Como se ha visto en el apartado anterior, la LC se originó como una «revolución» (Cabré y Lorente, 2003; Langacker, 1987; Gibbs, 2005a; Lakoff y Johnson, 1980) hacia las tendencias lingüísticas imperantes puesto que cambia el paradigma de conceptualización del lenguaje. La LC no se centra solo en el conocimiento del lenguaje (como en el caso de la GG), postula que el lenguaje es en sí mismo una forma de conocimiento que hay que analizar en consecuencia (Geeraerts, 2006: 3).
Una de las principales críticas que la LC le hace a la lingüística tradicional es su rigidez (como en el caso del estructuralismo heredado de De Saussure), que imposibilita llevar a cabo un estudio objetivo16 del lenguaje. Los seguidores de la LC conciben las dicotomías clásicas, la diacronía versus la sincronía y la competencia versus la actuación, como un continuum de conceptos complementarios que no se pueden entender de forma aislada (Langacker, 1987). Así, la LC se perfila como un paradigma mucho más inclusivo que las teorías precedentes y sus características se presentan en un continuum en el que todas se encuentran interrelacionadas. La gramática se percibe como «un conjunto de rutinas cognitivas, que se constituyen, mantienen y modifican por el uso lingüístico» (Langacker, 1987: 57; t. p.).
La LC tiene seis características fundamentales: «la primacía de la semántica en el análisis lingüístico; la naturaleza enciclopédica del significado lingüístico» (Geeraerts y Cuyckens, 2007: 5; t. p.); «la corporeización; la categorización» (Geeraerts, 2010: 3; t. p.) y la «perspectivización del significado lingüístico; el
16
lenguaje basado en el uso y la experiencia» (Geeraerts y Cuyckens, 2007: 5; t. p.). El objetivo principal de las características mencionadas es la compresión de los procesos de construcción del significado individual y colectivo a través del lenguaje (Langacker, 1987). La LC considera que la parte más importante de la función básica del lenguaje es la construcción del significado (Langacker, 1987) que emerge de la interacción entre «los sesgos cognitivos y biológicos de los sujetos conceptualizadores, de la influencia del cuerpo (…) y de la interacción física y social del sujeto con el mundo» (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 43).
1.3.1. Primacía de la semántica
Hasta el momento, la semántica había tenido un carácter formalista y se consideraba autónoma dentro del estudio del procesamiento lingüístico heredado de De Saussure. Concebía el significado como un ente exterior y ya establecido que cada individuo debe conocer o descubrir para crear significado y así poder interactuar con el mundo (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 41).
Lakoff (1976) y McCawley (1976) fueron los primeros, a través de la Semántica Generativa, que se desmarcaron del concepto tradicional de semántica y proclamaron su importancia, ya que hasta entonces había jugado un papel secundario y estaba supeditada a la sintaxis. Intentó «combinar la lógica formal y la lingüística generativa» (Lakoff y Johnson, 1999: 52; t. p.) pero las limitaciones de sus recursos imposibilitaron que se pudiera aplicar al estudio de la cognición. Lakoff (1987) demostró la imposibilidad de estudiar el significado de las palabras y las construcciones gramaticales del lenguaje natural y real a través de los modelos teóricos que se habían desarrollado hasta la fecha, puesto que carecían
de las estructuras necesarias para estudiar los fenómenos que emergen de la corporeización, como, por ejemplo, los esquemas motores (Lakoff y Johnson, 1999: 52; Talmy, 2000).
La LC no considera que el significado sea algo externo y objetivo que se pueda describir de manera universal, a pesar de que pueda presentar ciertos rasgos universales (Lakoff y Johnson, 2009, Geeraerts y Cuyckens, 2007; Geeraerts, 2006; Kövecses, 2010; Cabré y Lorente, 2003; Ruiz de Mendoza, 2001; Núñez y Sweetser, 2006). De hecho, para la Semántica Cognitiva, «los significados son hasta cierto punto “creados” por el conceptualizador; es el sujeto conceptualizador quien, al usar ciertas categorías, establece las distinciones entre objetos que son relevantes» para hablar o referirse a las mismas (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 43). El hecho de que sea el propio conceptualizador el sujeto activo en el proceso de creación del significado es uno de los pilares de la LC. Dicha postura se basa en la corriente saussureana –significante y significado- pero a la vez es intrínsecamente contraria.
