en El Salvador
El legado colonial salvadoreño se manifiesta a tra- vés de los historiantes y los sitios arqueológicos de esa epoca, entre otras cosas. La historia de moros y cristianos o historiantes es una danza tradicional de El Salvador. Fue introducida por los conquistadores ibéricos en la etapa de colonización del continente americano. En ella representaban aspectos religio- sos y de guerra.
Cada máscara que se usa en este baile representa un rostro diferente. Su tiempo de fabricación es de cua- tro horas aproximadamente, hay que realizar plan- tillas, aplicar pegamento, darle forma y luego hay que dejarla secar. Posteriormente se le aplican varias capas de pintura y se le dan los toques finales. Su origen data de las luchas de los moros o musul- manes contra los reyes cristianos quienes preten- dían expulsar a aquellos de la península ibérica y quitarles su dominio de casi ocho siglos. En el continente americano, los españoles le agregaron elementos relativos a la conquista, como la victoria sobre México-Tenochtitlán.8
El traje de los moros lleva elementos indígenas como plumas, cascos de leones o tigres; en cam- bio los cristianos visten con pantalones sencillos, mantos, coronas y una cruz encima del tocado. La música se toca con pitos, flautas y tambores.
Algunos de los sitios arqueológicos más importan- tes de El Salvador son los siguientes:
1. Peñón de Zinacantán: se ubica en el cantón y caserío Tarpeya del municipio de Tamanique, a unos 6 kilómetros al suroeste de la ciudad homó- nima, departamento de la Libertad, sobre una serie de elevaciones naturales conocidas como Cerro Redondo y Pueblo Viejo. Los aconteci- mientos que hacen de este asentamiento un sitio de interés arqueológico e histórico, se refieren a una batalla entre la población indígena alzada y los españoles en el año de 1538, cuya fuente se basa en las probanzas militares de Miguel Díaz Peñacorba y Bartolomé Bermúdez, protagonistas principales de las hazañas.9
2. Hacienda Mapilapa: se ubica a 2.7 kilómetros al norte de la ciudad de Nejapa, municipio homó- nimo, departamento de San Salvador, en la Hacienda Mapilapa, hoy Cooperativa Mapilapa, en el caserío La Portada, denominada así por los vestigios arqueológicos de la Antigua Fachada de la Capilla de la Hacienda Mapilapa.
Mulatos trabajando en una hacienda de la Colonia.
Estos vestigios datan del siglo XVII, tras la des- trucción del antiguo pueblo en mención por la corriente de lava proveniente de la erupción del volcán de San Salvador, los lugareños se traslada- ron cerca del asentamiento actual. Un año después de la catástrofe, en marzo de 1659 solicitaron a la Corona una porción de terreno cerca de la hacienda Mapilapa, perteneciente al español Andrés Campo para poblarlo.
En 1696 la hacienda estaba bajo la advocación a San Jorge, como su patrono, y se consignó un posible cambio de dueño, ya que aparece el nombre de Don José Lara de Mongroviejo como propietario de Mapilapa. Probablemente la continuidad de esta familia a cargo de esta hacienda se proyecta al siglo posterior, ya que en un expediente de visita para constatar el empleo de mano de obra indígena efectuado en 1703 ubica al capitán don Manuel de Lara como el propietario de la misma. Otros datos relevantes que ofrece este documento son aquellos que ubican a la hacienda como productora de añil tanto en sus campos como en los obrajes que posee. Asimismo, se menciona la existencia de una ermita donde se impartía doctrina cristiana a sus trabaja- dores, entre los cuales había indios, ladinos y mula- tos que declararon recibir alimentación y jornadas de trabajo acordes a las ordenanzas de ese tiempo.
En 1785 continuó bajo la misma familia, la cual empleó 23 peones provenientes del pueblo de Nejapa durante ocho semanas. El siglo XIX pre- senta cambios importantes en cuanto a las familias propietarias de esta hacienda. No es seguro afirmar que la inestabilidad de las primeras décadas de la república independiente que ocasiona daños tanto a la gobernabilidad como también en la economía agrícola, a la cual se suma la crisis del mercado añi- lero pueda explicar estos cambios.
