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4.1. MATERIAL

4.1.2. Fossil samples

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4.1

D

IONISO

4.1Introducción

La última parte de mi trabajo está dedicada al dios griego Dioniso y a su comparación con los dying gods de los que he estado hablando en la tercera parte de esta tesis, “Cuestiones teóricas”, y especialmente con los del área próximo-oriental, Inanna (Ishtar) y Ba‘al.

Para expresar con pocas palabras la finalidad de esta segunda parte y, en definitiva, de la tesis entera, voy a volver a cuanto he dicho en el primer capítulo, en el que discutía las teorías generales que Frazer elaboró sobre los dying gods y sus consideraciones particulares acerca de Dioniso.

En este apartado vimos que la definición inicial de lo que era un dying god implicaba a divinidades relacionadas con la naturaleza en cuya historia mitológica figurase un episodio de muerte y vuelta a la vida.

He aplicado esta definición a unos cuantos dioses que se vieron introducidos en la categoría a lo largo de los años, y el resultado de mis reflexiones ha sido ambiguo: si para algunos (por ejemplo, para los dioses que he definido como “menores”, por ejemplo Perséfone, o Dumuzi), la llamada muerte y resurrección tiene que ver más bien con una ausencia y vuelta periódica que recuerda los ritmos de la naturaleza, para otros (sobre todo, Inanna [Ishtar] y Ba‘al), la muerte significa efectivamente el fin de la existencia seguido por una vuelta a la vida. Ambos actos se verifican una vez solamente, lo cual hace que pierdan el vínculo directo con la naturaleza y encuentren su escenario mítico en otras historias, como las cosmológicas; entendida así, la resurrección viene a adquirir el significado preciso al que estamos acostumbrados a partir de la época cristiana. Hemos visto además, que la muerte de un dios puede ser expresada también de manera simbólica, como desaparición o katábasis, y que sobre todo la primera es la forma más difundida en los mitos con los que se expresa la muerte divina.

En el caso específico de Dioniso, Frazer observó que todas las características que había hallado en las divinidades orientales se presentaban también en el hijo de Zeus. Para él, entonces, Dioniso era un dying god, el verdadero dying god de las tradiciones

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helénicas, a pesar de que Perséfone fuera, y es, la diosa que normalmente se toma en consideración cuando se toca el tema de los dioses griegos que mueren.

Ahora, al final de la investigación que me ha llevado a reconsiderar esa categoría ya en desuso y a someterla a ulterior escrutinio, para ver cuáles de las ideas que un tiempo vehiculó con tanto éxito pueden ser conservadas y aplicadas también a nuevos dioses nunca implicados antes, puedo pasar a valorar si, y cómo, los mismos principios se aplican a ciertos aspectos similares que se desprenden de una parte de los mitos dionisíacos.

Como he anticipado en la introducción general, hay tres puntos en particular que voy a someter al análisis comparativo, o sea, la muerte, la katábasis y el sueño de los dioses, aunque daré más espacio a los dos primeros, dado que, por lo que respecta al tercero, la documentación de la que disponemos para el mundo oriental es exigua y de interpretación dudosa, si bien muy atractiva, por lo menos en sus supuestos teóricos.

Según el proceso que he seguido para todos los demás dioses en cuestión, antes de dar comienzo a la observación comparativa de los datos, lo primero es dar un cuadro recopilatorio de la figura de Dioniso y de sus mitos (§ 4.2), con particular atención a sus relaciones con la muerte y el Más Allá (§ 4.3).

4.2 Dioniso

La mitología dionisíaca es muy compleja. En sus mitos confluyen los elementos más diversos, que hacen que en su ciclo divino se mezclen complejas leyendas que a menudo tienen tonos fantásticos: los suyos son mitos que hablan alternativamente de un niño celeste indefenso que desafió la muerte, de un joven retoño divino miedoso que sufrió implacables persecuciones, de una divinidad en potencia que tuvo que ganarse sus derechos divinos a fuerza de hazañas espectaculares en tierras lejanas, de un dios implacable que se vengaba sin piedad de los abusos sufridos además de que fue también capaz de manifestaciones de amor incondicional hacia sus seres queridos, y de cómo cada uno de ellos generó una serie de ritos, a veces siniestros al igual que la leyenda de referencia, que se grabaron en la tradición religiosa griega.

