• No results found

4. FOUNDATION INSTALLATION

4.2. FOUNDATION INSTALLATION PROCEDURES

146

Otra consecuencia de que la ciencia en definitiva no puede salirse totalmente de la correlatividad S-S es que habrá que intentar explicar la base común, desde la que tendrán que diferenciarse, y desde la que se comprenda la existencia de la for- malidad significativa o semiótica de la lengua y la lógica científica. La formalidad semiótica es la propia de la relación S-S de S-S, con lo cual, posiblemente habría que situar la lógica en la relación S-O. Si no nos dejamos arrastrar, al interpretar la relación S-O de la ciencia, por alguna de las modalidades del esquema interpretativo que hace de S un sujeto especular de O, adquirirá la relación S-O el aspecto de un tener que ver, de los sujetos hablantes, con las cosas. Según esta perspectiva, las ca- racterísticas de S-O de S-S, en contraposición de la relación S-S de S-S será la carac- terística activa —aunque sea una actividad teórica— de los hablantes, contrapuesta a la comunicativa de los mismos sujetos que tienen que ver las cosas.

De las consideraciones que preceden, se sigue que las unidades y elementos de unidades de O, dentro de un S-O de hablantes, se individualizan y se peculiarizan no por relaciones de comunicación sino de acción —aunque sea sólo posible—, si bien dependientes de la comunicación. Cada elemento, y su jerarquía, depende de las acciones y articulación de acciones.

Si las cosas son así, resultará que los elementos deberán tener un carácter espa- cio-temporal correspondiente a la posible operación. Tanto los elementos como las unidades objetivas, sean del nivel que sean, serán estructuraciones espacio-tempo- rales. Si las operaciones no se desarrollan en el espacio y el tiempo, no serían los objetos espacio-temporales. La acción de los sujetos hablantes y los objetos sobre los que se ejerce esa acción están en relación de interdependencia.

Supuestas todas estas consideraciones ya es aplicable a la ciencia el esquema se- miótico que antes hemos aplicado a las nociones comunicativo-axiológicas.

La afirmación de una unidad científica, o de un modelo ha de pasar por la nega- ción de la contradicción. La afirmación de la contradicción lleva a la modificación de la unidad o modelo, y si esto no es posible, implica la afirmación de la unidad o modelo contrario existente y en relación de interdependencia respecto del primero.

Toda experiencia nueva supone un no a las antiguas, si no está implicada en las antiguas, e implica, a su vez, un cuerpo teórico y de experiencias en contraposición al antiguo.

Si la ciencia, a pesar de las transformaciones a que somete a S y O no puede salir- se completamente de la condición propia de la relación de un viviente a su entorno, el paso de un modelo teórico supone el paso de unos postulados básicos a otros y esto al nivel en que la ciencia se conecta, aunque sea lejanamente, con lo que resulta significativo para un viviente.

O O O O

Modelo “s”

No modelo “no s”

Modelo “no s”

No modelo “s”

La ciencia y la técnica tienen conexiones y dependencias mutuas, y esto tanto por el peculiar punto de partida del quehacer científico, que no parte de la significativi- dad de los objetos para un viviente en cuanto tal, como por el doble aspecto interno a la ciencia: teorización-experimentación. La experimentación no se reduce a una mera verificación o falsación de teorías si no que orienta y posibilita la formulación de teorías.

Para que se pueda hablar de teoría se requiere que se dé un cuerpo de conceptos, los cuales forman un cuadro de definiciones o prescripciones relacionadas entre sí en forma de sistema. No cualesquiera orientaciones para la experimentación son teoría científica. Igualmente no cualquiera interpretación de la experiencia es expe- rimentación. Esta debe ser dirigida, orientada a la teoría de forma que las uniformi- dades observadas tengan relación con el sistema teórico.

El tránsito de un modelo mitológico a otro, como el tránsito de un paradigma científico a otro, están regidos por la misma legalidad: obedecen a las reglas de la estructura fundamental de la significación. Esta estructura fundamental, y su le- galidad es la formalidad propia de lo cualitativo. Por tanto, tanto las formaciones axiológicas como las teorías científicas tienen una base común en sus desarrollos: un procedimiento cualitativo de transformación.

Aunque no podamos llegar más allá, ésta es ya una consecuencia suficiente por- que patentiza que ambos tipos de procesos tienen entronque con un viviente, para el que la relación con su entorno siempre tendrá un aspecto básicamente cualitativo y axiológico.

Las formaciones mitológicas tienen una necesaria conexión con la pragmática de los grupos a que pertenecen. También las teorías científicas tienen necesariamente algún tipo de conexión con la incidencia activa e instrumentalizada sobre las cosas de un grupo de científicos.

