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7. CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS

7.2. RECOMMENDATIONS

comunicación de los hablantes y el modo de ser propio del objeto en la correlación a los vivientes que son hablantes.

La idealidad del conocimiento corresponde al modo de existencia de los O de la correlación S-O en la función semiótica, o utilizando nuestra fórmula, el modo de ser de los O de S-O en S-S.

Los términos de lengua no pueden significar sin suponer una designación. Tan- to los términos científicos más formales como los más fabulosos en los cuentos y narraciones míticas suponen, para poder significar, la función de designación. Si el significado no es señalable en el mundo de las cosas concretas, tendrá que suponerse otro mundo de realidades, v. gr., un mundo de realidades ideales.

Las condiciones de funcionamiento de la lengua, a causa de su estructura, dan lugar a la obvia interpretación del mundo en dos tipos de realidades designables. Por tanto, la misma estructura fundamental de la lengua y las condiciones de su uso tienden a producir una interpretación dual de la realidad.

Por otra parte, es la distinción de significado y designado la que hace posible un cierto acceso a lo objetivo mismo, es decir, no sólo a lo objetivo de la correlación S-O, o a lo objetivo como intersubjetivo, sino que hace posible el acceso a los objetos en sí mismos, aunque siempre concebidos desde la correlación S-O.

Ese cierto acceso a los objetos en sí mismos es lo que hemos caracterizado como significatividad segunda, presente en la significatividad primera.

El hecho de que sea posible designar desde las nociones lingüísticas da un ac- ceso a los objetos mismos, si bien siempre concebidos según la significatividad que el objeto tiene para un S. Ahora bien, como el acceso a lo objetivo viene dado por el significado, la objetividad de los objetos mismos viene dada por el significado. Consiguientemente, como la objetividad en sí misma está concebida por el signifi- cado, resulta que el significado se objetiviza. En otros términos: supuesta la inevi- table concepción de lo designado mediante el significado, la objetividad misma de lo designado se manifiesta según la significación; como consecuencia de lo cual es imposible pensar la objetividad en sí misma de lo designado sin que, por lo mismo, no se atribuya la objetividad de lo designado al significado mismo, mediante el cual se tiene acceso y se manifiesta la objetividad de lo designado.

En resumen, el uso de la lengua, por dos vías diferentes, nos lleva a los mismos resultados: por una parte, toda noción, por más formal que sea, para su funciona- miento lingüístico requiere hacerlo según la doble función, en interdependencia, de significación y designación. A toda noción lingüística, según esto, se le supone una realidad designada, sea en ámbito de las realidades materiales o en otro ámbito supuesto para posibilitar el funcionamiento de la lengua. Por otra parte, el acceso a la objetividad misma, por medio de la doble función significativa-designativa, hace que la objetividad de lo designado se atribuya, también, al significado por medio del cual se concibe y expresa la realidad objetiva en sí misma. Estos dos caminos, implicados en el funcionamiento de la lengua, tienden a conducir a lo mismo: la interpretación de la realidad como dos órdenes ónticos en relación especular.

De igual manera que se consideran los objetos de la designación como en sí con- sistentes, así y por lo mismo, se consideran los significados como en sí consistentes a la manera de los objetos a los que los significados dan acceso. Los objetos se pre- sentan con los caracteres de los significados y los significados tienden a presentarse con la consistencia de los objetos.

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El uso de la lengua induce a una interpretación ontológica dual de la realidad, a la vez que induce a una interpretación de la misma lengua. Así como se supone que se da un mundo de objetos en sí, tal como se conciben, más allá de la correlación S-O, así se supone que se da un mundo de significados de la lengua que espejean lo real.

En el uso de la lengua, que es significar y mediante ello designar, se tiende a presuponer que los objetos están, con respecto al hecho de significar, ya acotados y determinados. De este hecho puede dar cuenta la interpretación de la lengua desde la fórmula S-S, ya que la comunicación S-S, el ser hablantes, presupone la existencia de S-O, el ser vivientes. También es cierto que la fórmula, al señalar la interdepen- dencia de los planos (S-S y S-O), supone que S-O depende del hecho de la comu- nicación; sin embargo, esta dependencia no se manifiesta tan obviamente como la dependencia de S-S con respecto a S-O.

Porque al significar se supone al objeto acotado, concomitantemente se supone que los significados de la lengua lo están tanto como los objetos que significan.

