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La tercera vía que a continuación se propone como una posibilidad para poder frenar a EE.UU. son los otros Estados, es decir en un esquema de balance de poder, tal y como se dio durante el denominado Concierto de Europa, donde al igual que en muchos otros casos han sido otros Estados los que lograron hacer frente a una acción que parecía inminente por parte de otro país, ya sea de manera conjunta o individual. Lo cual no quiere decir que la propuesta insinúe parar una guerra con otra guerra, sino el enfrentamiento entre dos o más Estados en este caso debiera ser con un balance de poder, ejerciendo coerción por otros métodos distintos a la guerra. La propuesta se ve complementada y fortalecida por el uso de medios pacíficos para la solución de controversias, como los medios diplomáticos, la negociación, mediación, conciliación y el arbitraje.

Después de haber analizado la posición de los organismos internacionales, sus fortalezas y debilidades, es importante dar su lugar al actor por excelencia que es el Estado. En su calidad de ser el actor que posee de plenas facultades y capacidades frente al derecho internacional, a su ves dando vida a otros Estados por medio del reconocimiento y al resto de los elementos que configuran el orden internacional. Es así como hace lógica que los Estados tengan una mayor capacidad para contener, y quizá mucho antes de contener incitar a un país como EE.UU. a una cooperación continua y no a una política suprema con intenciones de universalizarse por diversos medios, incluyendo en estos la guerra. Antes de llegar a un proceso de mayor tensión, en donde efectivamente los Estados son más susceptibles de llegar a la guerra, resultaría útil pensar en la utilidad de los contrapesos para poder encaminar a todos los Estados, a compromisos de paz y de retomar los diversos caminos pacíficos para la solución de controversias.

Sin llegar a descalificar el trabajo y el éxito obtenido por parte de los diversos organismos y foros de negociación, está comprobado por las cumbres presidenciales y reuniones de alto nivel, que estos encuentros resultan mucho más productivos y sustanciales en tan sólo unos días, que lo alcanzado en periodos más prolongados de tiempo dentro de organizaciones y foros multilaterales. La razón es muy simple, tiene que ver con el poder de

negociación, el peso y la presión que estas implican. Por lo que siguiendo en esta misma lógica, resulta más fácil ver que el poder de convocatoria y presión que puede ejercer una organización, por grande que esta sea, no es comparable con las capacidades de las que están dotados los Estados. Tan sencillo como ver que ninguna organización posee de un poder coercitivo como para poder presionar a un Estado hasta el nivel de que este acceda a alinearse a lo que dicta la comunidad internacional. Dado que toda organización o tratado está sujeto a la aceptación por parte del Estado mismo y a su vez este puede retirar su firma o filiación en el momento que así lo desee quedando fuera de su jurisdicción y coerción.

En cambio si se analiza la situación entre dos Estados, estas limitaciones que se presentan ante cualquier otro actor del ámbito internacional se difuminan. Dado que dependiendo de lo que así se requiera, el Estado tiene la posibilidad de efectuar acciones de presión que van desde la ruptura de relaciones diplomáticas, hasta ruptura de relaciones comerciales o embargos, donde por más resistencia que pudiese poner el Estado, la presión llega a ser tan fuerte que terminan cediendo. O en casos extremos la posibilidad de enfrentarse militarmente a países más fuertes sin que necesariamente esto ocurra, frena por completo a otro Estado. Aún sin llegar a este tipo de acciones radicales y hasta cierto punto negativas, las posibilidades y beneficios que puede ofrecer otro Estado o conjunto de Estados a cambio de ceder en determinados temas, no es una capacidad con la que cuente un organismo por si solo, sin el respaldo de otros Estados que a su vez estén ofreciendo sus capacidades para dar poder de negociación.