El informe del intendente Antonio Gutiérrez y Ulloa menciona a Mapilapa como hacienda de ganado y añiles del partido de Opico, pertenecien- tes a la viuda y sucesión de Lansel. Manuel Rubio Sánchez cita un informe de 1805 donde aparece los cortes de las haciendas añileras, entre ellas la de estudio y menciona como propietaria a doña Gertrudis de Becerril. A mediados de este siglo la propiedad perteneció a la familia Bustamante, con una diversidad de producciones agrícolas para las cuales se posee maquinaria de moler caña de azúcar, destilación de aguardiente, molino de trigo, obrajes y estufas para elaborar añil.10
3. Hacienda e ingenio de hierro de Atapasco: se ubica a 2 kilómetros al norte de la ciudad de Quezaltepeque, municipio homónimo, depar- tamento de La Libertad, al sur del río Sucio, al norte del río Claro y al oeste de la carretera que de Quezaltepeque conduce a San Matías a través del puente colonial de Atapasco, se encuentra dentro de los terrenos de la Finca Río Claro. Este lugar se destaca por la ubicación de un ingenio de hierro perteneciente a la orden de los dominicos.
En 1746, los monjes lo habían arrendado a Ignacio Mirasol y subarrendado a José de Lara Mogrovejo, quien estaba produciendo 77,500 libras anuales de hierro.11 En las postrimerías del dominio espa-
ñol se mantiene la pertenencia de esta hacienda a los dominicos según el informe del Intendente Ulloa, aunque no se mencionan sus producciones. Décadas más tarde, en la Estadística de 1858-1861 se menciona que en Atapasco existe la magnífica y antigua obra del puente con el mismo nombre sobre el río Sucio.
4. Ingenio de hierro de San Miguel: se ubica en el Caserío y Cantón San Miguel Ingenio, ubicado a 10.2 kilómetros al este de la ciudad de Metapán, municipio homónimo, del departamento de Santa Ana, al sur de la calle balastreada que conduce hasta Citalá, al norte de río San Miguel Ingenio. En este sitio se localizan los restos de un antiguo ingenio de hierro del último cuarto del siglo XVIII, el cual posee varios canales y canaletas, una canaleta principal en donde bajaba el agua hacia una pileta, que hacía girar una rueda de madera para generar energía hidráulica. Se pueden observar cimientos, paredes, muros de contención, canaletas, columnas, pilas de caída y contención de agua, nichos en las paredes y otros elementos arquitectónicos y de ingeniería hidráulica de la época, los cuales servían para hacer funcionar el antiguo ingenio de hierro.12
5. Portada de Ostúa: se ubica en la Hacienda Ostúa del Caserío San Jerónimo, ubicado a unos 11.4 kiló- metros al Oeste de la ciudad de Metapán, municipio homónimo, del departamento de Santa Ana, al Norte de río Angue o Aguiatú, también conocido como río Frío, Negro o El Brujo. Las fuentes his- tóricas coloniales indican un despoblamiento de los alrededores del lago de Güija entre 1733 y 1740, a raíz de inundaciones provocadas por desborda- miento de los ríos Angue y Ostúa.
Otros pueblos de esta zona que desparecieron pos- teriormente en la primera mitad del siglo XVIII fueron Güija y Ostúa, que poseen las advocaciones de Nuestra Señora de Belén y el Cristo Crucificado, respectivamente, según una consagración de cam- panas en las poblaciones de los curatos de Santa Ana y Metapán en 1734, en donde no aparecen los pueblos referidos en la citada tasación del siglo XVI. Jorge Lardé, evalúa la posibilidad de la destrucción entre 1773 (luego de la consagración de campanas) y el 11 de mayo de 1740 cuando el informe del alcal- de mayor, Manuel de Gálvez y Corral no figuran esas comunidades como pueblos.
Sin embargo, Lardé cree que los sucesos sísmicos que las fuentes documentales (no precisadas) infor- man en 1733 que afectaron casi toda la Alcaldía Mayor de Sonsonate y la región de Santa Ana,
fue la causa del derrumbamiento de las iglesias de Metapán, Angue, Ostúa y Belén Guijat, a raíz de lo cual los vecinos de Angue y Ostúa tomaron vecin- dad en el primero, mientras que el último pueblo hicieron lo mismo en Texistepeque.