La LC llevó los conceptos saussurianos al extremo, llegando a defender que «no se circunscribe al signo lingüístico, a la palabra, sino que se aplica a cualquier tipo de expresión, sea cual sea su complejidad» (Cuenca y Hilferty, 1999: 66). La primacía de la semántica implica que, «si la principal función del lenguaje es la categorización de la realidad o contexto que nos rodea, entonces el significado será el principal fenómeno lingüístico» (Geeraerts y Cuyckens, 2007: 5; t. p.). Esta característica ha hecho que la gramática cognitiva se conciba como un conjunto de estructuras simbólicas que se originan a través de la asociación de una estructura fonológica y una semántica (Langacker, 1987/ 1990). Para la LC, los
componentes gramaticales y semánticos se encuentran intrínsecamente unidos, son categorías dinámicas e indivisibles y su estudio siempre deberá ir en paralelo.
1.3.2. La naturaleza enciclopédica del significado lingüístico
Se desprende de la idea de que el lenguaje permite al ser humano categorizar su entorno, y, por lo tanto, «no se debería postular la existencia de un nivel estructural del significado lingüístico que no tenga en cuenta el nivel en el que nuestro conocimiento del mundo se asocia con las formas lingüísticas» (Geeraerts y Cuyckens, 2007: 5; t. p.). Dicho conocimiento es enciclopédico, más que de diccionario, puesto que todo el conocimiento17 que tenemos puede ser importante o relevante en un momento dado (Cienki, 2007: 181; Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 20). Esta visión enciclopédica del conocimiento hace que los distintos dominios18 ayuden a la formación de conceptos relevantes a la hora de definir el significado de las unidades lingüísticas (Cienki, 2007: 181).
Este tipo de conocimiento (Van Dijk, 2008: 64) está intrínsecamente ligado a los modelos contextualizados de análisis, así como a la gestión de la producción y comprensión de los discursos, ya que los hablantes tendrán que calcular la cantidad de conocimiento que posee su interlocutor para que la comunicación sea efectiva. Hay que tener en cuenta que existen conocimientos muy distintos, por lo tanto será importante especificar la tipología de conocimiento sobre la que se llevará a cabo el estudio (Van Dijk, 2008: 64). En el caso del presente estudio, el tipo de conocimiento que se analizará será el social puesto que la incógnita que
17
Van Dijk (2002b: 44-58) explica que la noción «conocimiento del mundo» se ha utilizado a menudo de forma vaga en varias disciplinas, entre ellas en la lingüística y en la psicología. Aboga por la necesidad de delimitar el tipo de conocimiento, ya sea específico, personal, general, abstracto, concreto, social o cultural.
18
En este contexto los dominios se entienden como un gran abanico de tipos de entidades cognitivas, desde experiencias mentales a representaciones espaciales, conceptos simples y complejos (Cienki, 2007: 181).
nos ocupa es el papel de la prensa en la formación de la imagen sobre la inmigración y sus actores en España e Italia.
Las teorías tradicionales defendían la imposición de barreras entre el significado lingüístico y el enciclopédico, pero para la LC la pragmática y la semántica están intrínsecamente ligadas y no se pueden estudiar de forma autónoma. Si bien rechaza la rigidez del estructuralista, es cierto que defiende una categorización, organización o estructuración del conocimiento (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 19) que sea flexible e incluya diversos modelos para poder adecuarlos a cada tipo de análisis. Como, por ejemplo, los dominios cognitivos (Langacker, 1987), los marcos semánticos (Fillmore, 1975/ 1976; Fillmore y Atkins, 1992), los esquemas de imagen, o las metáforas y metonimias (Lakoff y Johnson, 2009). Dichos modelos se basan en la experiencia «corpórea, física, social y cultural» (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 20-21) de los sujetos que está motivada por una corporeización de la realidad y «aporta las bases para que las personas puedan interpretar sus vidas y el mundo que les rodea» (Gibbs, 2005a: 2; t. p.).