Bajo esta misma lógica, se puede afirmar que la cooperación ha traído grandes beneficios a la mayoría de los Estados, ya que sin entrar en detalle el crecimiento y desarrollo de todos los Estados se encuentra ligado a su relación y comercio al exterior, así como el intercambio no solamente de bienes, sino de servicios, información y conocimiento. Por lo que a su vez es clara la importancia y hasta cierto punto interdependencia que guardan actualmente todos los países, ya que no solamente se ven reflejados en beneficios sino también en obligaciones y compromisos, que de no ser cumplidos pueden repercutir gravemente en cualquier país por grande y poderoso que este pudiese parecer. Es imposible poder visualizar el mismo desarrollo de un país totalmente aislado que uno que mantiene constantes procesos de relacionamiento y cooperación.

El entorno actual ofrece un diverso número de grupos de trabajo y cooperación para los diferentes temas de la agenda internacional. Algunos de los que han retomado mayor peso son los grupos de cooperación regional, así como los grupos conformados por los líderes económicos. Los cuales vistos desde otra perspectiva pueden ser entendidos como grupos de

presión importantes, por el peso que adquieren que los dota de un mayor poder de negociación. Lo cual abre a la posibilidad de encontrar opciones viables de negociación para con EE.UU., sin necesidad de regresar a periodos de tensión complicados como los que se presentaron a lo largo de la Guerra Fría. Además de que resulta si no imposible, complicado, el pensar en que un solo Estado pueda hacer cara por si sólo al país que lleva el liderazgo de manera hegemónica, adicional a que un enfrentamiento uno a uno puede representar un gran peligro para la paz internacional. Por lo que se puede ver con mayor facilidad que sean estos grupos los que negocien y ejerzan presión ante un Estado tan poderoso y con capacidades tan fuertes.

El grupo que se considera como uno de los más fuertes y con altas posibilidades de crecer en capacidades y fungir como un importante grupo de estabilidad, no solamente económicamente hablando sino en términos generales, pues recientemente ya ha incursionado emitiendo opiniones con respecto a otros temas es el G-20. Foro de 19 países más la Unión Europea, donde se reúnen Jefes de Estado y de Gobierno, creado principalmente para discutir temas económicos. Esta conformado por los siete países más industrializados (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) más Rusia, y once países considerados como economías emergentes (Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Turquía). El peso económico que este grupo representa le da un fuerte poder de negociación, que bien puede ser utilizado para obtener mejores resultados y avanzar en temas de cooperación y el orden internacional en favor de la paz y la seguridad internacionales.

En los últimos años EE.UU. ha venido actuando con una actitud indiferente con respecto a lo establecido al derecho internacional y parándose en su calidad de país hegemónico, que es justamente con esta base con la que ha emprendido diversas guerras. Por lo que esta propuesta abre a la posibilidad de que pueda tener un mayor poder de coerción el G-20 para solicitar a EE.UU. la ratificación de tratados y su alineación a favor de la paz, a manera de contrapeso para de esta manera evitar que se siga debilitando el sistema internacional y la legitimidad de sus organizaciones. Ya que de cierta medida bajo la presión de un grupo con tanto peso del cual él mismo forma parte, y no por parte de un solo Estado o de una organización sin poder coercitivo alguno, no podría simplemente darse la vuelta e imponer su voluntad como se ha visto recientemente en diversas ocasiones.

Si tan sólo un país con un peso tan importante como lo es Rusia, se considera que jugó un papel importante para que apenas el año pasado (2013), se contuviera EE.UU. de invadir Siria, ante la presunción de que poseía gas sarín. En un momento donde parecía que se había

regresado el tiempo y el mundo se encontraba nuevamente en tensión, como si la Guerra Fría no hubiese terminado hace más de 20 años. Lo cual deja en claro la importancia y el peso que tiene la intervención de los Estados para ejercer presión y contener ante hechos que podrían resultar catastróficos y que transgreden el derecho internacional y de manera específica la soberanía de los Estados y los derecho humanos de la población. Desde luego que es un mecanismo que no funcionaría con cualquier país, pero el peso que estas dos naciones tienen una frente a la otra, permitió que se diera un contrapeso, de tal suerte que no fuera tan fácil para EE.UU. tomar la decisión de atacar o invadir Siria. Si eso logró un solo Estado, resulta más fácil dimensionar el poder de presión que puede poseer un grupo de países como el G-20.