Empero, quedan algunos puntos inconclusos que requieren mayor investigación en fuentes, ya que la irregularidad de las menciones de dichas pobla- ciones en informes oficiales dejan abiertas dos posibilidades: la inundación de Ostúa entre 1734 y 1740 o la destrucción sísmica en 1733. En ambas posibilidades debe contemplarse los demás pueblos por compartir aparentemente el mismo destino y la misma interpretación imprecisa.13
6. Templo de Santa María Magdalena de Tacuba: se localiza en la meseta de la sierra de Apaneca- Ilamatepec, ubicada a unos 5.5 kilómetros al Oeste de la ciudad de Ahuchapán, en el municipio de Tacuba, del departamento de Ahuchapán, frente la parque central de la villa del mismo nombre. La primigenia iglesia de dicho poblado fue edificada aproximadamente en 1705, según la memoria de Mateo Ramírez, el alcalde del pueblo e indio prin- cipal del mismo.
El documento en mención, se refiere a una causa se reclamo del Alcalde Mayor de Sonsonate que exigía entrega de especies para la construcción y ornamento de la iglesia. Los cofrades e indios a quienes se les exigía dicho tributo acudieron al cura del Real Patronato y Juez Eclesiástico del domi- cilio de Ahuachapán, jurisdicción eclesiástica a la que pertenece Tacuba. En la información jurada de la práctica, el alcalde atestiguó que la iglesia comenzó a edificarse a instancias del cura licencia- do don Jacinto Jaime, quien contrató al oficial Juan Clemente y a su hijo ayudante del mismo nombre. Los cofrades e indios a quienes se les exigía dicho tributo acudieron al cura del Real Patronato y Juez Eclesiástico del domicilio de Ahuachapán, jurisdic- ción eclesiástica a la que pertenece Tacuba.
Según el documento, otros pobladores atestiguaron lo mismo, concluyendo que para 1769 la edifica- ción contaba en su interior con retablo, órgano y
roquetes de acólicos (sic). Otros autores, entre ellos Jorge Lardé y Larín afirman que la destrucción del templo junto a los de Caluco por el terremoto de
Santa Marta, destructor de Santiago de Guatemala en 1773, cuatro años después del citado informe judicial de Tacuba.14
1. HERNÁNDEZ, Leonardo. La Ilustración ante la sociedad de “mágicos” y monstruos”: cultura urbana y rural de la provincia de San Salvador
según el arzobispo Cortés y Larraz (siglo XVIII). En: GÓMEZ, Ana Margarita y HERRERA, Sajid Alfredo. Mestizaje, poder y sociedad. San Salvador: FLACSO Programa El Salvador, 2003. pp. 43-44.
2. ibid. p. 44.
3. ARGUEDAS, Aharon. Las milicias de El Salvador colonial: 1765-1787. En: Gómez, Ana Margarita y HERRERA, Sajid Alfredo. op.cit., 2003. p. 153.
4. idem. 5. ibid. p. 154. 6. De la 6 a la 7 idem.
8. Etnografía de El Salvador. San Salvador: Dirección de Publicaciones- Ministerio de Cultura y Comunicaciones, 1985; y San Salvador: Dirección
de Publicaciones Tradición oral de El Salvador. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos-Dirección de Patrimonio Cultural, 1993. 9. ERQUICIA CRUZ, José Heriberto. Entre barro, hierro y calicanto: Historia y sitios arqueológicos coloniales en El Salvador. En: Diálogos. Re-
vista Electrónica de Historia. Número especial 2008. Dirección web: http://historia.fcs.ucr.ac.cr/ dialogos.htm 10.De la 10 a la 14 idem.
