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CHAPTER 6 Inheritance and Method Invocation

6.3 Empirical Study Design

6.5.2 Final version analysis

Muchos y muy diversos árboles se cultivan en todos los terrenos agrícolas de Piloña. En los huertos abundan pescares (melocotoneros), ciruelares, perales y pumares (manzanos); estas últimas ocupan también buena parte del espacio en algunas fincas. Les sebes están cuajadas de ablanares, cerezales, nozales, tilares y castañares; fresnos que dan forraje, y arbustos que impiden el paso. Y mucho más allá, en el monte, hay terrenos dedicados a ablanéos, castañéos, robledales, fayéos, y desde hace algunas décadas también pinares y ocalitares. Fruta, madera, varas, leña, fueya... De hecho, muy pocos de los árboles que crecen en Piloña son independientes de la acción humana de uno u otro modo. Cada uno, excepto quizá los que viven en el monte lejos de las majadas, tiene su dueño, que en muchos casos lo plantó con sus propias manos, lo injertó para obtener la variedad preferida, lo protege, lo poda, cosecha su fruta y la madera que le sobra, y quizá algún día lo tale. Los bosques no están ahí por casualidad, y donde no hay árboles no es porque el terreno no los dé. Repasemos, uno por uno, los árboles más útiles de Piloña: dónde crecen, para qué sirven, qué hay que hacer para cuidarlos.

Castaños

El castaño ha sido el árbol más importante en la alimentación del pueblo asturiano hasta la generalización de la economía de mercado a mediados del siglo pasado, ya que sustituía al cereal durante todo el invierno (Gómez Oliveros, 2002b). Se puede decir que existe una cultura del castaño, mucho más antigua que la del maíz. De hecho, el castaño en la Península Ibérica es principalmente una especie cultivada, muy poco frecuente hasta que los romanos extendieron su cultivo (Blanco Castro et

al., 1997). En Piloña se nombra este árbol de dos formas: normalmente se dice

castañu refiriéndose a la madera o la leña, y castañar (en femenino) cuando se habla de su fruto. Comentaremos este y otros casos en el apartado sobre nomenclatura (Capítulo IV). Se llama parva a la inflorescencia del castaño. El fruto nace recubierto del ariciu o cáscara con pinchos que encierra normalmente tres castañes (dos en el caso de una castaña parllera50). La castaña tiene una cáscara externa endurecida, el

corteyu, que se pela o pulga, y otra interna más blanda, la pelleya o camisa.

En los tiempos del hambre, los castañeos o bosques de castaños se cuidaban como un huerto: se limpiaba el sotobosque de arbustos y hojas (fueya), para que tirar las castañas (dimir o llimir) fuera más fácil, y no se perdiera una sola castaña “Pasábase la guadaña antes de dimir, recogíase la fueya... estaban como la campera, de limpios”50, ahora ya ni se entra137; ahora vienen a caer les castañes y piérdense89.

“De aquella tabes dos meses a castañes, y no se perdía ni una. Sin embargo ahora pasa la gente por encima, y no se dobla per elles”50. Mucho cambió la importancia de

este árbol para la subsistencia de las gentes de Piloña. Muchas de les castañares están ahora enfermas, y los viejos castañéos están descuidados, ya no se injertan los pies jóvenes para obtener buenas castañas de las variedades antiguas. Los bosques se destinan ahora a la extracción de madera, ya sea por repoblación o por regeneración natural (Gómez Oliveros, 2002a). Veamos cómo se realizaba el trabajo de mantenimiento y explotación del castañéu.

El cuidado de los castaños. Variedades de castañes

Les castañares se plantaban en casa “haces un semilleru”50 y cuando el plantón

estaba bastante grande se trasplantaba, en los meses de invierno, “po la orilla de los práos, y en terrenu de propiedad, que estaba de monte, de felechos. En dar tarda cinco años. Hay que plantalos a seis o siete metros (un árbol de otro), porque entonces... aparran (echan ramas laterales)”50.

Una vez el árbol está bien arraigado, hay que enxiertalu, para que dé la variedad de castaña deseada. La castañar hay que enxiertala a la corteza, explica Marcelino25, es

decir que la corteza de la ramita injertada (garfiu) debe quedar en contacto con la corteza del árbol, porque cualquier árbol coge mejor a la piel, pero la de la castañar es más fuerte. Se enxiertan garfios pequeños (del tamaño aproximado de un bolígrafo), y se cubre con boñica o barru, mejor con boñica, bien aplastada para que no respire. Por encima se amarra con un trapo25.

