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Chapter 2 – Literature Review

2.6 Methodology Review ··························································································

2.6.2 Technology Assessment

El francés Auguste Rodin (1840-1917) es uno de los grandes escultores de la historia del arte. Se inicia en la escultura académica pero pronto, desde su viaje a Italia en 1875 en el que entra en contacto con la obra de Miguel Ángel, rompe con los cánones tradicionales e inicia un nuevo camino revolucionario que conduce directamente a la escultura del siglo XX.

Desde entonces multiplica los planos en sus obras, las superficies se vuelven dúctiles, de diferentes texturas, todo ello en busca de nuevas formas expresivas. Además de Los burgueses de Calais, entre sus obras destacan Las Puertas del Infierno (1880-90) inspiradas en la Divina Comedia de Dante; el famoso El Pensador, claramente miguelangelesco; El Beso (1898), su obra de mayor éxito popular.

En su última etapa continúa experimentando en línea con el cambio de siglo. Así, en La Catedral (1908), dos manos se entrecruzan creando un hueco que supone la esencia de la obra.

4. PINTURA DECIMONÓNICA

El siglo XIX oscilará entre las nuevas corrientes que parten de la tradición consagrada desde el Renacimiento (como el neoclasicismo, el romanticismo y el realismo), y aquellas otras que, más tardíamente, la rechazan, quieren destruirla y sustituirla por unos nuevos lenguajes pictóricos que parten de premisas diferentes (impresionismo y postimpresionismos). El desarrollo de nuevas técnicas como la fotografía incidirá directamente en este dilema, al poner en entredicho la supuesta veracidad de la tradición pictórica occidental.

A. NEOCLASICISMO

Con la Ilustración y la Revolución Francesa, se imponen nuevos deberes a la pintura: ésta debe representar valores morales con el fin de educar a la colectividad en las virtudes cívicas, el sentido moral y la austeridad (como en la antigua Roma republicana). Se acude a temas mitológicos, y sobre todo históricos, tanto de la Antigüedad como medievales y contemporáneos. El

arte clásico se considerará el más oportuno para lograr estos objetivos. La pintura neoclásica subrayará el valor racional de la línea, del contorno nítido, de la claridad compositiva. El color queda subordinado al dibujo. El resultado es academicista, y un tanto frío.

Jacques Louis David (1748-1825). Francés, es el máximo promotor de la pintura neoclásica.

Estudia los relieves romanos en Italia, y se inspirará en ellos. Por ello en sus obras sitúa a las figuras ordenadas en filas, de forma simétrica. Tuvo un gran éxito bajo todos los regímenes políticos (monarquía, república, imperio). Algunas de sus obras más conocidad son: El juramento de los Horacios, El rapto de las sabinas, Marat asesinado, y La coronación de Napoleón.

Jean Auguste Dominique Ingres (1780-1867) es el otro gran pintor francés neoclásico. Sin

embargo, a un perfecto dibujo une una nueva preocupación por el color que, con sus suavísimos esfumatos, recuerda la pintura de Rafael. Pinta numerosos desnudos femeninos, entre los que destacan La bañista de Valpinçon o La gran Odalisca.

B. ROMANTICISMO

El romanticismo es una corriente cultural, artística, musical y literaria que se propone expresar la propia individualidad subjetiva del artista: sus sentimientos, sus emociones, su misma irracionalidad (la locura, el sueño). El romántico siente una profunda atracción por los mundos lejanos, tal como él los intuye: el Oriente primitivo o exótico, de pasiones ardientes; la Edad Media, donde encuentra las raíces de su sentida nacionalidad. Quiere evadirse de la realidad próxima, plana y burguesa, y le atraen sus opuestos: la oscuridad de la noche, los amores imposibles, la soledad enfermiza, la religiosidad intimista. El color, vibrante, triunfa sobre el dibujo. Se persigue el dinamismo mediante una gran libertad compositiva. Toman importancia temas como el paisaje, del natural pero tamizado por la propia personalidad, el costumbrismo, los ambientes orientales, los cuadros de historia...

En lo orígenes del movimiento está el prerromanticismo. Además de Goya (1746-1828), destacan el suizo Heinrich Füssli (1741-1825) para el que lo horrible expresa lo sublime, como en El íncubo o la pesadilla (1781), y el inglés William Blake (1757-1827), ante todo ilustrador de las obras de Dante, Milton, y de las suyas propias.

Eugène Delacroix (1798-1863). Es el gran pintor romántico francés. Sus composiciones son

agitadas, todo curvas. Posee un dominio absoluto del color, preferentemente puro, de tonalidades fuertes, que extiende en pinceladas espesas. Le preocupa especialmente la luz, que aúna fondo y figuras. De ideología liberal, sus temas proceden el pasado (La muerte de Sardanápalo, 1827) y del presente (La masacre de Quíos, 1824; La Libertad guiando al Pueblo, 1830).