Nota aclaratoria: se ha respetado el texto original del siglo XVI. Referencias bibliográficas
Casi tres siglos de dominación española habían dejado una profunda huella en la Intendencia de San Salvador. La población, todavía pequeña, estaba dividida de acuerdo con categorías étnicas que eran el resultado directo del régimen colonial. La administración estaba diseñada para aumen- tar los ingresos y el control del Rey de España, y aunque la economía empezaba a exportar más, todavía se dedicaba principalmente a actividades de subsistencia usando métodos de producción tradicionales. El Salvador posee un rico legado colonial donde la herencia mestiza y la historia marcarán su devenir en los siglos posteriores. De la época colonial se debe valorar las institu- ciones sociales, políticas, culturales, religiosas y geopolíticas que han permanecido vigentes hasta nuestros días; o bien que influencian los comportamientos actuales.
La llegada del cristianismo significó una transi- ción desde un sistema religioso controlado por los sacerdotes y con una orientación universal hacia una religión local con una orientación comunitaria.
Los elementos precolombinos que sobrevivieron fueron sobre todo los que estaban relacionados con la agricultura, el bienestar material y la inte- gridad de las comunidades.
Con el tiempo, la religión católica se transformó en un factor que fortaleció la integridad de las comunidades indígenas dentro de las fuerzas desintegrativas del sistema colonial.
El culto a los santos patrones consiguió un papel especial en el mantenimiento de la integridad interna de las comunidades. El santo patrón, nombrado por los misioneros, se convirtió en un símbolo de la identidad comunitaria y su culto definió las fronteras de la comunidad y los roles sociales de los miembros.
Los misioneros sustituyeron las fiestas dedica- das a los dioses precolombinos por las fiestas católicas. Especialmente las fiestas de los santos patrones se convirtieron en eventos religiosos y sociales muy importantes para las comunidades indígenas. Por una parte, eran una expresión de la relación recíproca entre la comunidad y su santo. Por otra, la concentración para las fiestas fortalecía la identidad y la integridad comunita- ria de la población que vivía dispersa en parajes pequeños.
Por una parte, eran una expresión de la relación recíproca entre la comunidad y su santo. Por otra, la concentración para las fiestas fortalecía la iden- tidad y la integridad comunitaria de la población que vivía dispersa en parajes pequeños.
Bibliografía
Libros:
1.ELIOT MORISON, Samuel. El Almirante de la Mar Océano.
Vida de Cristóbal Colón. México D.F.: Fondo de Cultura Eco- nómica, 1993. Primera reimpresión.
2.Etnografía de El Salvador. San Salvador: Dirección de Publica- ciones, Ministerio de Cultura y Comunicaciones, 1985. 3.FERNÁNDEZ, José Antonio. Pintando el mundo de azul. San
Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2003. 4.GEOFFROY RIVAS, Pedro. La lengua salvadoreña. El español
que hablamos. San Salvador: DPI, 2004.
5.GÓMEZ, Ana Margarita y HERRERA, Sajid Alfredo (compila- dores). Mestizaje, poder y sociedad. San Salvador: FLACSO Programa El Salvador, 2003.
6.Historia del istmo centroamericano. México D.F.: Editorial Off- set, S.A. de C.V., 2002.
7.MARTÍNEZ PEÑATE, Oscar (coordinador). El Salvador: Histo-
ria General. San Salvador: Nuevo Enfoque, 2007.
8.San Salvador: Dirección de Publicaciones Tradición oral de El
Salvador. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impre- sos-Dirección de Patrimonio Cultural, 1993.
Tesis:
1.GALLARDO MEJÍA, Francisco Roberto. La casa de un con-
quistador español en el siglo XVI. La estructura 6F1 de Ciudad Vieja. Tesis de Arqueología. Universidad Tecnológica de El Salvador. Noviembre de 2000.
Ponencias:
1.HERNÁNDEZ, Leonardo. Creencias populares de las pro-
vincias de San Salvador y Sonsonate: El caso de los polvos.
Ponencia presentada en el Primer encuentro de historia de El Salvador 22 – 25 de julio de 2003 Presentado a CONCULTU- RA. Elisenda Coladán. Mayo de 1998.
3.Informe arqueológico de los petrograbados del sitio Piedra He-
rrada, Comasagua. Marlon Escamilla. Agosto de 1999.