En cada una de estas tradiciones tan diversificadas y fascinantes valdría la pena detenerse. Además, en el caso de Dioniso, hay que tener en cuenta también las muchísimas variantes regionales literarias y cultuales. No es ciertamente éste el lugar para profundizar en todos los particulares, míticos y rituales, de toda la saga dionisíaca,

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ni para desarrollar los innumerables matices que se desprenden de cada leyenda, porque mi interés está ahora en llamar la atención sobre los mitos dionisíacos que hablan de la muerte y vuelta a la vida del dios.

Por ende, de la misma manera que he hecho con los otros dioses de los que me estoy ocupando, voy a dar un cuadro general de las características de Dioniso, y remito a la bibliografía para mayores aclaraciones, mientras que retomaré en las páginas siguientes algunos de los rasgos a los que aquí me refiero sólo de manera general313.

Dioniso es un dios de múltiples atributos, a veces discordes entre ellos, que a través de sus mitos y, sobre todo, de sus rituales, llevó a la religiosidad griega valores desconocidos y difundió entre sus fieles mensajes del todo nuevos, que fueron percibidos como revolucionarios. Tan es así que, para intentar dar explicación de aquellos caracteres que eran tan significativos en la personalidad del dios y que, no obstante, no encajaban completamente en las nociones religiosas estrictamente griegas, por mucho tiempo se especuló acerca del origen extranjero del dios.

Las trazas más antiguas de su culto en territorio griego se encuentran en las tablillas micénicas y, aunque estos hallazgos se vieron como una prueba importante a favor de la procedencia griega del dios, en realidad lo que hacen es simplemente atestiguar la presencia en Grecia del dios ya desde finales del II milenio a.C., sin decir nada definitivo con respecto a su patria de origen314.

Sin embargo, según el mismo proceso por el que muchas de las divinidades mayores del Olimpo griego, por ejemplo Afrodita, absorbieron influjos extranjeros, que llegaron a ser parte integrante de sus personalidades divinas, también Dioniso presenta una naturaleza compuesta. De ésta, hay que reconducir algunas circunstancias al substrato mediterráneo que, junto con el indoeuropeo, determinó la formación de la cultura helénica, y que por lo tanto hace que ciertos aspectos de sus historias o de sus rituales se parezcan a los de divinidades ajenas a la tradición griega, como por ejemplo, Cíbele, Sabazio, u Osiris.

Uno de los rasgos que más ayuda a captar el carácter del más joven de los dioses griegos es la contradicción o, más bien, la concordancia de los opuestos, que parece

313 Otto 1997 (1933); Jeanmaire 1951; Kerényi 1998 (1976); Henrichs 1984, pp. 205-240, 1994 y 1996, pp. 479-482; Daraki 2005 (1985); Veneri 1986, pp. 414-420; Versnel 1990; Carpenter‒Faraone 1993; Casadio 1994 y 1999; Seaford 2006; Burkert, 2007, pp. 218-226; Bernabé‒Jiménez San Cristóbal‒ Santamaría Álvarez en prensa.

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permear la esencia misma de la divinidad dionisíaca, y que desde siempre le dio fama de ser un dios peculiar, fuera de lo común, y que por eso fue tal vez el dios que más atrajo la atención de los estudiosos.

A la vez humano y animal315, hombre y mujer, joven y viejo316, causa de felicidad para el género humano y fuente de perdición317, benefactor y violento en sus manifestaciones rituales318, el dios demuestra el poder de subvertir las convenciones divinas hasta en lo que era el supuesto mismo de la divinidad en Grecia, la inmortalidad. Dioniso, de hecho, se caracteriza por una cercanía fuera del común con el Más Allá, y, sobre todo, las historias de su muerte hacen que su mitología sea muy distinta de la de los otros olímpicos.

