3. State of the Art
3.3. Flexibility in Collaborative Processes
Con lo que he explicado hasta ahora ya se tiene una base para poder entender todo un proceso de trabajo a realizar. Anteriormente ya hablé de los primeros pasos o aspectos del trabajo: primero estar atento, estar atento para observar todo lo que pasa, para descubrir los condicionamientos y transcenderlos, y luego seguir estando atento para descubrir todo ese personaje que yo estoy creyendo ser. Ir descubriendo su perfil, descubrir su base que es el yo idea infantil pero que persiste, y descubrir su proyección que es el yo ideal. Ya tenemos aquí un campo fascinante de observación, de autodescubrimiento de lo que no somos, porque solamente podemos descubrir lo que somos si quitamos lo que cubre lo que somos. Descubrir, destapar, y lo que está tapando es nuestro modo de pensar, de creer, de actuar, que es totalmente erróneo. Luego hablé de la actitud positiva profunda basada en la intuición de que yo soy, yo soy en sí, esencialmente, intrínsecamente, energía, inteligencia y amor-felicidad, y por lo tanto mi vida tiene como sentido el actualizar esto en cada instante de mi existencia. No se trata de decir "yo tengo amor o inteligencia", sino "yo soy inteligencia, amor y energía"; no "tengo", sino que "soy". Lo digo porque estamos acostumbrados a vivir todo eso como algo, como un atributo, y no se trata de ningún atributo, sino de mi misma substancia, mi misma naturaleza. Yo soy inteligencia, no ninguna idea de inteligencia, y yo soy amor, gozo profundo, intrínseco, no un yo que siente gozo. Yo soy energía, potencia, no un yo que siente o tiene potencia o energía.
En cambio ahora, eso que estoy diciendo suena muy extraño porque estamos viviendo el aspecto energía y afectividad desde el yo idea; entonces el yo idea se mantiene aparte, y constantemente es el yo idea que, desde su zona mental, mira la otra cosa como objeto. Ese yo idea que no soy pero que creo ser es el que se convierte en protagonista fantasma de toda mi existencia. Entonces yo creo tener un alma -por ejemplo dentro de la terminología religiosa-, un yo que tiene, no se cuestiona este yo qué es. Es la idea que ha ido cristalizando y que me he acostumbrado a creer que soy yo, pero es una idea de mí. Un yo que se confunde con el cuerpo y un yo que se confunde con el concepto de valoración básico que tengo de mí, el yo como imagen del cuerpo y como concepto. Y esto es totalmente adquirido, esto no es mi identidad. Mi identidad es el foco inmediato de inteligencia, el foco profundo de felicidad de donde surge toda la capacidad de sentir y el foco profundo de potencia de donde surge el aspecto de energía, fuerza, voluntad, y esto es lo que soy aparte de toda idea.
Gran parte del trabajo, por lo menos en una larga trayectoria, consistirá en llegar a ser de un modo experimental esa inteligencia, esa energía y esa afectividad directamente, inmediatamente, no desde un yo. El único yo es esa realidad, el alma es lo que soy, si querernos llamar alma a estos focos de inteligencia, energía y afectividad; no la tengo, la soy. Y es que si reflexionamos bien, entre tener y ser en ese sentido de facultades, ya hay aquí todo un cambio a hacer.
Por lo tanto tenemos aquí dos puntos del trabajo; la atención y la movilización del potencial activo. El tercer punto en el trabajo es que yo aprenda a modificar, a rectificar o a reeducar toda mi mente profunda. Mi mente profunda está ahora imbuida con las ideas de que "yo soy este niño bueno, malo o aislado" y de que "'yo voy mejorando", que "ahora ya estoy mejor". Es decir, está imbuido de una serie de creencias siendo éstas las más básicas aunque, posteriormente, se han ido enriqueciendo con otras muchas como "yo soy la persona de éxito o de fracaso, yo soy la persona que ha obtenido un diploma o que ha tenido un chasco amoroso, o que ha tenido...", ideas que van matizando la idea básica que yo estoy teniendo de mí. Por ello la mente ha de ser reeducada porque la mente es un elemento pasivo en el que se registra todo lo que se le da, y cuando la mente registra y acepta lo que se le da, actúa en función de las ideas aceptadas inevitablemente. En la medida que en nuestro interior hay ideas, mi estado interior y mi comportamiento serán la expresión de estas ideas. Exteriormente no puedo actuar de un modo distinto a lo que permiten las ideas que hay profundamente aceptadas en mí. Las ideas son las que pre-determinan, pre-configuran mi modo de sentirme y mi modo de funcionar ante las situaciones.
