Salvo intoxicación con aire viciado, toda dolencia, cualquiera que sea su nombre o manifestación, siempre se origina y mantiene por desequili- brio térmico del cuerpo, de intensidad variable. Repetimos, la fiebre in- terna produce la putrefacción de los alimentos, los que, corrompiéndose, en lugar de nutrir, envenenan el organismo. La fiebre interna acelera el ritmo cardíaco y hace que el corazón lance a los pulmones con mayor fre- cuencia la ola sanguínea, congestionando los órganos respiratorios y debi- litando sus funciones de nutrición y eliminación. La fiebre interna conges- tionando las entrañas, produce anemia de la piel. La deficiente circulación sanguínea en la piel incapacita a este órgano para desempeñar su impor- tante función eliminadora por los poros.
De aquí resulta que el desequilibrio térmico, mientras favorece la ela- boración de tóxicos en el intestino afiebrado, impide la expulsión de di- chos venenos por la piel anémica y fría. Tenemos, pues, explicado el "de- bilitamiento" característico de todo enfermo, cuya fuerza vital se deprime por desnutrición e intoxicación progresiva.
El iris de los ojos revela la exactitud de lo expuesto, como se explica más adelante.
Según esto, el origen de toda enfermedad está en los desarreglos di- gestivos que se originan y mantienen por la fiebre del estómago e intesti- nos del enfermo. Este calor anormal se desarrolla como efecto de esfuer- zos prolongados que se ve obligado a realizar el aparato digestivo para elaborar alimentos inadecuados. Se explica así la definición de fiebre o calentura según mi Doctrina Térmica: ella es fenómeno de naturaleza inflamatoria y congestiva, originado por reacción nerviosa y circulatoria cuando los nervios son irritados o se hallan sometidos a trabajo mayor que el normal.
Junto con congestionar las mucosas del interior de su vientre con ali- mentación innatural, el hombre afemina su piel con abrigos exagerados y vida sedentaria y a la sombra. Es así como se prepara y mantiene el es- tado de enfermo y sus síntomas o manifestaciones por desequilibrio térmi- co del cuerpo.
Si comemos naranjas u otra fruta cruda, en cualquier cantidad que sea, y observamos el pulso antes y después de esta comida, comprobaremos que no se ha producido alteración apreciable en la actividad cardíaca. Pero si estas observaciones las hacemos antes y después de una abundante comida o cena, en que se han ingerido carnes, conservas, aliños, dulces y licores, nos llamará la atención el aumento de las pulsaciones que, de 70 que eran antes de comer, después de este acto han subido alrededor de 100 por minuto, lo que nos revela el alza de la temperatura interna del cuerpo, porque la actividad cardíaca se acelera con el calor.
La sensación de frío a los pies y calor a la cabeza, que acompaña a las buenas comidas, nos revela el desequilibrio térmico del cuerpo, con au- mento de su calor interior, por efecto del trabajo forzado del estómago e intestinos.
Siendo las frutas crudas el alimento natural del hombre, su digestión no impone trabajo anormal a los órganos digestivos, lo que significa que tampoco se altera el equilibrio térmico del cuerpo, elaborando alimentos adecuados.
Origen de la fiebre interna
Como se ha dicho, la fiebre o calentura interna se origina y mantiene por reacción nerviosa y circulatoria originada por prolongado esfuerzo digestivo para elaborar alimentos inadecuados.
Es ley física que todo trabajo desarrolla calor. Mayor trabajo, mayor calor también. Así, si aserramos madera a mano, observaremos que los músculos del brazo progresivamente se calientan y congestionan hasta lle- gar a hincharse si se exagera el ejercicio. Se ha producido entonces una fiebre o calentura muscular por reacción nerviosa y circulatoria porque los nervios han sido sometidos a trabajo forzado.
El mismo fenómeno se produce en el aparato digestivo del hombre. La naturaleza ha destinado el estómago e intestinos del ser humano para ela- borar la digestión de frutas, ensaladas y semillas de árboles en su estado natural. Con estos alimentos el trabajo del aparato digestivo se realiza sin esfuerzo, en dos horas a lo más. Pero, estas mismas substancias coci- das o asadas prolongan el trabajo digestivo a tres o más horas, lo que se traduce en un principio de congestión y mayor calor. Ahora, alimentos cocinados a base de productos de origen animal y cadavéricos, con aliños irritantes y todavía mezclados con bebidas alcohólicas, obligan a las mu- cosas del estómago e intestinos a forzar su trabajo, que se prolonga tres o cuatro veces más que lo normal. Este mayor y prolongado trabajo se tra- duce en mayor calor, vale decir, en fiebre o calentura gastrointestinal, que favorece la putrefacción de los alimentos y es fuente de venenos que im- purifican la sangre, afectando los órganos vitales del cuerpo humano y produciendo diferentes síntomas constitutivos de las diversas dolencias clasificadas por la Patología.
Repetimos, productos cadavéricos o de fábrica, licores y manjares ali- ñados, imponen trabajo forzado a los órganos digestivos, esfuerzo que se traduce en congestión de las mucosas y paredes del estómago e intestinos, elevando así la temperatura interna del vientre, con debilitamiento del ca- lor de la piel y extremidades. El pulso, que como sabemos guarda relación con la temperatura interior del cuerpo, con su aceleración denuncia el efecto febril causado por la alimentación insana.
Desde que el hombre deja el pecho de su madre, comienza a introdu- cir en su estómago alimentos inadecuados, los que congestionan, afiebran, debilitan y degeneran sus mucosas y tejidos. El iris revela este proceso, mostrando disgregados y esponjosos los tejidos correspondientes al es- tómago e intestinos. Por otra parte, enfundada la piel con abrigos exage-
ENFERMEDADES POR DESEQUILIBRIO TÉRMICO DEL CUERPO 69
rados, se enfría progresivamente la superficie del cuerpo que necesita estar en conflicto con el frío de la atmósfera para desarrollar calor por reacción nerviosa y circulatoria.
