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4.4 Approximation with nonlinear symmetry constraints

4.4.2 Formulation of the error terms

mas disfrazadas del libertarianismo, en cuyo caso podrían merecer nuestro respeto e n un mundo en que las instituciones se establecieron cuando fue ventajoso hacerlo. Esto nos regresa al supuesto cinco, el de cooperación ili- mitada, y al de "tautología de la eficiencia". Por otra parte, tales alegatos pueden reflejar simplemente la creencia ideológica de que el laissez- faíre es en esencia el sistema económico ideal, en cuyo caso las argumenta- ciones adicionales como las que he estado presentando a lo largo de este trabajo carecen de interés.

Puede resultar raro, aun para los políticos, alegar que sólo el gasto público militar es benéfico. Pero un alegato relacionado que se escucha con frecuencia en tiempos recientes en el Reino Unido es que sólo los empleos creados dentro de o por el sector privado tienen-valor permanente. Por su- puesto, dada la forma en que se trata al gasto público en estos días, muchos empleos del sector público se han vuelto menos seguros que antes. Pero la pretensión de que, por ejemplo, los trabajadores de la British Telecom eran socialmente improductivos hasta que empezaron a realizar trabajos esencialmente idénticos para el casi monopolio privatizado para el que aho- ra trabajan es claramente absurdo. Sin embargo, es lo que se considera lógico en algunos discursos políticos actuales.

Déjenme regresar al tema de los costos, donde existe, por lo menos, un argumento coherente que puedo discutir. Éste trata de la necesidad de financiar los bienes públicos con impuestos distorsionadores, y reconoce en realidad de una vez que el viejo ideal teórico de los impuestos globales es inalcanzable. Tampoco se recomiendan los impuestos tipo Lindahl para financiar los bienes públicos. En realidad, una vez que el nivel de provisión del bien público está fijado, los pagos de impuestos personalizados tipo Lindahl se hacen equivalentes a una redistribución global del ingreso, c o n base, sin embargo, en la disposición marginal a pagar por los bienes públi- cos. De cualquier manera, tales esquemas impositivos violan por lo general las restricciones de incentivos. U n impuesto uniforme global o por cabeza sería compatible c o n los incentivos, pero si se estableciera lo suficiente- mente alto como para cubrir los gastos en bienes públicos como una buena educación, que los ricos, acertadamente, parecen desear, no hay forma de que los pobres puedan pagarlo. Por lo tanto, no hay una forma realmente factible de financiar el gasto público en eeneral sin aleunos impuestos dis- torsionadores. La teoría convencional de las finanzas públicas consideraría entonces las pérdidas que son peso muerto resultantes de estos impuestos distorsionadores como un costo adicional del casto público Pero como se demostró en lá sección 11 los impuestos «dábales son incompatibles con los incentivos por lo que la medición de las pérdidas que son peso muerto carece de sisnificado práctico Así como los impuestos óptimos a los bienes sólo son realmente óptimos en presencia de restricciones de incentivos etc., así el financiamiento del gasío público por medio dr-in^uestos dis-

torsionadores" puede muy bien ser parte de un óptimo de bienestar ópti- mo imperfecto.

Hasta ahora he dicho poco acerca de la "privatización" que tiene lugar en Gran Bretaña o la "desregulación" que tiene lugar en Estados Unidos. Éstos son temas importantes, pero tienen mucho menos que ver con la de- seabilidad del gasto público en bienes públicos que con la cuestión de la organización de la industria y la deseabilidad de la propiedad pública en contra de la propiedad y el control privado. Éstas son cuestiones sutiles, que no tienen respuestas simples. Existe cierta evidencia de que la propie- dad y el control privados funcionan mejor debido a los incentivos; y algu- nas razones teóricas para creer que los controles de precios constituyen el mejor mecanismo para tratar los problemas que surgen de los monopolios naturales, pero c o m o en todas las cuestiones interesantes de política en economía, no hay una respuesta simple con la que se pueda ser dogmático. Tendré algo más que decir sobre la organización industrial en relación c o n el supuesto 21.

14. Los programas de transferencias no confieren beneficios En su influencia general sobre la opinión pública edu- cada, la enseñanza ortodoxa no ha sido solamente dé- bil y confusa sino realmente perniciosa. Apoya la idea de que el gasto gubernamental que es benéfico para los habitantes de su territorio es "socialismo" y debe de impedirse a toda costa. Reconcilia una opinión pú- blica que en otros campos es más o menos sana, con la carrera armamentista que parece estarnos llevando a todos a la destrucción. Pero eso es otra historia.

JOAN ROBINSON, 1985, p. 160.

Aquí quiero abordar el argumento de que deberían abolirse los programas de transferencias. Hay dos aspectos en este argumento. Uno dice que los beneficios de los programas de transferencias son ilusorios porque eli- minan el incentivo para que la gente sea autosuficiente. El segundo dice que aun cuando puede concederse que los programas de transferencias proporcionan algunos beneficios a quienes los reciben, lo hacen a un costo muy elevado.

El primer argumento introduce las restricciones de incentivos c o n furia y dice que son tan fuertes que la política redistributiva es impotente porque lo único que logra es remplazar los arreglos privados de seguros y ahorros y lo hace, por regla, en forma ineficiente y derrochadora. Esto podría ser un argumento con cierta validez en un mundo de mercados de capital y seguros perfectos. Pero no vemos dichos mercados perfectos fuera de los artículos económicos y los libros de texto, por las razones