Escena. La voz en off interpela a los médicos y les pregunta: “¿Fue tu miedo a la confusión lo que te llevó a castrarme, Mister Smith? ¿O buscabas una armonía desmesurada como la de un jardín inglés ya que mi rama infantil sobresalía del camino de mi feminidad? ¿O lo hiciste por hermafro-envidia?”. Un cuerpo que socialmente ha sido considerado como una aberración se muestra como imparable má- quina deseante.
La identidad intersex –junto con la trans– es una de las más ex- cluidas en nuestro orden sexual vigente. Ya sea por la vía de la burla o por la vía del silencio, esta identidad es estigmatizada a partir de las diferencias que sus cuerpos representan frente a los cánones de “norma- lidad”. La no coherencia entre sexo, género y deseo que experimentan es condenada como enfermedad psíquica o malformación biológica. Los sujet*s intersex son interpelados por múltiples discursos médicos, psíquicos, periodísticos y políticos que intentan explicar sus particula-
ridades desde la vara de la heteronorma; al tiempo que son objeto de múltiples intervenciones médicas/quirúrgicas que tratan de re-ordenar sus cuerpos desobedientes para re-insertarlos en los moldes femeninos/ masculinos obligatorios.
Las operaciones de reasignación de sexo y los tratamientos hormo- nales son las tecnologías médicas que acompañan la vida de un cuerpo intersex. La coherencia que debería dar la Naturaleza es asignada por la Ciencia. Tal como lo expresa Beatriz Preciado en el Manifiesto Con- trasexual, las operaciones de cambio o asignación de sexo (que parecen resolver las “discordancias” entre sexo, género y orientación sexual) “se convierten en los escenarios visibles del trabajo de la tecnología hete- rosexual: hacen manifiesta la construcción tecnológica y teatral de la verdad natural de los sexos” (2002: 104). Los cuerpos intersex interve- nidos quirúrgicamente ponen de manifiesto el carácter prostético del género al mostrar en carne cruda cómo las imposiciones sexo-genéricas se “hacen cuerpo” en las corporalidades. Esta tecnología a la que refiere Preciado produce cuerpos sexuados a partir de un a priori anatómico- político reproductor del sistema heteronormativo y es una fragmenta- ción que todos experimentamos; de allí el carácter prostético del género del que ya hemos hecho mención antes. Pero los cuerpos intersex expe- rimentan una segunda re-asignación de género dada ahora por el bis- turí y las hormonas que busca garantizar una nueva coherencia en los cuerpos “desobedientes”. El recorte del cuerpo ahora pierde su aspecto metafórico para ser estrictamente físico.
Pero esa obediencia total es imposible. Muchos sujetxs intersex reivindican el “desorden” de sus corporalidades. La visibilización de esta identidad y su incorporación al debate queer y transfeminis- ta19 ha venido de la mano de la aparición de estos cuerpos en la
pospornografía. En la película Born Queer: Dear Doctors (2003) se pone en evidencia la potencialidad subversiva de las corporalida- des intersexuales. Unx muchachx intersex declama en voz en off un extenso poema dedicado a los doctores que intervinieron su cuerpo hermafrodita en la niñez y que fallaron en la tarea de re-acomodarla a la identidad genérica femenina, dado que sus hormonas mascu- linas siguen intactas. Tal poema es acompañado del registro de un encuentro sexual entre la/el narradora/narrador y otras personas en
el que muestran usos del cuerpo y exploraciones eróticas fuera de cualquier imperativo heteronormativo y coitocentrado. Mientras es penetradx en la imagen, la/el narradora/narrador agradece al médico que lx haya hecho penetrable: “el hambre que siento ahí abajo viene de la necesidad de llenar el agujero que me practicó y dejó abierto”. En esta producción posporno se exhibe el cuerpo intersex no des- de una mirada clínica, sino desde una mirada deseante, voluptuosa, insaciable y depredadora. Los tres cuerpos en escena, mezclados entre sí, penetrándose unos a los otros, hacen que el hermafrodi- tismo esté en toda la escena, impregnándolo todo, y no localizado en un cuerpo aislado y observado. La interpelación directa a los doctores y la sexualidad desbordante de el/la protagonista recuerda a la descripción que Preciado hace de los hallazgos del Dr. John Money. Este médico fue el primero en teorizar y poner en práctica las operaciones de asignación de sexo en bebes intersexuales. Para él, la intersexualidad era una anomalía, una evolución patológica del feto que podía corregirse quirúrgica y hormonalmente hasta los 18 meses de edad. En ningún caso Money consideraba que estas ambi- güedades anatómicas desestabilizaran el orden sexual, sino que eran meras malformaciones a corregir. Pero lo que se observa en Born Queer: Dear Doctors es que los cuerpos intersex intervenidos qui- rúrgicamente no obedecen a lo que el bisturí impone sobre ellos, no hay coherencia entre el sexo, el género y la orientación sexual. Los protagonistas de la película demuestran que usan sus cuerpos y ex- perimentan sus placeres sin seguir ninguna regla sexo/genérica. Tal como expresa Preciado, “evidentemente Money no había pensado que algunas de estas niñas intersexuales serían bollos y reclamarían más adelante el uso alternativo de sus órganos” (2002: 109).
