3 Biometrics and Behavioral Profiling
3.5 Literature of Behavioral Profiling
3.5.1 Fraud Detection
Antes de analizar con más detalle las diferencias entre esos perfiles, conviene destacar cómo se percibe en general la figura del directivo en la empresa española. En esta investigación, el directivo es visto fundamentalmente desde tres supuestos: como un dispositivo esencial de la empresa para que ésta funcione, como el “lubrificante” (G. Varones Dir2); como una posición en la estructura a partir de la cual se delimita lo que es empresa y lo que es entorno, y se ordenan los flujos de comunicación; y desde las tareas y actividades que debe desempeñar para cumplir con los objetivos. Sobre todo cuando se trata este último aspecto, la imagen del directivo aparece revestida de una cierta idealidad. Por una parte, por las muchas expectativas que existen sobre su función y tareas, expectativas relacionadas, sin duda, con la creciente complejización de los entornos laborales; y, por otra, porque en algunos discursos es presentado con los rasgos del líder más genuino: como alguien con “un don”, carismático, con una visión de futuro cuasi visionaria, que tendría “la capacidad de transmitir el futuro y las necesidades de conseguirlo” (G. Varones Sub1). Una imagen que ha sido ya estudiada en Gómez, Martín y Callejo (2000) y que proviene generalmente de aquellos que están más alejados de esa posición laboral.
Sintetizando sus rasgos, y dejando de lado esta caracterización extrema, podemos decir que el directivo dentro de la empresa es, fundamentalmente, quien tiene la responsabilidad y la capacidad de decisión:
“- Yo pondría también responsabilidad, tomar decisiones en un momento determinado, si hay que tomar decisiones no las toma el empleado, las debe de tomar el directivo” (G. Varones Sub1)
Pero, además, el buen directivo estaría dotado con amplias capacidades comunicativas, tendría “mano izquierda” (E. Headhunter; E. Varón RR.HH2) para motivar a su personal, ganarse su confianza y saber transmitir los objetivos de la empresa, pero, a la vez, debe saber guardar las debidas distancias; capacidad comunicativa que no necesariamente se exige a un técnico:
“- Es que yo creo que ahí es donde radica un poco la diferencia entre un directivo y un Técnico, por decirlo así, es en las actitudes que debe tener como persona. Un técnico por ejemplo, hay otras actitudes que no se le exigen; como por ejemplo, de comunicación, de liderazgo, de trato con las personas, que un directivo sí que tiene que tener. Yo creo, que está ahí más la diferencia entre el Técnico
- Yo, pienso que, la básica es la comunicación. Si no tienes controlado el tema de comunicación, no vale la pena. O sea, en plan de controlar en todos los aspectos. En plan de que comunique las necesidades de la empresa. Y su gente sepan las necesidades que tienen. Yo pienso que para mí, es el número uno” (G. Varones Dir2).
Lo que se rechaza de manera clara es el modelo de dirección autoritario:
“- Porque hay quien es muy bueno y es un jefe fabuloso, pero lo único que sale por su boca son sapos y culebras. Así no se es jefe, ese no es jefe. Sí es jefe por el puesto que tiene, pero no es jefe para el mando, porque eso de por mis cojones, eso me parece a mí que...
- Eso se acabó ya.
- Pero lo hay, lo hay” (G. Varones Dir2)
En la caracterización que se hace de los directivos, aparecen algunas diferencias significativas. Así, se distingue:
• Entre ejercicio de puestos de responsabilidad laboral en el sector privado y público; diferencias que estribarían en que en el sector privado hay “mayor presión y motivación” (G. Varones Tec.).
• Entre el directivo “a la antigua usanza”, con una visión más a corto plazo, paternalista y con redes y contactos en el sector, y el “directivo moderno” , con una visión más a largo plazo y más centrado en la rentabilidad y la empresa que en las personas:
“El gerente antiguo era una persona de unos cincuenta y tantos años, quizás muy chapado a la antigua... en el sentido de que es una persona típica de un ministerio, sin prisas, con toda la tranquilidad del mundo, quizá tenía un contacto más personal con la gente y ahora la persona que han metido nueva solo sabe de papeles, cuentas y números, entonces, lo primero que ha hecho es un "presenteison" de estos... con un montón de gráficos, gente, necesidades, dinero, para arriba, para abajo y entonces, ha sonado un poco a chino en la empresa y todo el mundo se ha echado las manos a la cabeza, entonces, si es esa la diferencia entre uno antiguo y uno moderno... que puede ser. Y cuál eliges de las dos, pues no sé cuál será mejor o peor, creo que al final lo que busca una empresa es la rentabilidad y creo que se saca mejor del directivo moderno cargándose a todo el que tiene por medio y no sé” (G. Varones Dir1).
(Esta opinión nos permite señalar que una de las carencias más significativas de los directivos españoles, según nuestros entrevistados, es concretamente la gestión de los recursos humanos, sobre todo, en aquellos aspectos que tienen que ver con la comunicación con los empleados y la capacidad de delegación).
• Otra diferenciación que se establece es según el tipo de empresa y actividad. El un país donde el tejido empresarial está constituido principalmente por PYMEs, el directivo tendería a ser a la “vieja usanza”, mientras que, en las empresas de la nueva economía, aunque también muchas de ellas sean pequeñas, el directivo podría acercarse al modelo “moderno”, si bien esto parece ser aún un “patrón”, algo que dista de materializarse en la realidad:
“Sí, claro, lógicamente. Las nuevas tecnologías el directivo muchas veces es una persona mucho más joven, más previsible más moderna, más informal, y en una tradicional el directivo es el perfil de siempre, ¿no? Tradicional, formal, muy serio en ocasiones. El otro ha cambiado de alguna manera el perfil totalmente. Lo que pasa es que no hay muchas empresas de tecnología, quiero decir implantadas. Hay algunas pero... Aquí en Valencia, por lo que yo conozco, tampoco hay tantas, las justas. Parece más un patrón de película que de realidad” (E. Headhunter)