A. ANALYZING THE COMPARATIVE CASES
4. Final Assessment
Linton (2000) identifica cuatro fases de desarrollo paternal, cada una de las cuales ofrece al hombre/padre una oportunidad única de comprenderse a sí mismo a través de sus sentimientos más que a través de lo que piensa sobre quién es. A menudo, cuando estas dos maneras de conocer divergen, aparece como resultado una tensión acerca de nuestra identidad. Este autor la considera una tensión saludable, que mueve a los hombres hacia una comprensión más integrada de quiénes son como seres humanos que piensan y sienten.
• Primera fase
La primera transición emocional implica que el hombre comprenda y resuelva su relación con su propio padre.
La masculinidad y la paternidad se construyen socialmente. A medida que el tiempo pasa, las expectativas y constructos de quienes son como hombres se adaptan a las necesidades sociales y culturales de sus familias. Esta flexibilidad social es una cualidad positiva de ellos como hombres. Eso los libera de tener que modelarse a sí mismos basándose en el pasado y les da la libertad de crear lo que es más relevante para ellos y para sus familias hoy en día.
Este no es un trabajo fácil. Muchos padres le temen porque sus propios padres no fueron un modelo de rol para ellos, ellos no saben cómo criar a los hijos. La relación que un hombre tiene con su propio padre es uno de los temas subyacentes que debe resolver para convertirse, no sólo en el padre que desea ser, sino también en el hombre que desea ser. Cuando un hombre se convierte en padre, necesita entender la relación con su propio padre como un paso psicológico necesario para alcanzar su propia autonomía.
• Segunda fase
La segunda transición concierne a la manera en que la confusión y la incertidumbre emocional, usualmente durante el embarazo o al momento del nacimiento (o al momento de la adopción o de convertirse en padrastro), le presenta una oportunidad de convertirse en un hombre más flexible o más rígido.
Esta transición le agrega dimensión al carácter del hombre y ocurre cuando se enfrenta al cambio y la desorganización que un hijo trae a su vida. El nacimiento de un hijo y la paternidad traen consigo mucha incertidumbre. Muchas veces se han referido a esto como un estadio de “crisis” en la relación de pareja. Sin embargo, el término “crisis” tergiversa lo que realmente ocurre. La connotación de crisis implica que ha ocurrido algo que no debía haber ocurrido y que ahora es necesario volver las cosas a la normalidad otra vez regresando a la situación anterior a la crisis.
Este autor llama a esta fase de la transición a la paternidad la fase emergente. Opina que en lugar de tener lugar una crisis, lo que ocurre es que emerge una nueva definición del hombre como padre. No puede volver a la manera en que era antes y debe lograr un nuevo potencial en sí mismo como padre. Este nuevo potencial le pide dejar de centrarse en sí mismo.
Antes de tener hijos tanto hombres como mujeres a menudo no se dan cuenta de cuánta flexibilidad y tiempo libre tienen. Después que nace el bebé, esto se reduce tan severamente que es probablemente la transición más difícil que la pareja debe hacer, entender que su vida ahora incluye una tercera persona, que sobre todo en los primeros años necesita cuidado uno a uno. Responder a esta transición puede humanizar a los hombres.
La confusión y la incertidumbre que traen el nacimiento y los primeros años de crianza desafían al hombre a amar y a valorar a otros fuera de sí mismos. Lo desafían a sentirse como parte de un grupo, su familia, de cuya supervivencia y bienestar emocional es parte.
• Tercera fase
La tercera transición es la habilidad de depender y de permitir a los demás que dependan de él.
Cando un hombre siente la vulnerabilidad de su propio hijo esto lo puede llevar apreciar de cuánto cada miembro de la familia necesita a los demás y de cuánto dependen unos de otros para sentirse un todo. Lo contrario también puede ocurrir. El miedo a la vulnerabilidad y la indefensión que encuentra un hombre en su propio hijo puede causar que se desconecte y se vuelva apartado y distante. Es una experiencia poderosa darse cuenta que una vez todos estuvimos a la merced de la misericordia y buenos deseos de adultos que nos guiaran y cuidaran hasta que pudiéramos cuidar de nosotros mismos. Si los hombres no han sido capaces de sentir que pueden depender de otros, entonces tener a otros que dependan de ellos parece casi intolerable.
• Cuarta fase
La última fase es la habilidad del hombre de formar afiliaciones con otros padres y de moverse del aislamiento a la comunidad.