Joseph William Turner (1775-1851). Británico, es ante todo paisajista. Trabaja al aire libre,

buscando captar los efectos cambiantes de la luz o la variación de las nubes. Toma apuntes del natural a la acuarela, que luego utilizará en su taller. En sus obras triunfan los elementos naturales (agua, viento, tierra, nieve) en su estado más enérgico y sublime, mientras que progresivamente pierden protagonismo los detalles concretos y humanizadores (El último viaje del Temerario, 1839; Lluvia, vapor, velocidad, 1844).

Caspar David Friedrich (1774-1840), alemán, es ante todo paisajista pero, a diferencia de

Turner, da a la naturaleza un valor místico y simbólico típicamente romántico como expresión de la trascendencia religiosa: en El monje frente al mar (1809), la soledad del yo; el Caminante frente al mar de niebla (1818), símbolo de Dios; La Cruz en la montaña (1808).

John Constable (1776-1837), inglés, revoluciona el tratamiento del paisaje. Pinta una

naturaleza serena, doméstica, humanizada. Como Turner, trabaja al aire libre. Destaca El carro de heno (1821).

Théodore Géricault (1791-1824) es el primer pintor francés que rompe conscientemente con

el neoclasicismo. Su obra más conocida es La Balsa de La Medusa (1819).

C. REALISMO

La evolución de la sociedad burguesa (liberalismo, positivismo, cientifismo...) da lugar al realismo como superación del romaticismo: se persigue una representación objetiva de la realidad, para la que a veces se busca la ayuda de la naciente fotografía. Hay una especial atención a lo social, por los campesinos, por los obreros, con mayor o menor grado de denuncia. El artista abandona el escapismo romántico y se centra en los temas contemporáneos. Desde el punto de vista formal, los pintores realistas asumen las conquistas estilísticas románticas: pincelada densa, color, luz... Destacan los siguientes pintores franceses:

Gustave Courbert (1819-1877) representa la realidad con toda su problemática, pero con el

distanciamiento propio de una cámara, sin dramatismo: El entierro de Ornans (1850).

Honoré Daumier (1808-1879) es ante todo ilustrador gráfico y realiza numerosos grabados

satíricos y caricaturas. Se vuelca especialmente en la descripción y denuncia del submundo urbano: El vagón de tercera (1862), La lavandera (1863).

Jean-François Millet (1814-1875). Menos comprometido políticamente que los anteriores, le

interesa especialmente el mundo rural: en 1849 abandona París y se instala en Barbizon hasta su muerte. Para él la naturaleza sólo es el escenario del duro trabajo de los campesinos, auténticos héroes que sostienen toda la sociedad (crítica a la ociosidad de la burguesía). Aunque los retrata de forma realista, quiere dignificarlos, lo que concede a sus obras un característico talante poético: El Ángelus, o Las espigadoras.

5. EL INICIO DE LAS VANGUARDIAS

El último tercio del siglo XIX es una época de esplendor para Europa: crecimiento econó- mico, avances científicos y técnicos, imperialismo... Pero al mismo tiempo, es una época que anuncia los grandes cambios que se van a producir en el siglo XX. En el arte finaliza el ciclo pictórico iniciado en el Renacimiento, y comienza el arte contemporáneo. Se produce una doble subversión:

De temas: Tradicionalmente se diferenciaba entre géneros superiores (religión, mitología, historia, alegoría) e inferiores (costumbrismo, retratos, paisajes, bodegones). Ahora, los temas inferiores desplazan a los superiores, y terminan por convertirse en un mero pretexto. De medios expresivos: Tradicionalmente han predominado dibujo y composición; el color y la

factura son elementos auxiliares. Ahora destaca el carácter material de la pintura, que no es más que una tela manchada. Se utilizan colores crudos, sin mezclas ni veladuras.

Si en el impresionismo todavía se aprecia un equilibrio inestable entre realidad y pintura, con los postimpresionismos se abandonará el efecto ilusionista (“fotográfico”) y se regresará hacia lo elemental (“infantil”, “bárbaro”, “primitivo”).

A. IMPRESIONISMO

El grupo de jóvenes pintores franceses que inician esta nueva vía recibirán, al principio burlescamente, el nombre de impresionistas. Sus obras tienen dificultades para ser aceptadas en los Salones o Exposiciones Nacionales, y lo hacen en otros alternativos: el Salón de los Rechazados

(1863), o la Exposición Cooperativa de 1874. No existen unas características homogéneas válidas para todos estos pintores. En realidad el impresionismo es un momento de equilibrio inestable entre la pintura tradicional y los posteriores movimientos que rompen definitivamente con la forma de pintar que se inició en el Renacimiento.

La preocupación mayor de casi todos era captar el momento, el efecto efímero de la luz cambiante sobre las cosas. Por ello copiaban del natural, fuera del estudio (algunos románticos y realistas tomaban apuntes del natural, pero el cuadro lo realizaban en el taller): la comercialización de tubos de pintura industriales facilitó ahora las cosas.