El que nos es conocido principalmente como dios del vino, dominaba muchos ámbitos, algunos de los cuales, como el éxtasis, se asociaban directamente con la bebida, mientras que otros tenían poco que ver con ella: Dioniso fue la divinidad protectora de una de las aportaciones más relevantes de la sociedad griega al mundo entero, el teatro, y haciéndose portavoz una vez más de los nuevos anhelos de la religiosidad helénica, fue la divinidad que, más que otras, interpretó la esperanza de vida más allá de la muerte que los seres humanos buscaban319.

En realidad, Dioniso fue asociado desde un principio no solo con el vino y la vid, sino con la vegetación en general, con todo lo que genera la vida y expresa su exuberancia, como el agua. Tanto los epítetos que recibe, y que recuerdan el mundo vegetal y animal, como la iconografía, expresan el amplio espectro de esta relación con

315 Toro, cabrito y león son los animales cuyos aspectos Dioniso tomaba en préstamo con más frecuencia.

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Hasta el siglo V a.C. Dioniso fue representado como un hombre maduro, con barba, vestido con un quitón largo con pieles de animales encima y coronado de hiedra. Más adelante, aparecerá casi siempre como un joven, desnudo o poco vestido.

317 Uno de los títulos de Dioniso es Λυαῖος, ‘el que libera’, de la angustia, del dolor. Sin embargo, esta capacidad de ofrecer un medio de soportar los sufrimientos no carece de consecuencias. Por ejemplo, los mitos áticos que relatan de la invención del vino, el regalo de Dioniso más precioso porque alivia los afanes humanos, son a la vez oscuros: Icario, el hombre que por primero hace vino siguiendo las instrucciones de Dioniso, es matado por los otros campesinos que, al probar la nueva bebida, creen que quería envenenarlos. Su hija Erígone, al hallar su cadáver, se ahorca (en un gesto que es después aludido en las Antesterias). Vuelvo brevemente al tema de la ambivalencia de Dioniso y su mundo en el último apartado de este capítulo.

318 En la literatura e iconografía, el dios es representado a menudo con las fieles practicando sus rituales, durante los cuales podía tener lugar el σπαραγμός, eso es, el despedazamiento de animales (pero hasta de niños y hombres), que después eran devorados.

319 Es sobre todo el ambiente de los misterios órficos y eleusinios el que desarrolla la dimensión escatológica. Cf. Tortorelli 2006; Graf‒Johnston 2007 y Bernabé‒Jiménez San Cristóbal 2008.

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la naturaleza, que conservará a lo largo de su historia desde las épocas más antiguas, cuando era simplemente representado por un tronco o un pilar320.

Ese imaginario privilegiado, que lo une al vino y a la naturaleza, se expresa bien en los compañeros que forman el alegre cortejo que no lo deja nunca, y del que forman parte, entre otros, los Sátiros, las Ninfas y los Silenos, todas divinidades de origen natural representados a menudo entregados al delirio de la bebida y a los excesos sexuales (ambas cosas que, es menester subrayar, no se atribuyen habitualmente a Dioniso de forma directa), en famosas imágenes como por ejemplo las de los Sátiros en acto de acechar a las Ninfas321.

Pero, antes que nada, Dioniso es un dios que tiene aspectos muy particulares. Esta particularidad empieza ya con el nacimiento: parido por el mismo Zeus desde su muslo322, los mitos guardan diferentes historias acerca de sus nacimientos, que, en su mayoría, involucran al primero de los dioses griegos y a la princesa tebana Sémele; para los órficos, en cambio, figura como madre del dios también la señora del Más Allá Perséfone, cuyo papel se solapa con el de Sémele323.

Solo mencionado por Homero, ya que, como dios de la vegetación, era de alguna forma ajeno al mundo de los guerreros de los que el poeta escribe324, Dioniso protagoniza sin embargo muchos ciclos poéticos ya desde la época de la poesía arcaica.

