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De la observación del conjunto de situaciones a las que se suele denominar desastre, gran incidente, catástrofe o incidente grave, es posible establecer dos tipos de emergencias diferenciadas. Debido a la falta de acuerdo sobre los términos y definiciones ya mencionada, recibirán aquí el nombre de desastres o catástrofes, por un lado, e incidentes graves o emergencias colectivas, por otro.

Cualquier clasificación debe tener por objeto ofrecer una ayuda práctica a la hora de abordar un tema determinado. El objetivo de esta clasificación es el de definir mejor las emergencias y ofrecer una guía para quienes deseen trabajar en estos temas. A continuación, se describirán algunas diferencias entre los grandes desastres y los incidentes graves. Ambos tipos de emergencias contienen características comunes, y muchos de los conceptos y sistemas aquí explicados pueden aplicarse por igual en un accidente de tren o en un gran terremoto. Pero muchos otros son aplicables a los dos tipos de emergencias, y no siempre las experiencias y conocimientos generados, por ejemplo, en la gestión de víctimas de una explosión sirven para la gestión de víctimas de un huracán (Reyes, 1998). Por tanto, es importante definir a qué tipo de suceso nos referimos y orientamos nuestros esfuerzos de planificación y gestión. Asimismo, debe recordarse que la distinción entre ambos no es nítida, precisa ni universal, y que es posible encontrar eventos que se sitúen en una zona intermedia, aunque es aplicable a la gran mayoría de las emergencias. A pesar de la falta de una definición universalmente aceptada, se diferencian a grandes rasgos los desastres de los grandes incidentes:

Desproporción entre necesidades y recursos

En un gran incidente se produce una diferencia acusada inicial entre las necesidades urgentes – asistencia a los heridos, fuego – y los recursos para atenderlas – equipos sanitarios, medios de extinción de incendios, etc. – que se soluciona en cuestión de horas. En un escenario de desastre tras un terremoto, por ejemplo, esas necesidades urgentes se cubrirán después de días o semanas.

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Dada esa desproporción inicial en un gran incidente, los problemas para responder al mismo se concentrarán en los servicios de emergencia y los hospitalarios. En un desastre, los servicios saturados y sobrecargados serán muchos más- Por ejemplo, la necesidad de proporcionar comida y agua en un gran incidente se concentra en los intervinientes de los servicios de emergencia. En un gran desastre o catástrofe, esa necesidad puede afectar a decenas de miles de personas y los servicios implicados en su atención serán muchos más – ministerios, organismos gubernamentales, ONG, organizaciones internacionales, etc – (Newburn, 1993). Tampoco es frecuente que en un gran incidente se genere la necesidad de dar un hogar a miles de personas. Pueden necesitarse algunas plazas para inquilinos de algún edificio evacuado, pero no suele ser decenas de miles o incluso poblaciones enteras. Las diferencias entre los dos tipos de eventos, además del número de operaciones y de los afectados, entre las diferencias que distinguen a los dos tipos de eventos se encuentra el factor del tiempo. En el caso de las emergencias colectivas, el tiempo que los servicios respondientes estarán saturados o sobrecargados puede estimarse en horas; por lo que respecta a las catástrofes, puede estimarse en semanas o meses.

Suministros básicos

En un gran incidente, como una gran explosión en una zona urbana, pueden llegar a romperse algunas conducciones de agua o electricidad, interrumpiendo el suministro durante un tiempo, pero suelen estar limitados al área afectada. En una catástrofe, como la generada por un seísmo o tornado, puede haber ciudades enteras sin suministro de agua, electricidad o teléfono, y las alternativas pueden ser escasas o inexistentes.

Infraestructuras

Igualmente, en algunos incidentes graves puede haber calles o zonas que se vean afectadas y el tránsito por las mismas sea interrumpido temporalmente. En un evento catastrófico, los daños en infraestructuras de comunicaciones como carreteras, vías férreas o aeropuertos pueden dejar aisladas ciudades y pueblos. Los daños en viviendas, industrias, puentes, escuelas, hospitales pueden ser masivos y generalizados, cosa que en el primer tipo de emergencia se registrará en todo caso de modo localizado y limitado.