Esta es la transición más difícil pero quizás la más recompensante. Además, es una transición que puede hacer las otras tres más fáciles. Comprender la relación con sus padres, moverse a través de la incertidumbre que presenta la paternidad, comprender sus necesidades de dependencia son todas fases que llevan a los hombres a ser más comprensivos emocionalmente, amables y empáticos. Cuando los hombres comparten el viaje del desarrollo adulto con otros padres pueden aprender de las experiencias de unos y otros. Este autor cree que el aislamiento con el que crecen los hombres y la falta de contacto con otros hombres es
lo que hace su vida emocional tan difícil de desarrollar. Para él es difícil imaginar que cuando los hombres se convierten en padres, la transición más importante en sus vidas, a menudo no tienen a otros hombres con quien compartirlo y aprender de ello.
Esta cuarta fase es la fase de la afiliación donde los hombres deben encontrar una manera de conectar con una comunidad más grande. Parte de esto ocurre de forma natural cuando los hijos entran al parvulario o a primer grado de primaria, momento en que se conocen otros hombres. Pero en los primeros años de la crianza cuando es más esencial tener el apoyo de otros padres, a menudo se encuentran solos.
En los grupos de padres que este autor conduce, contrario a la creencia popular de que los hombres no expresan sus sentimientos, los padres están rebosantes de emociones en todas estas transiciones que se acaban de describir. Lo que le pasa a los hombres que participan en estos grupos no es que tengan dificultades expresando sus sentimientos sino que tienen pocas o ningunas oportunidades de hacerlo. En un ambiente seguro y libre de competición, donde se centran en la importancia de la paternidad, se cuentan historias ricas e importantes. Los temas que suelen tratarse y sobre los que estos padres debaten, discuten, lloran y ríen juntos, son la inestabilidad del matrimonio, el enfado, partos en los que el niño nace muerto, abortos, asuntos relacionados con el trabajo y la familia, lidiar con la familia política, encontrar tiempo para sí mismos y sus parejas, preocupaciones acerca de la escuela y el medio ambiente, y el significado del sexo en sus vidas.
Hablar con otros hombres acerca de la paternidad les da más confianza en la crianza y les permite comprender mucho mejor quienes son como hombres. Cuando se les pregunta cómo la paternidad les ha cambiado como hombres, responden que ahora sienten que son más sensibles, compasivos, tiernos, cálidos y comprensivos.
Estas cuatro transiciones llevan al hombre/padre a un mayor sentido de propósito en su vida que este autor denomina profundización de su alma. Señala que la paternidad puede humanizar a un hombre como ninguna otra experiencia puede hacerlo y que la contribución más profunda que pueden hacer como hombres es la crianza de la próxima generación. Opina que cuando ellos reflexionan sobre quienes son como hombres, deben preguntarse cómo han afectado la vida de los demás.
III. Marco Metodológico
Este capítulo se divide en cinco apartados. En primer lugar, el apartado referido al enfoque y modelo de análisis que guiaron el análisis de datos en el presente estudio, es un apartado que sirvió de puente entre el marco teórico y el análisis de los datos. En segundo lugar, el apartado donde se describe a los participantes del estudio, específicamente, al grupo de apoyo online estudiado, incluyendo no sólo la importancia del apoyo grupal a padres primerizos y futuros padres, sino también el proceso de creación del grupo, las características más relevantes del mismo y las razones por las cuales fue seleccionado este grupo. En tercer lugar, el apartado referido a las características de las narrativas analizadas en la presente investigación. En cuarto lugar, el apartado referido a la elección del tipo de análisis narrativo utilizado en el presente estudio. Y finalmente, el apartado referido a la descripción del proceso de análisis seguido en la presente investigación.
III.1. Enfoque y modelo de análisis
Como ya se ha comentado en la Introducción, la transición a la paternidad es un fenómeno que puede estudiarse desde diferentes puntos de vista: clínico, sociológico o psicológico (Fuster, 2006). Desde el punto de vista clínico, los estudios suelen centrarse en los conflictos y las necesidades que aparecen durante el embarazo y que luego continúan luego del nacimiento del bebé. Por su parte, en los estudios sociológicos se tiende a considerar la paternidad como una crisis en la relación de pareja. Y en los estudios que se hacen desde el punto de vista psicológico hay una tendencia a tener en cuenta tanto los cambios individuales como de pareja a partir del embarazo. A su vez, dentro del punto de vista psicológico la transición a la paternidad puede estudiarse desde una perspectiva psicodinámica, de desarrollo o psicocultural, entre otras posibilidades.
En el caso de la presente investigación la transición a la paternidad se estudiará desde un punto de vista psicológico utilizando como lineamientos para el análisis los planteamientos fundamentales del enfoque psicocultural.
A continuación se hará referencia a los aspectos más relevantes planteados por el enfoque psicocultural: