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In document 2013 Annual Report 2 013 (Page 46-48)

latura sobresaliente, pensando con ello haber perfeccionado sus condicio- nes orgánicas, cuando en realidad lo que se ha conseguido ha sido un des- equilibrio orgánico, es decir, un estado de enfermedad crónica.

No hay, pues, que exagerar ninguna facultad ni cualidad del organis- mo, porque ello va en menoscabo de otras aptitudes o condiciones fisioló- gicas de nuestra naturaleza, produciendo con ello el desequilibrio orgánico que es alteración de la salud.

Con lo expuesto, no se crea que condenamos los deportes y ejercicios gimnásticos que atraen tanto a la juventud; lejos de esto, no sólo los acon- sejamos, sino que los creemos indispensables para el desarrollo físico en los jóvenes de las ciudades especialmente, ya que la vida que en éstas se hace es de poco movimiento y actividad. Condenamos sí la exageración que lleva a abusar de las aptitudes fisiológicas para conseguir un desarrollo corporal desproporcionado a las necesidades del sujeto. Y lo que es más perjudicial es el boxeo, que degenera el cerebro con brutales golpes.

Para justificar nuestro punto de vista, nos bastará citar el caso del co- nocido atleta Eugenio Sandow, que, por su bella musculatura, por mucho tiempo en Europa fue considerado modelo de salud y energía física, mu- riendo repentinamente y en mitad de la vida a los 52 años, de un ataque cardíaco.

Cualquier anormalidad frecuente en la digestión, que constituye el centro del funcionamiento de nuestro organismo, nos revela una falla que, si no es debidamente atendida, con seguridad originará males mayores. En estado de salud el hombre debe desocupar su intestino a lo menos al despertar y al acostarse cada día. Sus excrementos deben ser abundantes, compactos, color bronceado y libres de olor repugnante. Excrementos es- casos, tardíos, diarreicos, endurecidos, blancuzcos o negruzcos y de mal olor, revelan putrefacciones intestinales que impurifican la sangre y des- nutren e intoxican al sujeto.

Los ojos del individuo reflejan el estado interior de su cuerpo. Como se verá más adelante, el iris de los ojos de una persona es maravilloso es- pejo donde se refleja su constitución orgánica, el estado de pureza de su sangre y las anomalías orgánicas con congestión y anemia de los órganos y tejidos de su cuerpo.

También el rostro y su expresión revela el estado general de salud de una persona.

El cuerpo del hombre sano posee las siguientes características; color uniformemente rosado, porque la sangre buena es roja y fluida; no espesa y obscura; piel húmeda y caliente sin exceso, porque en el calor templado y en su uniforme distribución en el cuerpo está la normalidad; carnes en- jutas pero lozanas, porque las grasas constituyen materias extrañas y da- ñinas; flexibilidad muscular, pelo íntegro, dentadura vigorosa, mirada cla- ra y serena; orejas carnosas y rosadas; cuello delgado y cilindrico; boca siempre cerrada; pecho levantado y vientre liso; espalda derecha y hom-

bros simétricos, a igual nivel; andar airoso y ligero, excrementos inodo- ros, color bronceado y de forma cilindrica, que se expulsan dos o tres veces al día, sin esfuerzo ni adherencias. Además, el aliento y el sudor care- cen de olor desagradable; la lengua siempre está limpia; los pies se man- tienen calientes en todo tiempo.

Todo cuerpo sano posee resistencia al frío y calor, sin fatigarse con el trabajo o ejercicio moderado; también el estómago sano sin desfallecer re- sistirá la sed y el hambre. Se come con hambre y se descansa tranquilo, despertándose animoso y optimista.

Las características. del cuerpo sano, como se ve, corresponden al ideal de belleza física, tanto en el hombre como en la mujer. En efecto, salud y belleza son. exponentes de normalidad, así como los términos opuestos denuncian anormalidad orgánica.