Johnson (1987), en el prefacio de su obra The Body in the Mind, critica el antimentalismo y urge a los lingüistas cognitivos a que vuelvan a «poner el cuerpo dentro de la mente» (Johnson, 1987: xiv; t. p.). Por su parte, Gibbs señala que la «tradición occidental, desde Descartes, ha asumido que el cuerpo es un objeto sólido y (…) la mente un sujeto etéreo imbuido, de alguna forma misteriosa, en nuestro cuerpo» (Gibbs, 2005a: 4; t. p.). Las experiencias corpóreas se representan como ideas en la mente, a través del cuerpo humano, y nos proporcionan recursos muy valiosos para entender ese mecanismo (Gibbs, 2005a; Johnson 1987; Lakoff y Johnson, 1980). Dichas ideas o categorías «que construimos dependen de manera crucial de los detalles de nuestro aparato
sensomotor; en este sentido, nuestra configuración corporal determina las categorías que podemos establecer o, por decirlo de otro modo, “colorea” las que establecemos» (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 20-21).
1.3.3. Corporeización
Gibbs definió la corporeización como «la influencia que nuestros cuerpos tienen sobre nuestro pensamiento y nuestro lenguaje» (Gibbs 2005a: 1; t. p.). Los conceptos que nos definen como personas están directamente conectados con nuestra actividad táctil y motora, que proporciona la base de la experiencia subjetiva de los seres humanos a través de la interacción con objetos en el llamado mundo real. La percepción, por lo tanto, no es solo la combinación de un aparato sensorial específico junto con un área particular del cerebro, sino una actividad motora que incluye todos los aspectos corporales.
Muchos de los conceptos abstractos que manejamos están, en parte, corporeizados (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 21), ya que surgen de la experiencia corporal para más tarde enraizarse en patrones sistemáticos de conocimiento (Gibbs, 2005a: 12). Por ejemplo, en el caso de las Matemáticas, que tienen la reputación de ser el caso «ideal de pensamiento descorporeizado» (Gibbs, 2005a: 111; t. p.; Lakoff y Núñez, 2000: xv; t. p.). Lakoff y Núñez (2000) demostraron que los conceptos matemáticos están motivados por dos tipos de metáforas corporeizadas: las metáforas de basey las de vínculo. La memoria, el imaginario mental y la resolución de problemas surgen de procesos corporeizados, ya que están muy relacionados con las capacidades sensomotrices.
Pero no hay que olvidar que la corporeización es, hasta cierto punto, cultural, puesto que la experiencia siempre se basa y se moldea en el marco de una cultura. El lenguaje refleja importantes aspectos de la conceptualización humana y, además, no es un «módulo independiente» de la mente (Geeraerts y Cuyckens, 2007: 5; t. p.) sino un elemento integrado en la cognición (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 16). Se rige por estructuras motivadas por patrones recurrentes de experiencias corporeizadas, como en el caso de los esquemas de imagen. Por último, estas experiencias o «esquematizaciones del conocimiento se guardan en la memoria a largo plazo y siempre se han de filtrar a través de una base cultural» (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 18). A pesar de que, según Gibbs (2005a: 12; t. p.), existan muchos argumentos a favor de la corporeización de la mente, no afirma que sea «el único factor que subyace a la hora de determinar la cognición humana».
