Chapter 2 – Literature Review
2.5 Technology Development in China ·····································································
2.5.3 Framework Conditions for Innovation
3. Goya, antecedente de la pintura contemporánea
1. EVOLUCIÓN PICTÓRICA
Francisco de Goya y Lucientes, nacido en Fuendetodos en 1746, es uno de los fenómenos más sorprendentes de la pintura, porque surge en un momento dominado por un anodino clasicismo, los últimos aleteos del Barroco y el Rococó, y aunque de todos estos estilos será partícipe, los superará ampliamente. Es contemporáneo de los grandes pintores neoclásicos, pero no asume sus principios ni los del clasicismo (aunque la Academia de San Fernando los imponga en sus exámenes de ingreso y Goya se vea obligado a seguirlos) ya que buscará siempre la representación de la realidad con toda su carga, en ocasiones, de horror, otras de ternura y amabilidad y, también, de locura.
A. PRIMER PERÍODO (1762 a 1775) O FORMACIÓN
Hijo de un maestro dorador, se forma en Zaragoza con el pintor José Luzán. En 1762 realiza su primer viaje a Madrid y entra en contacto con los académicos Mengs y Bayeu, quienes facilitarán su acceso a la pinacoteca real. El estudio de sus obras, junto con el viaje que hará a Italia en 1770 (donde participará en el concurso de la Academia de Parma con la obra Aníbal pasando los Alpes) influirá en su técnica, con una clara tendencia hacia el realismo popular y caricaturesco. De vuelta en Zaragoza, pintará la Adoración del nombre de Dios de la bóveda del Coreto de la Basílica del Pilar, y el friso mural al óleo con episodios de la vida de la Virgen de la Cartuja de Aula Dei, también en Zaragoza, obras en las que ya demuestra su gran nivel.
B. SEGUNDO PERÍODO (1775 a 1792) O PLENITUD
Corresponde al que algunos llaman de plenitud. Regresa a Madrid, ahora como cuñado de los Bayeu, y comienza a trabajar en la Real Fábrica de Tapices bajo las órdenes de Mengs. La temática costumbrista que se le impone le sirvió tanto para el perfeccionamiento técnico como para expresar una visión agradable, fresca y sonriente de la vida popular que le rodea: tipos populares, diversiones callejeras, juegos y momentos de la vida cotidiana. Destacan La caza de la codorniz, El quitasol, El albañil herido, El pelele, resueltos con una gran ligereza de ejecución y un vivo colorido.
En 1780 regresará temporalmente a Zaragoza para pintar la cúpula Reina de los Mártires del Pilar, de forma muy innovadora; no gustará y será muy criticada. De vuelta a Madrid, Goya se revela como un gran retratista, como muestran los retratos de la Marquesa de Pontejos, La familia del Duque de Osuna o el espléndido retrato del Conde de Floridablanca. Asimismo, entra en amplio círculo que rodea al infante Don Luis, al que retratará con su familia.
En San Francisco de Borja asistiendo a un moribundo (1788), Goya nos anticipa dos aspectos claves de su obra posterior: el expresionismo y la representación de monstruos oníricos. Es un cuadro que nos introduce en los temas del miedo, de la locura y de los sufrimientos y pasiones ocultas en el subconsciente, como más tarde harán (de forma más idealizada) los románticos.
C. TERCER PERÍODO (1792 a 1808) O NUEVOS RUMBOS
Comienza con la grave enfermedad que le dejará sordo y marcará su vida interior convirtiéndole en un ser atormentado, fantasioso, visionario y, a decir de algunos contemporáneos, amargado. En su obra profundiza en el interior del hombre (y el grabado será la técnica más adecuada para esto). Su dibujo se vuelve extravagante, sin reglas ni convencionalismos. De esta época son los Caprichos, serie de grabados en los que se refleja su propia personalidad atormentada. En un intento de liberación personal Goya realiza algunos cuadros en los que aparecen los temas que podemos encontrar más tarde en la pintura romántica: La casa de los locos, El aquelarre, El incendio, El naufragio y otros de los que el propio artista dice: “he logrado hacer observaciones que regularmente no dan lugar en obras encargadas, en las que el capricho y la invención no tienen ensanche”.
Sin embargo, continúa siendo uno de los pintores más admirados (y mejor pagados). Su labor como retratista continúa y mejora en este período. Destacan los retratos de Jovellanos, el delicioso de La condesa de Chinchón y La duquesa de Alba. Como retrato colectivo, La familia de Carlos IV, lo que supone el reconocimiento real (el propio Goya se autorretrata en un extremo del cuadro). Por encargo de Godoy pinta las dos Majas (desnuda y vestida). Al parecer ambas se presentaban juntas y por medio de un dispositivo de superposición se mostraba una u otra según conviniera.
En cuanto a la pintura religiosa destacan los frescos de San Antonio de la Florida, en Madrid.
D. CUARTO PERÍODO (1808 a 1828) O LOS AÑOS FINALES
Los acontecimientos históricos suponen lo que para algunos autores es su segunda crisis. Deberá sobrevivir a los horrores de la Guerra de Independencia (a veces al servicio de los afrancesados, otras al de los patriotas), y ésta le dejarán un profundo poso, del que extraerá nuevas formas y temas. La guerra había sido pintada hasta ahora como algo bello, pero Goya la presentará, en pinturas, dibujos y grabados (Los Desastres) como el cúmulo de todas las tragedias. Dos grandes cuadros que iban a constituir el inicio de una serie constituyen la base artística de este período: La carga de los Mamelucos (El dos de mayo) y Los fusilamientos de la Moncloa (El tres de mayo).
Aún pintará algunos cuadros de temática religiosa, entre los que destaca La última comunión de San José de Calasanz, así como numerosos retratos.
Sin embargo, culminará la concepción formal y el patetismo de las obras anteriores con el expresionismo de sus Pinturas Negras realizadas entre 1819-1823 en su casa, conocida como la Quinta del Sordo. Son representaciones patéticas y de muy difícil interpretación, ya que Goya penetra en lo visionario; su colorido es frío y abundan los tonos pardos, negros y ocres que son interrumpidos por manchas de color brillante. Redujo su paleta, mientras que la técnica es muy libre y llega a colocar pinceladas de color puro (antecedente del impresionismo). Destaca todo el conjunto, pero sobresalen: Saturno devorando a su hijo, El aquelarre, Duelo a garrotazos, La Romería de San Isidro, Asmodea...
A este período corresponden las series de grabados Los Disparates y La Tauromaquia.
En 1824 pidió licencia real para marchar a Francia, afincándose en Burdeos, ciudad que verá como crea una de sus mejores obras y claro precedente del impresionismo La lechera de Burdeos; en esta obra parece haber desaparecido el pesimismo anterior. Poco después, en 1828, morirá.