Por otra parte todas estas ideas que están metidas dentro y que son las que están configurando y presionando al personaje, son totalmente erróneas. Todas las ideas que tengo de mí son básicamente erróneas, empezando por la idea que yo soy Antonio Blay, que es un niño o un señor o.... Todas las definiciones que doy de mí son falsas porque yo no soy ni Antonio Blay ni ningún señor, ni ninguna persona, ni listo ni tonto, ni alto ni bajo. Yo soy yo, yo en el sentido profundo, yo en el sentido de un foco luminoso, fantástico, de luz, de felicidad y de poder o de realidad, yo soy eso y eso es la constante de mi vida, eso es la identidad, lo que es idéntico siempre. Todo lo demás, absolutamente todo lo demás, cambia. Cambia mi cuerpo constantemente, cambian mis ideas, cambia mi afectividad, cambian mis experiencias, cambia todo y al final dejaré todo eso; el cuerpo, la mente, la afectividad; pero lo que no puedo dejar es lo que soy y que es esa identidad. Esa identidad la soy, no la tengo, no la he adquirido; es ser y por eso no se puede ni incrementar ni disminuir, ni se puede perder, la soy y se trata de que yo llegue a descubrir eso que soy y se trata también de que mi mente llegue a comprender que soy eso y no todo lo otro que le he ido diciendo que soy.
Yo no soy absolutamente nada de lo que me han dicho. Yo no soy nada de lo adquirido, yo no soy ningún modo particular de ser como identidad. Yo soy el foco de donde surge toda capacidad de actuar y de donde surgen todos los modos posibles de ser, de donde fluye todo, donde aparece y luego desaparece todo.
Por ello es fundamental que la mente deje de vivir en virtud de ideas falsas, erróneas, y que aprenda a aceptar la verdad, o a no pensar nada y descubrir simplemente lo que hay. Si piensa, que piense lo que la experiencia enseña que es correcto, lo verdadero. Y eso es un gran trabajo, una gran labor, porque mi mente tiene recovecos muy profundos y está llena de ideas, de creencias, de órdenes, de prohibiciones, de consignas recibidas. Toda la vida es como una especie de canal que está fluyendo, pero con los límites que le imponen las ideas.
Nunca podré cambiar en mi modo de sentir y de funcionar si no consigo cambiar las ideas profundas aceptadas que hay en mí. Yo puedo ver conscientemente todo esto que ahora estamos explicando, sin embargo esto no me transforma. De momento me da una
expansión, una cierta ilusión; pero luego me encontraré con que sigo funcionando como siempre porque lo que me hace funcionar son los modelos, las ideas, las consignas que están metidas dentro y que están aceptadas. Hasta que no cambien las consignas, las ideas profundas, no pueden cambiar los modos de funcionar. Cuando cambien las ideas profundas cambiarán mis modos de funcionar sin mayor esfuerzo.
El hombre, tal como funciona, es un ser de ideas cristalizadas y el verdadero trabajo exige que yo llegue a transformar o a limpiar todas estas ideas que están cristalizadas dentro. Por lo tanto, hay un trabajo importante a hacer para limpiar todo el inconsciente, para reeducarlo. De hecho el inconsciente funciona como un sector de la mente pero que está lleno de ideas equivocadas y lo que realmente se necesita es reeducarlo.
Cuando yo voy reeducando el inconsciente se va produciendo una reunificación de lo que ahora vivo como consciente por un lado e inconsciente por el otro. Es decir que al ir actuando desde la mente consciente sobre el inconsciente, y al irle haciendo aceptar, comprender unas verdades más positivas, más reales, la separación que ha existido durante toda mi vida, que yo he ido fortaleciendo con el paso del tiempo, desaparece y tiende a reunificarse el inconsciente personal y el consciente personal, es decir que una de esas divisiones desaparece y, al desaparecer esta división, se une la energía que había en el inconsciente y la energía que hay en el consciente. Se unen también todos los conocimientos que hay en el inconsciente y lo que hay en el consciente y, toda la fuerza y la carga afectiva se unen. Entonces eso da una conciencia nueva de ser, como si a uno le hubieran dado muchísima más energía; uno se siente de una sola pieza, con libertad al sentirse una unidad. Todavía no lo es, pero ya este cambio produce una sensación extraordinaria, como si uno empezara a nacer de nuevo.