Si cada día en el espacio de años, se reproduce este proceso de con- gestión interna y afeminamiento de la piel, no es de admirarse que, salvo gran resistencia por contextura orgánica privilegiada, el estómago e intes- tinos presenten mucosas y paredes de tejidos esponjosos, crónicamente in- flamados, causa de constante desequilibrio térmico en el cuerpo que, alte- rando la normalidad funcional del organismo, es origen de desarreglos ge- nerales y trastornos locales, desde la dispepsia hasta la degeneración or- gánica.
Se explica así el frío de la piel y extremidades, característico de los ancianos, siempre unido a la aceleración de su pulso que revela la fiebre o calentura crónica de sus entrañas.
Iniciada la fiebre interna, la víctima de ella, progresivamente, se ve encerrada en un círculo vicioso en que el calor anormal del vientre favo- rece la corrupción de sus alimentos y la fermentación pútrida de éstos, elevando la temperatura local, favorece nuevas putrefacciones.
Efectos de la fiebre interna
Los alimentos de origen animal, como carne y su jugo, leche, huevos, caldo y mariscos, introducidos en estómago e intestinos afiebrados, se co- rrompen, originando fermentaciones malsanas que, junto con despojar a esos alimentos de sus propiedades benéficas, cargan la sangre de substan- cias tóxicas y materias extrañas a los tejidos vivos del cuerpo.
Estas materias extrañas, que también se transmiten a la descendencia con la sangre, cambian la forma del cuerpo y especialmente el rostro y cuello del individuo, dando lugar al diagnóstico por la expresión del ros- tro de Kuhne, del que hacemos referencia en el capítulo XII.
Estas substancias morbosas irritan, congestionan, debilitan y destru- yen los tejidos y órganos del cuerpo menos resistentes, dando lugar a las dolencias localizadas en diversas partes de! organismo y catalogadas con diversos nombres por la Patología.
Por otra parte, como efecto de la fiebre interna, se producen dos fenó- menos que debemos considerar: uno general, la "debilidad" por desnutri- ción e intoxicación, característica de todo enfermo en grado variable, y el otro, local, inflamación generalmente dolorosa, en la parte del cuerpo di- rectamente afectado y síntoma localizado del desarreglo general.
Las materias inadecuadas para incorporarse a la economía del cuerpo, introducidas con los alimentos antinaturales o derivadas de las fermentacio- nes pútridas del intestino, alteran la composición normal de la sangre que se acidifica. Además, cargado de substancias extrañas, el fluido vital pier- de su fluidez y se moviliza con dificultad. De aquí la impurificación y
mala circulación de la sangre que revela el iris, en grado variable, en to- do enfermo crónico.
Por otra parte, las fermentaciones malsanas desarrollan gases tóxicos que penetran a través de los tejidos porosos del cuerpo, de preferencia hacia arriba, afectando con su acción irritante y corrosiva los órganos del pecho, cuello y cabeza. Condensándose estas materias gaseosas en el cere- bro o en los órganos respiratorios, producen irritaciones, inflamaciones y dolores locales que erróneamente se atribuyen a la acción microbiana. Tanto la llamada tuberculosis pulmonar como la parálisis sólo son cura- bles actuando sobre el vientre, donde se originan.
Los alimentos inadecuados, en diversos individuos, no- siempre produ- cen el mismo desastroso efecto para su salud, pues ello depende de la po- tencia digestiva de cada organismo.
Las personas que por herencia poseen una contextura privilegiada de su estómago e intestinos, poseyendo también una mayor capacidad de tra- bajo y resistencia de estos órganos, pueden digerir con relativa facilidad alimentos que estómagos de inferior constitución sólo pueden hacerlo con extraordinario esfuerzo.
Así se explica que el desequilibrio térmico del cuerpo, que se origina como efecto del esfuerzo extraordinario que exige la elaboración de ali- mentos inadecuados, varíe según sean fuerte o débil el estómago e intes- tinos de cada persona. También este desequilibrio térmico puede ser pasajero o estable, según sean aislados o repetidos los desarreglos de la digestión.
Lo dicho explica también que personas que viven cometiendo diarios errores y excesos en la alimentación, suelen vivir aparentemente sanas y alcanzar edades avanzadas. Estas personas están gastando una vitalidad acumulada por sus progenitores, despojando de ella a su descendencia, condenada a pagar los errores de sus padres.
Mi doctrina del desequilibrio térmico como causa del desarreglo fun- cional del organismo, explica por qué los enfermos crónicos sienten agra- varse sus achaques el tiempo frío y consiguen aliviarse en la época de calor.
Por otra parte, la calentura o fiebre interna, convirtiendo el vientre en laboratorio de putrefacciones que impurifican la sangre, cargándola de substancias acidas, irritantes y corrosivas, obliga a los órganos encargados de purificar o de hacer circular el fluido vital, a un constante y forzado trabajo que irrita, congestiona, debilita y destruye los tejidos del corazón, hígado, ríñones, bazo, venas y arterias. Todas las enfermedades de estos órganos, pues, tienen su origen en los desarreglos digestivos, originados y mantenidos por la fiebre interna, que es preciso combatir para remover toda dolencia. Afecciones nerviosas también son efecto de impurificación de la sangre por desarreglos crónicos de la digestión.
Garganta, ojos, oídos, nariz y cuero cabelludo se enferman a con- secuencia de la acción irritante y corrosiva de los tóxicos que se derivan