1.3.4. Categorización
Durante todo este apartado se han mencionado varias veces términos como esquematizaciones o estructuras de conocimiento y categorías. Estos términos tienen su origen, una vez más, en la psicología. Durante los años 70 la psicóloga Eleanor Rosch (1973/ 1975/ 1978) desarrolló la Teoría de Prototipos que Lakoff aplicó a la LC por primera vez en 1987 y que, desde entonces, ha sido considerada una teoría clave dentro de este paradigma (Cuenca y Hilferty, 1999: 23; Lakoff y Jonson, 1987). La teoría de Rosch explica cómo el ser humano agrupa los distintos objetos y situaciones que le rodean según sus parecidos y diferencias. También demuestra que los individuos que comparten la misma cultura (subcultura o conocimiento del mundo) suelen categorizar de forma muy
parecida. Cada categoría tendrá un ejemplo más saliente, o «prototípico» que será el más representativo de dicha categoría. Se trata de un proceso dinámico que puede variar según la cultura y el conocimiento enciclopédico del individuo que esté categorizando (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 58). Además, sostienen que el lenguaje humano también se categoriza o estructura de forma prototípica, como el resto de las categorías cognitivas (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 19). La categorización, como se ha podido ver, no tiene barreras perfectamente delimitadas sino que son más bien graduales y pueden sufrir transformaciones (Langacker, 1987).
Se basa en estructuras conocidas como dominios o modelos cognitivos idealizados (MCI) que son estructuras cognitivas simbólicas a través de las que el ser humano organiza su conocimiento (Lakoff, 1987: 68-69). Uno de los cuatro MCI identificados por Lakoff y basado en la GC (Langacker, 1987/ 1990) y en la corporeización (Gibbs, 2005a-b/ 2008) son los esquemas de imágenes o estructuras que abstraemos de las experiencias corporales. A pesar de que fueron Lakoff y Johnson (1987) quienes acuñaron el término, el concepto ya lo habían descrito otros autores como, por ejemplo, Kant. Ambos autores afirman que la idea de los esquemas de imagen surgió a partir de las investigaciones sobre las relaciones espaciales de Talmy (2000).
Según Lakoff (1987 en Peña Cervel, 2012: 70) los esquemas de imágenes son patrones «dinámico(s) recurrente(s) de nuestras interacciones perceptuales y nuestros patrones motores que proporcionan una estructura coherente y significativa a nuestra experiencia física a un nivel preconceptual». Tienen un gran potencial estructurador y proporcionan el dominio fuente de algunas metáforas conceptuales (Gibbs, 2005a: 12) como, por ejemplo, las orientacionales (Lakoff y
Johnson 1980) o imago-esquemáticas (Ruiz de Mendoza y Otal, 2002; Santibáñez, 1998).
También estructuran dominios abstractos como las emociones (Kövecses, 1990/ 2003). Dichos patrones se pueden utilizar para llevar a cabo análisis del discurso, como, por ejemplo, en el caso de la estilística cognitiva (Gavins y Steen, 2003; Semino y Culpeper, 2002).
Son «preconceptuales» (Peña Cervel, 2012: 70) puesto que la realidad se estructura a través de la experiencia, y será esa experiencia la que motive la formación de esquemas específicos. Esta característica hace que estos esquemas sean «no proposicionales», puesto que algunas estructuras, como los patrones que emergen de la experiencia y percepción, no son proposicionales, sino que están corporeizados. Se dice que están «estructurados» porque constituyen patrones organizados y definidos con una lógica interna que decidirá los elementos más o menos prototípicos. Son «abstractos o esquemáticos», abstraen de la realidad una lógica que configura las representaciones más elementales de dicho esquema. También son «dinámicos» ya que, al ser propiedades que emergen de la capacidad de organización del individuo, están sujetas a una constante recreación y reformulación (Gibbs, 2005b: 132; t. p.) lo cual hace que sean «temporales».
