En el apartado anterior se veía que Vico divide la historia de las naciones en tres grandes edades: edad de los dioses, edad de los héroes, y edad de los hombres. Estas tres edades en su conjunto forman el ―curso‖. Pero justamente a partir de este punto, la humanidad empieza a entrar en un período de agotamiento y decadencia, pues el refinamiento de las costumbres no implica el fortalecimiento de la sociedad en torno a objetivos e instituciones progresivas, sino más bien su disolución, dando lugar a fenómenos como la corrupción, la demagogia y una discusión filosófica carente de sustancia. Por eso es que el hombre necesita regresar a su primera infancia: al terror primitivo a los dioses, para que le devuelvan la sencillez, la pasión elemental, y la fe originaria. A partir de aquí se da inicio a una nueva curva histórica denominada
―recurso‖ que abre un período de ―repetición ampliada‖ de las tres edades antes descritas. En el Libro primero ―Del establecimiento de los principios‖ Vico explica que:
Debemos empezar por un conocimiento cualquiera de Dios, del que no han sido privados los hombres por salvajes, fieros y crueles que sean. Demostramos que tal conocimiento es éste: el hombre, caído en la desesperación de todos los socorros de la naturaleza, desea una cosa superior que le salve. Mas una cosa superior a la naturaleza es Dios, y tal es la luz que Dios ha esparcido entre todos los hombres.86
En otras palabras, el conocimiento de Dios no se da a partir de un proceso de pensamiento filosófico-religioso complejo y trabajoso, sino que el deseo del hombre de ser salvado de las fuerzas naturales lo ha llevado a refugiarse en un ser que concibe como superior. Para Vico,
85Barbarie retornada se debe comprender por los siguientes elementos: la corrupción; son
esclavos del lujo, la delicadeza, la avaricia, la envidia, la soberbia y el fasto. Viven una vida disoluta. Son viciosos, orgullosos, mentiros, pícaros, calumniadores, ladrones, y fingidores. Sólo piensan en las propias utilidades. Viven en la mayor gloria o locura de sus cuerpos como las bestias crueles. Nadie se puede poner de acuerdo en un mismo punto. Solitarios espiritualmente. Se dan constantes guerras civiles. Las ciudades se convierten en selvas. Finalmente se llega a una barbarie de la reflexión, que hacía de las gentes bestias más crueles, que cuando habían sido bestias del sentido. Hasta que saturados de la reflexiva malicia, pierden el gusto y el placer, hundiéndose en lo puramente necesario para la vida. Ahora bien, una vez se llega a este extremo de la barbarie, los pueblos empiezan a regenerarse.
86 Vico, Giambattista. Principios de una ciencia nueva sobre la naturaleza común de las naciones. Tomo I. (Buenos Aires: Aguilar, 1960) 208.
la religión constituye uno de los instrumentos más importantes de cohesión social, de allí que cuando los hombres se creen autosuficientes y pierden el temor a Dios, la sociedad entra en un período de disolución, que solamente es superado en el momento en que de nuevo la religión florece en el seno de los hombres.87
Según Allen Cordero, citando a Alfredo Poviña, el punto de partida del ―recurso‖ en Vico ―está en la época en la que comienza el sujeto de la ciencia‖. La humanidad creada por Dios sufrió un retroceso y de nuevo cayó en una nueva barbarie que esta vez consiste en la barbarie de la reflexión. Se inicia los tempi barbari ritornati, en los que se encuentra el germen del resurgimiento de los pueblos. Al cerrarse un nuevo ciclo, que supone la posibilidad de su incesante reanudación, las sociedades como el fénix resurgirán nuevamente. Si bien el ―recurso‖ tiene las mismas etapas que el curso, el paralelismo establecido por Vico es más de tipo conceptual que histórico. Para Poviña esta es la parte más débil de la obra desde el punto de vista histórico, pero sociológicamente completa el esquema estructural de la ley de la evolución de la humanidad. Con el surgimiento de las Repúblicas populares se cierra el primer corso, al tiempo que se abre el ―recurso‖, cuya primera etapa es el tiempo bárbaro retornado en el que los hombres vuelven a la simplicidad original y a Dios88.
La Edad Media como barbarie retornada
Katherine Iverson, en su artículo titulado ―La idea del progreso en Giambattista Vico‖89 comparte la idea de que el recurso, es decir, la decadencia del curso anterior y el inicio de un nuevo curso, sigue el mismo patrón general que el curso anterior, pero hay tres cambios cualitativos significativos:
En primer lugar, las diferencias entre las edades de la segunda barbarie son menos claras, menos precisas, que las de la primera barbarie. En segundo lugar, en la ―última barbarie‖ o los comienzos de la Edad Media, Vico habla del retorno de algunas prácticas e instituciones romanas, pero éstas han sido formadas e incorporadas en un contexto cultural nuevo y distinto. En tercer lugar, el segundo estado bestial o ferino se
87 Cordero, A. ―Vico y la decadencia‖. Costa Rica: Rev. Filosofía Univ 49-55 (1993): 50. 88Cordero, ―Vico y la decadencia‖, 50.
