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4.3 Descriptive Analysis

4.3.4 Foreign-Born Incidence

En este capítulo han sido materia de análisis las profecías con emisores y destinatarios divinos ubicadas en el nivel extradiegético de Eneida: la de Júpiter a Venus en el libro 1 (con referencias a los discursos de Júpiter en 10 ante la asamblea de los dioses y en 12 ante Juno) y la de Neptuno en el libro 5, también dirigida a Venus. En ambos casos es la diosa quien genera el contexto de emisión de las profecías cuando reclama que se cumpla el destino prometido a Eneas.

209 Cf. 6.343-346: namque mihi, fallax haud ante repertus, / hoc uno responso animum delusit Apollo, / qui fore te ponto incolumem finisque canebat / venturum Ausonios (“pues a mí en su respuesta me engañó

Apolo, no hallado falaz antes, que cantaba que tú llegarías incólume a los confines ausonios”).

Como respuesta, recibe una confirmación acerca del modo en que finalmente sucederán las acciones. Se ha visto que Venus actúa de esta forma en su calidad de genetrix de la estirpe de Eneas, procurando que se haga efectiva la herencia material dispuesta por el fatum. Así, obtiene de Júpiter la confirmación del éxito de la empresa y de Neptuno la venia para que los troyanos logren desembarcar en Italia.

El anuncio del libro 1 ha recibido especial atención puesto que es uno de los tres pasajes de Eneida en los que los hechos vaticinados alcanzan el tiempo histórico de Virgilio. La confrontación con el diálogo final entre Júpiter y Juno ha permitido evaluar el lugar de la estirpe troyana en la configuración de la futura gens de los romanos. Hemos observado que la preponderancia de Troya en el anuncio del libro 1 se debe al contexto consolatorio en que aparece el discurso y que, no obstante esta primacía, aparecen elementos que señalan a la futura ciudad como un producto de la unión con los latinos, y no como una segunda Troya idéntica a la primera. En el pasaje del libro 12 se ha subrayado que existe una negociación entre los dioses: Juno propone una serie de condiciones para definir aquello que está dentro de las prerrogativas de Júpiter, es decir, aquello que no está ya configurado por el fatum. El acuerdo resultante da cuenta de la mistura entre los elementos ya asentados en Italia y los extranjeros recién llegados, que tendrá como resultado la estirpe romana.

Tanto en los dos anuncios que han sido objeto de este capítulo como en los de los libros 10 y 12, se pone de manifiesto que el fatum es un texto conocido por todos los dioses. No obstante, todas las divinidades no poseen el saber sobre él en la misma medida ni tampoco pueden actuar para modificarlo de la misma forma. Si bien los dioses tienen poder para interferir en su trama ya apresurando, ya dilatando su cumplimiento211, es Júpiter quien define cuándo y cómo se concretará

211 Venus actúa para concretar cuanto antes el hado prometido. Sobre la posibilidad de retrasarlo habla Vulcano en el libro 8 (cf. p. 82 de este capítulo). Esto es, además, lo que hace Juno a lo largo de todo el poema, razón por la cual en el libro 12 Júpiter le ordena que ponga punto final a sus

finalmente. En el concilio del libro 10 afirma abnueram bello Italiam concurrere Teucris (“yo había prohibido que Italia se enfrentara en la guerra con los teucros”), amonestando a los dioses que se han involucrado en el conflicto bélico. Esto podría mencionarse como un elemento que colisiona con la profecía en el libro 1, en el que el dios afirmaba que Eneas populos ferocis contundet: si allí se mencionaba la existencia de un conflicto bélico futuro, ¿por qué en 10 el mismo dios habla de una prohibición de guerrear? Consideramos que el supuesto conflicto surge de identificar al fatum con la voluntad de Júpiter: no se entiende cómo primero dispone el surgimiento de la guerra y luego dice haberla prohibido. Por el contrario, si se entiende, como hemos propuesto en la primera parte del trabajo, que los designios del hado pertenecen a las Parcas y que Júpiter administra su cumplimiento, podemos comprender que el dios desautorice la guerra pero que, de todas maneras, sea capaz de prever que los dioses interferirán en esa orden. Las palabras del libro 10 en el concilio se refieren a su desaprobación, mientras que los conflictos vaticinados en 1 exhiben su conocimiento de la intervención de las divinidades en la guerra, en particular de Juno mediante el envío de Iris para sembrar la discordia.

En virtud de que las profecías estudiadas aquí poseen tanto emisores como destinatarios divinos, todos comparten el mismo código de comunicación, i. e., el lenguaje divino, provisto de visión panóptica. No existe para el receptor la oscuridad que impide otorgar sentido al signo divino, fenómeno que se produce cuando quienes reciben el mensaje son personajes humanos. A estos casos nos referiremos en el próximo capítulo.

acciones. También retrasan el cumplimiento del fatum los dioses que en Italia han tomado partido

Capítulo 2