Hay muchas variedades diferentes de castañas, que hoy se están perdiendo, pero aún se muestran en la feria anual de la castaña en el vecino pueblo de Arriondas. Los árboles son difíciles de distinguir entre sí, pero les castañes se distinguen a simple vista, cuando se conocen50,117. Desde el SERIDA (organismo agrónomo del

Principado, con base en Villaviciosa) los ingenieros intentan ahora cultivar en sus fincas algunas de estas variedades antes de que se pierdan por abandono. El estudio detallado de las variedades de castaña de Piloña llevaría un trabajo monográfico muy complejo; incluimos aquí una lista de las variedades que nos describieron algunos informantes, que no pretende ser completa ni precisa, sino más bien orientativa:

• La castaña roxa es la que mejor fama tiene8,10,24,117. Es la más gorda, “la que se

compra por ahí”24.

• Balduna, también muy buena101,124.

• Ramona: Brillantes y pequeñines, dan muches. Escasean, ya50,117.

• Sevillana: Ye malona, negrona, grande, y con mucho pelleyu8,25,117.

• Zapatona8,124: Muy grandes, más bastes, árbol muy alto. Suelen ser parlleres.

• En general se llaman montesines23,50,124 les castañares que no se enxierten.

Crecen más rápido, y salen castañas más pequeñas.

• Las parrucas8,10,25,101,117,124 son castañas tempranas, gordas, estilo a la roxa pero

sin enxertar25.

• Las llaniscas50,101,117, son más tardías, más grandes, y muy sabrosas. Salen

también directamente de semilla.

• La crespa, también sin enxiertar, tiene aricios con pinchos muy gafos (dañinos). Ye villana, corriente24... otros opinan que ye sabrosa124.

• Otras variedades que también se nombraron fueron la castaña rubia8,10, la castaña

de la rúa50 o de la argúa101, castaña de la aspra50, y castaña japonesa101. La

definición de estas últimas es confusa; podrían incluso ser sinónimos o nombres diferentes para alguna de las variedades descritas anteriormente.

Recogida y almacenamiento de las castañas

Llimir o dimir, y apañar

La recogida de la castaña se hace en octubre y noviembre, una vez terminada la siega de otoño, y poco después que las manzanas y nueces; más o menos por el tiempo de recoger el maíz: “a primeros de noviembre, tou el mes de noviembre, llevaba un mes recogeles”50. Dependiendo de cómo hubiera sido el año, la cosecha prometía más o

menos: “Agosto seco, castañes en el cesto; si está mojáo, el cesto apináo (lleno)" 103.

“Cada un tenía su castañéu, eh? y tenía sus límites”124. Aun en los terrenos comunes,

cada castañar tenía su dueño. Llegado el momento, se formaba la comitiva familiar, ayudados como de costumbre por algunos vecinos, y todos se dirigían al castañéu a apañar les castañes.

Antes, les castañes no se dejaban caer al suelo ya maduras, porque se pierden (se estropean). Se recogían del árbol al principio de la estación, cuando el ariciu aún estaba cerrado. Para ello había que subirse al árbol y golpear los aricios; esto lo hacían los hombres, y se llamaba llimir, o dimir (en la parte más occidental del concejo). Se golpeaban los aricios con una o dos piértigues (varas largas de avellano, ver 1.2), ayudándose además de un gabitu (vara terminada en gancho) tremendamente útil para acercar las ramas y sostenerlas, pero también para subir al árbol trepando (esguilando). Así contaba Manolín50: “Había castañares que no

alcanzabes. Dejabes la pértiga así derecha (apoyada en el tronco), y entonces con una mano pinabes el gabitu en la caña (rama), con una manu cogíste al gabitu, con al otra al troncu, y dibes subiendo, esguilando. Entonces había que buscar un sitio y colocase, donde pudieras sentate (...), sentábeste en una forcadura (horquilla)”.

