientras el hombre no hace más que llevarla en un automóvil o autobús, como generalmente ocurre. Su de trasgresión a las pautas de la familia se trata, no caen duda que la joven consistente ha vulnerado el respeto que merece y su peligrosidad social es tanta o mayor que la del presunto raptor. Es este uno de los casos en que la justicia debería sancionar a la víctima.

Indudablemente se ha avanzado lo suficiente en la evolución de la mujer en la sociedad y sean roto ciertos tabúes sexuales como para llegar a la descriminalización del rapto consensual, como ocurre en dichos país. La predicción de honestidad de la supuesta víctima se presta a una muy variada interpretación que va mucho más allá del hecho de haber tenido relaciones o contactos sexuales, en una sociedad mutable y sin criterios sexofóbicos. Es preciso dar también una tutela honesta a la ocurrencia de estos sucesos, como en el caso del joven correntino, respetando los marcos culturales carentes. Entender de una buena vez que ha, en muchos país, gentes humildes e ignorantes de la Ley y que para ellos resulta Eufemio.

Menores víctimas de delitos sexuales.

Las agresiones sexuales a menores de ambos sexos son muy comunes, aunque ordinaria mente no llegan a los estrados judiciales y no se han efectuado. Estudios e investigaciones criminológicos sobre ellas, pareciera que un manyo de olvido trata de no ver aquello que no es posible evitar.

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En casos concretos investigados en los tribunales por el incesto, violación, estupro o abuso deshonesto, se somete con fines procesales al menor o a la jovencita a un cruda reedición de lo acaecido y a vejámenes personales pericias, interrogatorios, careos con el agresor, a los fines de establecer un criterio de verdad judicial.

Los menores casi siempre presentan el hecho a sus padres o a las personas a su cargo como ajeno a su consentimiento y colaboración. Como si hubiesen sido obligados por el victimario. Le temen al castigo y prefieren en ciertos casos fantasear argumentando que han sido violentados frecuentemente no sea así.

Hay padres que pone en conocimiento de lo ocurrido a parientes y vecinos y el menor pasa a ser objeto de una malsana curiosidad, no hay que olvidar que en el campo del comportamiento sexual están imbricados antiguos tabúes y una férrea coraza prefiere pasar por alto y no analizare, ni siquiera advertir, el cambio social operado.

El chico o la chica son precipitados a una conducta de aislamiento por la escasez de comprensión y no se le prodiga el especializado auxilio moral y psicológico que requieren.

A una menor, víctima de una relación homosexual o incestuosa, se lo vi como inepo para el ejercicio futuro de la vida, como si hubiese contraído una enfermedad oculta que lo incapacitará para siempre. Se piensa que la experiencia la va a precipitar a una continua desviación homosexual. Obviamente, no es así.

Tampoco en otro países se efectúan estudios fehacientes sobre qué cantidad de menores son agredidos sexualmente y si previamente habían tenido relaciones sexuales o cualquier contacto de ese tipo; si sus victimarios eran conocidos o no por el antes de la relación; si se trata de parientes, padres o hermanos. Resulta de tal modo difícil elucidar hasta qué punto han prestado su consentimiento o cooperación, aunque tal consentimiento resulte irrelevante en materia penal.

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El estudio criminológico y victimal está erizado de dificultades en cuanto a la psicogenesis de los hechos y la pareja penal. La cifra negra, el ocultamiento y el juicio desvalioso que emana de la Ley penal para el victimario hacen que en muchos casos, aun mediando el consentimiento de la víctima, se considera delito, todo lo cual incide negativamente para ubicar el área preventiva que propone el victimólogo.

No es fácil ni lo será con esos parámetros determinar cuando la víctima en su caso plantea consciente o inconscientemente, su papel criminológico. A fin de obtener ciertas respuestas es precios ubicarse en otros presupuestos que también frecuenta el victimólogo, referido al ambiente de procedencia de la víctima, como del victimizador. Cabe recordar que así como los niños y jóvenes no crearon la sociedad en les toca vivir o sobrevivir, tampoco han creado el ámbito familiar donde transcurre esa existencia.

Será preciso aceptar también en estos casos que el desajuste y la transgresión tienen manifiesta vinculación con lo que se suele denominar problemas familiares. El agredido no es más que un emergente de esa situación.

Es familias grandes, subculturizas, con paupérrimo hábitat, educación y situación económica, donde se suele vivir de manera promiscua, ocurren comúnmente incestos, en el caos de padres agresores, chicos abandonados a su suerte o castigados que termina vinculándose a hombre bondadosos de mediana edad o con el comerciante que les da dulces y golosinas y finalmente acceden a efectuar ciertos actos de carácter sexual que pueden llevar a las relaciones concretas.

No puede decirse a ciencia cierta que desconocieran la situación o fueran superados por los hechos, sobre todo cuando esas relaciones fueron perdurables, pues se trata de chicos y chicas que tienen una experiencia, dura experiencia, de los que han padecido y visto en sus casas. Aun con sus complejos de culpas a cuestas participan sabiendo de lo que se trata, es esos ambientes pueden verificarse chicuelas de diez u once, que ejercen una forma de prostitución recibiendo dinero y obsequios de hombres con los que se frecuentan. No siempre

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tienen acceso carnal, les basta solo condanzar desnudas frente a ellos o permitir les acaricie ciertas partes del cuerpo o ser ellas las que acaricien.