Direcciones electrónicas: 1.http://historia.fcs.ucr.ac.cr/ dialogos.htm 2.http://www.ues.edu.sv/encuentrohistoria/memoria2/colonial/ Ben__tez_Celestina_La_cofrad__a_Sangre_de_Cristo.pdf. 3. http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_ aff&id=1233
Unidad III
Capítulo 12. La independencia centroamericana de España
Capítulo 13. La República Federal de Centroamérica
Capítulo 14. El Salvador entre 1840 y 1871: política y sociedad
Capítulo 15. La apertura al comercio exterior
Capítulo 16. En busca del progreso y del Estado
Manuel José Arce.Independencia, federación y
construcción en El Salvador
Capítulo 12
Introducción
El 21 de septiembre de 1821 los habitantes de San Salvador recibieron con tañidos de campana y fue- gos artificiales la noticia de que seis días antes se había proclamado la independencia. La alegría del momento no implicaba una gran sorpresa, ya que el proceso independentista fue largo y los habitantes de la Intendencia habían participado activamente en conspiraciones en contra de las autoridades españolas.
Este capítulo trata de la variedad de causas que expli- can el proceso de independencia en Centroamérica. En los dos capítulos anteriores se han analizado las Reformas Borbónicas y las tensiones raciales que existían en la Intendencia de San Salvador. Las Reformas Borbónicas tuvieron éxito en pro- mover el comercio, pero también contribuyeron a los celos entre los peninsulares y los criollos, y al resentimiento de la gente frente a los impuestos y las reglamentaciones comerciales. Permitieron que los criollos crearan una identidad como americanos.
Además, la presencia de la dinastía de los Borbones en España facilitó la llegada a las colonias de la ideología de la independencia de Estados Unidos y de la Revolución francesa, la Ilustración. En 1808 la invasión de Napoleón a la Península Ibérica causó la crisis de la monarquía hispánica. Esto favoreció la expansión del proyecto constitucional a ambos lados del Atlántico, generando nuevas ideas y prác- ticas políticas. La independencia tuvo, por lo tanto, antecedentes complejos como cambios en las ideas y una crisis económica y política.
12.1 Los cambios en las ideas
En el siglo XVI, Nicolás Copérnico pasó sus últimos años preocupado con la idea de que la Tierra no era el centro del Universo. Según su teoría, la Tierra y los demás planetas giraban alrededor del Sol. ¿Cómo se relaciona la teoría del sabio polaco con la independencia de Centroamérica?
De muchas formas. La publicación del libro de Copérnico en 1543 marcó el principio de la llamada
La independencia centroamericana de España
Revolución Científica. Estas ideas primero cam- biaron la opinión sobre la ciencia y luego pusieron en duda la autoridad de los reyes. En la época de Copérnico la explicación de todos los problemas se buscaba en la religión. Las opiniones más comunes se basaban en los esfuerzos de los filósofos, como Santo Tomás de Aquino, para armonizar las ense- ñanzas del cristianismo con la filosofía del griego Aristóteles. Copérnico, al decir que la Tierra giraba alrededor del Sol, fundamentaba su teoría en la observación directa de las estrellas y no en la auto- ridad de la Iglesia ni de la filosofía de Santo Tomás. Poco a poco la gente empezó a desligar sus ideas de la religión. A esto se le llama secularización del pensamiento. El astrónomo italiano Galileo Galilei contribuyó a probar la teoría de Copérnico con la ayuda del telescopio. Estos avances mostraban que la Biblia no explicaba los movimientos de la Tierra ni otros aspectos de la Naturaleza.
De esa manera surgió una actitud científica. Para entender la Naturaleza era necesario hacer obser- vaciones directas y experimentos. Sin embargo, los científicos no abandonaron la religión. Galileo, por ejemplo, era muy religioso. Muchos científicos creían que así como Dios había escrito la Biblia, la Naturaleza era otro libro divino que había que leer mediante el método científico. La ciencia no inter- fiere en asuntos que le son ajenos.
Es más, de la misma forma que se podía usar la razón para entender las leyes de la Naturaleza, también se podía aplicar para entender las leyes que regían las sociedades humanas. Pensadores como los ingleses Thomas Hobbes y John Locke desarrollaron teorías políticas que explicaban que