89Iverson, K. M. ―La idea del progreso en Giambattista Vico‖. Costa Rica: Rev. Filosofía Univ, (2010): 37-43.
distingue del primero en el hecho de que el primer estado ferino carecía del cristianismo y el segundo cuenta con él. Por ende, los demás estados del segundo curso, es decir, el heroico y el humano, serían igualmente distintos de sus estados homólogos del primer curso.90
Tomando como punto de partida la cita anterior se pretende demostrar a continuación que la Edad Media es una barbarie retornada. Ahora bien, al cumplir un curso completo de las tres etapas ya mencionadas (edad de los dioses, edad de los héroes, edad de los hombres), la humanidad se hunde en una nueva barbarie que abre un recurso de renovación. El Imperio Romano es el gran modelo que ilustra este comportamiento: su caída y posterior surgimiento de la ―última barbarie‖ representada por la Edad Media. Vico observa en esta barbarie retornada rasgos similares a la ―primera barbarie‖ o al primer estado ferino91. Se trata de un nuevo estado ferino que, al mismo tiempo, detenta rasgos de un nuevo estado divino y, en un cierto sentido, heroico: ―Y es maravilloso el retorno de tales cosas humanas civiles de los tiempos bárbaros retornados‖92.
Además, ya que desde el Quattrocento, al comenzar muchas naciones bárbaras a invadir Europa, y también Africa y Asia, y al no entenderse los pueblos vencedores con los vencidos, debido a la barbarie de los enemigos de la religión católica, sucede que de aquellos tiempos férreos no se encuentra ninguna escritura vulgar propia de aquellos tiempos, ni italiana, ni
francesa, ni española y ni siquiera alemana […], y entre todas
las naciones mencionadas no se encuentran escrituras más que en latín bárbaro, con la cual se entendían poquísimos nobles, que eran los eclesiásticos: por lo que queda imaginar que en todos esos siglos infelices las naciones volvieron a hablar entre ellas una lengua muda. Por esta escasez de letras vulgares, debió retornar por todas partes la escritura jeroglífica de las enseñas gentiles.93
Como dice Iverson Katherine, la concepción viquiana de la historia no es, de ninguna manera, linealmente ascendente. En el plazo de un curso, al llegar al tercer estadio (la
90 Iverson, ―La idea del progreso‖, 41.
91 Previo a la edad de los dioses, Vico describe un estado ferino esencialmente corrupto,
producto de la caída de gracia, en la cual los hombres están ―apartados del todo de la justicia por el pecado original y... hacen casi siempre lo distinto a ésta y aún lo contrario‖ (Ciencia nueva § 2). El estado ferino es un retroceso inicial, necesario para dar a luz a las edades posteriores, pues cada estadio anterior prepara el escenario para el estadio siguiente e, igualmente, cada estadio en curso es el resultado del estadio anterior.
92 Vico, Ciencia nueva, 1050. 93 Vico, Ciencia nueva, 1050.
edad de los hombres), brilla la razón y la humanidad ha desarrollado su institucionalidad, a tal grado que puede obtener la mencionada «felicidad civil» intencionalmente. Luego viene la recaída de la humanidad en la barbarie, totalmente «permitida» por la providencia, lo cual podría parecer un retroceso. Vico no es ningún iluminista optimista, pero tampoco es fatalista ni pesimista; no es la recaída lo que más le interesa, sino el resurgimiento, en el cual se da el sentido del devenir histórico.
