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Flexible Interventions’ Evaluation Methodology

4.2 Flexible WDS Design Methodology

4.2.3 Flexible Interventions’ Evaluation Methodology

sociedad

La depresión es una de los trastornos mentales más frecuentes en nuestra sociedad. Las repercusiones personales, familiares, laborales y socioeconómicas de la depresión son estremecedores. La calidad de vida del individuo y de su familia se ve afectada habitualmente de forma más intensa que en otras enfermedades. En los trastornos depresivos se produce una importante incapacidad y sufrimiento de las personas que lo padecen. Los trastornos del estado de ánimo se asocian con el suicidio en un alto porcentaje de casos, de tal forma que se calcula que hasta un 15-20% de los casos con depresión mayor tienen un alto riesgo de finalizar en suicidio (Gabarrón et al., 2002).

En el estudio del Global Burden of Disease (Murray y López, 1997), se estima que la depresión unipolar será la segunda causa de muerte mundial en el 2020, tan solo precedido por la enfermedad isquémica coronaria. En otro estudio más reciente de el Global Burden of Disease del 2001, se encuentra que la depresión unipolar se situaba en la tercera posición en incapacidad funcional (medida a través de años de vida perdidos) en los países de mayores recursos y la séptima en los países de ingresos medios y bajos. (Citado en López et al., 2006).

Está previsto que para el 2030 la depresión unipolar pasará a ser la segunda causa de carga social (medido a través de incapacidad funcional y pérdida de días trabajados) a nivel global, exclusivamente precedido por el sida

Trastornos depresivos en Atención Primaria

y en tercer grado estarían las isquemias cardiacas (Mathers y Loncar, 2006). Actualmente parece que las depresión es la primera causa de jubilación precoz o absentismo laboral en muchos países europeos (Curran et al., 2007).

Greenberg y Kessler (2003) apuntan que el incremento de la carga económica de la depresión se debe a la pérdida de la funcionalidad, productividad y a la mayor utilización de servicios médicos, y a que éstos exceden los recursos dedicados al tratamiento. En España la prevalencia de la depresión en el ámbito laboral representa aproximadamente un 10%, siéndole atribuible un 5% de las bajas laborales. Constituye una de las causas más frecuentes de absentismo laboral de larga duración, con una media de 6 meses de baja por episodio (Chamorro, 2004).

Un reciente estudio encuentra que además de los gastos directos acarreados por la depresión (consulta médica, hospitalización, costes farmaceúticos...), la mayoría de los estudios no consideran el gasto indirecto (pérdida de productividad, uso de recursos de la comunidad, cuidadores informales...), suponiendo este gasto indirecto aproximadamente la mitad del monto total. Además, concluyen los autores, que los costes habría que considerarlos según la fase en la que se encuentre la persona, de tal manera que habría diferencias significativas si se encuentra en fase aguda o en remisión. Realizan a partir de los datos del estudio LIDO (2002) una estimación del gasto en 2009 en España variando el coste de 334€, 874€ a 1335€ por año según se encuentre en fase de remisión, remisión parcial o aguda respectivamente (Karapampa, Borgstrom y Jonsson, 2011).

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sino a nivel comunitario, como un problema social con importantes repercusiones socio-económicas.

La elevada prevalencia de los trastornos del estado de ánimo a nivel internacional justifica el hecho de sopesar y poner en marcha políticas dirigidas a la mejora de la atención en salud mental y primaria. De hecho, la OMS en su último informe refiere que “determinadas habilidades y competencias son necesarias para realizar una evaluación, diagnóstico, tratamiento, apoyo y derivación efectivos en personas con trastorno mental. Es necesario que las trabajadores de AP estén adecuadamente preparados y apoyen el trabajo de salud mental” (World Health Organization; WHO, 2008, p. 42).

1.3.2. Repercusiones de los trastornos depresivos a nivel

de salud pública

Actualmente la AP constituye el primer nivel asistencial del sistema sanitario en España. Desde el proceso de la Reforma Psiquiátrica en los años 80 del siglo pasado, es la vía de entrada para los servicios de atención especializada, especialmente a los centros de salud mental que se erigen como eje interconector de los diferentes dispositivos de 2º nivel o especializada. Es en ese primer nivel de AP donde se manejan fundamentalmente los trastornos mentales más frecuentes en la población, como son los trastornos depresivos. De hecho, la mayoría de los pacientes que sufren depresión son atendidos sustancialmente en este nivel asistencial (Wittchen, Holsboer y Jacobi, 2001;

Cuijpers, Straten, Schaik y Andersson, 2009). En un estudio del 2007

Trastornos depresivos en Atención Primaria

médico de AP, ocupando concretamente la depresión y la ansiedad el sexto puesto (Binns et al., 2007).

En el informe de la OMS del 2008 refieren que los principales trastornos mentales en AP son la depresión (variando desde un 5% hasta un 20%), el trastorno de ansiedad generalizada (4-15%) consumo y dependencia de alcohol (5% -15%) y trastornos por somatización (0,5-11%) (WHO, 2008). En España, Arbesu Prieto et al. (2006) encuentran que los trastornos mentales más frecuentes en AP son los de corte ansioso-depresivo, a saber: trastorno de ansiedad (13%), trastorno de ansiedad-depresión (13%), depresión (10%), comorbilidad ansiedad-depresión (19%) y trastorno adaptativo (3%).

El uso de recursos asistenciales del paciente depresivo, una vez que se introduce en el sistema sanitario, se calcula que es tres veces superior al de la media del resto de pacientes, con la inevitable pérdida de productividad en el ámbito laboral.

Desde los últimos años, se hace patente la necesidad de considerar la depresión como una enfermedad crónica. Dada la alta frecuencia de periodos en los que se alterna la recaída, periodos de remisión parcial/total y/o recurrencia, parece fundamental la concepción de la depresión como una enfermedad mental con unas tasas de morbimortalidad muy relevantes a nivel internacional.

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1.4. Dificultades para el diagnóstico de los trastornos