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In document Minimal assumptions in cryptography (Page 102-123)

Amusement: En su trabajo Dialéctica del Iluminismo, Adorno y

Horkheimer utilizan este concepto para dar cuenta de la industria del entretenimiento como una prolongación del trabajo bajo el ca- pitalismo tardío. Estos mismos productos de la industria cultural, que son buscados por los consumidores para distraerse luego de su intensa jornada laboral, son copias o reproducciones del proceso de trabajo mecanizado del que supuestamente son paliativo. Además, la industria del entretenimiento –que debe entretener– deviene en aburrimiento porque ofrece una y otra vez lo mismo. Tal como di- cen los autores: “De ello sufre incurablemente todo amusement. El placer se petrifica en aburrimiento, pues, para que siga siendo placer, no debe costar esfuerzos y debe por lo tanto moverse estrechamente a lo largo de los rieles de las asociaciones habituales. El espectador no debe trabajar con su propia cabeza: toda conexión lógica que requiera esfuerzo intelectual es cuidadosamente evitada”.

Anatomopolítica del cuerpo - biopolítica de la población: La anato-

mopolítica del cuerpo humano remite a las disciplinas del cuerpo, mientras que la biopolítica de la población remite a la regulación de las poblaciones. Los saberes producidos en torno a ambas cuestio- nes permiten pensar en un micro poder sobre el cuerpo así como también en un control de totalidad del conjunto social.

Autodesignación: Posición de sujeto que puede autodenominarse. Es

una condición básica para la autonomía: para articular un proyecto de vida individualizado es necesario que cada sujeto (en este caso las disidencias sexuales y las mujeres) puedan decir lo que son sin que nadie hable por ellos. Simone de Beauvoir afirmó que la “Mujer” es objeto de una heterodesignación, es decir un objeto de discurso por

parte de los varones. Lo cual hace que las mujeres no se nombren a sí mismas y los varones tomen esta posición de autodesignación para sí mismos (dejando a las mujeres y, en extensión, a todos aque- llos no-hombres como la otredad). Es por ello que este concepto cobra sumo valor en las luchas del feminismo y los movimientos queer, dado que lograr la autodesignación es ganar el espacio de la autonomía.

BDSM: Universo de prácticas contrasexuales en las que se agrupan el

Bondage (ataduras), Dominación, Sumisión y Masoquismo. Con esta denominación hacemos referencia también a las practicas S/M.

Coitocentrismo: Pensar que el sexo es sinónimo de penetración y, en

consecuencia, limitar la superficie erógena de nuestros cuerpos a los genitales es parte del pensamiento coitocentrista, en el que el sexo es igual al coito. Muchas veces esta construcción –reproductora del orden sexual heteronormativo– se nos escapa en pensamientos co- tidianos, como cuando pensamos que “no hemos tenido relaciones con X porque no hubo penetración” o cuando minimizamos el con- tacto cuerpo a cuerpo y la exploración de otros placeres en la amplia plataforma corporal como si fueran solamente pasos o jugueteos previos al verdadero “sexo”.

Cumshot: Uno de los elementos enunciativos típicos del porno es el

primer plano de la eyaculación en el rostro de una persona, espe- cialmente en su boca. La importancia de este plano es registrar el momento “real” del sexo en el que la excitación culmina en eyacula- ción. Junto a este tipo de plano, también podemos nombrar los meat shot (tomas de partes del cuerpo fragmentadas que recuerdan a las piezas de carne) y los medical shot (tomas de primerísimo primer plano de los genitales como si fuera una visión médica).

Falogocentrismo: Judith Butler recurre al concepto de falogocentris-

mo de Luce Irigaray para dar cuenta del discurso univoco y hege- mónico de lo masculino que acalla lo femenino como un lugar de multiplicidad subversiva.

Feminismo de la igualdad - feminismo de la diferencia: El feminismo

montarse al feminismo de la Ilustración– denunciaba las diferencias genéricas como construcciones sociales que imprimen jerarquías y desigualdades entre hombres y mujeres. La denuncia toma como foco el patriarcado como estructura social que históricamente ha sostenido el poder en manos de los hombres. Su objetivo principal fue la eliminación de las diferencias y el ingreso de las mujeres a las esferas del poder. En cambio, el feminismo de la diferencia critica la postura de la igualdad por considerar que ha cedido al paradigma masculino al querer entrar a jugar con sus mismas reglas sin cues- tionarlas. Bajo esta impronta, defiende a la mujer como diferente al hombre y no como una igual, digna de una identidad: la feminidad. Valoró la diferencia sexual y propugnó la autonomía de las mujeres frente a los hombres. (Ver más en: AA.VV. (1994). “Dossier: Fe- minismo, entre la igualdad y la diferencia”, en El Viejo Topo, Nº 73. Barcelona).

Heterodesignación: La heterodesignación impone un discurso nor-

mativo acerca de la feminidad: qué somos las mujeres, quiénes so- mos y qué debemos ser y hacer. La construcción de lo femenino ha sido realizada desde la mirada masculina hegemónica, en una especie de representación de lo otro dentro de la jerarquía que se da en el sistema sexo-género.

