Escribir es un proceso creador, algo así como una gran aventura de la mente que recorrerá un camino significativo: la producción de escritos bien logrados.
La adecuación
A partir de la Unidad 4 se considerarán las pro- piedades textuales, entre ellas la coherencia y la cohesión. Otra propiedad textual es la ade- cuación, imprescindible para establecer la rela- ción entre “lo que se dice” y “cómo se dice”. La adecuación hace referencia a las condicio- nes de la situación comunicativa. Ese marco comunicativo condiciona nuestra expresión y nos impulsa a decir determinadas cosas y en el instante preciso. No es lo mismo intervenir
en una conversación espontánea que en el aula, por ejemplo.
Así, la adecuación es producto de una serie de elecciones de códigos expresivos: lenguaje coloquial o lenguaje académico. Consideramos a continuación una serie de esas elecciones cuando nos refiramos a “cómo planificar un escrito”: el perfil del lector destinatario, deter- minar las propiedades del texto, etc.
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Tradicionalmente se señalaban dos pasos para la escritura: la planificación y la redacción. Con el tiempo se vio la necesidad de incorporar también la revisión. Es decir: planificar-redactar- revisar. Pero considerados como un solo proceso de creación mental:
(Las estrategias de revisión de un escrito serán desarrolladas en el Nivel II de la asignatura). a) Comentar este fragmento sobre el proceso creador de la escritura.
b) Señalar las ideas centrales de cada uno de los párrafos del siguiente texto y después, a base de dichas ideas, elaborar el resumen correspondiente.
La preescritura: planificación. La escritura: redacción. La postescritura: revisión.
Una foto, un vaciado, eso es escribir. Cuando intentamos expresarnos, comuni- carnos por escrito, buscamos, miramos, leemos y vamos incorporando partes del mundo a nuestra mente. Allí va fraguando, mezclándose con la experiencia, con el saber y con el saber hacer. Todo eso es lo que se remueve cuando lu- chamos con las palabras, con la organización de la sustancia que intentamos traducir en letras, líneas, páginas. Lo que queda en el papel es ese volcado o esa foto de todo ese quehacer acumulado.
(S. Fernández, citado por Ana Ferreira en “Desarrollo de las cuatro competencias lingüísticas”)
Ejercicio 1
Hay algo muy importante en la escritura que los pueblos más antiguos tuvieron que haber
valioso que no debía perderse. Antes de la es- critura –y precisamente como requisito para
Sobre la importancia de la escritura
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En el origen de la escritura están implicados un saber hondísimo y un afán altísimo: el sa- ber de sabernos mortales y el afán de ven- cer a la muerte. Conciencia de la importancia, conciencia de muerte y afán de inmortalidad están reunidos en el origen del lenguaje. Idear unos símbolos parecidos a lo que se quería significar con ellos (ideogramas), o idear unas muescas con la punta de un palo sobre una ta- blilla de arcilla fresca (escritura cuneiforme), o un alfabeto o un abecedario o un sistema bi- nario a base de ceros y unos es ya un asunto secundario. El paso genial, quizá el paso más genial de cuantos ha dado la humanidad, por- que por él pasamos de la prehistoria a la his- toria, fue la invención de la escritura.
Y hoy, a milenios de ese origen, ¿por qué es- cribir? Los motivos siempre son y serán los mismos: quien escribe cree que posee algo valioso: una idea, un testimonio, su muy parti- cular manera de ver las cosas o de soñarlas, y quiere salvarlo de la muerte; pero no sólo: quiere además ofrecerlo a los otros, porque la escritura es también un acto de generosidad. Gracias a ella es por lo que el ser humano de hoy –biológica y fisiológicamente idéntico al primer homo sapiens– resulta totalmente distinto del homo sapiens: sólo piénsese en las diferencias sociales, culturales, espiritua- les que nos distinguen de nuestros ancestros. Estas diferencias, el sostén de nuestro ser histórico, se deben a la generosidad que sigue brotando de la escritura. La escritura es la co- lumna vertebral de lo humano. Lo que somos bueno y malo, lo que hemos alcanzado bueno y malo, sería inconcebible si nos hubiéramos quedado en una cultura solamente oral.
Pero la importancia de la escritura no es sólo ontológica: a ella debemos nuestro ser, tam- bién de ella dependen innumerables de ven- tajas de carácter individual y práctico. Quien escribe no sólo plasma sus palabras, las or- ganiza y las aclara, sino que se plasma a sí mismo: uno se ve en lo que escribe, uno se descubre en el texto; al escribir no sólo orga- nizan las palabras, uno organiza su cabeza: el aclarado es uno. Al objetivar el pensamiento, al escribirlo, se piensa más fácilmente, pues se dialoga con uno mismo, se reflexiona. Al escribir uno descubre que sabía más de lo que creía saber, pues la escritura nos hace intros- pectivos y al explorarnos resulta que tenemos más de lo que suponíamos, porque escribir no sólo nos permite fijar la atención o activar la memoria trayendo al papel nuestros recuer- dos, sino que nos permite inventar, imaginar, descubrir aspectos que jamás habíamos con- siderado: escribir nos permite sabernos. Escribir también es un arma. Un arma defen- siva y ofensiva; un modo de poner los puntos sobre las íes, de establecer nuestras dife- rencias o nuestros acuerdos, de marcar a los otros sus límites, de pelear por nuestros de- rechos, de convencer, de disuadir. La palabra escrita es un instrumento de seducción, pues lo mismo es eficaz para la conquista amorosa que para la persuasión política. La escritura es poder.
En fin, por muchas razones es importante la escritura, pero para mí, escritor al fin y al cabo, es sobre todo porque escribiendo hago más posibles las mejores cosas de la vida y si no, con escribirlas basta, pues es como si las hubiese vivido.
Óscar de la Borbolla (escritor mexicano)