Para conservar la salud y belleza es preciso formar sangre pura me- diante digestiones normales. Para que la digestión sea normal se requiere una temperatura normal al interior del vientre, la que se mantendrá me- diante alimentos naturales de fácil digestión; a lo menos en el desayuno y merienda, siempre se comerá fruta cruda solamente. Por otra parte, es pre- ciso activar la eliminación de las materias malsanas a la economía orgánica, mediante ejercicios corporales y sudores al sol o vapor, cada día. No se permitirá el frío de los pies, combatiéndolo con vida al aire libre. Por fin, es indispensable para la salud respirar aire puro de día y de noche, durmien- do con ventana abierta; este recurso dará colores hermosos al rostro sin ne- cesidad de artificios.

Si el hombre viviese desnudo o semicubierto, comiera solamente ali- mentos crudos, como frutas, semillas y ensaladas y durmiera al aire libre y sobre la tierra desnuda, moriría de viejo alrededor de los 150 años.

CAPÍTULO VIIII

ENFERMAMOS POR DESEQUILIBRIO TÉRMICO DEL CUERPO

Según mi Doctrina Térmica, la salud del hombre depende de su lucha contra el calor interno de su cuerpo, porque él es el único ser de la crea- ción que vive enfermo desequilibrando sus temperaturas, con la cocina que afiebra sus entrañas y con ropas y abrigos que enfrían su piel por sus- traerla al conflicto térmico de la atmósfera. Según esto, la salud no se conquista sino que se cultiva cada día mediante el equilibrio térmico del cuerpo.

Alteración funcional y no infección microbiana es la característica de toda dolencia del hombre, como se ha dicho.

Enfermamos, o sea, perdemos la salud, vale decir la normalidad fun- cional del organismo, por alterar el calor que debe ser uniforme en el cuer- po. En otros términos, las funciones de nutrición y eliminación se alteran según sea mayor o menor el calor en los órganos correspondientes.

Hemos visto que el estado de enfermo supone fiebre gastrointestinal. Esta fiebre o calentura altera la salud y mata porque desnutre e intoxica a sus víctimas.

En efecto, la fiebre o calentura del aparato digestivo transforma en putrefacción el contenido intestinal, alterando también las funciones de nutrición y eliminación de los pulmones y de la piel. Como el corazón, en su actividad sigue a la temperatura, la fiebre gastrointestinal acelera su ritmo aumentando la frecuencia de la ola sanguínea a los pulmones. De aquí que progresivamente se congestionen sus tejidos, estrechando el es- pacio destinado al aire en ellos y disminuyendo así la capacidad de trabajo de los órganos respiratorios. La piel, verdadero tercer pulmón y riñon, también se incapacita para desempeñar sus funciones por falta de normal riego sanguíneo en la superficie del cuerpo, debido a la congestión de las entrañas afiebradas. Se ve, pues, el trastorno general que sufre el fun- cionamiento de la máquina humana por la fiebre gastrointestinal, propia de todo enfermo, en grado variable.

Así se explica que el hombre muera de fiebre o calentura y no por obra de microbios.

La salud, o sea, el normal funcionamiento del organismo, requiere tem- peratura normal y uniforme en el cuerpo. Los escalofríos revelan agudo desequilibrio térmico del organismo y preparan el desarreglo general que después se diagnosticará según sea el órgano más afectado.

Nuestro cuerpo tiene dos envolturas. La externa se llama piel y la interna, mucosa. Ésta cubre las cavidades interiores de nuestro organismo.

La calentura o fiebre interna devorando la vida por desnu- trición e intoxicación. Como se verá, este es el enemigo —y no el microbio— que debemos combatir en todo enfermo, cualquiera que sea el nombre o manifestación de su dolencia.

La salud, es decir, la normalidad funcional orgánica, sólo es posible con temperatura equilibrada de la piel y mucosa.

Existiendo 37 grados centígrados sobre las mucosas del aparato di- gestivo, tendremos digestiones sanas que serán fuente de sangre pura. Si además, dicha temperatura existe también sobre la piel, las eliminaciones por sus poros serán adecuadas a las necesidades del cuerpo.

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