Heteronormatividad: Institucionalización de la heterosexualidad

como categoría universal, coherente, natural y estable, que funciona como patrón de prácticas y sentidos sexuales, relaciones afectivas y modos de ser y estar en el mundo. La heteronormatividad, tal como lo expresa Aluminé Moreno, es aquella que –mediante la construc- ción de normas, hábitos e instituciones– privilegia la heterosexuali- dad y devalúa las prácticas no heterosexuales y a quienes las realizan.

Heterosexualidad obligatoria: Definir la heterosexualidad como un

régimen político implica desnudar la ideología dominante que exis- te detrás de ella y mantiene en vigencia las relaciones jerárquicas y desiguales entre hombres y mujeres, y entre lo heterosexual y las disidencias sexuales. Dentro de este régimen se producen elemen- tos normativos, culturales y políticos que permiten institucionalizar la heterosexualidad como única posibilidad y excluir a quienes la rechazan. De lo cual se desprende que la heterosexualidad se nos

presente con el carácter de obligatoriedad, normalidad y –por ex- tensión– naturaleza humana. Lo que no es hetero, no “es”.

Humanismo: Corriente filosófica surgida en el siglo XV que cultivó

una visión del mundo centrada en el hombre a partir de una nue- va cultura independiente de la tradición cristiana escolástica y –en contraposición al sistema jerárquico de la sociedad feudal– afirmó la dignidad y el valor de cada individuo. Lo que el hombre “es” está dado por la razón que será el valor esencial de la naturaleza huma- na, mientras que la cultura responde a aquellas diversas expresiones que dan cuenta de la posibilidad de realización humana. Animal racional, centro del Universo, el hombre pasa de escribirse con mi- núscula a escribirse con mayúscula, bien grande: Hombre, ni hombre ni mujer (y no sé qué es más criticable de las omisiones). No hay figura más importante en la Tierra ni en el Cielo que se iguale a él. Tal fue el complejo de ideas que contribuyeron a una domesticación racional del sujeto-hombre y a la expansión de su poder sobre el entorno durante la Modernidad.

Metaverso: Este término se utiliza para referir a los entornos virtuales

donde los humanos interactúan social y económicamente en un cybe- respacio como una metáfora del mundo real, pero sin las limitaciones físicas. Los universos creados dentro de los juegos The Sims y Second Life son ejemplos de metaversos, o mundos paralelos 2.0.

Movimientos LGTTTBI: Bajo este concepto podemos pensar a las

iniciativas de colectivos de lesbianas, gays, travestis, transexuales, transgénero, bisexuales e intersexuales en pos de la ampliación de derechos civiles y aceptación de sus opciones sexuales por parte de la sociedad. El planteo de lo LGTTTBI remite a una integración a los modelos de normalidad y adecuación social; en cambio, la postura del activismo queer es totalmente crítica de la estructura heteronormativa, que excluye a todo aquel que no cumpla con los mandatos sociales respecto a la identidad sexual y sus prácticas.

Porno mainstream: Pornografía de producción industrial y distribu-

ción masiva que comenzó a producirse en los años 80 a partir de la proliferación del video y del VHS hogareño. Hablar de porno mainstream también es hablar de los grandes estudios y firmas por-

no, de las estrellas reconocidas y de sus estereotipos de género (mu- jeres delgadas, rubias, de tetas grandes y multiorgásmicas mientras que los hombres son viriles, musculosos, y siempre erectos). Esta es la corriente del porno que será el centro de críticas del posporno y que servirá de plataforma a modificar en búsqueda de nuevas repre- sentaciones de la sexualidad.

SAMOIS: Organización lésbica feminista y BDSM situada en San

Francisco desde 1978 a 1983. Entre los miembros conocidos de este grupo se incluyen a Pat Califia y Gayle Rubin. Reivindicaban las prácticas sadomasoquistas entre mujeres y consideraban que eran completamente compatibles con el feminismo. Esta postura hizo que se enfrentaran enérgicamente con los grupos feministas anti- pornografía. El nombre de la organización fue tomado de la novela Historia de O, de Pauline Réage, en la que se narra la historia de una joven que ingresa al universo del sadomasoquismo y relata todas las etapas de su entrenamiento. “Samois” era la finca donde se llevaba a cabo este entrenamiento de sumisas.

Transfeminismo: Corriente feminista actual que promueve una idea

de mujer muy amplia más allá de lo biológico y defiende los dere- chos de las personas transexuales, transgénero e intersexuales. Se distingue del feminismo clásico por no partir de una única categoría de mujer y por abogar por la despatologización de los sujetos trans, además de defender los derechos de las personas lesbianas, gays, bi- sexuales y transexuales. El transfeminismo busca desde el activismo romper con los estereotipos de género y reivindicar la ambigüedad genérica en los cuerpos.

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