Múltiples leyendas existían también sobre su infancia, y, por fuentes posteriores a los poetas épicos, podemos reconstruir la historia mítica de Dioniso hijo de Zeus y Sémele, que es la más conocida: Hera, celosa de Sémele, la engaña y, presentándose a ella como su nodriza, la convence para que pida a Zeus que se le manifieste en su

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Hablo de la relación del agua, que figura mucho en los mitos y ritos de Dioniso, con el dios, de los animales que lo acompañan, y de los atributos vegetales que se les dan en el último apartado de este capítulo, aunque para poner de releve las connotaciones funerarias que cada uno de estos elementos tiene dentro del culto dionisíaco. Ahí, recojo también algunos epítetos del dios.

321 Dioniso es asociado también a algunas de las más importantes divinidades griegas, por ejemplo Ártemis, probablemente por el componente de la caza (Ártemis es la diosa de la caza, y Dioniso, cuando recibe el epíteto Zagreo –he hablado de esto en el cap. 3.3-, asume también su identidad de cazador), o Deméter y Perséfone, en el marco de los misterios de Eléusis.

322 También Atenea se caracteriza por nacer de una parte del cuerpo de su padre Zeus, en este caso, la cabeza.

323 Perséfone (D. S. 5, 75), Deméter (D. S. 3, 62) y Kore (Arr., An. 2, 16, 3) son indicadas como madres de Dioniso, pero en las versiones más antiguas (Il. 14, 325 y Hes., Th. 940-942. También Hymn.

Hom. Bacch. 1, 56-57) Dioniso es hijo de Zeus y Sémele. Trataré los mitos del nacimiento de Dioniso en

la tradición órfica en el capítulo siguiente.

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aspecto divino y con todos los atributos de su poder. El rayo del dios la fulmina325 y Zeus salva al niño del que está embarazada cosiéndoselo en el muslo, y llevando así a término la gestación326. Una vez nacido, el pequeño Dioniso ha de esconderse de las iras de Hera, que continúa persiguiéndole. En este punto hay variantes en los particulares del episodio: Zeus327 o Hermes328 lo encomiendan a las Ninfas en Nisa329, mientras que, en otras versiones, las nodrizas del dios son sus tías Ino, Ágave y Autónoe, hermanas de Sémele. En Apolodoro330, Hermes confía Dioniso a Ino y Atamante, su marido, para que lo críen como una niña y esconderlo así a los ojos de Hera; sin embargo, la diosa lo descubre e infunde la locura en los dos. Pausanias331, por su parte, conserva una versión laconia, de la ciudad de Brasai, en la que Sémele y Dioniso son cerrados en una caja y tirados al mar. La madre morirá, pero el hijo será salvado y criado por Ino. De lo que pasa a Dioniso en la tradición órfica después de su nacimiento de Zeus y Perséfone hablaré en el cap. 4.2.

Por lo que respecta a su vida amorosa, ya en Homero y Hesíodo la princesa cretense Ariadna es indicada como su mujer332.

Uno de los temas más tratados fue el de las luchas que el dios tuvo que sostener para poder imponer su culto en las varias ciudades griegas, en las que la nota constante es la locura que se abate en sus adversarios como castigo por no haber entendido la

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A., Frr. 221-224 Radt; E., Ba. 1-3 y 88-93. 326

E., Ba. 94- 102.

327 Hymn. Hom. Bacch. 26, 3. 328 Apollod. 3, 4, 3.

329 Il. 6, 132-133. En un intento de racionalizar esta extraña historia de un dios nacido del muslo (μηρός en griego) de otro dios, Diodoro (en varios puntos, por ejemplo 2, 38 y 5, 52) y Opiano (Cyn. 4, 237-241. Más adelante, vv. 265-276, se dice que Dioniso fue llevado a la isla de Eubea) dicen que Meros es el nombre del monte al que fue llevado Dioniso.