Y dando xordiazos por allí sin parar50; cuando estaban muy verdes, había que golpear

con tanta fuerza que caían las hojas al suelo, quedaba tanta rama abajo como arriba50. No dejaba de encerrar cierto riesgo, como alude el dicho “los curas nunca

cayeron de una castañar, porque como nunca se subieren a elles”124. Porque,

explica Julia, había mucha caída, matábense, “era contáu, pero había algún”124.

Gómez Oliveros (2002a) recoge textos históricos sobre Cangas de Narcea en los que se narran varios accidentes de este tipo.

Había quien pagaba para que otros hicieran el trabajo: “dimimos, entre un paisano y yo, un castañéu, y dimimos noventa árboles. Entre los dos, cuarenta y cinco cada un, y pa sacar cuarenta y cinco pasetas cada un. De aquella era... pero claro, trabajamos toa la tarde, quedamos rendidos, maja. Subir árboles tou el día”50.

Les muyeres estaban debajo pañando o apañando los aricios. Los cogían con unes tiñaces o tenaces de castañu, especialmente fabricadas a tal efecto, “más de cuatro no saben hacer unes tiñaces”124.

Para confeccionarlas, se busca un palo (un añal10) como de 1 m de altura por 3 cm de

diámetro, y se calienta al fuego, para que no rompa al manejarlo. Cada palo “da dos fendidas”50 (mitades longitudinales); después, se fuergan con un cuchillu, “forgalu ye

rebajalu pa adelgazalu, pa que doble”50 dejando dos tiras de 0,5 cm de grosor

aproximadamente. Cada una se dobla en forma de U: “calentabes, la corteza cae sola, sin pelarla. Y la madera como está caliente, dobla lo que quieres. Teniendo tién la luna, eh? (en menguante)” 50 y se atan para que adopten esa forma. Se afilan los

extremos, y ya está listo. Además de para recoger aricios, les tiñaces servían como instrumento musical improvisado: “Si el dimidor no aguantaba dimir más que les muyeres apañar, después elles estaben debaju y tocáben-y les tiñaces (...) porque le espabilaba”124. Contra esto había una estrategia del dimidor: tirar las castañas todo lo

lejos que podía, apurrilos de láu, o ‘de teyera’50, para que los de abajo tuvieran que

estar corriendo de un lado a otro50.

“Tenín que estar verdes (...) siempre se suelta alguna, porque habíales más tempranes, y eses tráense pa casa... llámense les de la piértiga. Y les del aricio son les que valen, que son les pilongues“124. Los aricios que estaban cerrados iban a un

cuartillu o un sementeru, cesto que se llevaba colgado, y de allí a un cesto mayor: la macona. Les castañes que habían salido ya del ariciu (castañes de la piértiga124,

esbillaes50,124 o escundiaes68) se echaban a una bolsa (fardela o corexa137) de tela de

saco, se llevaban a casa, y eran las primeras en consumirse.

Una vez los dueños de cada castañar habían atropáu les castañes, entonces había permiso para que, quien quisiera, recogiera las que habían dejado atrás; esta costumbre se llamaba la bolenga: “andábase por los castañéos a la bolenga, pa los que quedaban pa los matos, que la gente no quería entrar. (Acudían) todos, chavalería, guaηes, mozos, y moces, de todo. Terminando la gente de atropales, después íbase detrás”50,124. No es de extrañar que, quien vivió aquellos tiempos, se

eche las manos a la cabeza viendo como ahora las castañas se dejan perder en el suelo, en medio del camino.

Encuerriar

“Echábanse a la macona y después, estando la macona llena, vaciábase a la cuerria”. Una cuerria es un muro de piedra circular, a modo de corralillo, de 2-5 metros de diámetro, y en torno a 1 m. de alto, donde se apilaban las castañas recién recogidas en verde. Cada vecino tenía varias cuerries “o tres o cuatro. En cada castañéu había una... cada vecino tenía su cuerria “50. Aún se encuentran los restos

de estes cuerries en muchos castañéos, muchas ya totalmente derruidas. Esta costumbre es muy típicamente asturiana; se hace igual en Cangas de Narcea (Gómez Oliveros, 2002a), pero ya en El Caurel se ahuman las castañas en cabañas especiales (Blanco Castro, 1995).