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Los incidentes graves pueden ocurrir en uno o varios puntos a la vez, pero cada uno está localizado en un lugar concreto y suelen ser delimitados – con alguna excepción, como un escape químico -. Las áreas afectadas por un desastre suelen ser más difíciles de acotar y su delimitación es más difusa, alternándose además zonas con distinto grado de afectación (Aguilar, 1978). El mero concepto de “acordonar la zona afectada” podría aplicarse a un lugar siniestrado pero sería impensable acordonar una zona afectada por un huracán – se entiende que es posible acordonar zonas limitadas dentro del área afectada pero no toda el área de desastre -.

Extensión (tabla 3.2)

Además de la dispersión geográfica, la otra gran diferencia entre ambos tipos de sucesos es la extensión afectada. En un incidente grave se mide en m2. En una

catástrofe se mide en cientos o miles de km2.

Gran incidente/ emergencia

colectiva

Desastre/catástrofe

Desproporción

necesidades/recursos Horas Días, semanas

Servicios de respuesta

Servicios de urgencias y emergencias

Serv. De emergencias, reparación de infraestructuras, suministros básicos,

reconstrucción, etc. Suministros básicos

(agua, electricidad) Ninguno Varios

Infraestructuras Ninguna Carreteras, vías férreas, puertos, viviendas, industrias.

Localización Delimitada Dispersa

Extensión Metros cuadrados Miles de hectáreas

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Como ya se ha mencionado, esta clasificación sirve para diferenciar la gran mayoría de las emergencias. Aun así, es posible encontrar sucesos difícilmente encasillables, con características propias de ambos tipos de situaciones. Esta tabla debe tomarse como una ayuda a la hora de clarificar un panorama algo confuso, no como una taxonomía que englobe un tema muy amplio y complejo. Su principal objetivo es ofrecer una ayuda a la hora de establecer los objetivos de la planificación, es decir, clarificar para qué tipo de situación se está planificando. Muchos aspectos que se incluyen en la planificación y la gestión de catástrofes son, sin duda, muy útiles para abordar las emergencias colectivas, pues tienen un tronco común. Pero muchos otros no son aplicables por igual a las dos situaciones. En ambos casos, los problemas de las comunicaciones son frecuentes. Pero, mientras que en un gran incidente el problema suele ser la saturación de las frecuencias de radio de los servicios de emergencia, que normalmente no se extiende más allá de una o dos horas, una zona afectada por una catástrofe que tenga un problema de comunicaciones, lo más probable es que se trate de la destrucción total o parcial de las mismas. También en el tema sanitario se encuentran diferencias. La planificación y gestión de accidentes con múltiples víctimas suele requerir el establecimiento de áreas para el tratamiento de heridos, pero no la creación de estructuras con la capacidad de hospitalización de esos heridos, cosa que sí puede ser necesaria en un desastre, puesto que los hospitales pueden estar destruidos. Por ello, a pesar de la similitud en muchos aspectos de la planificación y la gestión de estas situaciones de emergencia, las medidas para planificar y preparar la respuesta a uno u otro tipo pueden ser muy distintas, y abordar el tema sin definir a qué situación se pretende planificar puede llevar a errores serios. En ocasiones se observa cómo muchos planes de desastres tratan en realidad el tema de la respuesta a los grandes incidentes, pues lo hacen asumiendo que todos los servicios de respuesta están disponibles y las infraestructuras están intactas; es decir, se quedan cortos en su previsión. En otras, los planes de emergencias abordan temas como la gestión de campos de desplazados, la alimentación en masa o la hospitalización en estructuras provisionales mezclados con temas propios de grandes incidentes o Accidentes de Múltiples Víctimas; se incluye todo en un conjunto restando claridad al plan. Una planificación progresiva, que incluya ambos supuestos pero de modo claro y diferenciado, debe ser el fin último de todo programa de preparación y planificación de situaciones de emergencia. El objetivo de este libro es ofrecer una ayuda para la planificación y gestión de los grandes incidentes o emergencias colectiva, no para las

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catástrofes. No obstante, muchas de las premisas fundamentales son comunes a ambas situaciones, en especial las que son de carácter más general, y por tanto también forman parte de los fundamentos sobre gestión de desastres, pero no de su desarrollo específico y aplicación práctica.

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