La consecuencia fue que los pintores impresionistas debían trabajar deprisa, y tendían a utilizar la pintura tal como sale del tubo, sin mezclas ni veladuras: en ocasiones con tanto empaste que crea relieve, en otras tan diluida que se trasluce la trama del lienzo. En cualquier caso, las pinceladas son siempre vigorosas y sueltas. El resultado es una obra en la que resalta su carácter matérico: es una tela manchada.

Se rechaza el claroscuro tradicional por artificial: la luz y la sombra son espacios colerados, y el ojo humano es capaz de recrear en la retina la apariencia de la naturaleza, al mezclar los distintos colores puros percibidos. Para ello se acudirá a la Teoría de Chevreul, sobre los colores complementarios: cada color primario (amarillo, rojo, azul) tiene como complementario a la unión de los otros dos. Así, una luz amarilla tendrá como sombra a su complementario, el violeta; una luz roja, al verde; una luz azul, al naranja.

La composición dejó de ser un problema (lo era desde el renacimiento). Ahora priva la espontaneidad, como en un encuadre fotográfico.

Se rechazaron los temas grandilocuentes, pero frecuentemente también los temas sociales. Se representó a la sociedad parisiense contemporánea: bailes, carreras de caballos, ballet; y por supuesto, paisajes.

Edouard Manet (1832-1883). Aunque no es propiamente impresionista, representa la

superación de la tradición pictórica iniciada en el Renacimiento. Su formación parte de maestros como Tiziano, Tintoretto, Velázquez y Goya, con los que se familiariza en el Louvre, en España e Italia, pero pronto rechaza el academicismo. Su polémica entrada en el mundo pictórico la realiza con su obra El almuerzo sobre la hierba (1863), cuadro que escandaliza al público y a la crítica, al igual que con sus obras Olympia (1863) y El bar del Folies Berger (1868-69). Los impresionistas consideran a Manet como su guía, pues ven en su pintura algunas de las características que ellos intentan llevar a sus últimas consecuencias: la importancia de la luz, de la sensación, la variación arbitraria de la perspectiva y los motivos cotidianos que el realismo elevó a la categoría de arte.

Claude Monet (1840-1926). Su obra Impresión: sol naciente (1873) dará lugar a la de-

nominación del grupo. Uno de los primeros objetivos de Monet es fijar la inmediatez de la sensación visual. Pinta los efectos de la luz sobre el agua; sus vibraciones y reflejos excluyen la perspectiva y la iluminación fija, dos de las constantes de las reglas tradicionales de la representación pictórica. Para Monet, el color es el protagonista indiscutible. La línea se disuelve en favor de la mancha, de las pinceladas cortas y enérgicas que yuxtaponen los colores según las leyes de la simultaneidad. Los objetos y los reflejos son tratados con la misma contundencia, tal como los vemos: el color del reflejo es nos parece tan sólido como el objeto mismo. Su preocupación por las variaciones luminosas según la hora del día le lleva a ejecutar varios cuadros sobre el mismo motivo: La catedral de Rouen, 1892-94, donde, al igual que ocurre en Las ninfeas y en Estudios de agua, las formas parecen disolverse totalmente en un torbellino de colores y efectos cromáticos que parecen anunciar el espíritu abstracto.

tiene valor en sí misma y no como motivo cambiante según las condiciones que nuestra retina percibe. Su preocupación por este hecho y por la representación del espacio le llevan a preferir los motivos captados en el interior de locales, habitaciones, teatros, etc. A pesar de su alejamiento de los presupuestos impresionistas sobre el color, la luz y la disolución de la forma llega más lejos que ninguno de éstos en la captación de lo instantáneo, gracias a las posibilidades que le ofrece la nueva visión fotográfica. Sus perspectivas suelen ofrecer puntos de vista novedosos, como si fueran instantáneas o imágenes percibidas a través del ojo de una cerradura (Mujer peinándose, 1890).

Auguste Renoir (1841-1919). Es plenamente impresionista al disolver las formas a través de

las vibraciones luminosas, como en Le Moulin de la Galette, pero progresivamente tiende a una pintura más amable y hedonista. A diferencia de los anteriores prefiere como motivo al ser humano, sobre todo la mujer, considerada máxima expresión de la belleza. A lo largo de su vida, Renoir saltará de un estilo a otro; así, en torno a la década de los ochenta considera que el lenguaje impresionista sobre el tratamiento de la luz ha llegado al agotamiento. Vuelve al dibujo, al volumen y a la composición, dando, en cierto sentido, la espalda al impresionismo. Hacia el final de su vida, Renoir llega al equilibrio sintético entre los efectos luminosos del impresionismo en los desnudos femeninos y el volumen basado en un dibujo seguro, como podemos observar en Las bañistas, de 1918.