Cubríase después la cuerria con maleza124 para que los animales (el xabalín, entre

otros) no comieran las castañas: felechu, fueya de castañar, artos o bardera, cotoya, espinos... Se metían en la cuerria como método de conservación, “les encuerriaes aguantaben muchu”50. En la cuerria el ariciu fermenta, protegido por la cubierta

vegetal que mantiene el calor y la humedad. Después de este proceso, las castañas se agusanan menos, y además, según dicen, cambia su sabor.

Tabla 16. Recogida y almacenamiento de las castañas

Nombre común Nombre científico Utilización Citas

Informantes Bibliografía

Castañu Castanea sativa Tiñaces Cubrir cuerria

4 1

10,50,64,124

137 Gómez Oliveros, 2002a Ablanu Corylus avellana Pértiga, gabitu 3 10,33,50

Felechu Pteridium aquilinum Cubrir cuerria 2 137 Gómez Oliveros, 2002a Ortiz, 2002

Artos, bardera Rubus sp. Cubrir cuerria 2 10,50

Cotoya Ulex europaeus Cubrir cuerria 1 10 Gómez Oliveros, 2002a Espinos Crataegus monogyna,

Prunus spinosa, Pyrus cordata

Cubrir cuerria 1 50

Foto 4. Cuerria abandonada

Les castañes permanecían encuerriaes hasta Navidad, o hasta enero o primeros de febrero. En estas fechas llegaba el momento de sacarlas de allí y esbillales rastrillando el montón con un angazu (ver apartado 1.2.): “Echábanse en un montón, y después con l’angazu dibes espardiéndoles, y tirando por los aricios, y les castañes, como l’ariciu taba ya muy maduru, mojáu... pues el ariciu diba p’alante, y les castañes quedaben detrás”50.

Este trabajo era, al parecer, especialmente pesado “¡Qué calamidá! no hay quien aguante, fiya. Tou el día: abrilo, espardelu, machacalu bien (trizalu10), sacar toes les

castañes, con las manos (...) Vuelves el angazu, que los dientes son pa angazar los aricios, y lo otro pa machacar bien, bien, bien”124. “Dan qué hacer, dan qué

hacer”52.

Con los aricios, se hacía “una pila de abonu (...) después de cuatro o cinco meses, estando apiláu, ya pudrecen todos”50.

Amagüestu

Y cómo no, después de la cosecha venía la celebración. En muchos lugares de España, sobre todo en el tercio norte, se celebraba una fiesta en el momento de recoger las castañas (Atienza, 1997).

En Asturias coincide además esta época con la de recogida de la manzana. Cada uno en el pueblo ponía un montón de castañes de las que recogieron sin ariciu, facían un ηuéu (fuego) y tiraben allá un puñáu de castañes, que españaben (explotaban)... y tomaben castañes asaes con sidra137. Es el tiempo de beber sidra dulce o del

duernu, recién mayáu, aún sin fermentar (ver 3.9. La sidra). Esta costumbre se mantiene, hoy día, y posiblemente esta es la única excusa que hace que algunas de las castañas que caen indolentemente se recojan, y se asen, y se tomen entre amigos, colegas, familia, compañeros de colegio... y es que en Piloña, como en tantas otras zonas de España, lo último que se pierde es el festejo.

La cuña o sarda: les castañes mayuques

“Qué sé yo, habría castañes pa hasta mayo. Pa comer todo el año, hasta mayo, de noviembre a mayo (...)”50. Para que les castañes se mantuvieran en buen estado tanto

tiempo, no bastaba con haberlas metido en la cuerria y guardarlas luego en un lugar seco “en casa en corredor, o en el desván, y se iben gastando”50. Las que se

querían guardar hasta la primavera habían de ponerse sobre el fuego, en la cuña o sarda encima de la cocina, para que el humo las conservara (ver 4.2. Cocina). “Poníanse como un huesu”50. Quedaban pequeñas y arrugadas, así se decía de

alguien con aspecto poco saludable: “ruin y espelurriáu como una castaña mayuca”124. Veremos cuándo y cómo se comían las castañas cuando hablemos de

alimentación.

Avellanos cultivados: ablanares o parres

Si hay un fruto del que Piloña esté especialmente orgullosa, son les ablanes, o avellanas. A diferencia de la castaña, la ablana no constituyó nunca un producto básico para la alimentación local (aunque su valor nutritivo es innegable), pero tuvo más valor comercial que esta última.