Esta absolutización de los significados, reflejo de la captación de la autonomía de lo objetivo mismo respecto de cualquier correlación S-O, es la que late en el conven- cimiento espontáneo de que una frase o expresión lingüística tiene un significado que en si mismo sobrepasa lo que cada uno de los que la usan entiende, y a la que es posible y necesario irse acercando, como si los significados estuvieran dotados en sí mismos de plenitud de contenido que sobrepasara nuestra fuerza de comprensión.

Se discute sobre el significado propio de un término o de una frase con la misma actitud con que podrían estudiarse las formas de la vida animal de la naturaleza. Este hecho lo señala A. I. Wittenberg58 cuando, hablando del «Limesbetrachtung

über die Sprache», dice: «se presupone un conocimiento perfecto e ideal de la len- gua, del cual el conocimiento de la lengua de cada uno de nosotros únicamente representa una menor o mayor aproximación». Esos significados están dados y sólo requieren que progresivamente los vayamos investigando y descubriendo, como si se dieran en sí mismos, como se da en sí misma una especie animal; así se investiga el sentido de la palabra «ser», «verdad», etc. El desarrollo de la lengua se concibe, igualmente, como un descubrimiento de nuevos significados de ese conjunto ideal de contenidos, o usando el término de Wittenberg, de esa «lengua límite». Ese mun- do de significados de la «lengua límite» se concibe como manifestado en las diversas lenguas, y se le concibe como isomorfo para todas las lenguas.

Dice Wittenberg:

«Así culmina la concepción de la lengua según los contenidos (die inhaltliche AUFFA- SUNG der Sprache): en la presuposición de una lengua límite que, en su perfección y en su absolutez, sería el instrumento propio y adecuado para la concepción y manifestación lingüística de los hechos y de los objetos de cualquier tipo»59.

Los supuestos que resultan, de forma obvia, del uso de la lengua, y que única- mente en el análisis son reconocidos como implicaciones del uso mismo, nos llevan a suponer un O determinado en sí mismo y, correlatamente, unos significados igual- mente determinados.

58 Wittenberg, 1957, p. 111. 59 Wittenberg, 1957, p. 112,

No se terminan aquí las consecuencias del uso de la lengua: la suposición de unos O y unos significados determinados en sí mismos arrastran consigo la supo- sición de que también es claramente determinado y determinable cuándo se habla con sentido y cuándo sin sentido.

A esta convicción contribuye la claridad de la distinción del sentido y sin sentido en los casos más fundamentales para la vida y en los casos más fáciles. Tiene clara- mente un sentido la afirmación: la nieve es blanca. Carece claramente de sentido la afirmación: la matemática es blanca. La extrapolación, tan intrínseca a la estructura de la lengua (la metáfora), nos lleva a extender esta propiedad de las afirmaciones claras y simples a todo tipo de afirmaciones.

Otro factor que apoya esta convicción: si los significados —que no han sido sometidos a las manipulaciones de la ciencia— son la reformalización comunicativa de las significatividades correlatas O de S-O, entonces las significatividades correla- tas a un sujeto viviente resultan determinadas y absolutas como la vida misma del sujeto para el cual son significatividad.

Todos estos factores hacen que se suponga el sentido como un «en sí» y que, como se dijo al hablar de los significados, se conciban las transformaciones y la evo- lución histórica como un camino progresivo a la apertura del sentido que es en sí. O si se quiere, como también se emplea frecuentemente, a la apertura de la verdad.

Sin embargo, los datos de la historia son otros. Una de las características de la evolución del saber humano y del valorar humano es que, con frecuencia, aparezca como con dudoso sentido o sin sentido lo que antes aparecía como claramente con sentido.

La evolución de las ciencias no puede ser interpretada como un progresivo des- velamiento de una verdad consistente en sí misma. Wittenberg compara la historia de las ciencias con la evolución de las formas vivas:

«Como la naturaleza, mediante mutaciones. cambios y nuevas formas de vida, hace algo así como probar qué nuevas formas de vida están mejor adaptadas... de una forma semejante el acaecer mental trae al mundo nuevos contenidos, conceptos,, representaciones para que o bien sean aceptados por los hombres como nuevos y más adecuados o como inútiles, si bien dignos de ser pensados, los elimina y los hace desaparecen»60

Las cuestiones del sentido y las afirmaciones objetivas están conexas por cuanto las significatividades que crean el sentido vienen a ser significados de la lengua me- diante los cuales se designa. Por tanto, las afirmaciones objetivas son concepciones de los significados y éstos dependen de las significatividades propias del sentido. Ni siquiera las ciencias logran salirse totalmente de este círculo.