El texto narrado por la voz en off va jugando con la imagen: a medi- da que la protagonista va relatando las intervenciones quirúrgicas a las que fue sometida/o, se muestran en pantalla los usos no normativos que ese mismo cuerpo realiza en la búsqueda del placer junto con otros. Es decir, si construyeron su cuerpo para que “funcionara” de determinada forma, la voluntad y el deseo inclasificable del sujeto lo hacen funcio- nar de otra. No hay imposición social ni recorte corporal que pueda contener tanto deseo, tal como expresa la narradora hacia el final del corto: “Yo soy una sobreviviente que, con las cicatrices de un guerrero, lanza un grito de pirata: ¡A la mierda la policía del género! Y canto, río y amo. He salido del armario y lo proclamo con orgullo. Ahora me he
vuelto más fuerte que nunca al derribara gritos los muros del templo del género. Ámame, soy salvaje y libre”.
4.3.3 Cybercuerpos
La vida de Alicia es lo que socialmente se piensa como deseable: tra- baja en lo que le gusta, mantiene vínculos amistosos con otras personas que comparten sus intereses, circula por ambientes interesantes, tiene una vida sexual satisfactoria y se siente cómoda con su cuerpo sin caer en las manías de la estética o en los mandatos sociales acerca de lo que debe ser por su género. Que este mundo suyo suceda dentro de la pantalla de una computadora y en el marco de un juego online no le quita realidad al asunto. Lo que sucede fuera de la pantalla (aquello que los aficionados al juego llaman Real Life y el resto de los mortales llamamos simplemente “realidad”) es sólo el hardware necesario para poder sostener y hacer crecer esta segunda vida virtual. El cuerpo real también funciona para ella como un soporte físico que está allí sólo para hacer posible la conexión. Para Alicia, su cuerpo no es aquel que está sentado frente al monitor horas y horas, sino ese avatar que ve en pantalla y que vive en plena actividad a través de las órdenes que ella comanda desde su escritorio. La imagen que ella tiene de sí misma no es la que le devuelve el espejo sino la que construyó a su antojo en la configuración de su personaje. Tiene el cuerpo que quiere, lo viste como gusta, lo desgeneriza sin que nadie la señale o juzgue por eso, lo hace moverse y realizar acciones. Esta es la historia que se muestra en RL: Real Life (2011), un documental dirigido por María Llopis en el que una persona construye su mundo en el juego online Second Life. Así como Alicia, miles de personas se encuentran en estos juegos online. Los jugadores eligen los personajes/avatares que los representan y con los que interactúan mientras escogen los escenarios en donde se llevan a cabo sus historias. En estos universos virtuales, la vida es lo que uno quiere que sea y la experiencia de los cuerpos, el deseo y la sexualidad no está atada a ninguna regla genérico-sexual determinada. Del mis- mo modo, las corporalidades virtuales nos permiten reflexionar sobre la posibilidad de desdibujar el límite entre organismo e instrumento, en una línea de-constructiva respecto al sexo y al género, como la que describe Beatriz Preciado al enunciar el carácter prostético del género. No hay cuerpos naturales, ni sexualidades naturales encadenadas a un
género u otro. Hay materialidad intervenida y recortada desde el primer día. Hay cuerpo-texto, por lo tanto hay posibilidad de re-escritura. Hay cuerpos híbridos, cyborgs, tan mecánicos como orgánicos, tan virtuales como reales.