En el caso de las formaciones científicas la teoría tiene prioridad y precede a la posible incidencia sobre la realidad; por el contrario, las formaciones mitológicas no pueden sostenerse convenientemente sin una pragmática grupal adecuada y ya existente, por lo menos en sus rasgos capitales.

En la ciencia, cualquier tipo de actividad, observación, experimentación, etc., tiende primordialmente a posibilitar y a afianzar el conocimiento; en cambio, las formaciones axiológicas —mitos, símbolos, etc.— tienden a sostener, fijar y afianzar una determinada pragmática social.

6. Las preguntas sobre la realidad y la estructura fundamental de la lengua. El nacimiento de preguntas sobre la realidad, tales como la pregunta sobre lo real de las apariencias, lo real de la realidad, lo uno de lo múltiple, lo inmutable de lo mutable, etc., tiene alguna relación con la estructura misma de la lengua?

Parece que, a menos de que se suponga una revelación inmediata de lo objetivo mismo en la conciencia, la razón de ese tipo de cuestiones deberá hacerse com- prensible desde el sistema humano de relacionarse al entorno, en el que juega un papel capital la lengua. El punto de partida para rastrear esta posible conexión ha de ser, como hasta ahora, la estructura S-S que da cuenta de la duplicidad «significado-designado». O

148

Las operaciones humanas, en cuanto tales operaciones, tienen lugar en la mo- dalidad distanciada de S-O que proporciona la condición de hablantes de los que operan. La comunicación humana está apoyada en el modo de ser activo, operativo, con respecto al entorno, de los que se comunican.

Estos caracteres dan lugar a dos mundos frente a frente, o mejor, en relación de interdependencia: el mundo de los signos lingüísticos y el de los objetos, ambos es- tructurados por los mismos factores. Los objetos son los objetos de la relación S-O en S-S. Los signos lingüísticos son los vehículos entre S-S, o mejor, los que crean la relación S-S, puesto que los que poseen los signos interiorizan el mundo y lo tienen a su disposición como signos, y eso es ser S, y S en comunicación. La comunicación es la de unos sujetos que inciden activamente en el entorno.

Desde el nivel que proporcionan los signos lingüísticos —la distancia— es po- sible salirse del rígido círculo de la relación S-O y acceder a una postura contem- pladora, no determinada y libre, capaz, por tanto, de establecer nuevos modos de incidir en lo real.

Como ya hemos expuesto, desde la distancia que media entre la significación y lo designado se hace posible —como diferentes aspectos del mismo fenómeno—, desig- nar lo que se significa, o lo que es lo mismo, acceder al objeto que es fuente de signifi- cación pero que no es esa significación, acceder a lo objetivo mismo; se hace posible la observación no interesada de lo objetivo; finalmente, se hace posible una observación capaz de orientar una acción no incitada por la relación espontánea del viviente, S-O. Todas estas son posibilidades abiertas por la distancia de significado y designado.

El desarrollo de esas posibilidades —discursos sobre lo objetivo mismo, valo- ración de lo objetivo y no por su utilidad o por su modo de relacionarse con el S, nuevos modos de incidir en lo real no obvios, sino creados artificiosamente por el S—, aumenta, más aún, la distancia entre las dos funciones de la lengua con la con- siguiente nueva apertura de posibilidades.

Supuesto el mundo de los signos lingüísticos, que escinde el mundo de las signi- ficatividades de los objetos de los objetos mismos, surge, haciendo pie en los signos, la pregunta sobre los objetos mismos.

Esta pregunta puede orientarse hacia los objetos fuentes de las significatividades, ellos mismos valiosos puesto que fuentes de significatividad, pero cuya valiosidad no se identifica con la que nos presentan a nosotros los humanos. A este proceso da pie la axiología 2.ª puesto que ella misma arranca y se hace presente en la desig- nación que se consigue con la significación. Para que la pregunta que se hace sobre los objetos fuentes de significatividad pueda mantenerse como tal ha de ir a parar o bien a la significatividad 2.ª, que se sitúa más allá de la relación S-O, o bien a la ob- jetividad misma, de por sí ni significativa ni no significativa, fuera, también, como tendencia, de la relación S-O.

Si esto es así resulta comprensible la confusión frecuente de los caminos que conducen a la explicitación de la axiología 2.ª y los que conducen a la descripción desaxiologizada de la ciencia, sobre todo en disciplinas en las que los instrumentos empleados en la observación de los fenómenos no han permitido la separación de los objetos de las significatividades que les van conjuntadas.