Esto supuesto, debemos distinguir entre el sentido —con su dicotomía de sen- tido 1.º y 2.º — y lo objetivo —con igual dualidad de objetividad 1.ª. Si atendemos al sentido 1.º, propio de la axiología 1.ª, tendremos que es problemático que pueda establecerse una clara frontera entre el sentido y el no sentido. El razonamiento es claro: el sentido es el propio de la modalidad cultural concreta con la que un grupo humano logra sobrevivir. Ahora bien, en los casos extremos será claro cuándo las modalidades culturales dejan de tener un valor positivo para que un grupo sobre- viva, v. gr., en el caso en el que una determinada forma cultural presente como antivalor las relaciones de los sexos. En casos no extremos puede resultar difícil

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determinar si las modalidades culturales se alejan de lo que puede conducir a la vida de un grupo, hasta el punto de que ya no tenga sentido. El hecho es que lo que para unas culturas, o incluso grupos de individuos, aparece como pleno de sentido, para otros no es sólo discutible, sino incluso rechazable.

No tenemos acceso al sujeto en sí mismo, ni al objeto en sí mismo; consiguien- temente, el sujeto nos es dado en lo que para él tiene sentido, y el sentido en lo que es significativo para un sujeto.

Resulta, pues, imposible separar claramente el sentido del sin sentido, si no es en casos extremos.

Si el sentido, en los modos concretos culturales, en los sistemas de valores hu- manos, que llamamos axiología 1.ª, no es claramente discernible del sin sentido, tampoco será posible establecer una separación entre sentido y sin sentido en la axiología 2.ª que se manifiesta en el concreto sistema de valores culturales. Si en la axiología 1.ª no es posible establecer fronteras, tampoco lo será en la axiología 2.ª Además, nunca tendremos canon ni criterio para precisar si una determinada mo- dalidad cultural es superior o no a otra, o si obstaculiza más que otra o permite más que otra la manifestación de axiología 2.ª.

La pregunta sobre el sentido y sobre los límites del sentido respecto del sin senti- do es diferente de la que versa sobre el valor objetivo o no de las afirmaciones.

Supuesta la conexión del significado con la designación y supuesto que el signi- ficado presupone la significatividad o sentido, resulta que estarán relacionadas las cuestiones sobre la objetividad y sobre el sentido. Sin embargo, las cuestiones co- nexas con la objetividad o no objetividad de las afirmaciones resultan más amplias que las cuestiones sobre el sentido o no sentido; de forma que pueden darse afirma- ciones objetivas sobre las que no sea posible hablar ni de sentido ni de no sentido.

Puesto que las afirmaciones objetivas no podrán salirse por completo de la corre- lación S-O de los hablantes, versarán, de una forma u otra, sobre objetos correlatos a los vivientes humanos. Cuando intervenga la ciencia, la correlación será respecto a los modelos teóricos y a los instrumentos de observación y experimentación. Sin embargo, el punto de partida de esa investigación que, además, de una forma u otra, siempre le acompañará, es la relación S-O. Consiguientemente, en la ciencia se arrastran, también, todas las dificultades de las que hemos hablado tratando de la imposibilidad de establecer fronteras claras entre el sentido y el no sentido. Nos enfrentamos en la ciencia, además, con una nueva dificultad: no hay criterio para saber hasta qué punto la investigación fuerza la estructura misma de los objetos o hasta qué punto lo que podemos afirmar de ellos corresponde a su estructura o más bien es la respuesta forzada de los objetos a nuestra acción o violentación.

Las condiciones de funcionamiento de la lengua, espontáneamente, nos llevan a presuponer objetos de designación como existentes en sí y no relativos, tanto en un orden ideal como material; por lo mismo, nos llevan también a presuponer, obvia- mente, los significados como existentes en sí. No obstante, todo esto es el resultado del funcionamiento S-S. La distancia objetiva que esa estructura posibilita nos per- mite, de alguna forma, la salida de la correlatividad S-O: nos da acceso a la axiología 2.ª y da, también, acceso a la objetividad —de alguna forma— en la no correlación. Desde la estructura de la lengua es imposible e inútil pretender concebir lo obje- tivo en sí mismo fuera de correlaciones, sean al S natural de una cultura determina- da, sean a los modelos e instrumentos de la ciencia. Sin embargo, la distancia obje-

tiva posibilita, por la no identidad de significatividad y objeto, la pregunta científica y los nuevos medios de operación y concepción de lo objetivo.

No hay ningún campo en el que se pueda escapar de la correlación. No es posible ningún punto desde el que se pueda dar una descripción objetiva de lo real que no sea concebida según la correlación que con ella tenemos en cualquiera de las mane- ras apuntadas.