El primer curso es la narración e interpretación de la guía providencial de las naciones gentiles pre-cristianas; el segundo es la de la guía providencial —ahora menos necesaria— de naciones más iluminadas, gracias al cristianismo. Vico aplaude el hecho de que el cristianismo rige las naciones de Europa en su propia época: por todas partes brilla en la Europa cristiana la humanidad y abunda en todos los bienes que pueden hacer dichosa la vida humana, tanto para las necesidades corporales como para los placeres de la mente y del ánimo. ―Todo eso gracias a la religión cristiana, que enseña verdades tan sublimes que se avienen a servir las más doctas filosofías de los gentiles
[…] De modo que, también para los fines humanos, la cristiana es la mejor de todas las religiones del mundo, porque une la sabiduría ordenada con la razonada‖94. En este caso, Amoroso afirma:
Más que de una filosofía general de la historia, Vico está interesado en una indagación de las constantes fundamentales de la experiencia humana a través de una indagación comparada de las analogías estructurales entre culturas de tiempos y de lugares diversos; precisamente en este sentido él estudia el Medioevo confrontándolo con el mundo arcaico. Un problema que se presenta a Vico, al católico Vico, está en el hecho que el Medioevo viene después de Cristo, es más, es una época dominada (en el Occidente) del propio cristianismo.95
Si bien lo anterior es cierto, al inicio de este apartado está plenamente incluida la concepción viquiana de la historia. En primer lugar, la historia exhibe cambios que detentan ciertos patrones de regularidad que indican su rumbo, lo cual se traduce en los ciclos y edades viquianas. En segundo lugar, los cambios históricos tienen como punto de referencia un modelo: la historia ideal eterna, mediada por la providencia divina. No
94 Vico, Ciencia nueva, 1094.
es un progreso lineal, ascendente, inevitable e irreversible, sino un progreso de superación global y cíclica. Cuanto mayor sea el esfuerzo de preservar las instituciones de la religión, los matrimonios y las sepulturas, tanto menor será el peligro de caer de nuevo en la barbarie. Pero ni siquiera la recaída en la barbarie constituye un grave retroceso dentro del esquema cíclico porque es un nuevo punto de partida. Lejos de ser una marcha atrás inexorable, es una nueva oportunidad para desarrollar la institucionalidad y para realizar la «naturaleza inteligente» de manera intencional e históricamente lúcida.
Después de todo este recorrido, se puede concluir que, a diferencia de la ―primera barbarie‖, la «última barbarie» cuenta con el cristianismo y, así, este ciclo no empieza desde cero: sus comienzos barbáricos cuentan con un elemento iluminador adicional. La humanidad de esta época tendrá más herramientas cognoscitivas a su disposición y, entonces, este segundo ciclo muestra una cierta mejoría con relación al primero. El esquema viquiano de la historia muestra un progreso cíclico global: los patrones generales de comportamiento colectivo se repiten pero se da una cierta mejoría o superación globalizante. Vico se alegra por la cristiandad que brilla en su época y a la vez siente disgusto por ―la infame maldad del mundo sin ley‖96, cuando se practicaba el incesto y no existían los matrimonios. Lejos de añorar pasados que no tenían nada de prístinos, Vico prefiere su propia época de naciones, «tiempos luminosos, cultos y magníficos», en contraposición a los ―orígenes de la humanidad, los cuales debieron ser naturalmente pobres, bastos y muy oscuros‖97. De todo eso se trata el libro quinto de la Ciencia nueva. Y de ahí viene su importancia:
Ahora, mediante este recurso de las cosas humanas civiles, que se ha razonado en particular en este libro, reflexiónese sobre las confrontaciones que a lo largo de toda esta obra se han hecho en un gran número de materias en torno a los tiempos primeros y últimos de las naciones antiguas y modernas; y se tendrá explicada toda la historia, no ya la particular de una época de las leyes o los hechos de romanos o de griegos, sino que, (bajo la identidad sustancial a entender y la diversidad de sus modos de explicarse) se tendrá la historia ideal de las leyes eternas, sobre las cuales transcurren los hechos de todas las naciones, en
96 Vico, Ciencia nueva, 336. 97 Vico, Ciencia nueva, 123.
sus orígenes, progresos, estados, decadencias y fines, aunque sucediera (lo cual es ciertamente falso) que de tiempo en tiempo nacieran de la eternidad mundos infinitos. De ahí que no podamos dejar de dar a esta obra el envidioso título de Ciencia nueva, ya que hubiera sido defraudarla demasiado injustamente en su derecho y razón que tiene sobre un argumento universal como es el que versa en torno a la naturaleza común de las naciones, en virtud de aquella propiedad que posee toda ciencia perfecta en su idea, y que Seneca nos explicó con esta magna expresión: Pusilla res hic mundus est, nisi id, quod quaerit, omnis mundus habeat.98
El problema de la decadencia es central en este apartado. Y a propósito del ―recurso‖, es posible afirmar que un pueblo no puede avanzar, no puede levantarse y continuar construyendo su historia sin haber caído antes; es el ―recurso‖ lo que permite escapar a la civilización de la barbarie retornada99. Pero es asombroso, sobre todo, el retorno de las cosas humanas a los primeros asilos del mundo antiguo de los tiempos divinos. En este orden de ideas, se verá cómo los temas de primera barbarie y de la barbarie retornada están presentes directa o indirectamente en las obras de los dos grandes poetas: Homero y Dante.