Estas consideraciones harían también explicables tanto la pregunta acerca de lo real de la realidad como versando sobre la axiología 2.ª, o como versando sobre los

objetos mismos, cuyo acceso nos es dado en la correlación S-S, pero en sí mismos y no en cuanto correlatos. Sin olvidar que nuestro acceso a ellos es por operación real o virtual y por tanto según ella.

Todo acceso a lo objetivo no podrá salirse de las estructuras comunicativas —con su doble movimiento de interiorización y manifestación— o de las estructuras ope- rativas, por tanto, resultará que la pregunta sobre lo real de las apariencias, lo uno de lo múltiple, lo inmutable de lo mutable, la realidad misma, etc., podrá tomar una doble dirección: una, más contemplativa y valorativa y, por lo mismo, con tendencia a situarse en el terreno de las estructuras de la comunicación y de lo axiológico y otra, dirigida al objeto mismo, y por tanto, con tendencia desaxiologizante, desaxiologiza- ción que se acelera a medida que intervienen instrumentos de observación y acción cada vez más alejados de las significatividades objetivas correlatas a un viviente.

Cuando la significación y designación están internamente conexas, es decir, cuando la significación es la semiotización lingüística de la significatividad natural del objeto, y no una mera definición convencional, la axiología 2.ª se hace presente, con toda su absolutez no correlativa pero en la correlación.

La contestación a las preguntas que estudiamos, dado que no se distinguen la significatividad 1.ª de la 2.ª porque la axiología 2.ª se hace presente en la 1.ª, tiende a atribuir a una axiología los caracteres de la otra; a la axiología 2.ª los caracteres de la primera y a la axiología 1.ª los caracteres de la 2.ª.

Además de confundirse ambas axiologías, se tiende a confundir, a la vez, los caminos que conducen a la explicitación de la axiología —valoración del valor, co- municación del valor—, con los caminos que conducen al estudio desaxiologizado y operativo —por lo menos teóricamente— de la ciencia.

Esta proclividad a la confusión se llegará a descubrir por dos vías: por el estudio de las estructuras semióticas y por el alejamiento progresivo que las operaciones sobre el entorno van cobrando con respecto a las significatividades naturales de los objetos para un viviente.

Por esas vías llega a patentizarse la distancia entre el significado y el designado, la distancia entre operación y significatividad y la distancia entre axiología y axiología 2.ª. El significado no se identifica con el designado. La operación no parte siempre de la significatividad de los objetos. La axiología 2.ª se expresa en la 1.ª pero no se identifica con ella.

Los significados, cuando ya no son la articulación semiótica de la significativi- dad obvia de lo designado, se establecen únicamente por definición. Esta definición se apoya en la teoría. La teoría a su vez depende, de una forma u otra, de la opera- ción, porque depende de la observación y la experimentación.

Hemos dicho que la axiología 1.ª y 2.ª están en relación de interdependencia. La interdependencia de ambas axiologías significa, además de que no puede darse una sig- nificatividad sin la otra, que se da influjo de ambas axiologías entre sí. La axiología 1.ª influye en la 2.ª en cuanto que es ella el lugar de manifestación de la 2.ª. El influjo de la axiología 2.ª en la 1.ª hace a ésta dinámicamente libre de la relación S-O, de forma que por ella se provoca a S a tomar la iniciativa, en todo sentido, respecto de su O correlato. Esta iniciativa permite ampliar el campo de las significatividades, conforme ya se expu- so, y abre la posibilidad de operar apoyados en modelos teóricos que en su planteo no obedecen a las exigencias de lo que es significativo para el viviente humano.

150

7. La constitución del sujeto humano como deseo e interiorización.

Dijimos que la categoría actancial «sujeto-objeto» en los inventarios de Propp, según la interpretación de Greimas, resultaba describible semánticamente como relación de deseo. Según eso puede llamarse al sujeto «orientación tematizada de deseo» y al objeto «valor de deseo orientante».

Relacionamos luego este resultado con las que llamamos «funciones V», es decir, las apetencias del viviente humano, en cuanto viviente, que adoptan diferentes con- creciones en cada cultura.

Más tarde estudiamos el carácter semiótico y, por tanto, significante del entorno y hablamos de los objetos, no sometidos demasiado fuertemente a la presión del útil complejo y desaxiologizado, como de signos naturales para un sujeto.

Este paso permitió que interpretáramos la teoría de Hjemslev de la forma y la substancia del contenido como semiotización lingüística —reformalización comu- nicativa—, mediante la forma de la expresión y su substancia, de la significatividad de los objetos —signos— naturales.