14. La comunicación como modo de existencia de la reproducción y conservación humanas.

La sexualidad y la reproducción humana es de por sí, como ya hemos expuesto, comunicativa. La supervivencia de los individuos y de los grupos, supuesto el modo cultural de la existencia humana y la mediación de la lengua que da acceso a ese modo cultural de existir, se convierte también en comunicativa.

Resulta, pues, que la comunicación subsume a ambos conjuntos diferenciados de series operativas que llamaremos «función de reproducción» y «función de su- pervivencia». O en otros términos: el modo de existencia, tanto de la función de reproducción como de la de supervivencia, es el de la comunicación.

Esto supuesto, la comunicación adquiere caracteres de función, puesto que si se da comunicación se darán las funciones que abarca, y cuanta más comunicación se produzca más aptamente se podrán cumplir las funciones de reproducción y de supervivencia. A la inversa, la disminución de la comunicación es una amenaza, en la proporción en que se dé, para las funciones de reproducción y de supervivencia.

De estos caracteres de función se sigue que la comunicación ha de originar sen- tido, como las dos funciones que subsume. En la medida en que la comunicación tiene caracteres de función y genera sentido ha de ser buscada por sí misma, sin que en el sentido que origina se pretenda explícitamente el cumplimiento de las funcio- nes de reproducción o de supervivencia.

Ya a nivel del uso de la lengua se da ese fenómeno: la búsqueda de la comunica- ción por sí misma sin que se pretenda nada concreto ni se busque la transmisión de información alguna sobre cuestiones conexas con la supervivencia o la reproduc- ción. El fenómeno de la comunicación gratuita y con nula o casi nula información ya lo estudió S. I. Hayakawa61. No parece, sin embargo, que tenga que admitirse la

comunicación como una función autónoma distinta de las otras dos, puesto que los sentidos que ella genera revierten en provecho de las otras dos. Por esta razón la hemos llamado «modo de existencia de la reproducción y de la supervivencia».

La comunicación de que estamos hablando no es una simple simbiosis sino una comunicación lingüística. Es decir, una comunicación que pasa por la interioriza- ción y la manifestación simbólica; que pasa por tener a disposición y entregar. Los términos «interiorización/manifestación» o «disponer/entregar» son correlativos, de forma que no hay interiorización sin que se dé manifestación, ni disposición sin entrega, porque el vehículo de la interiorización y de la disposición es el simbólico que únicamente se genera y existe en la comunicación concreta, en la coexistencia lingüística. Ahora bien, la comunicación lingüística, o como la hemos llamado, la coexistencia lingüística, importa que se dé coexistencia, o mejor, interdependencia entre los individuos del grupo social tanto para sobrevivir como para procrear.

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Hemos dicho que la comunicación viene a ser una función modal que subsume a las otras dos grandes funciones. Intentemos aclarar algo más este punto.

La lengua es transmisora de información. El que sea comunicativa, en el sentido que hemos precisado, como información de la propia interiorización simbólica y, por tanto, manifestación y cesión del propio interior a otro hablante para que pueda disponer de él, está posibilitado por la estructura simbólica misma de la lengua y es concomitante de su uso, prescindiendo de la voluntad comunicativa de los que hablan.

En el uso normal de la lengua no se transmite únicamente información sino que se transmite, también, la reformalización lingüística de las significatividades objetivas, por tanto, lo afectante y la afectación que comportan las significatividades objetivas. Si se trata de las significatividades correspondientes a la función de super- vivencia, la información versa sobre la correlación S-O, por tanto, información (S-S) sobre S-O. Esta información no tiene lugar si no se da una solidaridad de supervi- vencia de los que intercambian la información. (La forma más obvia de solidaridad o especialización del trabajo asociada con respecto a la supervivencia resultaba, en el pasado, de la relación sexual —o en un sentido más amplio— resultaba de las re- laciones que surgen de la función de reproducción, de la relación parental).

Estas relaciones, solidarias en la supervivencia, ocasionan lo que esquemática- mente y a nivel subjetivo podría representarse como S(S₁ +S₂)-O. Por otra parte, los sujetos solidarios, a causa de su dependencia mutua respecto de la función de su- pervivencia, forman un S complejo y articulado respecto de O. Ese S complejo está compuesto por varios S. Cada S —elemento del S— unidad compleja tendría un O de significatividad diferente. La cohesión de S₁, S₂..., etc., de un S complejo respecto de la función de supervivencia tiene lugar mediante la información posibilitada por la lengua.

Si bien la estructura simbólica de la lengua es el posibilitador de la estructura compleja S, el que provoca el proceso puede ser otro factor. Uno de los factores

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