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FRAMEWORK FOR CO-OPERATION BETWEEN CEDEFOP AND THE EUROPEAN TRAINING

Contrariamente a lo que se suele afirmar, la presencia del islam en Europa no es la primera experiencia histórica donde los musulmanes han vivido en minoría. Ha habido muchas otras presencias minoritarias que han mostrado la pervivencia de la referencia islámica fuera de sus "territorios originarios". Hoy en día la presencia de comunidades musulmanas en Occidente es interpretada como indicadora del carácter transnacional del islam. Pero lo cierto es que el islam nació a partir de una emigración, de un tránsito territorial, que se expandió por todo el mundo, y que hoy es testigo de los vínculos y relaciones que mantienen entre sí colectivos musulmanes que residen en sociedades diferentes, traspasando los límites establecidos de las fronteras nacionales. La transnacionalidad es un factor consustancial del islam como religión con pretensión universal (Mandaville, 2001; Grillo-Soares, 2004).

En el marco amplio de estas relaciones transnacionales entre comunidades musulmanas por el hecho de compartir una única referencia religiosa, otros conceptos son utilizados para referirse y explicar la forma de asentamiento y encaje social que estos colectivos han elaborado en sus relaciones con su origen y con la sociedad que los ha recibido. Uno de los conceptos que se emplea con más asiduidad es el de diáspora, para referirse a aquella situación, protagonizada en este caso por colectivos musulmanes que residen fuera de su país de origen, que media entre la movilidad transnacional, los vínculos identitarios extraterritoriales y la adaptación continua a los particularismos culturales y jurídicos de sus lugares de residencia (Saint-Blancat, 2001: 83). La diáspora, más que una condición, una contingencia que se deriva del desplazamiento territorial propio en todo trayecto migratorio, sería una construcción elaborada del contexto donde los colectivos que han emigrado pueden pensar su condición (extranjeros en esta sociedad y extraños para la sociedad de origen), su continuidad (en forma de identidades que superan esta condición de tránsito perpetuo, es decir, como identidades post-migratorias), así como su relación con un origen (ciertamente idealizado, reencontrado

provisionalmente una o más veces al año -siempre que sea posible-, pero sobre el que también se opina, a veces de una manera amarga). El espacio diaspórico se define como un lugar donde la interacción entre aquellos que son conceptualizados como recién llegados o como autóctonos supone que estas categorías sean replanteadas y reformuladas (Brah, 1996: 181).

Hay críticas consistentes al uso del concepto diáspora, especialmente si éste quiere ser aplicado a los colectivos musulmanes en Europa (Allievi, 2003). La condición de permanente provisionalidad que este implica, la dependencia en un referente cultural o nacional, son alguno de los elementos que argumentan estas críticas que, por el contrario, prefieren hablar de relaciones en red, como componente fundamental de la configuración del islam europeo en clave transnacional. No afirmaremos con rotundidad que los musulmanes en Europa componen una diáspora. No obstante, consideramos adecuado que se pueda hacer referencia a este espacio diaspórico que se genera como una work in progress, y no como realidad plenamente constituida, por lo que supone de autorreflexión para aquellos que la protagonizan (Beck-Giddens-Lasch, 1994) en relación a su propia definición e identificación (¿marroquíes en Cataluña?, ¿catalanes de origen marroquí?, ¿musulmanes marroquíes?, ¿musulmanes en Europa?, ¿musulmanes europeos?), como también respecto al modo que se piensa el origen (ya sea éste familiar, regional, nacional, cultural, lingüístico o religioso). Es en este contexto de autorreflexión ambivalente respecto a lo que se es, respecto a lo que se era, como también respecto a lo que se quiere ser, en que los colectivos musulmanes en Cataluña emplazan su proceso de configuración comunitaria.

No sólo son las referencias las que son compartidas a nivel transnacional, a partir de los vínculos que establecen unos y otros colectivos musulmanes en todo el mundo. También son las figuras de autoridad. Mediante la globalización, la afirmación de nuevas figuras de autoridad religiosa desterritorializadas se convierte en un fenómeno compartido por las principales tradiciones religiosas, que sin duda se ve acelerado a partir de el recurso intensivo que se hace de las últimas tecnologías de la comunicación.

Es esta otra forma de tener presente lo que pasa en el país de origen y, por extensión, en otros contextos musulmanes. Todos los indicadores con los que trabaja la literatura académica muestran que la configuración de un islam en Europa no se está haciendo a espaldas del origen de estos colectivos (Maréchal-Allievi-Dassetto-Nielsen, 2003). En la balanza de relaciones del islam europeo con sus diversos orígenes étnico-nacionales, las importaciones de referencias, conceptos y autoridades religiosas depasan mucho las exportaciones. Con ello se rompe la condición implícita que sugerían las interpretaciones más opacas del principio de integración (es decir, el olvido del origen como requisito para alcanzar la integración), mostrando la pervivencia de una dependencia doctrinal y referencial. Las iniciativas para instituir nuevas autoridades respecto a la doctrina islámica aplicada en Europa (destacando en este sentido el Consejo Europeo de Fatwas e Investigaciones, liderado por el jeque Yusuf al-Qaradawi), no implica tampoco una ruptura con los debates y cuestiones propuestas en otras sociedades musulmanas. No se trata, pues, de que el islam europeo deba desvincularse de sus orígenes diversos, que tenga que evitar cualquiera de las influencias que provengan de éstos, sino que sea capaz de proponer alternativas proactivas para que los musulmanes que forman parte de estas sociedades, puedan elaborar sus trayectos personales de integración ciudadana.