Estas conclusiones quedan reunidas de forma manejable mediante la fórmula S-S. El sujeto y el objeto (S-O) están en relación de interdependencia. Los sujetos en comunicación (S-S) lo están también, pero teniendo en cuenta que S-O y S-S están a su vez en relación de interdependencia. Sin la relación de los sujetos humanos al en- torno (S-O) no es pensable la relación de comunicación intersubjetiva (S-S). Igual- mente, la relación humana al entorno, supuesto el peculiar sistema de los vivientes humanos para relacionarse con él, es impensable sin la relación de comunicación intersubjetiva (S-S).

Se trata ahora de explicar, desde la estructura fundamental de la lengua, expresada en la fórmula S-S, la constitución del S. En otras palabras, se trata de explicar la consti- tución del S cultural, que es una nueva modalidad de viviente posibilitada por la lengua. Se trata de explicar la constitución de un S que puede serlo frente a la significatividad presente y en su ausencia; un S no inmerso en S-O porque es capaz de designar.

Las significatividades del entorno para el viviente humano al ser semiotizadas lingüísticamente, es decir, al sufrir la reformalización comunicativa de la forma del contenido en virtud de su dependencia de la expresión acústica, dejan de apoyarse en el objeto natural para apoyarse en la forma acústica; con ello nace el signo lin- güístico o significatividad designante.

Si se tiene en cuenta que S es el sujeto hablante de una relación al entorno (S- O), resulta que S de S-S, será un sujeto —actante— que al poseer signos —porque es S-S— dispone, en signos, de las relaciones al entorno, que son «haceres». Estos «haceres» están orientados por significatividades —pertinencias para la vida, esti- mulaciones— que provocan una operación en el sentido de la afectación. Por tanto, el sujeto humano es un S que posee «haceres-signo». En esto consiste la interiori- zación del mundo de un hablante: en ser a la vez y en relación de interdependencia S de S-S y S de S-O, es decir, sujeto de comunicación y sujeto de relación al medio.

La posesión de un «hacer» afectante como «hacer-signo» no es todavía el hacer, es el «tender a hacer», «querer hacer». Por tanto la constitución del S de S-S, en con-

O

O

O O

traposición al mero actante que sería únicamente S de S-O, reside en un doble factor en relación de dependencia mutua: el deseo y la interiorización.

Para aclarar la relación de interdependencia de estos dos últimos términos y su dependencia del signo, hay que distinguir previamente el «ser afectado» de cual- quier sujeto viviente, del deseo o «ser afectado» propio del ser viviente hablante.

La primera diferenciación reside en que en el caso del no hablante la afectación sólo se da en la situación, es decir, en la presencia, más o menos mediata, del O correlato a la afectación de la que se trate. En el caso del viviente hablante se puede dar en presencia y en ausencia del O correlato. La afectación o estimulación puede darse en situación S-O y en situación de comunicación (S-S).

En el caso del viviente no hablante la significatividad —el estímulo— de un ob- jeto y el objeto se identifican. La significatividad de un objeto es de acuerdo a la programación operativa del viviente. La afectación del sujeto es, a la vez, según la significatividad del objeto. El sujeto se identifica con el conjunto de afectaciones.

En el caso del viviente hablante, la significatividad del objeto no se identifica con el objeto, a causa de la función designativa que surge de la estructura de la lengua. Tampoco el sujeto se identifica con el «estar afectado» por el conjunto de las signifi- catividades y esto, igualmente, por la posesión de los signos y la estructura de éstos que le distancia incluso respecto de sí mismo.

Supuestas estas aclaraciones, es posible hablar de la relación del deseo y la inte- riorización.

Ya hemos dicho que la interiorización está formada por los «signos-hacer» per- tinentes. El S de S-O dispone de las significatividades y afectaciones objetivas como signos en la comunicación (S-S). Consiguientemente, S-S supone un punto de esci- sión y distanciamiento de S-O, como la designación supone un punto de escisión y distanciamiento entre significatividad del objeto para un S y el objeto mismo. Esa escisión consiste en que la correlación S-O no puede darse más que mediante los signos y que, por tanto, el acceso de S a O ha de pasar por los significados de los signos que designan O. Esta escisión de S y O, por causa de los signos, es un distan- ciamiento del S de S-S respecto de S-O.

Por otro lado, si decimos que entre S y O se produce una escisión, por causa de la existencia de los signos, quiere eso decir que el S hablante, que dispone de los signos y los entiende, dispone por ello mismo de las significatividades de los objetos y de las afecciones correlatas a S de S-O.

Con esta última consideración queda clara la dependencia de la interiorización y del deseo de la existencia de S-O en los hablantes, es decir, en S-S, en la comunicación. Es importante notar que la interiorización de S-O, en virtud de S-S, tiene como consecuencia que la interiorización tenga lugar precisamente por la semiotización lingüística de S-O, es decir, por la comunicación lingüística; por consiguiente, inte-

Related documents