En hogares de mucha mejor economía pero igualmente disociados, o donde se vive una continuidad matrimonial hipócrita, se suele acentuar lo sexual. El padre lo enfatiza en su hija y de ese modo crea condicionamientos para el desarrollo de su femineidad. Se conocen casos de padres con cierto criterio libertino respecto del sexo, que han hecho practicar striptease a su hija recién entrada en la pubertad, en reuniones sociales antes invitados. O padres que en ciudades balnearias.

Hay padres que encuentran natural pasearse desnudos en la casa de frente a sus hija preadolescentes o adolescentes, en la creencia de que esa es una de las formas de liberación a lo que lo introdujo el psicoanalista o por una inescrupulosa interpretación de lo que el profesional le quiso significar. En realidad, se pasean así porque quieren y entienden que es normal. Mientras el analista tratará luego de lograr la racionalización de la situación, los hijos ven como la madre se escandaliza y advierten y recogen todo el misterioso aspecto de tensión que genera, en la casa y entre sus padres, el sexo.

En otras ocasiones se trata a la hija como una atractiva niña, subrayando su andar, sus movimientos, sus pechos, sus caderas. Hay madres que interpreta la situación con fingidos celos y en el fondo con orgullo y satisfacción, pues la relación padre-hija les parece inmejorable. En todos estos casos, al margen del daño psíquico y moral, las niñas de clase media y alta terminan por aprender que los adultos las encuentran atractivas sexualmente.

El incesto.-

En cuanto al incesto tema socialmente aceptado que se refiere a las leyendas mitológicas, a relaciones tribales o alguna película cinematográfica, más o menos discreta, no debe ser rehuido por criminólogos y penalistas, aunque no puedan

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sublimar ciertas consecuentes aversiones. Sin embargo, hay que estudiar lo anormal porque también forma parte de lo humano. Y ninguna razón puede verse influida por preconceptos en quienes deseen investigar las relaciones sociales de las que se nutren las leyes algunas veces para desautorizarlas.

El incesto ocurre mucho más de lo que suele creerse y no en los laberintos del infierno. En algunas provincias aisladas de nuestros campos es moneda corriente. En cualquier cárcel del país y en otras que he estudiado en países latinoamericanos he conocido casos encarcelados y penados por este delito.

Frecuentemente la victima prefiere callar y no recurrir ante la justicia. Las razones son de diferente especie, por lo general, se trata de aguantar la situación porque el victimario es el propio padre o un hermano u ello puede dar lugar a la detención de estos. En algún caso se cree que acudir a denunciar implica gastos y, en otros se temen a represalias que eventualmente puede tomar el pariente o el resto de la familia.

Las razones podrían resumirse así: a temor de los hijos, y hermanos del castigo del padre o del padre por el delito, el problema social y sobre todo económico que pueda implicar ante la intervención de la justica, la detención del padre o del hermano mayor en su caso, puede ser complacencia con la situación, complacencia especifica de la madre de la víctima por el temor consciente o inconsciente de desmembrar la familia; la complacencia de la madre, cuando el marido le hace frecuentemente demanda sexual a ella, pese a mantener relaciones con la hija.

Frecuentemente adolescentes de trece a catorce años se presentan embarazadas en hospitales cuidándose muy bien de decir que es con su propio padre que han mantenido relaciones sexuales. Si las relaciones son satisfactorias, pocas veces dan lugar a la negación o al rechazo. La revelación de estos actos cuando se hace judicial o públicamente, llena de vergüenza a los autores.

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Aunque no existen parámetros para medir las conductas de las familias afectadas por el delito, en cambio, se admite que la menor al entrar a la adolescencia idea acabada de sus actos, puede sufrir, en ciertos casos, situaciones de stress que la llevan a abandonar su hogar y dedicarse a la prostitución, pero no siempre es así. La joven víctima puede sentirse confusa y llenarse de ansiedad y opresión como producto de la culpa y el sentimiento de no saber cuál es su rol en el hogar.

Desde el punto de vista psicológico, puede tener serias dificultades en futuras relaciones sexuales, por agresión o aversión a su padre. Una niña que ha sido víctima del incesto es a menudo víctima de una fuerte sensación de vergüenza, siendo común que no informe de su situación hasta que ya no pueda sostenerla más.

Entonces, ya sea que ella lo diga o sea descubierta por otra persona, cuando las autoridades entran en acción es generalmente para trasladar fuera de su casa a la víctima y ponerla bajo protección, o en una casa de cuidados. Estos tipos de procedimientos desafortunadamente refuerzan su convicción de ser ella la parte agresora. Una larga lista de funcionarios públicos deberán ori el horrible hecho una y otra vez; entre ellos, la trabajadora social, la policía, investigadores, el Fiscal, el Juez, y si es el que la víctima sigue el ejemplo acostumbrado, ya habrá adquirido el problema de las drogas, promiscuidad sexual. Y perderá así su verosimilitud como testigo consecuentemente, su padre será liberado.

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