La mayoría de estos esquemas son axiológicos; por ejemplo en el caso de la orientación ARRIBA-ABAJO que se asocia al esquema VERTICALIDAD y que concibe ARRIBA como algo positivo mientras ABAJO se consideraría negativo. A pesar de que habría que hablar más bien de una tendencia, ya que no se cumple en todos los casos. Si bien es cierto que los esquemas de imagen tienen, hasta cierto
punto, un carácter universal por nuestra condición de seres humanos (Gibbs, 1999), la dimensión cultural se convierte en un factor a tener en cuenta ya que será otra de las variables que, junto con la corporeización, filtre dichos esquemas (Kövecses, 2010). También es muy común que dos esquemas de imagen se solapen para dar un significado más completo al constructo mental.
1.3.5. Perspectivación del significado lingüístico
La manipulación o modificación de los conocimientos que tienen los sujetos da lugar a la perspectivación del significado lingüístico; característica intrínseca de las metáforas y de las metonimias (M2). La perspectivación nace del carácter no objetivista del significado y del lenguaje, adopta y defiende la idea de que la razón humana (o la construcción de significado) se encuentra determinada, como se explicó anteriormente, por la corporeización, el uso y la experiencia individual y colectiva (Geeraerts y Cuyckens, 2007: 5; Langacker, 1987).
Esta perspectivación del lenguaje impone una estructura del mundo más que un espejo en el que se refleja una realidad objetiva. Además, el lenguaje ayuda a organizar el conocimiento que reflejará las necesidades, intereses y experiencias (en definitiva, el entorno o contexto) de los individuos en sus culturas (Geeraerts y Cuyckens, 2007: 5). La perspectivación se puede definir como el punto de vista que se proyecta entre el dominio conceptual y el lingüístico.
Puesto que el lenguaje o capacidad lingüística no se puede entender de forma aislada, es «necesario explorar las relaciones entre el lenguaje y otras facultades cognitivas como la percepción, la memoria o la categorización, en busca de mecanismos cuyo funcionamiento pueda aportar explicaciones y soluciones al
problema de cómo funciona realmente el lenguaje» (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 17).
1.3.6. El lenguaje basado en el uso y la experiencia
La última de las características de la LC es el lenguaje basado en el uso (Langacker, 1999; Barlow y Kemmer, 2000; Bybee y Hopper, 2001; Bybee, 2006). Puesto que las categorías lingüísticas y su significado pueden cambiar como consecuencia de la experiencia del individuo en la sociedad o en el medio, se deduce que «los hablantes a medida que nos vamos encontrando con esta palabra vamos aprendiendo cuáles son los contextos de uso, (…) y así, poco a poco vamos extrapolando una “gramática” a partir de nuestra experiencia lingüística continua» (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, 2012: 22). Dicha gramática «no solo se ve como un repositorio de conocimiento, sino también como el producto del uso del lenguaje. Según este punto de vista, podremos conocer el sistema lingüístico al analizar los eventos que lo han iniciado» (Geeraerts, 2010: 4; t. p.). La gran diferencia con el concepto chomskiano de competencia lingüística es que la LC incluye la experiencia como parte fundamental de esta competencia. Característica que, de nuevo, rompe con las dicotomías tradicionales de la lingüística.
Como ya se mencionó, otra de las dicotomías tradicionales que la LC eliminará y que las corrientes lingüísticas imperantes hasta los años 80 defendían, en especial el estructuralismo iniciado por De Saussure, es la separación entre sincronía y diacronía. Dicho autor define la diacronía como «un suceso que tiene su razón de ser en sí mismo; las consecuencias sincrónicas particulares que se puedan derivar le son completamente extrañas» (De Saussure, 1945: 110). Pero
la LC ha considerado desde sus inicios que el lenguaje se debe estudiar desde una perspectiva a la vez sincrónica y diacrónica, que tiene una importante aplicación en la enseñanza de lenguas extranjeras (Givón, 1979/ 1992/ 1993). Además, esta doble perspectiva jugará un papel muy importante en la metodología o técnica de reconocimiento de las M2 a la hora de identificar las unidades léxicas M2 (§ Capítulo III, 4).