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Comparando la apreciación subjetiva del color de la lana sucia con la medición objetiva del color de la lana lavada (Cuadro 11), se observa que existe una relación entre ambas, pero esta asociación no es absoluta ya que existe gran variabilidad en el rango de color como Y-Z según escore, y depende de manera importante del observador que hace la clasificación. El color subjetivo puede estar determinado únicamente por el color amarillo difuso removible, que le da a la lana una apariencia cremosa, producida por la oxidación de pigmentos de la suarda e influida por factores ambientales de alta humedad y temperatura, pero que es completamente removible al lavado industrial (Larrosa y Sienra, 1999). Sin embargo, la distinción durante la esquila entre un vellón con coloración removible y no removible es difícil de realizar, ya que el criterio de clasificación es inconsistente y hasta luego del lavado ambas coloraciones pueden ser similares (Cameron y Stobart, 2008).

Para implementar un sistema de clasificación subjetiva previo a la esquila, se requiere de personal altamente entrenado, y tampoco asegura que algunos vellones con color subjetivo de escore altos resulten con Y-Z bajo después del lavado debido a la desaparición del color amarillo removible. Dado que la relación entre color de lana sucia y color de lana limpia no es consistente, y que existe coloración removible

56 al lavado, de ninguna manera se puede utilizar el color medido subjetivamente como criterio de selección indirecta en la mejora genética del color ni en la asignación de criterios de calidad a nivel industrial. La baja variabilidad de expresión del color subjetivo encontrado en las majadas estudiadas (Figura 16) y la baja repetibilidad de la medición, que depende de un solo observador, hacen altamente variables las estimaciones de correlación para el color subjetivo, como se ha encontrado en otros estudios en Corriedale (Benavides y Maher, 2002) y en Merino Australiano (Raadsma y Wilkinson, 1990).

Se encontró también una relación entre toque y color como Y-Z (Cuadro 12). Estos resultados son consistentes con apreciaciones realizadas en otras razas, que identifican a los vellones resistentes al amarillamiento con buen toque y color subjetivo blanco, mientras que los animales susceptibles tienen un toque áspero y un color más cremoso a la apreciación subjetiva (Wilkinson y Aitken, 1985). En Merino Australiano Morley (1955) estimó la correlación genética entre toque y color en 0,31. Sin embargo, lo mismo que ocurre con el color subjetivo, la medición del toque es altamente dependiente del operador, y no es un criterio confiable de clasificación indirecta del color. Respecto a la asociación entre el entrecruzamiento y el color (Cuadro 13) la principal diferencia se encontró entre una única muestra de escore 5 y el resto de las muestras, por lo que si se elimina la muestra desaparece la asociación entre las variables.

Se encontró una asociación leve (P<0,05) entre carácter y luminosidad (Cuadro 14), que según la literatura no tienen relación. Sin embargo, la diferencia se encuentra entre las muestras de escore 2 y 3, que son los más representados en la población (Figura 19), pero no se encuentran diferencias en carácter para los escores extremos.

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CONCLUSIONES

 El color como Y-Z fue en promedio 1,53±1,19, el cual resulta muy bajo en comparación con los valores esperados en las majadas Corriedale uruguayas. Dentro de sus posibles causas podemos adjudicar al factor clima una mayor importancia, ya que el año estudiado tuvo un verano seco, siendo ésta la estación del año donde se constata el mayor crecimiento de la lana. Al carecer de estudios comparativos en varios años tampoco se puede observar si los bajos índices de amarillamiento se deben al efecto año o a particularidades de las majadas.

 No podemos descartar que en las majadas estudiadas existan animales susceptibles al amarillamiento que no expresaron esta coloración dado lo ventajoso de las condiciones climáticas. Una técnica para forzar a las muestras de lana a la expresión de su color bajo condiciones ambientales extremas es el test de incubación.

 Se encontró una relación entre color de lana como Y-Z y el color sucio medido subjetivamente, pero con un amplio rango de error, lo que hace dudoso su utilización como método de selección. Esta observación se aplica a las relaciones encontradas entre Y-Z e Y y el resto de las características de apreciación subjetiva (toque, carácter).

 En este ensayo no se encontraron características de importancia productiva que presenten alta correlación fenotípica con el color. Se estimó una correlación positiva y de mediano valor entre color como Y-Z y peso de vellón, sucio y limpio, (0,282 con PVS, y 0,243 con PVL) en borregas (n=262), pero al estimarse en la totalidad de las muestras esta correlación desaparece.

 Según este ensayo, la única medición confiable del color, ya sea para realizar selección genética o para identificar los vellones de color insuficiente, continúa siendo su medición objetiva según la norma IWTO-56.

 La medición del color como Y-Z continúa siendo dificultosa ya que implica un trabajo de laboratorio especial y personal calificado para el mismo. A nivel de la raza Corriedale no se realizan descuentos en el precio por coloración amarilla, por lo que el interés en implementar el estudio del color en la lana lavada hoy en día está limitado a animales de cabaña.

 Para ensayos futuros en esta línea de investigación se sugiere aumentar el número de muestras, realizando grupos etarios homogéneos dentro de una majada con alta variabilidad de expresión. Otra recomendación seria realizar un análisis genético conectando las majadas utilizando carneros en común. Es necesario también realizar ensayos en años sucesivos para eliminar el factor ambiental.

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