Otra faceta del trabajo es conseguir reunificarme con lo profundo, volver a la profundidad de la que está emergiendo todo y de la que me separé en la infancia cuando me instalé en la zona externa de la mente. Y esto se consigue, por un lado, viviendo a fondo mi potencial positivo. Cuando yo me obligo a vivir más y más mi inteligencia, mi energía y mi afectividad, estoy permitiendo hacerme consciente de la fuente de donde sale todo eso, me estoy acercando al fondo. Una vida vivida plenamente hace que yo me vaya descubriendo como algo cada vez más profundo, como visión más profunda, como sentir más profundo, como una potencia y una energía mucho más profundas, y esto por el simple hecho de lo que voy movilizando. También ayuda a esto el que yo haya ido quitando toda la masa del inconsciente que se interpone entre lo externo y lo profundo. Por otro lado hay otra forma complementaria para llegar a este fondo; es un ejercicio de centramiento del que ya hablaremos más adelante.
También está la práctica -que se puede ver desde el centramiento del silencio; pero del silencio hecho de una manera determinada, que de hecho emparenta mucho con el centramiento bien hecho, y cuando hable de centramiento hablaré de ello.
Repasando lo dicho vemos, como primer trabajo, la atención despierta para observar, para ir descubriendo qué está funcionando, y con esta atención no solamente iré descubriendo los condicionamientos, los hábitos adquiridos, sino que también iré descubriendo el personaje que yo estoy representando en la vida. Poco a poco, todo eso es lento, laborioso, no esperéis descubrirlo en un par de días. Si le ponéis un par de años o un par de bienios, mejor. Es una labor lenta. Esta atención tiene como efecto que en el momento que voy descubriendo el personaje me doy cuenta del carácter ficticio, del
carácter artificial, de este personaje, y entonces este darme cuenta, cuando lo veo por mí mismo, no porque me lo hayan dicho, hace que lo vaya soltando, que lo que antes vivía como importante ahora se me caiga de las manos porque me doy cuenta de que está vacío, estaba hecho de ilusiones, estaba hecho de la creencia de que yo era más yo si hacía esto o llegaba a lo otro. Es decir que darse cuenta es poder ir soltando lo falso y descubrir lo auténtico por sí mismo, y por tanto esto se va haciendo evidente.
El segundo trabajo es la actitud auténtica, positiva, por la cual yo me obligo a vivir más y más lo que yo soy; energía, inteligencia y afectividad en toda situación. Es decir encarnar el potencial positivo. Esto es vivir instalado en el yo experiencia y hacer que ese yo experiencia funcione más y más, que crezca. Cuanto más desarrollo el yo experiencia, no es sólo que desarrollo mis facultades, sino que necesito menos apoyarme en el personaje. El yo experiencia es mi realidad; si yo me vivo en mi realidad concreta, más en mi energía, menos necesito soñar que soy fuerte. Cuando yo vivo más el amor, menos necesito soñar un pretendido amor. O sea que el yo experiencia me está desarrollando una noción inmediata de realidad y de plenitud y, por lo tanto me va neutralizando mi tendencia a evadirme hacia un yo ideal: "un día llegaré a ser esto y lo otro...". Diríamos que el yo ideal es la relación inversa que hay con el desarrollo del yo experiencia.
El tercer elemento de trabajo es el reaprendizaje o reeducación de mi mente profunda, o inconsciente, o de todas las ideas y creencias que están condicionando y determinando mis comportamientos y actitudes. Consiste en ir mostrando al inconsciente, como si se tratara de la educación de un niño, de un modo directo, la verdad. Y la verdad es que yo soy, en todo momento de mi infancia, no ese niño que he creído ser, sino que, en toda mi infancia, he sido lo que soy ahora: un foco de energía, un foco de felicidad y un foco de inteligencia, y un foco que viene del infinito. Como individuo soy un foco y he de aprender a vivir ese foco, a instalarme en ese foco y a dejar de vivir en creencias que me vienen de fuera. Es descubrir mi fondo, mi funcionamiento natural y permitir que eso funcione. Es una reeducación de base.