Les ablanes fueron exportadas en grandes cantidades durante siglos. El Catastro del

Marqués de la Ensenada (en torno a 1750) da noticia de 169 arrieros que se

dedicaban a transportar avellana a los puertos de mar en septiembre y octubre; se cosechaban 967 cargas. A mediados del siglo XX aún había un mercado importante que las enviaba a Cataluña y de allí a otros países europeos. Se instaló en Infiesto una industria de pelado de avellanas, y este producto constituyó durante mucho tiempo una de las mayores fuentes de ingresos de la zona. Desde entonces su importancia comercial ha disminuido hasta convertirse en un producto más, que se vende a mayoristas, o directamente al consumidor en el anual Festival de La Avellana, como ayuda parcial a la economía doméstica.

En Piloña, hablar de ablanu o parru, o de ablanar o parra, es marcadamente diferente. Si bien se trata de la misma especie, se nombra en femenino (la ablanar, o la parra en la parte occidental del concejo) a las plantas cultivadas, que producen ablanes fembra de muy buena calidad. El ablanu o parru es montés, y produce ablanes macho, que tienen forma más alargada, y el cascu o cáscara más dura, y aunque se pueden comer son mucho menos sabrosas. Se llamaban marriondes les ablanes que sabían mal8.

En general no se reconocen tantas variedades de ablana como de castaña. ”Les de aquí hailes unes más gordes, y otres más pequeñes, según el terrenu y lo abonáes que están”50. Se distinguen de les casines, del vecino concejo de Caso, en que éstas

son más pequeñas. Hay alguna variedad de fruto especialmente grande, procedente de Tarragona:50 “avellanones, como llamamos. Son riques, pero creo que saben más

les villanes, tienen más gustu, más jugoses”124. También las hay “de rama roja”50 (Se

trata de la variedad cultivada Corylus maxima var. atropurpurea), pero estas son muy contadas; tienen frutos comestibles, pero pequeños y no muy buenos, y cumplen función principalmente ornamental.

Cultivo de los avellanos

Les ablanares se cultivan típicamente en les sebes, o bordes de les finques, para aprovechar al máximo el terreno agrícola. También hay terrenos dedicados exclusivamente a este cultivo, con fines comerciales, llamados ablanéos. Muchos eran de uso común, pero cada vecino tenía asignado su lote.

Hay varias maneras de reproducir estos arbustos. La manera más sencilla, y posiblemente la más habitual, de obtener un nuevo pie de ablanar, es a partir de un añal50 o renuevo lateral de otra ablanar, arrancarlo con raíz y plantarlo en otro lugar,

en los meses de invierno. Se obtiene así directamente una fembra, que dará ablanes en todo iguales a las del arbusto inicial.

También se obtienen fembres si se planta una ablana fembra (cultivada), verde (antes de turrala, secarla al sol) cerca de casa, en cualquier esquina; cuando tiene dos años, ya se puede transplantar a la sebe, en una poza bien profunda (80 cm) pa que

la raíz tenga por dónde tener50. Se rellena con abono o cuchu y se tapa con tierra. En

otros dos años se puede obtener la primera cosecha50.

Aún hay otra manera, para obtener ablanares a partir de un ablanu macho (silvestre): “Si lo plantes machu, hay que plantalu tres años seguidos. Este añu plantalu en un láu, l’añu que vién en otru, y pal otru en otru, pa que salgan buenes avellanes. Pierda lo machu, y se vuelvan fembres”50,88. Es decir, un esqueje de ablanu montés hay que

arrancarlo y transplantarlo tres veces, tres años consecutivos, en los meses de invierno, para que produzca ablanes de buena calidad. Dos de los mejores informantes coinciden en este punto, aunque algunos otros no supieron nada de este tema.

Como bien sabrán los lectores, este arbusto o arbolillo no desarrolla de forma natural un gran tronco central, sino que se multiplica en muchas varas laterales, aparra. El único cuidado que precisan los ablanos es la poda de un número de estos pies anualmente, para mantener una cierta estructura que permita la recogida de las avellanas y fomente su producción. Se poda en el momento de esmesar o recoger la ablana, es decir “de agosto pa arriba”88, “hasta septiembre”87. “Algunes parres que ya

son muy grandes, ya son difíciles de doblar, ya se corten por bajo. Que vayan

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