330 Apollod. 3, 4, 3. 331 Paus. 3, 24, 3-4.

332 El mito de Dioniso y Ariadna se enlaza con el de Ariadna y Teseo. Según la versión más conocida (Pherecyd., FGrH 3 F 148) Ariadna es la hija de Minos que se enamora de Teseo y le ayuda a salir del labirinto, con el celebérrimo estratagema del hilo, y a matar al Minotauro. Después de haberse casado con él, y en el camino de vuelta a Atenas, Teseo la abandona en la isla de Naxos, donde Dioniso la encuentra y la hace su mujer. La otra versión, más antigua (Hes., Th. 947-949; Od. 11, 321-325), dice que las bodas con Dioniso son anteriores al encuentro con Teseo, que Ariadna le es infiel al dios con el héroe ateniense, y que por vengarse de la traición Dioniso encarga a Ártemis que mate a la mujer. Tenemos noticia también de los hijos de la pareja Dioniso-Ariadna, todos personajes con nombres evocativos del vino: Enopión, Estáfilo, Evantes. Acerca de Dioniso y Ariadna, véase Casadio 1994, pp. 122-222 y Bernabé en prensa d. Otra consorte ilustre de Dioniso es Afrodita, con la que el dios engendra a Príapos. La tradición es presente sobre todo en la ciudad helespontíaca de Lámpsaco, patria del culto de Príapos, con el que Dioniso es a menudo identificado (Paus. 9, 31; Ath. 30b).

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grandiosidad del dios y haberse opuesto a la difusión de su culto. Particularmente famoso el motivo en las Bacantes de Eurípides, en las que el rey de Tebas Penteo va al encuentro a una muerte espantosa (su propia madre y tías, fieles del dios, lo despedazan), no sin haber empezado a dejarse seducir por el mismo culto que quería prohibir, y el episodio de los piratas tirrenios, que raptan a Dioniso creyéndolo un príncipe para venderlo esclavo y asisten impotentes al despliegue de todo su poder divino, al ser el barco invadido por la vid, y ellos mismos trasformados en delfines333.

En época helenística, en cambio, los mitógrafos empezaron a tratar a Dioniso como un héroe que había dado al género humano los preciosos dones de la agricultura y del vino, por ejemplo Diodoro en el libro 4 de su Biblioteca, o un conquistador, como por ejemplo hizo Nono de Panópolis, que le dedica la enorme epopeya de las Dionisíacas para celebrar sus victorias hazañas en la lejana India, como una especie de prefiguración de Alejandro Magno.

Sin embargo, la singularidad de Dioniso no lo distingue solo en los mitos, sino también en los ritos, que alcanzaron gran fama en toda la antigüedad334, por su naturaleza tan distinta a lo que era la norma religiosa griega, antes que nada porque eran practicados por mujeres, parte integrante del séquito dionisíaco, y porque se caracterizaban por la “locura”. Las mujeres que practicaban su culto se llamaban ménades, o bacantes335, y de hecho el término griego para indicar lo que nosotros traducimos, de una manera que puede ser engañosa, con “locura” era βακχεύω: abandonados sus oficios usuales, las mujeres corrían a las montañas donde se abandonaban al dios, bailando y entrando en un estado extático.

Finalmente, Dioniso contaba entre los dioses griegos con el mayor número de celebraciones a lo largo del año y a lo largo de Grecia. Lamentablemente, nuestra información acerca de las fiestas dionisíacas está casi limitada a las fiestas áticas y, en particular, a las de Atenas, donde el dios tenía cinco: las Oscoforias, las Antesterias, las

333 El mito es contado en uno de los himnos homéricos (Hymn. Hom. Bacch. 7) y es el sujeto de uno de los trabajos más famosos de Exekias (siglo VI a.C.).

334 Es famosa la disposición legal con el que el senado romano prohibió las fiestas dionisíacas, bacanales en latín, por su carga subversiva, el Senatus consultus de Bacchanalibus de 186 a.C.

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Las ménades, las ‘enloquecidas’, eran probablemente las integrantes más famosas del tíasos báquico. Según las representaciones más comunes, vestían pieles de animales, coronas de hiedras, llevaban el tirso y manejaban serpientes, y bailaban a los ritmos desenfrenados de la música dionisíaca,

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