En el momento que mi inconsciente, que mi mente, descubre en profundidad que yo no soy ningún yo idea, que yo no soy ni tengo nada que ver con mi modo de ser sino que yo soy ser, en ese momento, cuando ésto llega a ser una realidad, una evidencia: que yo no soy ningún modo de ser, entonces la mente suelta la prohibición rotunda de aceptarse a uno mismo tal como es. Porque hasta ahora uno ha estado siempre viviendo en función de una obligación, la obligación de ser de un modo y de evitar ser de los otros modos. Cuando me doy cuenta de que yo no soy unos modos, que yo soy una identidad central y que esa identidad es invulnerable, que no depende para nada de nada, entonces se suelta esa idea que yo estoy viviendo: "yo", y cuando digo yo estoy queriendo decir un modo de ser y un modo de llegar a ser. Es como si uno se liberara de toda esa camisa de fuerza que lleva como reglamento y modelo, y por primera vez se da permiso para respirar profundamente, para andar libremente, para sentirse ser con toda libertad. Y esto mismo hace que la censura que estaba manteniendo todo lo inconsciente, se vaya abriendo y vayan saliendo energías, ideas, recuerdos que hasta entonces habían estado guardándose cerrados con llave.
Así pues, la reeducación del inconsciente, de la mente profunda y el centramiento, o sea la reconexión con el fondo, constituyen el plan de trabajo en esta etapa que podríamos llamar elemental. Esto todavía no es realización, es simplemente
normalización del ser humano, es volver a unir lo que en nuestra existencia se ha ido separando y distorsionando. Es volver a la unidad funcional con que vive todo lo natural. No hemos llegado todavía a lo que es la base primordial de todo, la fuente original de todo, sino simplemente hemos unido lo que estaba disperso, hemos limpiado lo que estaba sucio u oculto por ideas equivocadas.
Entonces tenemos al individuo funcionando como unidad. Cuando el individuo recupera su unidad es cuando está en condiciones, y sólo entonces, de expandir su conciencia. Sólo cuando uno consigue vivir la unidad está en condiciones de descubrir una unidad mayor. Porque si dentro de mí no hay unidad, sino que hay dualidad y por lo tanto hay tensión, y me abro a algo mayor, ese algo mayor aumenta la tensión de lo que ya estaba, de la dualidad que estaba viviendo. Uno sólo puede abrirse de un modo natural e integrado a una unidad mayor cuando uno es una unidad en lo menor.
Mirad esto porque es un principio muy importante, que funciona a todos los niveles. En la relación humana, por ejemplo, hay muchos que se casan o se unen, pero están viviendo dentro de sí conflictos y al unirse se multiplican los conflictos que cada uno está viviendo dentro. Es cuando uno está viviendo como unidad que hay disponibilidad apara abrirse a la unidad mayor de la pareja, en este caso. Pero, si en mí hay conflictos, hay tensión, hay dualidad, al abrirme a otra realidad mayor lo que pasa es que cada cosa ti rara más para su propio lado. O sea que una base para crear o para despertar a la conciencia expandida, a la conciencia total, es que yo viva realmente como una unidad integrada en lo personal y en lo individual. Si no, se pueden tener experiencias esporádicas, y a veces muy grandes, pero no se pueden mantener, y si se mantienen es peligroso y pueden desquiciar a la persona.
PREGUNTAS Y RESPUESTAS
(4.1)
P.: ¿Cómo es posible que naciendo todo del yo no repercuta la manifestación en ese
mismo yo de donde surge, o sea que las manifestaciones no repercutan en lo que somos? Tú has explicado que podemos tener mil modos porque los somos todos y, sin embargo, ¿no repercute en eso que somos?
R.: Claro, si la inteligencia es la fuente, lo que le hagas al río no afecta a la fuente. P.: ¿Por ser pequeño?
R.: Por ser la fuente, no te hablo de un orden de importancia sino de un orden de relación. La fuente es la causa, todo lo demás es consecuencia y por lo tanto la consecuencia no puede afectar a la causa, a la fuente. Todo lo que le hagas al río no afecta a la fuente. Míralo.
(4.2)
P.: Has dicho que hasta que uno no se vive como unidad no puede vivir experiencias
superiores.
R.: No. He dicho: "hasta que uno no se viva como unidad no puede abrirse a una unidad mayor de un modo estable, de un modo integrado". He dicho: "se pueden vivir
cosas superiores pero no son estables" y además pueden llegar a ser peligrosas según el grado de desintegración que hay abajo.
(4.3)
P.: Si siento rabia, ¿cómo congenia eso con que yo soy amor?
R.: Sí. Eso es como los ejemplos que he puesto a veces de la envidia y de la venganza.
La rabia no es nada más que la exigencia que hay en ti de querer una cosa aquí y ahora, o la protesta porque las cosas no son como tú deseas que sean. O sea que hay una exigencia de algo y por lo tanto es una exigencia con energía, con una inteligencia y con un deseo del algo, de modo que cuando ese algo no se cumple dentro de esta fórmula mental pequeña o los demás no responden a ello, entonces lo que surge es la protesta